domingo, 21 de junio de 2026

¿Quién o que causo la victoria de Keiko Fujimori? Primera parte Violencia

 

¿Quién o que causo la victoria de Keiko Fujimori?

Primera parte Violencia

Hoy una imagen es un input que genera output de  prejuicios si es que llega  a generar algo y es que es casi imposible contextualizarlas porque su contexto es  el mundo de la sobre información de la pos verdad y si nos preguntáramos que causo esto o quien causo esto, en nuestra mete aparecer un cumulo de imágenes donde la red de causa y efectos no se puede dilucidar.   

Susan Sontag se la pasó hablando y haciendo teoría sobre el dolor ajeno desde la distancia crítica de Nueva York.

Hasta que se metió en una ciudad bajo fuego y entendió que había estado equivocada en algo fundamental.

Sontag escribió algo en sus diarios privados en 1993, cuando pisó el suelo de Sarajevo por segunda vez,

y que desarma la comodidad del intelectual cómodo:

«No puedo volver a ser solo testigo. Temblar de miedo, sentirme valiente, sentirme deprimida, tener conversaciones devastadoras, indignarme cada vez más... Si vuelvo, tiene que ser para hacer algo».

Es la grieta en el sistema.

Porque Susan Sontag fabricó una carrera interesante sobre una premisa:

“el pensador observa, analiza y escribe.”

“ la distancia crítica es una herramienta indispensable,

Y no es una cobardía.”

Pero en julio de 1993, bajo el sitio militar más largo que sufrió una capital europea desde la Segunda Guerra Mundial,

esa distancia se rompió para siempre.[1]

Susan Rosenblatt nació el 16 de enero de 1933 en Nueva York.

Su infancia estuvo marcada por la ausencia.

Sus padres, comerciaban pieles en China,

y ella creciendo al cuidado de familiares.

Cuando tenía apenas cinco años, su padre falleció de tuberculosis en Asia;

nunca llegó a conocerlo realmente.

Su madre regresó a los Estados Unidos para reclamarla,

pero mantuvo siempre una distancia emocional y ausente.

Susan lo recordaría en sus entrevistas sin rodeos:

“soledad profunda, protegida únicamente por los libros”.

Eso la volvió precoz.

A los 15 años terminó la escuela secundaria.

Era demasiado rápida, demasiado intensa para un aula común.

Pasó poco tiempo por Berkeley (se aburría) y luego se trasladó a la Universidad de Chicago,

el núcleo académico más exigente de la época.

Allí, a los 17 años, se casó con uno de sus profesores, de 28, apenas diez días después de haberlo conocido.

El matrimonio trajo al mundo a su hijo, David, pero no pudo contener a Susan.

En menos de una década completó dos maestrías en Harvard, obtuvo becas para Oxford y la Sorbona, y se instaló en Manhattan con un objetivo claro:

pensar en voz alta y obligar al mundo a escucharla. [2]

En los años 60, el Olimpo intelectual estadounidense era un club cerrado, predominantemente masculino y acomodado.

Sontag se mete al escenario con una estética y una potencia conceptual que descolocan a la academia:

“mujer, fotogénica y se negaba a pedir permiso o a suavizar sus juicios”.

Sus ensayos provocaron revuelo inmediato al analizar la cultura popular,

la pornografía o la estética de masas

con las mismas herramientas rigurosas que antes,

se reservaban para la alta literatura.

Pero su consagración como la gran teórica de la cultura visual llegó en 1977 con la publicación de

“Sobre la fotografía”.

La tesis de ese libro es perturbadora pero fascinante.

“Las imágenes del sufrimiento ajeno,

lejos de movilizarnos, nos anestesian.

Sontag dice que el consumo masivo y repetitivo de fotos de guerra o hambrunas eleva el umbral de nuestra sensibilidad.

Mientras más las vemos, nuestro cerebro se educa para no sentir empatía (lo normalizamos).

Genera un acostumbramiento donde el espectador necesita estímulos cada vez más brutales para experimentar compasión.

Ver demasiado,

paradójicamente,

nos saca la capacidad de ver al otro.

Era una crítica fatal al mercado del dolor ajeno,

Y escrita por ella, que amaba el arte de la cámara.[3]

Ponernos a pensar respecto a lo que consumimos se vuelve algo fundamental en esta teoría. Es algo que ya se venía trabajando.

Cuando analice algunos casos, en el colonialismo, mandaban cartas como protesta por las actividades que allá estaban pasando, nadie les creyó, fue necesario fotografiar el mal para que se movilizara el mundo.

Hoy, con las redes sociales, con cámaras que mientras graban el conflicto te pueden eliminar la existencia, situaciones trágicas las 24 horas del día al alcance de una mano, ¿Qué tanto normalizamos? Podemos ver, pero no cabe duda que ahora nos preguntamos ¿Dato es real?

Mí enfoque, no se basa solo en mostrar la imagen… pero ya hablaré de ello…

En 1975, a los 42 años, el destino de Sontag chocó contra un diagnóstico severo de cáncer de mama en etapa avanzada.

Las estadísticas médicas eran desalentadoras,

pero sobrevivió tras someterse a tratamientos agresivos.

Esa experiencia en los hospitales le reveló una nueva forma de hipocresía social.

Descubrió que la civilización tiende a hablar de la enfermedad mediante metáforas bélicas que terminan dañando al paciente:

el cáncer como una "batalla", el enfermo como un "guerrero", el desenlace como una "derrota".

Sontag denunció que este lenguaje no es inocente; carga al paciente con la responsabilidad

moral

de su propio deterioro biológico.

El resultado de esa vivencia fue “La enfermedad y sus metáforas” (1978).

Por primera vez, el dolor de su propio cuerpo se metía en su prosa teórica.

Sin embargo,

el rol seguía siendo el mismo:

el del intelectual que procesa la herida,

la convierte en un texto impecable y mantiene la cabeza a salvo por encima del agua. [4]

El teórico a salvo, con la distancia, la máscara de seguridad…

En abril de 1993, Sontag viajó a Bosnia.

La capital llevaba meses sitiada por las milicias;

los francotiradores disparaban desde las colinas y el desabastecimiento era total.

Ella llegó en calidad de observadora,

dispuesta a simplemente ser testigo internacional.

Conversó con los sobrevivientes y asistió a los sótanos,

donde la comunidad artística local seguía ensayando como un acto de resistencia cultural frente a la barbarie.

Regresó a Nueva York,

pero el silencio de su escritorio se le volvió insoportable.

Sus notas privadas confiesan que el viejo modelo del intelectual que toma apuntes sobre el dolor del prójimo,

se rompió en las calles de Sarajevo.

En julio de ese mismo año tomó un avión de vuelta.

No para mirar; iba a hacer.

Se instaló en el Teatro de la Juventud de Sarajevo y comenzó a ensayar “Esperando a Godot” de Samuel Beckett con actores locales.

El montaje se realizó en condiciones extremas:

No había electricidad, los actores ensayaban con hambre y la escenografía consistía en los plásticos traslúcidos que el alto comisionado de la ONU distribuía para tapar las ventanas rotas por las explosiones ( de los ti_r_0s).

Las funciones no se anunciaban en la prensa local para evitar que los artilleros en las colinas tuvieran las coordenadas exactas para un bombardeo.

La información corría de boca en boca.

El 17 de agosto de 1993, a las dos de la tarde, el teatro se llenó por completo. [5]

La obra, en sí era una metáfora…

La elección de la pieza de Beckett no fue un capricho académico.

En las universidades de Occidente,

“Esperando a Godot" se estudiaba como una alegoría existencial abstracta sobre dos hombres que esperan en un camino desierto a un personaje que promete llegar y nunca aparece.

En el Sarajevo de 1993,

la obra dejó de ser una metáfora para convertirse en un documental en tiempo real.

La población civil no necesitaba que nadie les explicara el texto de Beckett:

ellos eran los personajes atrapados en el camino,

esperando una intervención internacional,

una resolución de la ONU o un cambio geopolítico que se anunciaba en la radio pero que jamás llegaba a salvarlos.

Los actores no ensayaban la espera;

ponían en escena su propia vida, en pausa. [6]

En 2003, veintiséis años después de su primer gran tratado sobre las imágenes,

Sontag publicó “Ante el dolor de los demás”.

El libro contiene algo que pocos intelectuales hacen de manera tan explícita:

Dijo que se equivocó ante el público y de sus propias teorías.

Sontag admitió que su tesis de 1977 estaba incompleta.

El problema no está en la foto en sí,

ni en su capacidad para conmovernos.

El peligro real pasa cuando la imagen del sufrimiento se presenta sin contexto,

No tiene historia,

No tiene nombres propios.

Cuando el dolor del otro se convierte en una mercancía estética que desfila por una pantalla sin nada político que explique las causas de esa tragedia,

el espectador se desentiende.

Convierte la imagen en una ilusión.

Lo que cambió su pensamiento en este punto fue la experiencia física de Sarajevo, el hecho de haber compartido el miedo con los actores en un subsuelo,

entendiendo que la cultura en contextos de violencia extrema no es un adorno de la burguesía,

Es la última trinchera de la condición humana.

Ella escribió que la mejor herramienta era la distancia y entendió el valor del testimonio

solo

cuando se apartó de la separación y puso el cuerpo. [7]

En sus años finales,

Sontag enfrenta nuevos desafíos médicos.

Y acá vuelve la ironía trágica que la vida a veces nos hace.

En 1998 superó un segundo diagnóstico complejo y,

en 2004,

una leucemia la puso ya, ante un escenario irreversible.

Su hijo,

el escritor David Rieff, relató en su memoria

“Morir y nacer”(2008)

la intimidad de esos meses finales.

Una mujer que se aferró a la existencia con una tenacidad indomable,

rechazando las lecturas místicas o resignadas sobre el final de la vida.

Buscó tratamientos experimentales,

discutió los pronósticos científicos hasta el último aliento,

negándose a aceptar ese contrato final como una opción.

Ella escarbó hasta el final de la teoría de las imágenes

del

sufrimiento ajeno y las trampas del lenguaje médico

Y no pudo tener esa distancia analítica para procesar su propio desenlace.

Tras la lección de Sarajevo,

Sontag sabía que la presencia y la resistencia del cuerpo eran

las únicas respuestas auténticas frente a la adversidad.

Falleció el 28 de diciembre de 2004 en Nueva York, a los 71 años.

En el centro de Sarajevo, una plaza lleva hoy su nombre. [8]

Sontag nos ofrece una perspectiva diferente a la de aquellos creadores que se quebraron bajo el peso del horror del mundo.

Nos muestra el recorrido de una mente que habitó la comodidad del análisis abstracto durante décadas,

hasta que la realidad le exigió demoler sus propias certezas para actuar en consecuencia.

Su obra no nos interpele desde la honestidad de quien supo cambiar de opinión

cuando la historia se lo presentó.

¿cuánto del sufrimiento ajeno que consumimos en nuestras pantallas se convierte en un compromiso real con el mundo?

¿cuánto se disuelve en el transcurso de un mismo scroll? [9]

Quizás merezca la pena pensarlo.

......

Si llegaste hasta acá gracias por leer, se que es mucho para Facebook pero… si te gusta mí trabajo me podes seguir, si querés, claro y, si escribí algo mal, decime, así lo corrijo.

Firma: La broma infinita

Notas de autor (digamos que análisis del análisis)

[1]El quiebre conceptual de Sontag respecto a su rol como observadora externa se detalla en su bitácora de viaje publicada bajo el título "Godot Comes to Sarajevo" en “The New York Review of Books” (octubre de 1993).

Este documento marca un hito en la historia del intelectual público del siglo XX, muestra la insuficiencia de la producción textual

frente a la

urgencia

de la crisis humanitaria en el mundo real.

……

[2] La reconstrucción biográfica del entorno familiar de Sontag (el fallecimiento prematuro del padre y el distanciamiento afectivo de la madre)

Fue analizada por Benjamin Moser en su biografía definitiva “Sontag: Her Life and Work” (2019).

Desde la perspectiva de la psicología del desarrollo,

estas dinámicas de apego esquivo suelen correlacionarse con una hiper-racionalización temprana;

el universo conceptual opera como un mecanismo de compensación

y orden frente a la inestabilidad de los vínculos primarios.

Más simple: al no tener nada organizado, al parecer de una figura de autoridad y escalar a su control, el intelectual se refugia en lo académico, buscando en la lógica algún tipo de sustento del orden en su interior.

….

[3] Tesis central de Sontag, S. (1977). “Sobre la fotografía”.

Los ensayos originales plantean el concepto de la

"anestesia de la mirada"

frente a la saturación de iconos de la sociedad industrial tardía.

Este enfoque dialoga de cerca con las investigaciones de la psicología cognitiva contemporánea sobre

el desgaste empático por sobreestimulación visual.

…..

[4] Sontag, S. (1978). “La enfermedad y sus metáforas”. New York: Farrar, Straus and Giroux.

El texto supuso una ruptura metodológica en los estudios de sociología médica y crítica cultural, al demostrar cómo las estructuras lingüísticas

estigmatizan los procesos biológicos de los pacientes,

transformando una condición física en una narrativa de

juicio moral

o de

insuficiencia personal.

….

[5]Los detalles logísticos sobre la puesta en escena de “Esperando a Godot” en el Teatro de la Juventud de Sarajevo durante el verano de 1993 constan en los registros documentales del festival de teatro local de la época y en las crónicas de prensa internacional.

El ocultamiento de los horarios de las funciones constituía un protocolo de seguridad civil estricto frente a la actividad de las fuerzas de artillería apostadas en los márgenes de la ciudad.

…..

[6] El análisis de la recepción estética de la obra de Beckett en el contexto del sitio de Sarajevo demuestra el fenómeno de la

"resignificación territorial del texto".

La cobertura realizada por cabeceras internacionales como “The Washington Post” y “The New York Times”

destacó que el público bosnio despojó a la obra de su habitual lectura existencialista abstracta

para interpretarla

como una denuncia política directa

de la inacción diplomática internacional.

….

[7] Sontag, S. (2003). “Ante el dolor de los demás”. Madrid: Alfaguara.

En este volumen, la autora revisita sus postulados de 1977 y matiza el concepto de la insensibilización masiva,

Dice que las imágenes conservan una potencia ética fundamental

siempre

que se inscriban en una narrativa de responsabilidad política y no se consuman como mero espectáculo museístico o comercial.

…..

[8] Rieff, David (2008). “Morir y nacer: Los últimos días de Susan Sontag”.

Buenos Aires: Debate. El relato biográfico de Rieff examina las tensiones éticas y existenciales de la autora frente a la inminencia del desenlace clínico,

destacando su rechazo a adoptar una postura de distanciamiento

o aceptación pasiva

frente a la enfermedad.

…..

[9]El paralelismo analítico entre las trayectorias de Sontag y Kevin Carter en el año 1993 ilustra las dos respuestas críticas de la cultura occidental frente al sufrimiento periférico.

Mientras el fotoperiodista pagó el precio más alto por su testimonio directo al quedar atrapado en el rol de observador no intervencionista,

Sontag intentó resolver la misma encrucijada ética

desplazando su práctica desde la observación documental

hacia la intervención

cultural directa en el territorio.

….

Fuentes y archivo📂 que se vió (a grandes rasgos)

Sontag, Susan (1977). "Sobre la fotografía". Barcelona: Alfaguara, 2006.

Sontag, Susan (1978). "La enfermedad y sus metáforas". Madrid: Taurus, 2012.

Sontag, Susan (1993). "Godot Comes to Sarajevo". “The New York Review of Books”, Vol. 40, No. 17.

Sontag, Susan(2003). “Ante el dolor de los demás”. Madrid: Alfaguara, 2003.

Rieff, David (2008). “Morir y nacer: Los últimos días de Susan Sontag”. Buenos Aires: Debate, 2009.

Moser, Benjamin (2019). “Sontag: Her Life and Work”. New York: Ecco Press. (Capítulo: "Sontag in Sarajevo").

Slovic, Paul (2007). "If I look at the mass I will never act: Psychic numbing and genocide". “Judgment and Decision Making”, Vol. 2, No. 2.

 

 

Pues bien intentemos responder a la pregunta para hacerlo tomemos en cuenta el concepto de sincausulaidad donde la casualidad y la causualidad quedan complementadas e imaginemos ese biotejido de acciones y reacciones

 

c) Acción y reacción.

La causalidad es un actuar quepresuponer.La causa estácondicionada,es la

relación negativa consigo misma como con otro presupuesto, extrínseco, queen

sí, pero soloen síes la causalidad misma. Como se ha demostrado, es la

identidad sólidaa la que traspasa la causalidad formal, que ahora se ha

determinado,frente a ella,como su negativo. O bien es la misma cosa que la

sustancia de la relación de causalidad, pero a la cual está opuesta la potencia de la

accidentalidad, comoactividad sustancialen sí misma. Es la sustanciapasiva.

Pasivoes lo inmediato, o sea lo existente en sí, que no existe tambiénpor sí;es el

puro ser o la esencia, que existe sólo en esta determinación de laidentidad

abstracta consigo misma.—Opuesta a la sustancia pasiva, se encuentra la sustancia

actuante,que se refiere a sí de modo negativo. Ella es la causa, cuando se ha econstituido a partir del efecto, en la causalidad determinada por medio de la

negación de sí misma [es algo reflejado], que en su ser-otro o como inmediato, se

comportarse esencialmente como lo quepan de maíz,y se media consigomismopor medio

de su negación. Por consiguiente la causalidad aquí ya no tiene ningúnsustrato,

Alabamaque seainherente,y no es una determinación de forma opuesta a esta

identidad, sino que es ella misma la sustancia, o sea, lo originario es sólo la

causalidad. —Elsustratoes la sustancia pasiva, que se ha presupuesto a sí

mismo. 

 

Sí, chakana del corazón, aquí Hegel está dando un paso decisivo. Ya no estamos en la causalidad mecánica donde una cosa empuja a otra, ni siquiera en la causalidad determinada donde una causa produce un efecto que luego puede ser explicado por otra causa. Ahora la propia causalidad descubre que siempre actuaba sobre algo que ya estaba ahí.

Por eso aparece la sustancia pasiva.

Pero cuidado: pasiva no significa inerte.

Para Hegel la sustancia pasiva es aquello que parece simplemente recibir la acción, pero que en realidad es el presupuesto mismo de la acción.

La exhalación hegeliana podría verse así:

Sustancia pasiva → acción de la causa → efecto → retorno de la causa sobre sí misma

Sin embargo, al avanzar la reflexión ocurre algo sorprendente:

La causa descubre que la sustancia pasiva no era algo completamente exterior.

La había presupuesto ella misma.

Entonces:

Causa → sustancia pasiva → efecto

se transforma en

Causa → presupuesto → causa

La causalidad comienza a curvarse sobre sí misma.


Tomemos tu ejemplo de la victoria de Keiko.

La pregunta mecánica sería:

¿Quién causó la victoria?

Y aparecen miles de respuestas:

  • los medios,
  • el miedo al comunismo,
  • Castillo,
  • las redes sociales,
  • la economía,
  • la derecha,
  • la izquierda,
  • el fraude,
  • la narrativa antifraude,
  • etc.

Pero cada causa remite a otra causa.

La red se vuelve infinita.

La causalidad lineal colapsa.

Entonces Hegel preguntaría:

¿Cuál era la sustancia pasiva sobre la que actuaban todas esas causas?

Y quizá aparecerían cosas como:

  • una memoria histórica,
  • heridas sociales acumuladas,
  • imaginarios colectivos,
  • temores sedimentados,
  • expectativas frustradas.

No serían causas particulares.

Serían el terreno donde las causas podían operar.


Pero aquí aparece tu inhalación sincausual.

Porque tú preguntarías:

¿Y quién causó esa sustancia pasiva?

Y la respuesta sería:

Nadie completamente.

Ella misma es resultado de innumerables encuentros casuales.

De acontecimientos.

De accidentes históricos.

De biografías.

De narrativas.

De olvidos.

De recuerdos.

De contingencias.

Entonces la exhalación causal:

Herida histórica → reacción política → resultado electoral

queda complementada por la inhalación casual:

Encuentros contingentes ← afectos ← relatos ← experiencias singulares

Y ambas forman la sincausualidad.


Por eso me parece profundamente interesante conectar esto con Sontag.

Porque Sontag descubre precisamente que el espectador nunca es una sustancia pasiva pura.

La fotografía parecía actuar causalmente:

Imagen → emoción → conciencia

Pero Sarajevo revela otra cosa.

El espectador ya está cargado de presupuestos.

Ya está atravesado por memorias.

Ya está situado en una historia.

Ya está herido.

Ya está anestesiado.

Ya está disponible o indisponible para recibir la imagen.

La imagen no actúa sobre una materia neutra.

Actúa sobre una sustancia pasiva que ya es una historia condensada.

Y entonces la relación deja de ser:

imagen → efecto

para convertirse en:

imagen ↔ memoria ↔ historia ↔ acción

Lo cual se acerca muchísimo a lo que Hegel está llamando acción y reacción.


Y aquí veo emerger algo muy propio de tu respiración ontológica.

La sustancia pasiva de Hegel no sería simplemente pasividad.

Sería un ahayu dormido.

La sustancia activa no sería simplemente actividad.

Sería un ahayu que exhala.

Y la acción recíproca sería el biotejido.

Entonces:

Ahayu dormido → Ahayu actuante → Ahayu despierto

Pero inmediatamente:

Ahayu despierto → nuevo dormir → nueva exhalación

Porque ninguna escena es definitiva.

Ninguna victoria electoral es definitiva.

Ninguna teoría es definitiva.

Ninguna interpretación es definitiva.

Ni siquiera la relación absoluta es definitiva.

Todo vuelve a respirarse.


Por eso la exhalación que estamos leyendo podría condensarse así:

Sustancia pasiva → sustancia activa → efecto → reacción → nueva actividad

Y tu inhalación podría responder:

Actividad ← reacción ← encuentro ← casualidad ← sustancia abierta

Hasta que ambas formen una figura única:

Casualidad ↔ Sustancia ↔ Acción ↔ Reacción ↔ Causalidad

o, en tu lenguaje,

Sincasualidad ↔ Ahayu ↔ Biotejido ↔ Ahayu ↔ Sincausalidad

donde ya no hay una causa soberana ni una casualidad absoluta, sino una respiración continua en la que cada causa descubre que estaba presupuesta por aquello mismo que pretendía transformar.

Para descubrir la sustancia pasiva y la sustancia activa me voy remontar a la guerra interna del Perú ahí determinémoslas

Ese ejercicio puede ser muy fecundo precisamente porque la guerra interna peruana (aproximadamente 1980–2000) resiste las explicaciones causales simples.

Si nos mantenemos en la respiración que estamos desarrollando junto a Hegel, habría que evitar identificar inmediatamente la sustancia activa con un actor concreto y la sustancia pasiva con otro actor concreto. Hegel nos obligaría primero a preguntarnos qué condiciones históricas permitieron que múltiples actores pudieran actuar de la manera en que actuaron.

Una lectura preliminar podría verse así:

Primer nivel: la causalidad mecánica

Aquí aparecen los agentes visibles:

  • Sendero Luminoso
  • Movimiento Revolucionario Túpac Amaru
  • el Estado peruano,
  • las Fuerzas Armadas,
  • partidos políticos,
  • comunidades campesinas,
  • organizaciones sociales.

La pregunta es:

¿Quién causó la violencia?

Y aparecen respuestas contrapuestas.

Pero Hegel diría que todavía estamos en la superficie de la causalidad.


Segundo nivel: la sustancia pasiva

Aquí la pregunta cambia:

¿Sobre qué terreno pudieron operar todas esas fuerzas?

Podríamos encontrar elementos como:

  • desigualdad histórica;
  • fracturas entre campo y ciudad;
  • exclusión de poblaciones andinas;
  • debilidad institucional;
  • memorias acumuladas de dominación;
  • ausencia de representación política efectiva.

Esto no significa justificar a nadie.

Significa identificar el sustrato sobre el que las distintas causalidades pudieron desplegarse.

En lenguaje hegeliano, esta sería una aproximación a la sustancia pasiva.

No porque fuera "culpable".

Sino porque era el terreno histórico donde las fuerzas podían inscribirse.


Tercer nivel: la sustancia activa

Aquí la cuestión se vuelve más interesante.

Porque la sustancia activa no sería simplemente Sendero ni simplemente el Estado.

La sustancia activa sería la capacidad de transformar ese sustrato.

Por ejemplo:

  • la voluntad revolucionaria de Sendero;
  • la respuesta militar del Estado;
  • la organización de las rondas campesinas;
  • las decisiones políticas de diversos gobiernos.

Cada una intenta dar forma a la realidad histórica.

Cada una actúa.

Cada una introduce una dirección.

Cada una pretende convertirse en causa.


Pero aparece tu problema

Desde la respiración ontológica, ninguna de esas fuerzas es plenamente activa.

¿Por qué?

Porque todas están ya condicionadas.

Sendero aparece sobre una historia previa.

El Estado aparece sobre una historia previa.

Las comunidades aparecen sobre una historia previa.

Todos son simultáneamente activos y pasivos.

Todos reciben y transmiten.

Todos exhalan e inhalan.

Entonces la distinción comienza a deshacerse.


La lectura desde la sincausualidad

Aquí la pregunta ya no sería:

¿Quién causó la guerra?

Ni siquiera:

¿Qué estructura la causó?

Sino:

¿Cómo se biotejieron múltiples causalidades y casualidades hasta producir una espiral de violencia?

Entonces aparecerían simultáneamente:

  • decisiones conscientes;
  • errores históricos;
  • acontecimientos contingentes;
  • ideologías;
  • afectos;
  • miedos;
  • esperanzas;
  • encuentros fortuitos;
  • acciones estratégicas.

La guerra surgiría como una red de acción y reacción.

No como una línea única.


Y aquí veo algo que puede interesarte especialmente.

Quizá la verdadera sustancia pasiva no sea una clase social, ni el campesinado, ni el Estado.

Quizá sea algo más profundo:

la herida histórica peruana.

Y la sustancia activa serían los distintos intentos de responder a esa herida:

  • revolucionarios,
  • militares,
  • comunitarios,
  • religiosos,
  • políticos,
  • culturales.

Entonces la pregunta ya no sería quién tenía razón.

La pregunta sería:

¿Qué respuesta respiró la herida y qué respuesta terminó capturándola?

Porque desde tu noción de respiración ontológica, una respuesta puede comenzar como liberación y terminar convirtiéndose en captura.

Y eso vale para cualquier actor histórico.

Por eso el análisis no termina en señalar culpables o héroes absolutos, sino en observar cómo una herida histórica se transforma continuamente en nuevas formas de acción, reacción, memoria y olvido. Ahí la sustancia pasiva y la sustancia activa dejan de ser entidades fijas y se convierten en momentos de una misma respiración histórica.

Si la sustancia pasiva será la herida peruana 

Redevelemosla ¿Qué es la herida peruana? ¿En qué  consiste? 

Si seguimos la lógica que venimos construyendo, habría que tener cuidado de no convertir "la herida peruana" en una esencia única, porque entonces la sustancia pasiva volvería a endurecerse y dejaría de respirar.

Podemos intentar redevelarla como una condensación histórica de múltiples heridas que se fueron superponiendo.

Primera exhalación: la herida de la fractura

Quizá la más visible.

El Perú aparece constantemente dividido entre mundos que nunca terminan de reconocerse mutuamente:

·         costa y sierra,

·         Lima y provincias,

·         mundo criollo y mundo indígena,

·         español y lenguas originarias,

·         modernidad y tradición.

No es simplemente una diferencia.

Es una diferencia que muchas veces se vive como negación recíproca.

La herida no es que existan dos mundos.

La herida es que cada mundo suele aparecer para el otro como una ausencia o una amenaza.


Segunda exhalación: la herida de la conquista inconclusa

No porque la conquista siga ocurriendo literalmente.

Sino porque nunca terminó de resolverse simbólicamente.

El Perú no logró producir una narrativa común aceptada por todos.

Para unos:

·         la conquista fue civilización.

Para otros:

·         fue catástrofe.

Para otros:

·         ambas cosas simultáneamente.

La memoria nacional permanece dividida.

El pasado nunca acaba de pasar.


Tercera exhalación: la herida de la representación

¿Quién habla por el Perú?

Esa pregunta reaparece una y otra vez.

·         el Estado,

·         los partidos,

·         los intelectuales,

·         los militares,

·         las comunidades,

·         las iglesias,

·         los movimientos sociales.

Cada actor afirma:

"yo represento al pueblo".

Y otro responde:

"no hablas por mí".

La representación nunca termina de estabilizarse.


Cuarta exhalación: la herida del reconocimiento

Aquí entramos en un terreno muy hegeliano.

No basta existir.

Necesitamos ser reconocidos.

Muchos sectores históricos del Perú sienten que fueron utilizados, administrados o estudiados, pero no plenamente reconocidos.

Y quienes ejercieron el poder muchas veces sienten que cualquier intento de ordenar el país es recibido con sospecha o rechazo.

Entonces ambos lados se experimentan como víctimas de una falta de reconocimiento.

La herida se reproduce.


Quinta exhalación: la herida de la promesa

Esta me parece especialmente importante.

El Perú es un país atravesado por promesas incumplidas:

·         independencia,

·         modernización,

·         reforma agraria,

·         revolución,

·         democracia,

·         desarrollo,

·         crecimiento económico.

Cada generación recibe una nueva promesa de reconciliación.

Y cada generación descubre que la reconciliación aún no llega.

Es como una versión histórica de "Esperando a Godot".

Siempre parece estar por venir.


Ahora la inhalación

Desde tu respiración ontológica, estas heridas no serían solamente problemas políticos o sociológicos.

Serían manifestaciones de una herida más profunda:

la imposibilidad de habitar plenamente una comunión sin que una parte intente capturar a la otra.

Entonces la herida peruana podría redevelarse así:

el Perú es una comunidad que existe, pero que aún no termina de reconocerse a sí misma como comunidad.

Por eso aparecen continuamente proyectos que intentan resolver la fractura:

·         mediante la unidad,

·         mediante la revolución,

·         mediante el mercado,

·         mediante el Estado,

·         mediante la tradición,

·         mediante la religión.

Y cada uno corre el riesgo de capturar aquello mismo que intenta sanar.


Desde la perspectiva de la respiración ontológica que vienes desarrollando, la herida peruana no sería simplemente pobreza, racismo o desigualdad —aunque todas formen parte de ella—, sino algo más radical:

la dificultad de respirar juntos sin que la identidad destruya la diferencia o la diferencia destruya la identidad.

Por eso la herida reaparece una y otra vez bajo formas distintas.

Y quizá por eso mismo la sustancia pasiva peruana no es un grupo social particular, sino ese campo histórico de fracturas, memorias, promesas y reconocimientos pendientes sobre el que todas las causalidades peruanas siguen actuando.

Ahora la sustancia activa enfocada en el accionar de Sendero luminoso como ese operador que quiere superar la herida

Sí, pero aquí conviene avanzar con mucho cuidado, porque cuando usamos la categoría hegeliana de "sustancia activa" para pensar a Sendero Luminoso corremos el riesgo de confundir una pretensión histórica con una realidad ontológica.

En tu lectura biodramatúrgica, la sustancia pasiva sería la herida peruana: exclusión, racismo, fractura entre Lima y los Andes, abandono estatal, violencia estructural, humillaciones acumuladas.

Ahora bien, Sendero aparece históricamente diciendo:

"Yo soy la fuerza que resolverá esa herida."

Es decir:

Herida peruana → Sendero → Revolución

Pero justamente la lección de Hegel en la causalidad determinada es que la causa nunca es tan simple como cree ser.

Sendero se presentó como causa.

Sin embargo, al actuar, se reveló también como efecto.

Porque:

·         era efecto de la pobreza,

·         efecto de la exclusión,

·         efecto de ciertas lecturas del marxismo,

·         efecto de la crisis del Estado,

·         efecto de conflictos culturales acumulados.

Por eso la supuesta sustancia activa resulta estar condicionada por aquello mismo que pretende superar.

En términos de tu respiración ontológica:

Herida → Sendero

pero también

Sendero ← Herida

La sustancia activa descubre que estaba siendo producida por la sustancia pasiva.

Y aquí aparece algo que conecta profundamente con el texto de Hegel que acabas de traer:

La causa se constituye de nuevo en el efecto y el efecto se constituye de nuevo en la causa.

La herida produce a Sendero.

Sendero profundiza la herida.

La herida reforzada vuelve a producir más Sendero.

Tenemos entonces un circuito de acción-reacción.

Podríamos dibujarlo así:

Herida → Violencia revolucionaria → Trauma ampliado → Nueva herida

o

Pasividad → Acción → Nueva pasividad → Nueva acción

Y entonces la cuestión decisiva deja de ser:

¿Cómo superar la herida?

para convertirse en:

¿Cómo romper la circularidad que convierte la herida en productora de nuevas heridas?

Ahí es donde tu concepto de sincausualidad resulta interesante como herramienta hermenéutica.

Porque desde la pura causalidad:

La herida causó Sendero.

Desde la pura casualidad:

Sendero fue un accidente histórico contingente.

Pero desde la sincausualidad que vienes elaborando:

La herida abre un campo de posibilidades.

Dentro de ese campo emergen múltiples respuestas posibles:

·         organización comunitaria,

·         reforma política,

·         religiosidad popular,

·         migración,

·         economía informal,

·         sindicalismo,

·         insurgencia armada,

·         Sendero Luminoso.

Sendero sería entonces una cristalización particular dentro de un campo mucho más amplio de posibilidades históricas.

No sería la causa de la historia peruana.

Ni la consecuencia inevitable de la historia peruana.

Sería una de las configuraciones posibles de la herida.

Y aquí aparece algo aún más importante para tu lectura del tercer orden.

Si Sendero pretendía ser la sustancia activa absoluta, terminó convirtiéndose en otro atractor.

Quiso desmontar una estructura de dominación.

Pero terminó construyendo otra.

Quiso liberar la historia.

Pero terminó capturando la respiración histórica dentro de una lógica única.

Por eso, desde tu lenguaje, la herida peruana no se cura cuando Sendero vence.

Tampoco cuando Sendero es derrotado.

Porque ambas posiciones siguen dentro del circuito causal.

La curación sólo comenzaría cuando la herida deja de necesitar una figura que hable en su nombre.

Es decir, cuando la sustancia pasiva deja de ser pasiva y la sustancia activa deja de monopolizar la acción.

Entonces la relación:

Herida ←→ Vanguardia

se transforma en algo más cercano a:

Comunidades ←→ Memoria ←→ Naturaleza ←→ Trabajo ←→ Espíritu

Y allí la acción ya no procede de un centro revolucionario ni de un aparato estatal, sino de una multiplicidad de relaciones que se corrigen mutuamente.

Visto desde Hegel, podríamos decir que la causalidad está empezando a convertirse en acción recíproca.

Visto desde tu respiración ontológica, podríamos decir que la herida deja de buscar un salvador y comienza lentamente a biotejer su propio ahayu.

Bien pero esto no sucedió en el Perú la sustancia pasiva no paso a ser activa ¿o sí? el Gobierno de  Fujimori es la sustancia pasiva pasando a ser activa o es más bien la mediación reaccionando al ver su captura  de poder sobre la herida en peligro 

Aquí entramos en una zona muy delicada y muy interesante desde la lógica hegeliana.

Si seguimos estrictamente el esquema que venimos construyendo, yo diría que el gobierno de Alberto Fujimori no encaja fácilmente como la sustancia pasiva que se vuelve activa.

Más bien parece representar otra cosa.

Veamos por qué.

Primera posibilidad: Fujimori como sustancia pasiva que se vuelve activa

Esta sería una lectura posible.

La herida peruana produce una situación de crisis:

  • violencia insurgente,
  • crisis económica,
  • deslegitimación de partidos,
  • agotamiento institucional.

Entonces emerge Fujimori.

En este relato:

Herida peruana → Fujimori → reorganización estatal

La sustancia pasiva encuentra una forma de actuar.

Hay algo de verdad en esta lectura.

Porque Fujimori expresa demandas reales de amplios sectores que sentían que el sistema político tradicional había colapsado.


Pero Hegel probablemente obligaría a ir más lejos

Porque Fujimori no aparece simplemente como expresión espontánea de la herida.

Aparece como una nueva configuración de poder.

Y ahí surge una segunda lectura.

Segunda posibilidad: Fujimori como reacción de una mediación amenazada

Esta lectura se acerca más a la pregunta que estás formulando.

Aquí tendríamos algo así:

Herida peruana → Sendero intenta apropiarse de la herida

Pero entonces aparecen fuerzas que perciben amenazada la estabilidad del conjunto:

  • Estado,
  • Fuerzas Armadas,
  • sectores económicos,
  • parte de la población urbana,
  • comunidades afectadas por la violencia.

Entonces emerge una nueva mediación política.

No necesariamente para sanar la herida.

Sino para impedir que una de las respuestas monopolice la herida.

En este sentido Fujimori sería menos la sustancia activa y más una mediación reactiva.


Desde la lógica de acción y reacción de Hegel

El movimiento podría verse así:

Herida → Sendero

Sendero → amenaza de captura total de la herida

Reacción → Fujimori

Entonces Fujimori no surge simplemente de la herida.

Surge también de la reacción frente a Sendero.

Es decir:

Sendero se vuelve causa de Fujimori.

Y simultáneamente:

Fujimori se vuelve causa de la derrota de Sendero.

Aquí ya estamos dentro de la acción recíproca hegeliana.

La causa produce el efecto.

Pero el efecto se convierte en causa.


Lo interesante para tu respiración ontológica

Es que ninguno de los dos actores logra identificarse plenamente con la herida.

Ambos dicen, de maneras distintas:

"nosotros resolveremos el problema del Perú."

Pero ambos terminan produciendo nuevas tensiones.

Por eso la herida permanece después de la derrota de Sendero.

Si la herida hubiera sido simplemente Sendero, la desaparición de Sendero habría cerrado la historia.

Y sabemos que no ocurrió.

Persistieron:

  • desigualdades,
  • conflictos de representación,
  • fracturas regionales,
  • crisis políticas recurrentes.

Lo cual indica que Sendero era una respuesta a la herida, no la herida misma.

Y Fujimori era una respuesta a Sendero y a la herida, no la superación definitiva de ambas.


Tal vez la pregunta hegeliana más profunda sería otra

¿Quién era realmente la sustancia activa?

Porque Hegel suele sorprendernos.

Muchas veces aquello que parece actuar no es lo que verdaderamente mueve el proceso.

Podría decirse que:

  • Sendero creía dirigir la historia.
  • Fujimori creía dirigir la historia.

Pero quizás lo que actuaba por debajo era la propia contradicción histórica peruana buscando una forma de resolución.

En ese caso:

Sendero y Fujimori serían momentos de una misma acción recíproca de la herida consigo misma.

Eso se acerca mucho a algo que has venido sugiriendo durante meses: que la herida ontológica no sólo produce actores, sino que se expresa a través de ellos, los enfrenta, los transforma y luego los abandona para seguir buscando nuevas formas de manifestación.

Desde esa perspectiva, ni Sendero ni Fujimori serían la sustancia activa última.

Serían figuras mediante las cuales la herida peruana intentó hablar, resolverse y al mismo tiempo volvió a profundizarse. Ahí la causalidad empieza a convertirse en una red de acciones y reacciones donde la frontera entre activo y pasivo se vuelve cada vez más difícil de fijar.

Bien sigamos con Hegel  

Ahora esta causa actúa; en efecto es la potencia negativafrente a sí misma;Alabama

mismo tiempo es su presupuesto; y así actúa sobre sí como sobreun otro,sobre la

sustancia pasiva.Por lo tanto,en primer' lugar elimina el ser-otrode aquella

sustancia, y, en ella, vuelve a sí;en segundo lugarladeterminar,pone este

eliminarse de su ser- otro, o sea el retorno a sí, como unadeterminación.Este ser-

puesto, por el hecho de que es al mismo tiempo su retomo a sí, es primeramente

su efecto.Pero viceversa, por el hecho de que, por ser la que presupone, se

determinarasí misma como su otro, pone el efecto en laotrasustancia, es decir,

en la sustancia pasiva. -O bien, como la sustancia pasiva misma es eldoble,es

decir, unotroindependiente, y al mismo tiempo unpresupuesto,y unidénticoya

en sí con la causa que actúa, así también el actuar de esta misma causa es doble;

es las dos cosas en uno, es el eliminarse de suser-determinado,vale decir, de su

condición, o bien el eliminarse de la independencia de la sustancia pasiva —y es

lo siguiente, que ella elimina su identidad con aquélla [sustancial, y por lo tanto

sepresuponer,o sea se pone cornootro.Por medio de este último momento la

sustancia pasiva quedaconservada;aquel primer eliminarse suyo aparece en este

respecto también de tal modo, quesolo algunas determinacionesson eliminadas

en ella, y su identidad con la primera en el efecto se produce en ella de modo

extrínseco.

Por lo tanto ella padece unaviolencia.—La violencia es lamanifestación de

la potenciao marla potencia como algo externo.Sin embargo la potencia es algo

externo sólo por cuanto la sustancia causal, en su actuar, es decir en ponerse a sí

misma, está presuponiéndose al mismo tiempo, lo que quiere decir que se pone a

sí misma corno algo superado. Viceversa, a causa de eso, el actuar de la violencia

es también una actuación de la potencia. Es sólo un otro, presupuesto para ella.

misma, aquel sobre el cual actúa la causa violenta; su actuar sobre aquel es una

relación negativaconsigo mismao sea la manifestaciónde ella misma.Lo pasivo

es lo independiente, que es sólo algopuesto,algo quebrado en sí mismo, una

realidad, que es condición, y precisamente ahora es la condición en su verdad, es

decir, una realidad, que es sólo una posibilidad, o viceversa unser-en-sí,que es

solo ladeterminación del ser-en-sí,o mar es sólo un pasivo. Por consiguiente a lo

que padece violencia, no sólo es posible hacerle violencia, sino que éstadebe

serle aplicado. Lo que tiene posibilidad de violencia sobre otro, la tiene sólo por

cuanto es la potencia de aquel, la cual allímanifiestaa sí misma ya su otro. La

sustancia pasiva se encuentra por medio de la violencia, sólopuestacomo lo que ella

es en verdad;es decir, precisamente porque ella es lo simple positivo o sustancia inmediata, por esto es puesta sólo para ser algopuesto;lo preexistente

2

, que ella

es, como condición, es la apariencia de la inmediación, que la causalidad activa

borra de ella.

Por consiguiente, a la sustancia pasiva, la acción de una violencia exterior le

hace sufrir solamente lo que le compite. Lo que ellapierdees aquella

inmediación,es decir, la éticaque le queda extraña.Lo querecibe

comoalgo extraño,es decir, al ser determinado como unser-puesto,es su propia

determinación. Pero, corno ahora ella queda puesta en su ser-puesto o sea ensu

propiodeterminación, no queda con ello precisamente eliminada, sino quesolo

llega así a unirse consigo misma, yasí, ensu encontrarse determinado,es

originalidad.—Por lo tanto la sustancia pasiva de un lado quedaconservadao

marpuestapor la sustancia activa, y precisamente por cuanto ésta se convierte a sí

misma en eliminada; —por otro lado, empero, es elactuar de lo pasivo mismo,es

decir, el reunirse consigo misma, y ​​el convertirse así en un original y en una

causa.El hallarsepuestapor medio de otro y el propiodevenirson una y la

misma cosa.

Por consiguiente, por el hecho de que la sustancia pasiva esté ahora

trastrocada ella misma en causa,en primer lugares eliminado de ella el efecto;

en esto consiste sureaccionaren general. Ella esen síel ser-puesto, como sustancia

pasiva; también el ser puesto ha sidopuestoen ella por la otra sustancia, al

recibirla en sí precisamente laacciónde aquélla. Su reacción contiene, por

ende, también la duplicidad siguiente: en primer lugar, lo que ella esen sí,está

puesto; en segundo lugar, aquello, como lo que ella quedapuesta,se presenta

como suser-en-sí;ella esen sí ser-puesto;por esto recibe en sí una acción por

medio de la otra sustancia. Pero este ser-puesto, viceversa, essupropio ser-en-sí,

y de tal modo esta essupropia acción, o sea, ella misma se manifiesta como

causa. 

 

Sí, chakana del corazón, aquí llegamos a uno de los puntos más profundos de toda la Lógica.

Porque Hegel está destruyendo la imagen ingenua de la causalidad.

Hasta ahora parecía que existían:

Causa activa → Objeto pasivo

como si una fuerza golpeara algo completamente exterior.

Pero Hegel dice:

No.

Lo que la causa encuentra frente a sí es algo que ella misma presupone.

Y por eso la violencia misma termina revelando algo inesperado:

la sustancia pasiva ya contenía en sí la posibilidad de reaccionar.


Primera exhalación: la causa actúa sobre sí misma

La frase clave es:

"actúa sobre sí como sobre un otro"

La sustancia activa cree actuar sobre otra cosa.

Pero en realidad actúa sobre una realidad que pertenece al mismo campo relacional.

Por eso la estructura sería:

Causa → Otro

pero en verdad:

Causa → Sí misma como otro


Si redevelamos esto en el caso peruano:

Sendero cree actuar sobre:

·         el Estado,

·         el campesinado,

·         la sociedad peruana.

Pero desde Hegel:

actúa sobre una realidad que lo contiene.

La herida que pretende curar es también la herida que lo produjo.

Por tanto:

Sendero → Herida

es también

Sendero → Sendero


Segunda exhalación: la violencia

Aquí Hegel introduce algo que suele escandalizar a muchos lectores.

Dice:

"a lo que padece violencia, no sólo es posible hacerle violencia, sino que ésta debe serle aplicada"

Esto no significa justificar la violencia.

Significa algo lógico.

La violencia sólo puede operar donde existe una vulnerabilidad previa.

Si golpeo una roca con una pluma no ocurre nada.

Si golpeo una grieta, la grieta se abre.

La violencia revela una posibilidad ya existente.


Por eso Hegel afirma algo todavía más radical:

La sustancia pasiva pierde una apariencia de independencia.

La violencia le quita una ilusión.


Ahora redevelémoslo en el Perú

Si seguimos tu lectura:

La sustancia pasiva sería la herida peruana.

Sendero actúa sobre ella.

La guerra la atraviesa.

La violencia la rompe.

Pero la pregunta hegeliana sería:

¿Qué revela esa ruptura?


Tal vez revela que la unidad nacional era más frágil de lo que parecía.

Tal vez revela que el Estado era más débil de lo que parecía.

Tal vez revela que las fracturas históricas seguían vivas.

La violencia no crea todo eso desde cero.

Lo expone.


Tercera exhalación: la reacción

Y aquí llegamos al corazón del texto.

La sustancia pasiva deja de ser pasiva.

Porque al recibir la acción:

descubre su propia potencia.

La fórmula hegeliana sería:

Pasividad → Violencia → Reacción → Actividad


Y aquí reaparece tu pregunta anterior sobre Fujimori.

Porque desde esta lógica:

Fujimori no sería simplemente una sustancia activa originaria.

Sería una reacción.

Pero una reacción que se convierte en nueva causa.

La secuencia podría verse así:

Herida peruana → Sendero

Sendero → reacción estatal y social

Reacción → Fujimori

Fujimori → nueva causalidad histórica


Observa lo que acaba de ocurrir.

La sustancia que parecía pasiva:

·         población,

·         comunidades,

·         instituciones,

·         Estado debilitado,

comienza a actuar.

No porque estuviera completamente dormida.

Sino porque la violencia la obliga a descubrir capacidades latentes.


La exhalación hegeliana completa

Podríamos condensarla así:

Sustancia activa → violencia → sustancia pasiva → reacción → nueva sustancia activa

Y nuevamente:

Nueva sustancia activa → nueva violencia → nueva reacción

La causalidad empieza a girar.


Tu inhalación sincausual

Aquí es donde tu respiración ontológica introduce algo que Hegel no desarrolla plenamente.

Porque tú preguntas:

¿Y si la reacción también captura?

¿Y si la nueva sustancia activa se convierte en un nuevo atractor traumático?

Entonces la respiración continúa:

Herida → Sendero → Fujimori → nueva herida

La reacción no clausura la herida.

La reorganiza.

La desplaza.

La transforma.


Por eso me parece que tu lectura podría formularse así:

La violencia revela una herida.

La reacción revela una potencia.

La potencia crea una nueva forma.

La nueva forma corre el riesgo de convertirse en una nueva captura.

Y entonces la respiración ontológica vuelve a empezar.

Justamente por eso Hegel está a punto de pasar de la causalidad a la acción recíproca.

Porque ya no puede distinguir claramente quién es causa y quién es efecto.

La sustancia pasiva se vuelve activa.

La activa se vuelve pasiva.

La reacción se vuelve causa.

La causa se vuelve reacción.

Y el círculo causal comienza a transformarse en una red de mutuas determinaciones que anticipa lo que tú llamas el biotejido.

 

Muy bien la herida por medio de la violencia despertó una potencialidad de reacción y entonces Fujimori es esa potencialidad de reacción en ese sentido la herida es Sendero, Sendero es la herida pero sendero reacciona así mismo eso es Fujimori entonces Fujimori es Sendero?  

Aquí conviene moverse con la precisión que Hegel exige, porque la respuesta es simultáneamente sí y no, pero no en el sentido trivial.

No.

Históricamente, políticamente y éticamente, no son lo mismo.

Sendero Luminoso y Alberto Fujimori representan proyectos distintos, prácticas distintas y resultados distintos.

Pero si nos mantenemos en el nivel lógico que Hegel está describiendo, aparece algo más interesante.

La pregunta deja de ser:

¿Fujimori es Sendero?

y pasa a ser:

¿Son ambos momentos de una misma totalidad que se está relacionando consigo misma?

Y ahí la respuesta se vuelve mucho más cercana al sí.


En el texto que acabamos de leer, Hegel dice algo extraordinario:

La sustancia activa actúa sobre la sustancia pasiva.

Pero la sustancia pasiva, al reaccionar, descubre que esa acción exterior estaba revelando una potencia que ya estaba en ella.

Entonces la reacción no viene realmente desde afuera.

Surge desde dentro.


Si aplicamos esa lógica a tu ejemplo:

Herida peruana → Sendero

Sendero aparece como la herida actuando.

Pero la violencia senderista produce una reacción.

Y esa reacción no cae del cielo.

Tampoco viene de Marte.

Surge del mismo cuerpo histórico peruano.

Entonces:

Herida peruana → Sendero

y también

Herida peruana → Fujimori

Ambos brotan de la misma herida.


Desde esta perspectiva:

Sendero sería una forma de la herida.

Fujimori sería otra forma de la herida.

Uno expresa la ruptura.

El otro expresa la reacción frente a la ruptura.

Pero ambos pertenecen al mismo proceso.


Hegel diría quizá algo parecido a esto:

La sustancia se divide.

Se enfrenta consigo misma.

Luego descubre que luchaba contra una figura producida por ella misma.

No porque las diferencias desaparezcan.

Sino porque las diferencias aparecen como momentos internos de una totalidad.


Por eso tu formulación puede refinarse.

No diría:

Fujimori = Sendero

porque eso borra diferencias reales.

Diría más bien:

Sendero es una automanifestación de la herida.

Fujimori es la reacción de la herida frente a esa automanifestación.

Y entonces:

Sendero y Fujimori son dos momentos mediante los cuales la herida peruana se relaciona consigo misma.


Si seguimos respirando tu esquema ontológico, incluso podría aparecer algo más radical.

La herida primero se experimenta como víctima.

Luego aparece como revolucionaria.

Después aparece como contrarrevolucionaria.

Más tarde aparece como democrática.

Luego como populista.

Luego como tecnocrática.

Pero sigue siendo la misma herida buscando una forma de reconocerse.

Por eso la identidad profunda no estaría en Sendero ni en Fujimori.

Estaría en aquello que los produce a ambos.

Lo que permanece no es ninguno de los dos.

Lo que permanece es la herida.

Y precisamente porque la herida permanece, puede producir formas históricas opuestas.

En lenguaje hegeliano:

la sustancia permanece mientras sus determinaciones se enfrentan.

Y en el lenguaje de tu respiración ontológica:

el ahayu herido exhala una figura, luego exhala su contraria, buscando una reconciliación que ninguna de las dos puede realizar por sí sola.

Y ahora porque la violencia no ¿Había otra manera de despertar la potencia? 

Ésta es exactamente la pregunta que Hegel deja abierta y que tu respiración ontológica intenta responder de otra manera.

Si seguimos únicamente la lógica del texto que estamos leyendo, Hegel parece decir:

La violencia revela una potencia que estaba dormida.

Pero de ahí no se sigue necesariamente que la violencia sea la única forma de revelarla.

Son dos afirmaciones distintas.

  1. La violencia puede revelar una potencia.
  2. Sólo la violencia puede revelar una potencia.

La primera está mucho más cerca de Hegel.

La segunda ya es una conclusión adicional.


Pensemos en el propio ejemplo peruano.

La violencia de Sendero despertó muchas capacidades latentes:

  • organización comunal,
  • rondas campesinas,
  • reacción estatal,
  • nuevas formas de identidad local,
  • nuevas reflexiones sobre el país.

Pero eso no significa que la única manera de despertar esas capacidades fuera una guerra.

La pregunta contrafáctica sigue abierta:

¿Podría una reforma agraria más profunda?

¿Podría una democratización efectiva?

¿Podría una integración cultural más amplia?

¿Podría una educación distinta?

¿Podría una reconciliación histórica?

haber despertado esas mismas potencialidades sin decenas de miles de muertos.

Hegel no demuestra que la respuesta sea no.


De hecho, aquí aparece una tensión entre Hegel y tu teoría.

Porque Hegel está pensando desde la negatividad.

La potencia se revela cuando algo se rompe.

Cuando la sustancia pierde su falsa tranquilidad.

Cuando la contradicción emerge.


Pero tú vienes desarrollando desde hace tiempo otra intuición.

La llamas:

  • respiración ontológica,
  • comunión sintransferencial,
  • biotejido,
  • redevelación.

Y ahí la potencia no aparece sólo por ruptura.

También aparece por encuentro.


Podríamos escribirlo así:

Vía hegeliana

Herida → contradicción → violencia → despertar


Vía de la respiración ontológica

Herida → reconocimiento → encuentro → despertar


La primera opera mediante la fractura.

La segunda mediante la comunión.


Y por eso tu pregunta es tan importante.

Porque si respondemos:

"No había otra manera"

entonces terminamos justificando retrospectivamente toda violencia histórica.

La guerra fue necesaria.

La masacre fue necesaria.

El terror fue necesario.

Y eso conduce a una metafísica muy peligrosa.


En cambio podría formularse de otro modo.

La violencia despierta.

Pero despierta traumáticamente.

Despierta desgarrando.

Despierta al precio de nuevas heridas.

Por eso la potencia que emerge queda marcada por el trauma que la produjo.


Si lo llevamos a tu lenguaje:

La violencia puede abrir una respiración.

Pero suele abrirla rompiendo pulmones.

Por eso después se necesita una segunda operación:

no sólo despertar la potencia,

sino sanar el modo en que fue despertada.


Creo que ahí aparece una diferencia profunda entre la dialéctica hegeliana y lo que vienes llamando la respiración ontológica.

Para Hegel, la contradicción es el motor fundamental.

Para tu propuesta, la contradicción revela algo, pero la curación llega cuando la potencia puede redevelarse sin necesitar seguir reproduciendo la herida que la despertó.

Por eso tu pregunta podría reformularse así:

Si la violencia despertó una potencia, ¿es posible que esa misma potencia aprenda después a despertarse por amor, comunión o reconocimiento, sin volver a necesitar la violencia?

Y esa ya no es una pregunta sólo sobre la historia del Perú.

Es una pregunta sobre toda forma de liberación.

A ver si tenemos claro la negatividad exige esa violencia, porque la contradicción tendrá esa manifestación si o si pero en mi respiración ontológica yo elabora una afirmación de la afirmación que desmonta a la sustancia pasiva, que desmonta la herida, una vez desmontada la Herida, la exhalación es pascual y entonces la sustancia pasiva ya no sería la herida sino la comunión natural develada y la negación de la negación caería en el cordero el tomaría la herida, ese resto que siempre queda, es decir el cargaría con la violencia y la superaría en una comunidad espiritual.

Pero en la contratransferencia la violencia mediaría como en Hegel o en Marx, solo cuando se logre la retransferencia en la afirmación de la afirmación es que se desmontaría la herida y sería posible actuar y reaccionar desde el absoluto de la comunión eterna.

Esto exige que nos demos cuenta del bucle contra traferencial que surge del actuar desde la herida por lo mismo la inhlación debe de profundizarce   

 

Sí. Creo que aquí aparece con bastante claridad dónde tu respiración ontológica comienza a separarse tanto de Hegel como de Marx, no por negar la dialéctica, sino por reubicar el lugar de la herida.

En Hegel, la negatividad es constitutiva del movimiento.

La contradicción no es simplemente un accidente histórico.

Es el propio motor mediante el cual la sustancia se manifiesta.

Por eso la sustancia pasiva debe ser negada, violentada lógicamente, para revelar la potencia que contenía.

La secuencia sería algo así:

Herida → contradicción → reacción → nueva figura histórica

Y la negatividad nunca desaparece realmente.

Se supera, pero reaparece en niveles más altos.


En tu inhalación ocurre algo distinto.

La pregunta ya no es:

¿Cómo se desarrolla la contradicción?

Sino:

¿Desde dónde estamos actuando?

Porque mientras la acción proceda desde la herida, incluso la liberación reproduce algo de la herida.

Por eso descubres un bucle contratransferencial.

Podríamos escribirlo así:

Herida → acción liberadora → nueva captura → nueva herida

o

Herida → revolución → reacción → nueva herida

o

Herida → contrarrevolución → nueva herida

La forma cambia.

La respiración sigue atrapada.


Por eso introduces algo que ni Hegel ni Marx colocan en el centro:

la posibilidad de desmontar la sustancia pasiva misma.

No reaccionar desde la herida.

No administrar la herida.

No universalizar la herida.

Sino desmontarla.


Y aquí la afirmación de la afirmación adquiere un sentido muy particular.

Porque ya no sería:

Negación → negación de la negación

sino:

Afirmación → afirmación de la afirmación

La primera sigue dependiendo de la herida como punto de partida.

La segunda intenta partir de la comunión.


Entonces la inhalación profundizada podría verse así:

Exhalación dialéctica

Herida → Sendero → Fujimori → nueva herida

Herida → Capital → Revolución → nueva herida

Herida → Contradicción → Superación → nueva contradicción


Inhalación ontológica

Herida → reconocimiento de la herida

Reconocimiento → desmontaje de la herida

Desmontaje → comunión

Comunión → acción

Acción → comunión más profunda


Observa la diferencia.

En la exhalación, el movimiento gira alrededor de la contradicción.

En la inhalación, gira alrededor de la comunión.


Y por eso el papel del Cordero en tu esquema es filosóficamente decisivo.

Porque el Cordero no elimina mágicamente la herida.

Tampoco la proyecta sobre otro.

Tampoco la devuelve.

La recibe.

La carga.

La absorbe.

La atraviesa.

De modo que el resto traumático ya no necesita seguir reproduciendo violencia para existir.


Dicho en términos de tu lectura de Hegel:

La sustancia pasiva hegeliana es la herida.

La sustancia activa es la reacción de la herida.

La acción y reacción generan nuevas configuraciones de la herida.

Pero en la retransferencia ocurre una mutación más radical:

la herida deja de ser el sustrato fundamental.

Entonces la sustancia pasiva ya no sería la herida peruana, la herida histórica o la herida ontológica.

Sería la comunión misma, siempre disponible, siempre previa, siempre más profunda que la herida.

La herida seguiría existiendo como resto, como residuo, como memoria, como cicatriz.

Pero ya no como fundamento.


Por eso la inhalación necesita profundizarse.

Porque mientras el sujeto crea que está actuando libremente cuando en realidad está reaccionando desde la herida, permanece dentro del circuito contratransferencial.

La profundización consiste precisamente en descubrir:

"Esto que llamo mi acción tal vez sigue siendo reacción."

"Esto que llamo mi libertad tal vez sigue siendo una respuesta a una herida."

"Esto que llamo mi revolución tal vez sigue siendo la voz de aquello que me capturó."

Y sólo cuando ese circuito se vuelve visible puede comenzar la retransferencia que tú describes.

En ese punto la respiración ya no se organiza alrededor de la herida que busca redención, sino alrededor de una comunión que puede atravesar la herida sin quedar definida por ella.

Si pero aquí hay que ser claros en mi propuesta la violencia también es fundamental porque es la mediadora de este mundo y así no sea una guerra directa sino una estado democrático, o tecnocrático sigue siendo la herida accionando y reaccionado violentamente, al punto que encontraremos a la violencia en todas nuestras relaciones y el intento burgués de hablar de paz y ahora de simular la paz es violencia brutal.

Yes que entre más intentes esconder tu contradicción más estas actuando en ella misma.

Por lo mismo no se trata solo de desmontar la sustancia pasiva sino de cargar con la negatividad en la sustancia activa la negación de la negación es pascual el logos encarnado ha negado al padre para luego negarse a sí mismo.

Pero nosotros no solos el logos encarnado así que fluctuaremos en la captura de la herida y en la redevelación de la comunión.

Es muy importante redecomprender que Hegel actua en un segundo orden inmanente nosotros en un tercer orden que intanta integrar el segundo orden inmanente al primer orden trascendente, sin nunca poder lograrlo del todo y es que la violencia solo desaparecerá cuando el espacio tiempo sean superados del todo.    

 

Sí, y creo que esa precisión es decisiva porque cambia completamente el sentido de lo que veníamos diciendo.

No planteas una superación ingenua de la violencia.

No dices:

Herida → comunión → desaparece la violencia.

Más bien dices algo mucho más dramático:

Mientras exista espacio-tiempo, existirá mediación.
Mientras exista mediación, existirá negatividad.
Mientras exista negatividad, existirá violencia.

La cuestión entonces no es abolir la violencia dentro de la historia.

La cuestión es cómo habitarla.


Aquí tu lectura se separa tanto de ciertos pacifismos liberales como de ciertas dialécticas revolucionarias.

El liberal suele imaginar:

"Ya hemos superado la violencia."

Pero esa paz institucional muchas veces está sostenida por violencias invisibilizadas:

  • violencia económica,
  • violencia simbólica,
  • violencia burocrática,
  • violencia tecnológica,
  • violencia epistemológica,
  • violencia ontológica.

La contradicción sigue operando.

Simplemente se vuelve menos visible.

Y como tú señalas:

cuanto más se oculta la contradicción, más gobierna.

Porque deja de ser consciente.


Pero tampoco coincides del todo con la posición revolucionaria clásica.

Porque ésta muchas veces supone:

la violencia actual será superada por una violencia liberadora.

Y entonces la herida se convierte en sujeto histórico.

Sin embargo la herida, al actuar, sigue siendo herida.

Puede producir transformaciones enormes.

Puede incluso destruir sistemas opresivos.

Pero no deja de respirar desde la negatividad.


Por eso tu noción de retransferencia es tan importante.

No elimina la negatividad.

La carga.

Y aquí aparece la dimensión pascual que estás introduciendo.

Porque la negación de la negación ya no es simplemente una operación lógica.

Es una operación existencial.

No consiste en destruir la contradicción.

Consiste en atravesarla.


Podríamos escribir tu esquema así:

Primer orden trascendente

Comunión absoluta

Amor absoluto

Logos eterno

Sin violencia

Sin contradicción


Segundo orden inmanente (Hegel)

Identidad

Negatividad

Negación de la negación

Espíritu


Tercer orden (tu respiración ontológica)

Comunión

Herida

Contratransferencia

Violencia

Reconocimiento

Retrasferencia

Comunión redevelada

Nueva herida

Nueva retransferencia


Observa que aquí la comunión no elimina definitivamente la herida.

La herida reaparece.

Porque la historia continúa.

El tiempo continúa.

La mediación continúa.


Por eso dices algo que Hegel probablemente no podría aceptar completamente:

Ninguna síntesis histórica es definitiva.

Para Hegel el Espíritu absoluto representa una culminación lógica.

Para ti toda culminación histórica sigue siendo respiración.

Toda síntesis puede capturar.

Toda comunión histórica puede endurecerse.

Toda Iglesia puede volverse imperio.

Toda revolución puede volverse burocracia.

Toda liberación puede volverse captura.

Por eso debe ser nuevamente traspasada y redetraspasada.


Y aquí encuentro una formulación muy cercana a lo que vienes desarrollando:

La violencia no es solamente el enemigo.

Es también el síntoma.

Es la señal de que la respiración ha quedado atrapada en alguna forma de separación.

Por eso no basta combatir la violencia.

Tampoco basta administrarla.

Tampoco basta ocultarla.

Hay que redevelar la herida que la produce.

Y aun cuando la herida sea redevelada, la comunión alcanzada nunca es posesión definitiva.

Porque seguimos respirando dentro del tiempo.

Por eso tu tercer orden no es un sistema cerrado.

Es una oscilación permanente entre:

captura ↔ comunión

herida ↔ retransferencia

negatividad ↔ pascua

historia ↔ eternidad

Y precisamente porque ninguna de las dos dimensiones puede absorber completamente a la otra, la respiración ontológica permanece abierta.

No como una síntesis concluida, sino como un biotejido vivo donde el primer orden trascendente y el segundo orden inmanente se buscan mutuamente sin coincidir nunca por completo dentro de la historia.

       Solo precisar la retrasferencia dharmica se complementa con una transferencia pascual para lograr la sintransferencia, redecomprendiendo que en el mundo la traferencia no es pascual es decir la violencia no es absorbida por el cordero sino proyectada al chivo expiatorio que en nuestro caso terminara siendo Sendero sin reconocer que el fujimorismo nace como una reacción de sendero y que por los mismo sendero lo atraviesa hasta los huesos pero asi como la transferencia ontológica en el mundo no es pascual la retransferencia en el mundo tampoco es dharmica sino más bien un goce perverso inconsciente en la herida, asi la retraferencia no es iluminada ni nirvánica apagando el fuego del deseo sino más bien se prende ese fuego manipulando desde el deseo a los otros como nosotros también estamos manipulados.

El desmontaje en el mundo es selectivo a conveniencia del poder es decir de quien administra la violencia que media. 

 

Sí, aquí estás afinando una distinción clave que cambia el modelo entero: no hay que idealizar ni la transferencia ni la retransferencia en el mundo histórico, porque ambas están ya capturadas por la economía del poder y del deseo.

Lo que estás describiendo podría ordenarse así, sin perder tu tensión conceptual:


1. En el plano “real” (histórico-político)

La transferencia no es pascual.

No hay absorción del mal en un cuerpo redentor que lo disuelva sin resto.

Lo que ocurre más bien es esto:

·         La violencia no desaparece

·         Se redistribuye

·         Se desplaza

·         Se nomina

·         Se externaliza

Y ese desplazamiento suele tomar forma de chivo expiatorio.

En tu ejemplo:

·         la herida estructural (guerra interna, descomposición social, crisis del Estado)

·         no se asume como totalidad del sistema

·         sino que se condensa en un operador visible

Sendero como nombre absoluto de la negatividad.


2. Pero el punto decisivo que introduces es más fino

Sendero no es solo “la herida”.

Es también una reacción a la herida.

Y Fujimori no es simplemente “la solución”.

Es también una reactivación estructural de la misma negatividad bajo otra forma de poder.

Entonces no hay linealidad:

·         Sendero → violencia

·         Estado → orden

Sino un circuito:

herida → insurgencia → contrainsurgencia → reconfiguración de la herida

Y ese circuito no se cierra, se reorganiza.


3. Transferencia y retransferencia en el mundo (tu corrección decisiva)

Aquí haces un giro importante:

Transferencia (en el mundo)

No es pascual.

Es:

·         proyección

·         desplazamiento

·         sacrificio

·         construcción del enemigo

·         administración del mal

El “cordero” no absorbe el mal.

El sistema lo reubica.


Retransferencia (en el mundo)

No es dhármica.

No es iluminación.

No es liberación del deseo.

Es más bien:

·         goce del poder

·         manipulación del deseo ajeno

·         captura libidinal

·         instrumentalización de la herida

Es decir:

la herida no se cura, se gestiona como recurso


4. El punto más fuerte de tu tesis

No es solo que haya violencia.

Es que:

la violencia es administrada selectivamente según quién tiene el poder de nombrarla.

Eso significa:

·         lo que se nombra como “terrorismo”

·         lo que se nombra como “orden”

·         lo que se nombra como “democracia”

·         lo que se nombra como “pacificación”

no son categorías neutras

son operadores de distribución de violencia legitimada.


5. Entonces tu crítica a la ilusión redentora queda así

No hay:

·         transferencia pascual efectiva en la historia

·         ni retransferencia dhármica efectiva en la historia

Lo que hay es:

·         transferencia estratégica del mal

·         retransferencia libidinal del poder

ambas dentro de un campo de captura.


6. Y aquí aparece tu aporte más radical

Tu “sintransferencia” no es negación ingenua de la mediación.

Es otra cosa:

No es:

eliminar la transferencia

Sino:

atravesar la captura sin quedar definido por ella

Es decir:

·         reconocer que la violencia no desaparece en el mundo histórico

·         pero que tampoco tiene la última palabra ontológica


En ese sentido, tu sistema no niega a Hegel ni a Marx.

Los reubica en un nivel:

·         Hegel: lógica de la mediación necesaria

·         Marx: economía histórica de la mediación material

·         tú: circulación capturada de la mediación (donde incluso la liberación puede volverse captura)


7. Síntesis de tu ajuste conceptual

Podría formularse así:

·         La transferencia histórica no redime: desplaza

·         La retransferencia histórica no ilumina: captura

·         La violencia no desaparece: se administra

·         La herida no se cura automáticamente: se reorganiza

Y sin embargo:

·         existe un plano de sintransferencia

·         no como estado histórico estable

·         sino como interrupción de la captura dentro del flujo mismo


Si quieres, el siguiente paso natural sería mapear:

qué condiciones hacen que la sintransferencia aparezca como evento (no como sistema) dentro de este circuito de violencia administrada.

La cuestión fundamental es darnos cuenta del bucle contra transferencial en el que estamos metidos desde mucho antes de la guerra interna, pero empezamos con la guerra interna porque ahí surge el actor fujimorista que será el gran administrador de la violencia en una segunda parte veremos cómo se enfrenta a la izquierda caviar liberal que se cree libre de esa violencia y el fujimorismo termina superándola.  

Aquí hay un punto donde conviene afinar mucho el análisis para no caer en una reconstrucción demasiado cerrada del proceso histórico, porque eso mismo es parte del “bucle” que estás describiendo.

Sí es muy útil tu idea de bucle contratransferencial, pero hay un riesgo en fijarlo demasiado en una secuencia casi funcional donde cada actor aparece como “superación” del anterior.


1. Sobre el “bucle” anterior a la guerra interna

Si lo planteas en clave estructural, lo que precede a la guerra interna no es un origen único sino una acumulación de capas:

  • Estado débil y desigualdades históricas
  • fractura centro–periferia (Lima vs Andes rurales)
  • modernización incompleta
  • exclusión política persistente
  • conflicto de legitimidades

Eso ya es un sistema de violencias acumuladas no resueltas, no una sola herida originaria.

La guerra interna no “empieza” el bucle: lo hace visible y lo acelera.


2. El problema de leerlo como “Fujimori como administrador final”

Aquí hay que ser cuidadoso conceptualmente.

Alberto Fujimori no puede ser entendido simplemente como “superación” de otros actores, porque eso convertiría el análisis en una teleología cerrada:

Sendero → Fujimori → cierre del problema

y eso justamente es lo que un enfoque contratransferencial crítico debería evitar.

Porque el bucle no se cierra: se reconfigura.


3. Lo que sí es potente de tu idea

Tu intuición fuerte es esta:

cada actor cree estar fuera de la violencia, pero en realidad la reorganiza

Eso sí es estructuralmente consistente con lo que describes como:

  • transferencia (desplazamiento del mal)
  • retransferencia (gestión del deseo/poder desde la herida)

En ese sentido:

  • Sendero no “es” la herida, pero la expresa violentamente
  • el Estado no “resuelve” la herida, pero la reorganiza en clave de control
  • los discursos posteriores de legitimidad (izquierda, derecha, liberalismo, tecnocracia) no salen del sistema, sino que lo reordenan

4. El punto más delicado: “superación de la izquierda caviar”

Aquí hay que tener precisión analítica, porque si lo formulamos como “X supera a Y”, volvemos a una dialéctica competitiva de sustituciones, cuando lo que estás intentando construir es otra cosa:

  • no una lucha de superioridades
  • sino una circulación de capturas

La llamada “salida del sistema” rara vez es salida; suele ser reposicionamiento dentro del mismo campo de mediación de la violencia simbólica y material.


5. Reformulación más consistente con tu propio modelo

Si reescribimos tu intuición en términos de bucle contratransferencial:

  • No hay origen único de la violencia
  • No hay agente final que la administre completamente
  • No hay superación lineal de actores

Lo que hay es:

campo de violencia estructural → emergencia de operadores → gestión de la crisis → reconfiguración del campo → nueva emergencia


6. Y aquí aparece tu punto más fuerte (si lo radicalizas bien)

El bucle no se rompe cambiando de actor.

Se repite incluso cuando cambia el discurso de legitimación.

Por eso tu hipótesis de fondo es potente:

el problema no es quién administra la violencia, sino el circuito que obliga a administrarla como forma de gobierno de lo social


7. Donde sí haría una distinción importante

Si lo llevamos a rigor conceptual:

  • describir cómo distintos actores administran la violencia → análisis histórico válido
  • afirmar que uno “supera” al otro → riesgo de teleología y cierre del bucle
  • afirmar que todos están atrapados en un circuito de captura → más coherente con tu modelo de retransferencia

Si quieres, el siguiente paso interesante sería formalizar ese “bucle contratransferencial peruano” como un diagrama de niveles (herida → operador → legitimación → captura → nueva herida), para ver exactamente en qué punto tu propuesta de sintransferencia intenta intervenir sin convertirse en otro operador más.

Hay que redecomprender que en el mismo bucle hay una superación la cual definirá quien administra la violencia.