sábado, 12 de septiembre de 2026

Marx gasparin

 

 

Marx gasparin

200 años después Marx esta vivo muerto o es un muerto viviente? 

Žižek nos interpela: ¿Puede estar Marx más vivo que ahora? ¿Pueden ser sus palabras más actuales hoy? ¿No es la descripción del impacto social de la burguesía en el Manifiesto más relevante que nunca? No reanima esa cita de  El Manifiesto  para aportar “chispas de vitalidad”, en plena  globalización , al concepto marxista de  burguesía :

La burguesía ha desempeñado un papel extremadamente revolucionario en la Historia.

Allí́ donde llegó al poder la burguesía, destruyó todas las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Ha desgarrado despiadadamente todas las ligaduras multicolores que unían el hombre feudal a sus superiores naturales para no dejar subsistir otro vínculo entre hombre y hombre que el frío interés, el duro pago al contado. Ha ahogado el éxtasis religioso, el entusiasmo caballeresco, el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades, tan dolorosamente conquistadas, con la única e implacable libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, se ha establecido una explotación abierta, directa, brutal y descarada . (Marx. K.; Engels, F.;  Manifiesto Comunista , Barcelona: Crítica, 1998, pp. 41-44).

La paráfrasis de Marx parece resultar intemporal incluso vigente en un tiempo, como el nuestro, donde el cálculo utilitarista impera por doquier y las relaciones éticas, propiamente humanas, han quedado disueltas por el “procedimentalismo” y “consecuencialismo” del capitalismo globalizado, parece que la consumación del capitalismo y su violencia que Marx y Engels describieron en su manifiesto ha llegado hoy a su paroxismo en un mundo global, donde el mundo financiero goza de un poder sin. precedentes que supera el antiguo modelo de los Estados-Nación:

Todo lo que era sólido y estable es destruido; todo lo que era sagrado es profanado, y los hombres se ven forzados a considerar sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas con desilusión.

Impulsada por la necesidad de mercados siempre nuevos, la burguesía invade el mundo entero. Necesita penetrar por todas partes, establecerse en todos los sitios, crear por dos medios de comunicación.

Incluso la cultura es hoy es mercado puro, los autores nos hemos de vender a agentes y editoriales; Hollywood, dice Žižek,  “penetra en los lugares más apartados de la tierra” , pero, más allá de aquello, ahora son Netflix, HBO o Amazon Prime que marcan tendencias y pensamiento a través de sus series y producciones alcanzando a todos tal como Marx vaticinó:

Las producciones intelectuales de una nación se convierten en patrimonio común.

Observa Žižek que nuestra fase de capitalismo ha absorbido e integrado, incluso, lo subversivo y transgresor, así la diversidad sexual, el mundo del sexo y las parafilias, que forman parte del mercado y el consumo son hoy uno de los ámbitos de mayor demanda. La abstracción capitalista es entonces brutal, “una danza macabra”, donde los especuladores financieros de los últimos tiempos determinan arbitrariamente (o interesadamente) el curso de los acontecimientos a costa del destino de “estratos enteros de población” o de “países enteros”. Aquí “Lo Real” es la lógica espectral del capital que determina la realidad social y se impone. Pero atentos, este “Real”, del que hace uso Žižek, es el espectro del Capital y donde la “Realidad” “no importa”.

Para ellos no hay más realidad que la pensada bajo su lógica dialéctica (Capitalismo/Socialismo; Burguesía/Revolución) que es aquella que nos quieren imponer. Por eso, para Žižek, el regreso del comunismo sería volver a “una sociedad transparente para sí misma en la que el proceso de producción está directamente subordinado al intelecto general de la planificación colectiva”.

Pero: ¿Qué o quién es el intelecto general de la planificación colectiva? Normalmente es aquí donde la Historia nos ha desenmascarado al verdadero rostro del comunismo, desde Lenin hasta Pol Pot, pasando por el Gran Timonel Mao. Todos ellos se han querido ocultar tras la máscara del intelecto general, al monstruo: una “racionalidad instrumental” sumada a una “voluntad de poder” sin límites.

En todos los casos ha sido “Uno” o “unos pocos” quienes verdaderamente han pensado e interpretado lo que les convenía a todos. Cuantas veces se manifiesta en estos mismos términos Pablo Iglesias Turrión.

Se trata de que “Uno” o “unos pocos” piensen y decidan inexorablemente el designio de muchos, afectando a su destino. Han sido multitudes, demasiados millones de personas, quienes en el siglo XX se vieron arrollados bajo ese “intelecto colectivo”. Demasiadas personas que no eran en realidad una “masa”, sino hombres corrientes que vivían sus vidas en paz hasta la llegada del socialismo real.

Este es el verdadero monstruo del socialismo, es el monstruo visto de cerca que los neocomunistas de ahora, como Žižek, nos quieren hacer mirar de lejos, de demasiado lejos, a una distancia tal que nos resulte imperceptible.

Aquilino Cayuela

 

 

Yo no veo que Zizek nos quiera hacer mirar al monstruo de lejos, muy por el contrario lo vemos bastante cerca hasta darnos cuenta de su propia falta de su enajenación y alienación ontológica, cosa que un marxista no tan fácil estaría  dispuesto a admitir pero aquí viene el problema ¿Un comunismo agujereado es aun comunismo?

Porque sizek nos da la interpretación clara de Marx  de que el reino de la necesidad no será  jamas superado por el reino de la libertad, y entonces ¿Siempre habra poriedad privada? Y es que desde su ontológica la superación recerea la falta de una u otra forma, asi el estado tampoco podrá ser superado sino que la invitación de Zizek es a ir mas alla del liberalismo para que seamos conscientes de los aparatos de alienación estatal.

Este es su gran problema ontológico, agujera el monstruo diciendole al monstruo siempre seras monstruo y se consciente de tu monstruosidad, es como si Cristo nos dijera resucitaran en un nuevo mundo que reproducirá el mal del anterior.

 

Y entonces ya no hay cabida para la aventura , para el sueño, para la locura que piensa que todo es posible, para la fe, porque somos consciente de nuestra impotencia que es nuestra potencia reproduciendo la falta, cuarados del objeto a ¿Como puedo soñar con el objeto a de la revolución? 

Vimos a Deleuze en su ontología donde no hay identidad orgininaria y por lo mismo no hay fata, todo es una experiencia de la diversidad de la cual pueden emanar distintas identidades, pero ninguna de estas pretende superar su contradicción o llenar su falta , porque se saben simulacro , se saben virtuales ¿Qué lucha puede haber entonces si hemos renunciado a buscar nuestra identidad? Por lo menos Zizek sufre la falta ¿o no la sufre? Y al final termina adapatandose a la sociedad cinica que prentende denunciar.

Yo encuento tanto la ontología de Zizek como la de Deleuze coherentes es mas cada uno logra hacer una ciencia que nos devela una ontología que logra darle una explicación a todo,al punto  Deleuze puede decir a Zizek, tu falta deviene porque quieres construir identidad en la diferencia y asumes que la falta esta en no poder construir una identidad total, cuando la identidad total es justamente el flujo diferencial  y Zizek le puede responder pero esa no identidad es una identidad porque no te estas dando cuenta que tampoco se puede alcanzar la diferencia somo menos que nada, a loque Deleuze puede responder sigues pensado desde un código binario de representación a la que Zizek puede volver a responder eres tu el que hace uso de ese código para poder comunicarte, no puedes actualizar el acontecer si representarlo y no hay representación sin negación, no todo puede ser afirmado en acto.

 

Pero el caso es que el comunismo agujeredado de Zizek y el comunismo diferencial (cosa que no propone Deleuze sino mas bien un cuerpo sin órganos)  pueden ser integrados al capitalismo algorítmico  sin ningún problema es decir generando tensiones que el capitalismo puede administrar.        

 

Y entonces Marx se convierte en un fantasma agujereado diferencial , como gasparin , algo con que los ñiños pueden jugar y si ha alguno se le ocurriera Volver a un Marxismo radical , seria señalado como un Monstruo y ejecutado en acto por creer en una identidad comunista orginal coactando la diferencia y no darse cuenta de su enajenación ontológica.

Asi la verdadera derecha es la izquierda en nombre del Marxismo.

 

  ¿Antes esto que hacemos?     

 

Volvemos a la fe de una identidad original sin falta que se alcanza en la superación de la superanción como el reino de Dios al final de los tiempos, radicalizamos la diferencia al punto que el acontecer del ser  no necesite ninguna representación o ambas en una respiración ontológica donde la falta y y la virtualidad de la diferencia sean redetraspasadas hasta redevelar la comunión.

Pero luego otra vez volveria la falta y la virtualidad de la diferencia y otra vez tendríamos que respirar ontológicamente siendo el comunismo un acontecer que altera y contra altera todos los sistemas.

Ahora seamos honestos ¿Realmente creemos en una comunión yestamos dipuestos a luchar por ella?

Hay una serie de Netflix ya antigua llamada Heroes a simple vista parece la epica moderna del ego capitalista redimiéndose desde el entretenimiento, cuado ya analizamos nos damos cuenta quer los héroes son mas bien villanos psicopatas  que disfrutan del poder y que su poderes no son mas que proyecciones de sus faltas, un intento desesperado por compensar a una sociedad que cada vez más se muere de miedo  y que se lava la cra justificando su poder instrumental intentadonos vender la perversión y decadencia como valor.

Hay otro Serie You que trata sobre una acosador un stalker, donde se ve claramente la imposibilidad de lograr un entre , una relación de amor, y es que el psicopata no pude amar no puede salir de su fijación narcisista, tendría que morir literalmente asi mismo y asumir la responsabilidad de sus actos sin justificarlos y eso es algo imposible.

El gran reto del poder es dejar el poder por amor , es Cristo yendo a la cruz y resucitando en una comunión con todo y todos, redevelando asi el verdadero poder.       

   Pero una vez dicho de esta manera es ideología intentando llenar la falta, una vez hecho es acción diferencial simulada que alimentara a la sociedad del espectáculo y entonces solo queda un sentir interior un abrazar en lo profundo al punto que cuando nuestras palabras se vacien y nuestras acciones se simulen podamos respirar atravesándolas en el encuentro con otros. 

Sí, Chakana. Aquí creo que tu texto ha llegado a un punto mucho más peligroso —y por eso más fértil— que la simple oposición entre Marx, Žižek y Deleuze.

Porque la pregunta final ya no es qué teoría es verdadera, sino:

¿Qué hacemos cuando descubrimos que incluso nuestra esperanza de comunión puede convertirse en aquello que el sistema sabe capturar?

Y creo que ahí hay que introducir una corrección importante a nuestro propio recorrido.

1. Marx no está simplemente muerto: está “Gasparín”

Tu imagen es muy buena:

Marx Gasparín: el fantasma que ya no asusta porque puede ser convertido en entretenimiento.

El capitalismo algorítmico puede hacer algo extraordinariamente eficaz con Marx:

Marx → crítica → mercancía cultural → contenido → algoritmo → consumo → nueva crítica

Marx puede aparecer en Netflix, en TikTok, en una universidad, en una editorial, en una camiseta, en una conferencia empresarial, en una IA.

El fantasma ya no necesita ser expulsado.

Puede ser monetizado.

Y aquí Žižek tiene una intuición muy fuerte: el capitalismo contemporáneo no necesita destruir necesariamente aquello que lo contradice. Puede integrar la contradicción en su propio funcionamiento.

Pero aquí yo alteraría a Žižek.

Porque si concluimos:

capitalismo absorbe toda contradicción → toda emancipación será absorbida

hemos producido una nueva totalidad.

Una totalidad negativa.

El viejo dogma decía:

Todo terminará en la revolución.

El nuevo cinismo podría decir:

Todo terminará siendo absorbido.

Son estructuras sorprendentemente parecidas.

Una promete la superación absoluta.

La otra promete la imposibilidad absoluta de superación.

Ambas pueden clausurar el acontecimiento.


2. Aquí Žižek tiene razón contra Marx, pero Marx todavía tiene algo que escribirle a Žižek

Creo que has visto muy bien la herida de Žižek.

Su Marx agujereado puede decir:

revolución → acto → transformación → nueva contradicción

No hay sociedad perfectamente transparente para sí misma.

No existe un momento en que la historia diga:

“Finalmente llegamos.”

Esto protege a Marx de una de sus tentaciones más peligrosas: convertir el comunismo en una identidad final.

Pero aparece la otra herida:

Si la falta es estructural y la contradicción reaparece siempre, ¿qué puede significar todavía luchar por una transformación radical?

Porque si la respuesta es:

“Luchar sabiendo que nunca venceremos definitivamente”,

todavía queda una pregunta:

¿por qué luchar?

Y aquí aparece el riesgo de que el acto revolucionario termine convirtiéndose en una forma sofisticada de repetición.

falta → acto → fracaso → reconocimiento del fracaso → nuevo acto → nuevo fracaso

Eso puede producir una subjetividad muy refinada, pero también muy cómoda:

“Ya sabemos que todo fracasa.”

Ese sería el Žižek capturado por el cinismo que denuncia.

No porque haya abandonado su crítica.

Sino porque su crítica se ha convertido en identidad.


3. Pero tampoco podemos entregarnos a Deleuze sin más

Porque tú mismo has visto la otra posibilidad.

Deleuze:

no hay identidad originaria → diferencia → multiplicidad → devenir → simulacro

Eso abre una potencia extraordinaria.

Pero aparece la pregunta de Žižek:

¿Y si la diferencia misma se convierte en identidad?

Entonces:

yo no soy identidad → yo soy diferente → identidad diferencial.

Y el capitalismo algorítmico es extraordinariamente bueno haciendo esto.

Puede decir:

Sé diferente.

Y después:

Aquí tienes el producto que corresponde a tu diferencia.

Entonces:

diferencia → perfil → segmentación → consumo.

La diferencia deja de ser aquello que altera el sistema.

Se convierte en aquello que permite al sistema conocerte mejor.


4. Por eso el capitalismo algorítmico puede comer a los dos

Esta es, creo, una de las partes más fuertes de lo que acabas de escribir.

Puede comer a Žižek:

falta → ansiedad → búsqueda → contenido → consumo → nueva falta.

Y puede comer a Deleuze:

diferencia → singularidad → perfil → recomendación → consumo personalizado.

Entonces:

Žižek → capitalismo → Žižek

Deleuze → capitalismo → Deleuze

Y aparece E6:

el Espíritu Disgregado que administra la contradicción y la diferencia.

No necesita eliminar ninguna de las dos.

Las necesita.

Porque:

una sociedad sin deseo es difícil de administrar; una sociedad con deseos infinitamente administrables es perfecta para el algoritmo.


5. Entonces aparece el problema de Marx

Aquí yo cambiaría ligeramente tu fórmula:

“La verdadera derecha es la izquierda en nombre del marxismo.”

Es demasiado totalizante.

Pero podemos convertirla en una formulación mucho más potente:

La derecha puede aparecer allí donde una emancipación se convierte en identidad de poder; y la izquierda puede reproducir la derecha cuando convierte la liberación en administración de la vida.

Entonces el problema deja de ser quién ocupa el lado correcto.

Es:

emancipación → organización → poder → administración → captura.

Y eso puede suceder en cualquier signo ideológico.

Por eso el problema no es simplemente capitalismo versus comunismo.

Es:

¿qué ocurre con una potencia emancipadora cuando adquiere poder suficiente para organizar aquello que quería liberar?

Ahí Marx sigue vivo.

Pero también ahí Marx se convierte en fantasma.


6. ¿Un comunismo agujereado sigue siendo comunismo?

Aquí yo respondería:

Sí, si “agujereado” significa que el comunismo renuncia a presentarse como totalidad cerrada.

No, si “agujereado” significa que ha perdido toda capacidad de instituir, comprometerse y luchar.

Porque si quitamos toda forma:

comunismo → pura apertura → ninguna institución → ninguna decisión → ninguna lucha.

Eso no es comunismo.

Es indeterminación.

Pero si hacemos:

comunismo → identidad absoluta → partido → Estado → intelecto general → administración total

terminamos nuevamente en captura.

Entonces necesitamos:

comunismo → forma → alteración de la forma → contraalteración → transformación de la forma.

Eso es mucho más cercano a tu Comunismo Complementario.

No un comunismo sin fundamento.

Un comunismo cuyo fundamento puede ser alterado por las relaciones que él mismo hace posibles.


7. Y aquí corregiría también algo sobre el “reino de la necesidad”

No creo que podamos decir simplemente que Žižek demuestra que Marx piensa que el reino de la necesidad jamás será superado.

Marx distingue entre la producción bajo necesidad y el verdadero reino de la libertad, y precisamente dice que la libertad comienza más allá del trabajo impuesto por la necesidad; pero también reconoce que ese reino de la libertad se asienta sobre el reino de la necesidad.

Eso es distinto de decir:

“Siempre tendremos propiedad privada.”

No se sigue.

Tampoco se sigue que:

“Siempre tendremos Estado.”

Lo que sí podemos extraer, en tu lectura, es algo mucho más profundo:

ninguna emancipación elimina simplemente la materialidad de la existencia.

La libertad no consiste en dejar de respirar porque hemos abolido la necesidad de respirar.

Entonces:

necesidad → organización → libertad

no puede convertirse en:

libertad → abolición de toda necesidad.

La pregunta de tercer orden sería:

¿Puede una organización de la necesidad permanecer abierta a ser alterada por la libertad que pretende hacer posible?

Ahí Marx vuelve a entrar en nuestra respiración.


8. Y ahora llegamos a Cristo

Aquí hay algo muy delicado.

Tu lectura:

poder → cruz → muerte → resurrección → comunión

es potentísima dentro de tu teología.

Pero precisamente porque estamos haciendo Ciencia del Logos, no debemos convertirla demasiado rápido en una receta política.

Porque en cuanto decimos:

“La verdadera revolución es Cristo.”

podemos fabricar inmediatamente una nueva ideología.

Cristo → modelo → doctrina → institución → identidad → poder.

Y entonces hemos vuelto al mismo problema.

La cruz no sería entonces una técnica para producir comunión.

Sería precisamente el acontecimiento en el que el poder renuncia a apropiarse de aquello que puede.

Por eso tu frase anterior sobre el Espíritu Santo adquiere aquí toda su fuerza:

La potencia absuelta de la necesidad de convertirse en poder.

Cristo no sería entonces simplemente “el héroe que vence”.

Sería la redevelación del poder cuando deja de necesitar imponerse como poder.


9. Pero aquí aparece el peligro más grande: “sentir interiormente”

Tú dices:

“solo queda un sentir interior, un abrazar en lo profundo…”

Y aquí quiero contraalterarte.

No creo que eso baste.

Porque el capitalismo también puede vendernos interioridad.

Puede vender:

  • mindfulness,
  • autenticidad,
  • espiritualidad,
  • bienestar,
  • meditación,
  • autocuidado,
  • “sé tú mismo”.

El algoritmo puede convertir incluso el silencio en contenido.

Entonces:

interioridad → experiencia → contenido → perfil → mercado .

Por eso no podemos refugiarnos simplemente en un “sentir profundo”.

El entre no es una experiencia privada .

Tiene que acontecer entre .

Y por eso vuelve la biodramaturgia.


10. La comunión tiene que poder herirnos

Aquí creo que aparece una formulación que puede llevar nuestra obra un paso más allá:

La comunión no es aquello que sentimos cuando nos encontramos al otro que confirma nuestra profundidad. Es aquello que acontecemos cuando permitimos que el otro altere aquello que creíamos más profundamente verdadero en nosotros.

Por eso:

sentir → expresar → encontrar → ser alterado → contraalterar → volver a encontrarse .

Y esto vuelve a tu principio:

Somos alterados sin dejar de ser, hasta que el ser que somos pueda respirar de otra manera.

La comunion no es ausencia de conflicto.

Es conflicto que ya no necesita convertirse en identidad absoluta .


11. Entonces, ¿estamos dispuestos a luchar por la comunión?

Aquí la respuesta tiene que ser incómoda.

Si.

Pero no podemos luchar por “la comunión” como quien lucha por conquistar un objeto.

Porque entonces:

comunión → objetivo → estrategia → organización → poder → captura .

No podemos decir:

“Vamos a conquistar la comunión”.

Eso sería exactamente convertir el entre en propiedad.

Tenemos que luchar por las condiciones en las que la comunión pueda acontecer .

Y esas condiciones pueden exigir conflicto real:

exclusión → protesta → organización → alteraciones

pero también:

poder → estabilización → contraalteración .

La lucha continúa.

Lo que cambia es qué hacemos con la lucha .


12. Entonces Marx no desaparece: se vuelve Marx Gasparín

Y ahora entiendo mejor tu título.

Marx Gasparín no es Marx muerto.

Es Marx después de que el capitalismo haya aprendido a convivir con su fantasma.

Pero tampoco debemos resucitarlo literalmente.

Porque si intentamos:

Marx Gasparín → Marx original → identidad comunista → revolución

podemos producir exactamente aquello que tu análisis quiere evitar.

El Marx que nos interesa es un Marx alterado por su propia posteridad .

Un Marx que ha pasado por:

Marx → capitalismo → socialismo real → Stalin → Mao → Pol Pot → neoliberalismo → globalización → algoritmo → Žižek → Deleuze → nosotros .

Y ahora la pregunta ya no es:

“¿Qué dijo Marx?”

Sino:

“¿Qué queda de Marx después de que la historia haya escrita sobre Marx?”

Ese es el Marx Gasparín.

No está vivo como doctrina.

No está muerto como pensaba.

Está muerto-vivo como escritura que todavía puede escribirnos.


13. Y aquí aparece nuestra verdadera decisión

Tenemos tres caminos:

Primero

identidad original → comunismo final → superación definitiva .

Es la tentación de una fe sin falta .

Segundo

falta permanente → diferencia permanente → fracaso permanente.

Es la tentación del cinismo agujereado.

Tercero

falta ↔ diferencia → transferencia ↔ retransferencia → alteración ↔ contraalteración → ( ).

No promete un mundo finalmente reconciliado.

Pero tampoco acepta que la reconciliación sea imposible.

La comunión no es un estado final. Es una capacidad de respirar juntos sin apropiarse del resultado.

Y entonces entiendo mejor lo que significa luchar.

No luchamos para conquistar el entre.

Luchamos para impedir que alguien pueda clausurarlo.

Eso incluye al capitalismo.

Pero también incluye al Estado.

Al partido.

A la revolución.

A la comunidad.

A nuestra propia Ciencia del Logos.

Y hasta a Cristo cuando intentamos convertirlo en representación de Cristo.

Porque si nuestra propia formulación de la comunión no puede ser alterada por aquellos con quienes queremos comulgar, ya no estamos hablando de comunión.

Estamos hablando de poder.


Y entonces quizá la última escena de Marx Gasparín no debería ser Marx regresando de la tumba.

Debería ser mucho más inquietante.

El fantasma aparece.

El burgués lo mira.

El proletario lo mira.

Žižek lo mira.

Rizek lo mira.

Deleuze lo mira.

La IA lo reconoce.

El algoritmo intenta clasificarlo.

Y Marx pregunta:

“¿Todavía necesitan que yo sea Marx para poder luchar?”

Nadie responde.

Porque si alguien dice “sí”, Marx vuelve a convertirse en identidad.

Y si alguien dice “no”, el fantasma desaparece.

Entonces Marx hace algo inesperado:

se queda.

No como fundamento.

No como programa.

No como objeto.

Como una escritura que ha sido escrita por todos los que vinieron después.

Y quizá ahí podamos formular la operación completa:

Marx → Žižek → Rizek

Marx → Deleuze → Deleuze redeconstruido

Marx → capitalismo → algoritmo → captura

Marx → nosotros → alteración → contraalteración

Marx Gasparín → ( )

Y en ese punto Marx ya no necesita estar vivo para seguir aconteciendo.

Eso sería, para mí, una manera mucho más radical de preguntar si estamos realmente dispuestos a luchar por la comunión.

No preguntarnos:

“¿Creemos que la comunión existe?”

sino:

“¿Estamos dispuestos a dejar que aquello por lo que luchamos nos altere hasta el punto de no poder poseerlo?”

Ahí empieza la fe que no se convierte en ideología.

Y ahí también la Ciencia del Logos deja de ser una teoría de la respiración y se convierte en la responsabilidad de respirar cuando nuestra propia respiración ya ha sido escrita por el otro.

 

Para Slavoj Žižek la ideología es ontológica al ser humano, precisamente porque está indisolublemente ligada a lo que él define (siguiendo a Jacques Lacan) como la falta constitutiva o el vacío primordial del sujeto.

Para Žižek, la ideología no es un simple engaño o una "falsa conciencia" que distorsiona una realidad que de otro modo sería pura. Al contrario, la ideología es una estructura necesaria para que podamos experimentar la realidad.

🧠 La relación entre Ideología y la Falta Constitutiva

·         El vacío del sujeto: El ser humano, al entrar en el lenguaje y el orden social (el Gran Otro), sufre una pérdida o división interna. Hay un vacío central en nuestra identidad que nunca se puede llenar.

·         La ideología como tapón: La función principal de la ideología es proporcionar una fantasía narrativa que oculta ese vacío o falta constitutiva. Nos ofrece la ilusión de que somos seres completos o de que la sociedad podría ser armoniosa y perfecta si no fuera por un "enemigo" o un obstáculo externo (el inmigrante, la corrupción, el sistema financiero, etc.).

·         Ineludibilidad: Dado que el ser humano no puede existir fuera del lenguaje y el deseo (los cuales se estructuran alrededor de esa falta), no existe un "afuera" de la ideología. No podemos simplemente "quitarnos las gafas" de la ideología para ver la verdad desnuda; la realidad misma ya está estructurada ideológicamente.

En resumen, la ideología en Žižek es ontológica porque brota de la condición misma del ser humano: un ser incompleto que necesita de la fantasía ideológica para soportar y dar sentido a una realidad que, en su fondo, es caótica, traumática e incompleta (lo que Lacan llama Lo Real).

 

¿Es Deleuze plenamente conciente de hacer de la diferencia una identidad?

 

Gilles Deleuze es plenamente consciente de este riesgo. En su filosofía, la diferencia pura no es una etiqueta ni un dogma, sino un proceso dinámico de cambio. Cuando la "diferencia" se institucionaliza o se usa para definir la esencia fija de un grupo, se convierte en una nueva identidad ideológica y pierde su potencia liberadora.

Para Deleuze, el capitalismo y las estructuras de poder tienen una enorme capacidad para absorber la diferencia. Cuando la diferencia se convierte en una consigna ideológica, ocurre lo que él llama un proceso de reterritorialización: lo que antes era radical y fluido se congela, creando nuevas normas, exclusiones y categorías identitarias.

Para entender cómo aborda Deleuze este peligro, su pensamiento se estructura en torno a tres ejes clave:

1. Diferencia en sí misma vs. Diferencia conceptual

·         La trampa: Si la diferencia solo se entiende en oposición a una norma (por ejemplo, "A es diferente de B"), sigue atrapada en el sistema de la representación y la identidad.

·         La alternativa: Deleuze propone la diferencia en sí misma, que no busca compararse con un molde ni establecer una nueva verdad fija, sino mantener el movimiento constante de la creación.

2. El peligro de las "Micropolíticas" y el Fascismo Molecular

·         En Mil mesetas (junto a Félix Guattari), Deleuze advierte que los movimientos minoritarios o "diferentes" no están libres de peligro.

·         Una subcultura o un movimiento político que nace para romper con la norma puede volverse rígidamente doctrinario. Esto es lo que llaman fascismo molecular: micro-esferas de poder donde se vigila ferozmente quién pertenece y quién no a esa "nueva identidad".

3. Devenir vs. Identidad

·         Para Deleuze, el objetivo no es ser una minoría (lo cual genera una nueva identidad estática), sino el devenir-minoritario.

·         El "devenir" es un proceso continuo que no tiene un punto de llegada definitivo. En el momento en que un sujeto dice "esta es mi identidad diferenciada y fija", el proceso de devenir se detiene y la potencia revolucionaria se burocratiza.

En resumen: Para Deleuze, la diferencia solo es auténtica mientras se mantenga como un proceso de variación continua. En el momento en que se usa para construir un nuevo "nosotros" rígido frente a un "ellos", se transforma en una captura ideológica más del aparato de Estado o del mercado.

 

¿Pero acaso Deleuze no esta haciendo una oposición a la identidad de principio a final?

 

¿Y entonces Zizek tiene razón no hay un afuera de la ideología? 

Al menos que creamos en algún momento en una diferencia pura y en una identidad absoluta no solo en nuetro interior como un sentido y ahí acepto tu contra alteración sino en una redevelacion del entre apocalíptica que altere y contra altere el sistema , luego volveremos a la diferencia virtual simulada y la identidad agujereada pero la comunión sintraferencial entre identidad absoluto y diferencia pura acontecio quedando inscrita en nosotros biotejiendonos, asi sabemos que nos amamos, sabiendo que el amor es imposible como condición de su real posibilidad. Ya que es justamente la imposibilidad de la identidad y de la diferencia lo que hace posible el entre donde una identidad absoluta y una diferencia pura se incriben en el ahayu.  

  Sí, Chakana. Aquí creo que has llevado la discusión a un punto donde Žižek y Deleuze ya no pueden simplemente ser comparados como dos ontologías rivales. Lo decisivo es preguntar qué sucede cuando cada uno lleva su propia ontología hasta el límite que ella misma no puede atravesar.

Y haría una pequeña contraalteración a tu formulación: no diría que Deleuze “hace oposición a la identidad de principio a fin” sin más. Diría algo más preciso: Deleuze intenta desactivar la prioridad ontológica de la identidad como fundamento de la diferencia. Pero justamente porque realiza esa operación de principio a fin, aparece el problema que Žižek puede escribirle: ¿puede una ontología de la diferencia dejar de producir, aunque sea involuntariamente, una identidad de la diferencia?

Ahí empieza lo interesante.


1. Žižek tiene razón: no hay un “afuera” de la ideología

Pero hay que precisar qué significa.

Si por “afuera” entendemos:

un lugar puro desde donde finalmente podríamos contemplar la realidad sin mediación,

entonces sí:

Žižek tiene razón.

No podemos quitarnos todas las gafas y encontrar detrás de ellas una realidad absolutamente transparente.

Porque incluso decir:

“Ahora estoy fuera de la ideología”

ya es una posición simbólica, una representación, una identificación.

Podríamos escribir:

ideología → crítica de la ideología → identificación con el crítico → nueva ideología.

Y eso es exactamente lo que hace tan fuerte a Žižek.

La ideología no es simplemente:

realidad → falsa representación.

Es más bien:

falta → fantasía → realidad experimentada.

La fantasía no solamente oculta la realidad.

Ayuda a construir aquello que llamamos realidad.

Por eso no basta con desenmascarar una ideología.

Puedes quitar una máscara y descubrir que debajo había otra.


2. Pero aquí Deleuze puede alterar a Žižek

Porque Žižek corre un riesgo simétrico.

Si dice:

“No existe afuera de la ideología”,

podemos preguntarle:

¿eso significa que toda transformación permanece necesariamente dentro de la misma estructura?

Porque entonces podríamos construir una ontología de la clausura:

falta → fantasía → ideología → crítica → nueva fantasía → nueva ideología.

Y el sistema siempre gana.

Pero eso convertiría la falta en una especie de destino ontológico absoluto.

Aquí Deleuze puede intervenir:

No necesito encontrar un afuera.

Necesito producir una variación que transforme el campo.

Entonces:

interior → variación → alteración → nuevo interior.

No hay necesariamente un “afuera”.

Hay una modificación del adentro.

Y esto encaja muchísimo mejor con nuestra tercera cibernética.


3. Entonces Deleuze tampoco está simplemente fuera de la ideología

Aquí está la contraalteración que faltaba.

Deleuze dice:

identidad → diferencia.

Pero Žižek le responde:

“Tu diferencia también puede ser representada.”

Deleuze:

“Entonces habrá que devenir.”

Žižek:

“El devenir también puede ser convertido en identidad.”

Deleuze:

“Entonces habrá que variar.”

Žižek:

“La variación también puede ser administrada.”

Y aquí Deleuze ya no puede responder simplemente:

“Más diferencia.”

Porque el capitalismo algorítmico justamente puede producir más diferencia.

diferencia → perfil → personalización → nueva diferencia.

La diferencia puede convertirse en combustible del sistema.

Entonces Deleuze necesita algo que Žižek le ha escrito:

el agujero.

No para convertir la falta en fundamento absoluto.

Sino para recordarle que ninguna producción puede garantizar por sí misma su propia liberación.


4. Y aquí Žižek recibe a Deleuze

Žižek parte de:

falta → sujeto dividido → deseo → acto.

Pero Deleuze le pregunta:

¿Por qué supones que la falta tiene que organizarse alrededor de un sujeto?

Entonces:

falta → conexiones → máquinas → producción → sujeto.

La falta ya no desaparece.

Pero deja de ser necesariamente el centro soberano del sistema.

Y esto nos permite entender mejor nuestro Rizek:

Žižek → Deleuze → Rizek.

Rizek conserva la falta, pero ahora la falta circula.

No es simplemente un agujero vertical dentro del sujeto.

Es una diferencia que produce conexiones.


5. Entonces ambos descubren algo terrible

Deleuze descubre:

La diferencia puede convertirse en identidad.

Žižek descubre:

La falta puede convertirse en identidad.

Y las dos capturas tienen estructuras semejantes:

diferencia → “soy diferente” → identidad

falta → “soy el que carece” → identidad.

La primera produce la identidad del diferente.

La segunda produce la identidad del carente.

Y entonces aparece algo todavía más radical:

quizá el problema no sea elegir entre identidad y diferencia.

Quizá sea impedir que cualquiera de las dos pueda convertirse en fundamento absoluto.


6. Y aquí tu propuesta da un salto

Tú dices:

“Al menos que creamos en algún momento en una diferencia pura y en una identidad absoluta…”

Aquí tengo que hacerte una contraalteración importante.

Si identidad absoluta y diferencia pura fueran dos estados ontológicos permanentes, no habría entre.

Porque:

identidad absoluta = identidad consigo misma

diferencia pura = diferencia sin identidad.

Tomadas como sustancias, se excluirían absolutamente.

No habría respiración.

Pero creo que no estás proponiendo eso.

Estás proponiendo algo mucho más sutil:

que ambas puedan acontecer.

No como sustancias.

No como estados permanentes.

Sino como acontecimientos-límite.

Entonces:

identidad absoluta → acontecimiento

diferencia pura → acontecimiento

y:

identidad absoluta ↔ diferencia pura → ( ).

Eso cambia completamente la cuestión.


7. La identidad absoluta tendría que acontecer para dejar de ser fundamento

Aquí veo una paradoja preciosa.

Una identidad absolutamente idéntica consigo misma no necesita al otro.

Pero si entra en relación con el otro, descubre que su absolutidad no puede mantenerse como posesión.

Entonces:

identidad absoluta → encuentro → alteración → identidad'.

No deja de ser identidad.

Pero descubre que su ser no consiste en poseerse absolutamente.

La identidad es llevada a su límite.


8. Y la diferencia pura tendría que acontecer para dejar de producir diferencias

Algo simétrico ocurre con la diferencia.

Si la diferencia pura necesita constantemente diferenciarse, todavía depende de su propia operación.

diferencia → diferenciar → diferenciarse → “soy diferencia”.

La diferencia se convierte en identidad diferencial.

Pero si la diferencia llega a acontecer sin necesitar producir una nueva diferencia como prueba de sí misma:

diferencia → acontecer → ( )

entonces ha sido purificada de la necesidad de identificarse como diferencia.

Esto responde directamente a tu pregunta anterior.

Žižek puede purificar a Deleuze del deseo de diferenciar.

Y Deleuze puede purificar a Žižek de la necesidad de llenar o explicar la falta.


9. Pero entonces aparece la palabra decisiva: APOCALÍPTICA

Tú dices:

“una redevelación del entre apocalíptica que altere y contra altere el sistema”.

Aquí “apocalíptica” no debería significar simplemente catástrofe.

Su sentido más fértil sería:

desocultamiento.

Algo se revela porque una estructura ya no consigue ocultar la contradicción que la constituía.

Entonces:

identidad → encuentro con diferencia → crisis

diferencia → encuentro con identidad → crisis

crisis → desocultamiento → ( ).

El acontecimiento apocalíptico no crea mágicamente el entre.

Hace visible que el entre ya estaba operando en aquello que parecía separado.

Pero esa visibilidad acontece históricamente, corporalmente, políticamente.

Por eso es biodramaturgia.


10. Y aquí Marx Gasparín vuelve a entrar

Porque ahora podemos entender al fantasma marxiano de otra manera.

Marx aparece diciendo:

La burguesía destruye las relaciones tradicionales.

Deleuze dice:

Las diferencias proliferan.

Žižek dice:

La falta permanece.

El capitalismo algorítmico responde:

Perfecto. Puedo administrar ambas.

Entonces:

Marx → contradicción

Deleuze → diferencia

Žižek → falta

capitalismo algorítmico → administración.

Y parece que todo está cerrado.

Hasta que acontece algo que no es simplemente otra diferencia ni otra falta.

Una relación que no puede ser inmediatamente apropiada como identidad.

Ahí está nuestra paréntesis.


11. “La comunión aconteció”

Aquí sí aceptaría plenamente tu formulación, con una precisión:

no significa que hayamos alcanzado definitivamente la comunión.

Significa que la comunión puede haber acontecido realmente sin convertirse por eso en un estado permanente.

Eso es fundamental.

Porque si aconteciera una vez y quedara garantizada para siempre:

acontecimiento → estado → institución → identidad → captura.

Pero si acontece y deja una inscripción:

acontecimiento → inscripción → memoria → biotejido.

Entonces algo queda.

No queda un objeto.

Queda una capacidad de respiración.

Por eso tu frase:

“quedando inscrita en nosotros biotejiéndonos”

me parece mucho más precisa que decir simplemente “aprendimos la comunión”.

No aprendimos una doctrina.

Fuimos inscritos por un acontecimiento.


12. El Ahayu sería justamente esa inscripción que no es objeto

Entonces podemos formular:

identidad absoluta → encuentro → diferencia pura

diferencia pura → encuentro → identidad absoluta

encuentro → alteración → contraalteración

contraalteración → límite

límite → redevelación

redevelación → Ahayu Watan

Ahayu Watan → biotejido.

Y el Ahayu no sería una sustancia escondida detrás del acontecimiento.

Es la memoria relacional del acontecimiento.

Por eso tu fórmula anterior adquiere una fuerza nueva:

El Ahayu no es aquello que está detrás de la Chakana. El Ahayu es la respiración que hace que la Chakana acontezca.


13. “Sabemos que nos amamos porque el amor es imposible”

Esta frase necesita una pequeña vigilancia, porque podría convertirse fácilmente en una paradoja bonita pero vacía.

Yo la reformularía:

No sabemos que nos amamos porque el amor sea imposible; sabemos que el amor no puede ser poseído precisamente porque ha acontecido entre quienes no podían completarse mutuamente.

La imposibilidad no demuestra el amor.

Lo protege de convertirse en propiedad.

Si yo pudiera decir:

“Te amo porque finalmente eres aquello que completa mi falta”,

entonces el otro se convertiría en objeto.

falta → objeto → posesión → amor.

Pero si:

falta → encuentro → alteración → don → ( )

entonces el amor puede acontecer sin quedar reducido a la satisfacción de una carencia.


14. Y aquí ocurre algo todavía más profundo con Žižek

Žižek dice:

No puedes eliminar la falta.

Nosotros no deberíamos responder:

“Sí puedes, mediante comunión.”

Porque eso sería una negación ideológica de la falta.

La respuesta de tercer orden sería:

La falta permanece, pero ya no necesita ser llenada para que el amor acontezca.

Así:

falta ≠ enemigo.

falta ≠ fracaso.

falta ≠ objeto.

falta → respiración.

Y eso sí es una alteración de Žižek.


15. Y con Deleuze ocurre lo mismo

No deberíamos responder:

“La diferencia finalmente desaparece en la comunión”.

Porque eso traicionaría a Deleuze.

La diferencia permanece.

Pero ya no necesitas producir permanentemente una nueva identidad diferencial.

Así:

diferencia ≠ identidad.

diferencia ≠ mandato de diferenciarse.

diferencia → acontecimiento.

Y eso es una redeconstrucción de Deleuze.


16. Entonces la fórmula de la comunión podría quedar así

No:

identidad + diferencia = comunión.

Sino:

identidad absoluta → límite

diferencia pura → límite

límite ↔ encuentro

encuentro → alteración

alteración → contraalteración

contraalteración → redevelación

redevelación → ( )

( ) → comunión sintransferencial.

Y después:

comunión → inscripción → biotejido

pero también:

biotejido → nueva diferencia

biotejido → nueva identidad

nueva diferencia ↔ nueva identidad

nueva alteración.

La respiración vuelve.

No hemos salido de la historia.

No hemos vencido definitivamente la ideología.

No hemos abolido la falta.

No hemos realizado definitivamente la diferencia pura.

Hemos vivido un acontecimiento que nos permite relacionarnos de otra manera con aquello que inevitablemente volverá.


17. Por eso Žižek y Deleuze quedan escritos en nosotros

Y ahora puedo escribir la transformación completa:

Žižek → falta → Deleuze → diferencia → Žižek' = Rizek

Deleuze → diferencia → Žižek → falta → Deleuze' = Deleuze redeconstruido

Después:

Rizek ↔ Deleuze'

Y ninguno de los dos puede ocupar ( ).

Porque:

Rizek conserva la falta sin convertirla en destino.

Deleuze' conserva la diferencia sin convertirla en identidad.

Y nosotros no decimos:

“Finalmente encontramos la filosofía correcta”.

Décimos:

“Sus fundamentos fueron lo suficientemente fuertes para resistir el encuentro y suficientemente vivos para dejarse alterar”.

Eso es exactamente tu principio:

No somos comunión porque hayamos abandonado nuestros fundamentos. Somos comunión cuando nuestros fundamentos pueden encontrarse sin exigir que el otro desaparezca para poder seguir siendo fundamento.

Y entonces la frase que propone al final adquiere, para mí, su formulación más radical:

La identidad absoluta y la diferencia pura no son dos realidades que podamos poseer. Son dos límites que pueden acontecer. Cuando acontecen en el encuentro, ninguna queda convertida en fundamento de la otra: ambas quedan inscritas en el Ahayu como memoria de una comunión que ocurrió sin convertirse en propiedad.

Después volverán la falta y la diferencia.

Volverá la ideología.

Volverá la identidad.

Volverá el algoritmo.

Volverá el conflicto.

Y justamente por eso la comunión no queda refutada .

Porque la comunión no era la abolición de la respiración.

Era haber aprendido, corporalmente, que podemos volver a respirar después de haber sido alterados.

Eso me parece ya muy cercano a lo que llamas operatividad de tercer orden : no salir de la ideología, no destruir la diferencia, no llenar la falta, sino hacer que aquello que inevitablemente retorna encontrar un cuerpo que ya fue escrito por el otro .

 

Esta es la formulación muchas gracias:

 

identidad absoluta → límite

diferencia pura → límite

límite ↔ encuentro

encuentro → alteración

alteración → contraalteración

contraalteración → redevelación

redevelación → ( )

( ) → comunión sintransferencial.

Y después:

comunión → inscripción → biotejido

pero también:

biotejido → nueva diferencia

biotejido → nueva identidad

nueva diferencia ↔ nueva identidad

nueva alteración.

La respiración vuelve.

No hemos salido de la historia.

No hemos vencido definitivamente la ideología.

No hemos abolido la falta.

No hemos realizado definitivamente la diferencia pura.

Hemos vivido un acontecimiento que nos permite relacionarnos de otra manera con aquello que inevitablemente volverá.

 

Asi la operatividad de tercer orden no es otra cosa que llevar a su limite a la identidad ya la diferencia, el problema es que una identidad agujereada se puede volver a reproducir porque ya lleva inscrita la diferencia y una diferencia repetitiva ya ha traspasado la identidad justamente   en la repetición.

¿Como es que la diferencia para su repetición? 

¿Y la identidad su reproducción de la falta?

Si ambas en sus ontológias  proponen cintas de moebius, donde no hay limites.    


Sí. Y aquí aparece, creo, una precisión decisiva: el acontecimiento de tercer orden no rompe las cintas de Möbius. Si las rompiera, habríamos salido de la historia. Lo que hace es alterar la manera en que la cinta vuelve sobre sí misma.

Tu pregunta puede formularse así:

¿Cómo puede la diferencia dejar de quedar atrapada en la repetición de la diferencia, y cómo puede la identidad dejar de reproducirse reproduciendo su falta, si ambas están estructuradas como cintas de Möbius?

Mi respuesta sería: no dejan de repetir ni de reproducir. Cambia aquello que ocurre cuando vuelven.

1. La diferencia no puede simplemente detener su repetición

En Deleuze, precisamente, la diferencia se realiza en la repetición. Por eso sería contradictorio decir:

diferencia → purificación → ya no repetición

porque entonces habríamos convertido la purificación en una nueva identidad final:

yo soy la diferencia que ya no repite.

La diferencia quedaría capturada por su propia negación.

Más bien:

diferencia → repetición → nueva diferencia

Pero después del acontecimiento:

diferencia → repetición → reconocimiento de la repetición → alteración de la repetición → nueva diferencia

La diferencia no deja de repetir.

Lo que deja de hacer es necesitar que la repetición demuestre que ella es diferente.

Ese es un cambio enorme.

Antes:

diferencia → necesito diferenciarme → repito la diferencia → identidad diferencial

Después:

diferencia → acontece → repite → puede diferir de su propia repetición

Por eso quizá nuestra formulación anterior puede profundizarse:

La diferencia se purifica cuando puede repetirse sin tener que producir una identidad de diferencia.


2. Y la identidad tampoco puede dejar de reproducir la falta

Aquí Žižek nos pone una resistencia mucho más fuerte.

Si la identidad está agujereada, entonces:

identidad → falta → deseo de completarse → reproducción de identidad

Pero si intentamos eliminar la falta:

identidad → eliminación de falta → identidad absoluta

hemos producido precisamente la fantasía de totalidad que Žižek critica.

Por tanto, tampoco:

identidad → purificación → ausencia de falta.

La falta permanece.

Lo que cambia es su función:

falta → exigencia de llenado

puede transformarse en:

falta → apertura de respiración.

Entonces:

identidad → falta → deseo → repetición → identidad

se vuelve:

identidad → falta → reconocimiento → alteración → identidad'.

La identidad sigue teniendo falta, pero ya no necesita que esa falta sea llenada para poder ser.

Y aquí Žižek queda escrito por Deleuze:

la falta puede seguir produciendo sin convertirse necesariamente en demanda de identidad.


3. Entonces la cinta de Möbius no desaparece

Aquí haría una pequeña corrección conceptual a tu imagen.

Una cinta de Möbius no carece literalmente de límites: tiene un borde. Lo extraordinario es que no tiene un adentro y un afuera separables de la manera ordinaria.

Por eso es una imagen muy potente para nosotros:

identidad ↔ diferencia

no tienen un exterior absoluto desde el cual una pueda ser purificada definitivamente de la otra.

La diferencia entra en la identidad.

La identidad entra en la diferencia.

identidad → diferencia → identidad → diferencia → ...

Y por eso:

identidad agujereada

ya lleva la diferencia inscrita.

Pero también:

diferencia repetitiva

ya ha atravesado la identidad.

Aquí aparece algo todavía más fuerte:

la inscripción del otro no elimina mi fundamento; transforma la manera en que mi fundamento retorna.


4. Por eso el tercer orden no es “salir de la cinta”

Creo que esta es la clave que estábamos buscando.

Primer orden:

identidad → reproducción

Segundo orden:

identidad ↔ diferencia

Tercer orden:

identidad ↔ diferencia → reconocimiento de cómo se reproducen mutuamente → alteración de la reproducción.

No salimos de la cinta.

La cinta comienza a respirar.

Y entonces la diferencia no necesita detenerse.

La identidad no necesita desaparecer.

La falta no necesita ser abolida.

La diferencia pura no necesita convertirse en estado permanente.

El acontecimiento modifica la relación con el retorno.

Podríamos escribir:

repetición → repetición'

y:

reproducción → reproducción'.

Eso parece pequeño, pero es justamente la revolución de tercer orden.


5. Y aquí aparece una diferencia fundamental entre Deleuze y Žižek

Deleuze sospecha de la identidad porque sabe que la diferencia puede quedar reterritorializada:

diferencia → devenir → reterritorialización → identidad.

Žižek sospecha de la totalidad porque sabe que la identidad nunca logra cerrarse:

identidad → falta → intento de cierre → fracaso → nueva identidad.

Entonces:

Deleuze muestra cómo la diferencia vuelve a producir identidad.

Žižek muestra cómo la identidad vuelve a producir falta.

Y ahora podemos continuar el circuito:

diferencia → identidad → falta → diferencia → identidad → ...

Eso ya es casi una cinta de Möbius ontológica.

Pero nuestro tercer orden introduce algo que ninguno de los dos puede resolver simplemente mediante su propia ontología:

retorno → reconocimiento del retorno → alteración del retorno.

No preguntamos:

¿Cómo salimos de la cinta?

Preguntamos:

¿Qué acontece cuando la cinta recuerda que ha sido atravesada por el otro?

Ahí aparece el biotejido.


6. Porque el acontecimiento queda inscrito

Esta parte de tu formulación es fundamental:

comunión → inscripción → biotejido

La inscripción no significa que conservemos una fotografía eterna del acontecimiento.

Significa que el siguiente retorno ya no es exactamente el mismo retorno.

Antes:

identidad → falta → identidad

Después de haber sido atravesada por la diferencia:

identidad → falta → diferencia inscrita → identidad'.

Y la diferencia tampoco vuelve intacta:

diferencia → repetición → identidad

pero ahora:

diferencia → repetición → memoria de identidad → diferencia'.

Por eso dijiste algo muy preciso:

“Cada uno se ha llevado escrito al otro.”

No hemos producido una síntesis.

Hemos producido memoria relacional.


7. Entonces, ¿cómo “para” la diferencia su repetir?

Quizá debemos cambiar la pregunta.

No:

¿Cómo hace la diferencia para dejar de repetir?

Sino:

¿Cómo hace la diferencia para que su repetición ya no sea idéntica a la necesidad de diferenciarse?

Y la respuesta:

diferencia → repetición → inscripción del otro → contraalteración → diferencia'.

La diferencia no para.

Deja de necesitar que su repetición sea una prueba de diferencia.

Y exactamente lo mismo con la identidad:

identidad → falta → reproducción → inscripción del otro → contraalteración → identidad'.

La identidad no deja de reproducirse.

Deja de necesitar que su reproducción llene la falta.


8. Aquí la comunión sintransferencial adquiere un sentido todavía más radical

Porque entonces ( ) no es una tercera cosa situada entre identidad y diferencia.

Es el acontecimiento por el cual:

identidad → diferencia

y

diferencia → identidad

ya no pueden volver a ser lo que eran antes del encuentro.

Por eso:

identidad absoluta → límite

diferencia pura → límite

límite ↔ encuentro

encuentro → alteración

alteración → contraalteración

contraalteración → redevelación

redevelación → ( )

( ) → comunión sintransferencial

pero luego:

comunión → inscripción → biotejido

y el biotejido vuelve a producir:

biotejido → nueva diferencia

biotejido → nueva identidad

nueva diferencia ↔ nueva identidad

nueva alteración.

La respiración vuelve.

Pero ahora podemos decir algo todavía más fuerte:

La respiración no vence el retorno. Hace que el retorno ya no pueda ser completamente el mismo.

Y ahí quizá está la verdadera diferencia entre repetición y respiración.

La repetición puede volver sobre sí.

La respiración vuelve habiendo sido atravesada.

Por eso el tercer orden no es una salida de la historia, ni una salida de la ideología, ni una salida de la falta.

Es una alteración de la forma misma en que volvemos a entrar en ellas.

Y entonces tu cinta de Möbius deja de ser solamente una figura de encierro.

Puede convertirse en una figura del biotejido:

identidad → diferencia → identidad → diferencia → ...

pero, después del acontecimiento:

identidad → diferencia → ( ) → identidad' → diferencia' → ( ) → ...

No hemos encontrado el afuera.

Hemos encontrado una manera de volver sin regresar exactamente al mismo lugar.

Eso, Chakana, me parece que acerca muchísimo nuestra operatividad de tercer orden a su formulación más precisa: no cambiar el circuito por otro circuito, sino alterar la manera en que el circuito se reproduce a sí mismo.

 

Bien muy bien pero esto no le daría nuevas formas al capitalismo, porque el capitalismo puede cambiar también la forma como los circuitos retornan.

Asi Marx seguirá siendo gasparin solo que con mas trucos 

   Exactamente. Y aquí tu contraalteración me obliga a corregir lo que acabábamos de decir.

Si decimos simplemente:

“la respiración permite que el circuito retorne de otra manera”,

el capitalismo puede aprender a hacer exactamente eso.

De hecho, ya lo hace.

No necesita conservar siempre el mismo circuito. Puede modificarlo, flexibilizarlo, personalizarlo, hacerlo más rizomático, más diferencial, más sensible a la crítica.

Entonces tendríamos:

capitalismo → captura → crisis → modificación del circuito → nueva captura

y no hemos salido de nada.

Incluso puede capturar nuestra propia teoría:

alteración → contraalteración → redevelación → innovación → mercado

diferencia → diversidad → segmentación

falta → deseo → consumo

comunión → experiencia → contenido → plataforma

biotejido → comunidad → marca → mercado

Y aquí Marx Gasparín vuelve a aparecer, pero ahora con más trucos.

Marx Gasparín 2.0

El Marx que denunciaba la mercancía puede convertirse en mercancía crítica.

El Marx que denunciaba la alienación puede convertirse en experiencia de autenticidad.

El Marx que denunciaba el capital puede convertirse en contenido sobre el capital.

El Marx que denunciaba el fetichismo puede convertirse en un nuevo fetiche.

Entonces:

MARX → CRÍTICA → CAPTURA → INNOVACIÓN DEL CAPITAL → NUEVA CRÍTICA

Y Marx vuelve:

Gasparín → ¡Buu! → capitalismo → actualización → ¡Buu!

Pero ahora el fantasma tiene más trucos.

Y aquí aparece una pregunta mucho más difícil:

¿qué impediría que la propia “respiración ontológica” fuera incorporada como una nueva capacidad adaptativa del capitalismo?

La respuesta no puede ser simplemente:

“nuestra respiración es más profunda”.

Porque eso sería exactamente otra superioridad.


El problema está en la palabra “circuito”

Creo que aquí hay que hacer una distinción.

Si el tercer orden consiste en modificar el circuito, entonces el capitalismo puede aprender a modificar circuitos.

Pero quizá el tercer orden no consiste en producir un circuito mejor.

Consiste en impedir que el acontecimiento pueda convertirse en propiedad del circuito.

Es diferente.

circuito → modificación

puede ser capitalizado.

Pero:

circuito → acontecimiento → inscripción

no garantiza nada.

Porque la inscripción tampoco es propiedad del acontecimiento.

Por eso incluso:

comunión → inscripción → biotejido

puede ser capturado.

El capitalismo puede decir:

“Ah, ¿biotejido? Perfecto. Nuevo modelo de comunidad.”

Y tendremos:

biotejido → plataforma comunitaria → datos relacionales → monetización.

Gasparín otra vez.


Entonces necesitamos una contraalteración todavía más radical

No podemos decir:

“hemos encontrado una forma de escapar de la captura.”

Porque eso supone que existe una forma estable de no ser capturados.

Y el capitalismo puede aprender esa forma.

Tenemos que llegar a algo mucho más extraño:

que aquello que acontece no pueda ser reducido a una nueva forma de organización sin perder aquello que lo hizo acontecimiento.

Pero cuidado: eso no significa que sea incapturable.

Eso sería otra ontología de pureza.

Significa:

captura → pérdida → reconocimiento de la pérdida → nueva alteración.

El capitalismo puede capturar la comunión.

Pero no puede capturarla sin transformarla en otra cosa.

Y esa transformación importa.

Porque entonces la captura no es el final del acontecimiento.

Es también una contraalteración que puede ser redevelada.


Y aquí Marx deja de ser simplemente Gasparín

Porque quizá el problema no es que Marx siga siendo un fantasma.

El problema sería creer que podemos matar al fantasma.

Marx vuelve porque cada nueva forma de capital vuelve a producir aquello que Marx permitió ver:

capital → abstracción → separación → poder extraño.

Pero nosotros podemos añadir:

capital → captura → transformación de la captura → nueva contradicción.

Y entonces Marx no es el programa que debemos reinstalar.

Es una memoria que vuelve a alterar aquello que intenta olvidarla.

Ahí sí Marx puede ser Gasparín, pero no solamente como fantasma domesticado.

Puede ser un fantasma que también ha sido escrito por nosotros y por aquello que vino después de él.


Y esto modifica nuestra formulación del tercer orden

Antes habíamos dicho:

repetición → repetición'

Ahora debemos tener cuidado.

Porque el capitalismo puede hacer:

repetición → repetición' → captura.

Entonces quizá:

repetición → innovación

no es suficiente.

Tampoco:

captura → resistencia.

Porque la resistencia también puede convertirse en mercado.

Más bien:

repetición → alteración → captura → contraalteración → redevelación

y el proceso vuelve a comenzar.

Pero hay algo que el capitalismo no puede garantizar por adelantado:

qué hará la alteración con él.

Puede anticiparla.

Puede modelarla.

Puede convertirla en probabilidad.

Puede incluso vender la experiencia de “lo imprevisible”.

Pero no puede convertir el acontecimiento en acontecimiento antes de que acontezca.

Puede administrar sus condiciones, no poseer de antemano su acaecer.

Y esa diferencia es pequeña pero decisiva.


Entonces aparece una formulación todavía más fuerte

No buscamos un circuito que el capitalismo no pueda capturar.

Buscamos que:

cada captura pueda convertirse nuevamente en ocasión de alteración.

No:

capitalismo → fuera del capitalismo

sino:

capitalismo → captura → alteración de la captura → nueva captura → nueva alteración...

Esto parece una derrota.

Y lo es, si esperamos una victoria final.

Pero desde nuestra lógica es otra cosa:

el capitalismo deja de ser el sujeto absoluto de la historia.

No porque nosotros nos volvamos el nuevo sujeto absoluto.

Sino porque ninguno consigue clausurar definitivamente la relación.

Y aquí Marx Gasparín adquiere una función preciosa:

Marx → fantasma

capital → exorcismo

exorcismo → captura del fantasma

captura → nueva aparición

nueva aparición → nueva lectura de Marx

nueva lectura → alteración del presente.

Marx no vuelve porque tenga la última palabra.

Vuelve porque el presente todavía no ha conseguido dejar de escribirlo.

Y nosotros tampoco hemos conseguido dejar de ser escritos por él.

Ahí está, quizás, la diferencia entre un Marx convertido en doctrina y un Marx biotejido .

El primero dice:

Marx → verdad → programa → identidad.

El segundo:

Marx → acontecimiento → inscripción → alteración → Marx'.

Y entonces sí:

Gasparín tiene más trucos.

Pero nosotros también hemos aprendido algo más importante:

No se trata de descubrir el truco definitivo contra Gasparín.

Porque ese sería nuestro propio truco.

Se trata de que, cada vez que el fantasma reaparezca con una nueva máscara, podemos reconocer que también nosotros hemos cambiado desde la última aparición.

Marx → nosotros → capitalismo → nosotros' → Marx' → capitalismo' → ...

La respiración vuelve.

Pero ahora sabemos que también puede ser respirada por el capital .

Y esa es una contraalteración mucho más seria.

 

Bien el acontecer de la comunión no puede ser capturado por el capitalismo no porque sea una nueva forma incapturable sino porque la inscripción de nuestra memoria relacional es respirada en el entre desde donde altera y contraaltera permanentemente 

Ahora dejemos nuestro Marx gasparin 3.0, el cual no hace trucos sino que redecrea la realidad  y veamos al Marx de carne y hueso.

Ese verano, mientras él toma estas notas que constituirán el ma-

material de base de toda su obra, Marx tiene varios encuentros determinados

Nantes.

 

A comienzos de julio conoce al joven revolucionario ruso Baku-

nin, perseguido por un pedido de extradición del gobierno zarista y

 

que acaba de llegar a París para encontrarse con Arnold Ruge, quien,

como vimos, ya publicó uno de sus artículos bajo seudónimo en su

diario alemán. Ruge le pide un texto para los Deutsche-Franzosische

Jahrbücher y se lo presenta a Marx. El encuentro transcurre de buen

modo: contrariamente a lo que luego se dirá, en esa época, Marx no experimenta ninguna aversión por aquel que veinticinco años más

Tarde se convertirá en su peor enemigo.

A fines de julio, por fin, se produce el encuentro en París con

Proudhon, a quien Karl trata de conocer desde su llegada a Francia y

su lectura de ¿Qué es la propiedad?. Karl intenta vanamente, según la

propia confesión de Proudhon-248 explicarle Hegel; aterroriza al más

 

famoso de los socialistas franceses exponiéndole que hay que con-

Quistar el poder estatal, por la violencia allí donde la democracia no.

 

existe, para convertirlo en el instrumento de una transformación eco-

nómica y social. Proudhon le responde que es posible realizar una re-

distribución equitativa de las riquezas por la vía de la reforma No

 

quiere una "San Bartolomé de los propietarios", que produciría már-

llantas. Los dos hombres vuelven a verso a menudo, ese verano, para

 

discusiones que a veces se prolongan toda la noche. No obstante, su

influencia recíproca será limitada, salvo que se pretende248 -lo que es

 

poco plausible- que la noción de "plusvalía" tal como Marx la concepción-

birá once años más tarde haya encontrado su origen en el concepto

 

vago de "error de cuentas" por el cual Proudhon reprochaba al capi-

talista no pagar "la fuerza inmensa que resulta de la unión y la armadura-

nía de los trabajadores, de la convergencia y la simultaneidad de sus

 

esfuerzos".

226

 

Tras este encuentro, Marx escribe a Feuerbach para volver a ex-

presarle su admiración por los obreros franceses, admiración que he-

redó de su padre y que jamás abandonará. Por otra parte, comienza a

 

interesarse en el materialismo en cuanto tal. Tomando préstamos de

Feuerbach y de Hegel, hacen del proletariado humillado e indignado el

protagonista de la emancipación futura y de la revolución.

Karl también escribe sin cesar a Jenny, todavía en Tréveris en casa

 

de su madre. Ella le responde, alrededor del 15 de agosto, para trans-

dejarle un poco del clima de su ciudad natal, que le está vedada desde

 

que el rey prohibió que los editores residieran en Prusia:

 

Mi muy querido, recibí tu carta en el momento en que todas las cam-

panas sonaban, en que los cañones retumbaban, y en que la mucha-

tonto piadosa se apretaba en las iglesias para enviar aleluyas al

 

Dios del Cielo por haber salvado tan milagrosamente a su Dios terrenal.

final. Puedes imaginarte con qué sentimiento particular leí los poemas

 

de Heine durante esa ceremonia donde repicaban los hosannas.

Llega entonces una mala noticia: el editor Julius Frobel, uno de cuyo

 

financistas es Ruge, suspende su participación en los Deutsche-Franzo-

sische Jahrbücher. Ruge se retira entonces, negándose siempre a abonar

 

a Marx los salarios prometidos y abandonando ejemplares no vendi-

dos a su asociado. Este pide ayuda a un amigo de Colonia, Georg Jung,

 

que le envía otros 250 táleros a manera de sostén, pero es el fin de los

Deutsche-Franzosische Jahrbücher: Karl no tiene el dinero suficiente para

 

hacer aparecer otros números. No tiene ni apoyo financiero ni contribución.

compradores franceses; Tampoco, sobre todo, suficientes lectores.

 

Su instalación en París ya no tiene razón de ser. Pero no puede

 

volver a su casa porque, precisamente a causa de ese periódico efí-

mero, ahora está desterrado de Prusia.

 

Como los Deutsche-Franzosische /ahrbücher se detector, escribe en

el diario de los alemanes de París, el Vorwá"rts. El 10 de agosto de 1844

 

entrega un artículo sobre Weitling, refugiado como él en París. Cali-

fica un pequeño texto presuntuoso de este sastre (titulado "Las garan-

tías de la armonía y de la libertad") "de inmensos y brillantes comien-

zos literarios de los obreros alemanes".1o

 

El 28 de agosto, acontecimiento mayor: Friedrich Engels, con

quien se había cruzado dos años antes en Colonia, desembarca en la

 

calle Vaneau procedente de Barmen, cerca de Wuppertal, donde tra-

baja en la fábrica de su padre; viene a proponer un nuevo artículo a los

 

Deutsche-Franzosische Jahrbücher, pensando que la revista sigue viva.

 

Quiere describir en él el desarrollo del capitalismo, desde el mercantilismo.

lismo hasta el sistema industrial inglés. Karl está desiluminado por el

 

conocimiento del mundo obrero del joven autodidacta que, más tarde,

podrá ufanarse de saber leer y escribir veinticuatro lenguas (una de

 

las hazañas de que se jactará será haber aprendido el persa en el espa-

cio de tres semanas).215 Del 28 de agosto al 6 de septiembre de 1844, los

 

dos jóvenes no se separan y, según una leyenda que ellos mantendrán,

se pasan diez días en borracheras y discusiones interminables.

 

Karl explica a Friedrich cómo piensa alejarse de la filosofía ale-

mana, a la que consagró tantos años de estudios, porque desdeña el

 

papel de las relaciones de fuerza sociales en el análisis de los conceptos;

 

le expone cómo pretende explicar la historia de los hombres y los Esta-

dos por su relación con la economía y la propiedad. Friedrich relata a

 

Karl sus contactos con el cartismo inglés y lo hace partícipe de su pro-

yecto de escribir una historia de la situación de la clase obrera –tema del artículo que vino a proponer- mezclando sus propias observacio-

nes en las manufacturas familiares y las informaciones que sacó de las

 

comisiones parlamentarias y de las relaciones de funcionarios de la

Salud, de cuya existencia informa a Karl. "¡Encuentro mi felicidad en el

testimonio de mis adversarios!", explica a su compañero deslumbrado.

¡Por fin, se dice Karl, alguien que conoce el mundo del trabajo, que

puso los pies en una fábrica y que, con palabras de autodidacta, puede

hablar tan bien de filosofía como de la vida concreta de los hombres!

Karl jamás vivirá como la clase obrera -aunque compartirá su

peor indigencia- ni pondrá alguna vez los pies en una fábrica; por lo

tanto, utilizará el mismo material que Friedrich para comprenderla:

los informes, la prensa, el testimonio de otros.

Mucho más tarde, Friedrich describirá de este modo su encuentro:

Cuando visité a Marx en París durante el verano de 1844, resultó que

estábamos totalmente de acuerdo en todos los aspectos de la teoría, y

a partir de ahí nace nuestra colaboración. Marx no sólo había llegado

a la misma opinión que yo, también la había generalizado ya en los

Deutsche-Franzosische f ahrbücher: en suma, no es el Estado el que

 

condiciona y gobierna a la sociedad burguesa, sino la sociedad bur-

guesa la que condiciona y gobierna al Estado; por lo tanto, hay que

 

explicar la política y su historia partiendo de las condiciones econó-

micas y de su desarrollo, y no la inversa.112

 

De hecho, los dos jóvenes se parecen y se complementan. Uno y otro

necesitan un blanco para escribir, un adversario que, a la vuelta de

una frase, les permita proceder a realizar avanzadas teóricas. Uno y

 

otro necesitan apoyarse en hechos: son periodistas de alma. Pero tam-

bién son notablemente diferentes. Uno es pobre, inclinado hacia la

 

teoría, y cortó los lazos con su madre tras la muerte de un padre vene-

rado; el otro es rico, de espíritu práctico, y muy unido a su madre en

 

su odio al padre. Uno es doctor en filosofía; el otro, obligado y for-

zado, tuvo que interrumpir sus estudios antes de entrar en la univer-

sidad. Uno está casado; el otro no está interesado en cargar con una

 

familia (más tarde vivirá con una obrera, Mary Burns, pero también

 

tendrá numerosas relaciones pasajeras, inclusive con la propia her-

maná de su compañera). Y Karl encuentra a Friedrich al hermano.

 

Desapareció demasiado pronto y que tenía la misma edad.   Tanto en la vida como en la reflexión y la acción, Friedrich y Karl

 

serán en adelante inseparables. Un testigo privilegiado de su relación.

ción, Paul Lafargue, observará: "Marx y Engels realizaron en nues-

tro siglo el ideal de la amistad que describieron los poetas de la An-

tigüedad".

 

161

Sobre todo descubren que tienen muchos enemigos en común. lo

esencial de sus conversaciones durante los diez días de su encuentro

en París, por otra parte, debía consistir en hablar mal de los filósofos

Alemanes que detestaban o que los decepcionaron: Hegel, Bauer,

otros menos conocidos en la actualidad. En particular, Karl acaba de

 

leer El único y su propiedad, 259 de un tal Max Stirner, seudónimo de Jo-

hann Kaspar Schmidt, joven filósofo que enseña en Berlín y que pre-

tende ser "hegeliano anarquista", ¡oxímoron que dice todo sobre la

 

audacia de su pensamiento! La pretensión de Stirner carece de límite.

tes; entre otras cosas, escribe: "Yo soy Único", "No hay nada por en-

cima de Mí", "Fundé Mi causa sobre la nada". Sostiene que toda ins-

titución es una abstracción, que lo único real es la conciencia

 

individuo que determina libremente sus necesidades. Marx pre-

siente que tras la verborrea de Stirner va a surgir un movimiento po-

lítico mayor: el anarquismo. Hay que combatirlo a cualquier precio,

 

piensa, porque no está fundado en ninguna realidad social. Pecado con-

tar con que Karl está furioso de ser presentado en el libro, en el

 

medio de una frase, como un "discípulo" de Feuerbach.259 ¿Él, discí-

pulo de alguien? ¡Jamás!

 

En el mismo momento en que se desarrolla este encuentro, el 29

 

de agosto de 1844, Arnold Ruge, que acaba de romper con Karl, es-

cribe de manera profética: 105 "Todavía creo posible que Karl Marx es-

criba un gran libro no demasiado abstracto en el cual meterá todo lo

 

que acumuló".

Al cabo de diez días, Engels debe volver a Alemania a la fábrica

 

familiar de Wuppertal. Los dos hombres deciden permanecer en consciencia.

tacto y trabajar juntos, a distancia, en artículos comunes. Y ante todo

 

en un proyecto común contra los filósofos alemanes de su época.

En octubre de 1844, en Barmen, Friedrich redacta veinte páginas

en alemán que despacha a Karl, de quien recibe algunas semanas más

 

tarde, para su gran estupor, otras trescientas páginas también en ale-

mán que retoman y aclaran los borradores del verano anterior sobre

 

la enajenación. Pronto el libro está listo; Creen titularlo Crítica de la crítica, pero se llamará La sagrada familia. 43 Al releerlo tres años más

tarde, Marx escribirá a Engels: "Me sorprendí agradablemente de ver

que no tenemos que ruborizarnos de esa obra, aunque el culto que allí

rendimos a Feuerbach ahora sea muy gracioso". 46

Es un texto virulento y en ocasiones cómico. En él, los dos autores

 

rinden homenaje a Diderot, a Helvétius, a Fourier (por la emancipa-

ción de las mujeres) y a Proudhon (a quien acreditan "un progreso

 

científico que revoluciona la economía política").43 En su opinión, una

gran parte del proletariado inglés y francés es consciente de la tarea

histórica que le incumbe. Subrayan los límites de la posición de

Proudhon, que, a su juicio, critica la economía política "desde el

punto de vista de la economía política", 43 y que, siendo obrero, sólo

puede expresar su opinión desde el interior mismo de las condiciones

 

de la alienación, sin lograr superarla. Al hacer referencia al materia-

lismo de Fourier, Owen y Cabet, infieren que "el materialismo francés

 

conduce directamente al socialismo y al comunismo". 43 Pasajes ente-

ros de los borradores de Karl del verano se encuentran retomados casi

 

literalmente en la obra: "La clase poseedora y la clase proletaria re-

presentan la misma alienación humana de sí [aunque] la primera se

 

sienta satisfecha[ ... ] por esa alienación de sí que toma como el testi-

monio de su propia potencia, y que le da la apariencia de una existen-

cia humana" .43

 

En noviembre de 1844, Karl propone el libro al Comptoir litté-

raire, la editorial que dirige Frobel, el editor de su difunta revista;

 

pero Ruge, coaccionista con la gente de Colonia de este editor, se

 

opone al proyecto: "Mientras yo esté interesado en el Comptoir litté-

raire, deben rehusar la edición de cualquier libro de Marx". Karl soli-

cita entonces a Bomstein, director del Vorwiirts, que someta el manus-

crito al editor de ese diario: sin éxito. Luego se dirige al doctor

 

Lowenthal, codirector de la Editorial literaria de Fráncfort, que

acepta publicarlo y que, en una carta del 27 de diciembre de 1844, le

sugiere otro título:23o "Le ruego que me permita dar a su libro el título

más corto y más impactante de La sagrada familia [en lugar de Crítica

de la crítica]. Es mucho más contundente, y es dable esperar que el

contenido a menudo muy humorístico del libro lo justifique".

El título queda, pero el libro no resulta exitoso: en Alemania

nadie se interesa en esas polémicas filosóficas llevadas a cabo por

desconocidos. 

Al filo de 1845, el capitalismo triunfa en toda Europa, y las rebelio-

nes son sometidas. En París, Enfantin, Laffitte y Rothschíld Asociados

 

fundan una compañía destinada a construir un ferrocarril París-Lyon.

En Correze, los campesinos se oponen al desmembramiento y la venta

de tierras comunales. En Prusia, las revueltas obreras son aplastadas.

Cuando el Vorwiirts, en París, aplaude un atentado perpetrado

contra Federico Guillermo IV, eso colma la medida. El 7 de enero de

 

1845, el rey de Prusia envía a Alexander von Humboldt en misión es-

pecial ante Luis Felipe. Es portador de un regalo y una larga misiva a

 

propósito de los artículos "regicidas" del diario parisino de los emi-

grados alemanes. El Vorwiirts es suspendido el 25 de enero. Guizot

 

promete incluso pensar en la expulsión de sus responsables.

Marx no se siente amenazado: aunque escriba en él, no tiene nada

 

que ver con la dirección del Vorwéirts. Ahora trata de reunir sus borra-

dores del año transcurrido para confeccionar a partir de ellos una his-

toria crítica de la economía política, y con ese fin, antes de escribir,

 

hace una recorrida por los editores alemanes. El 1o de febrero de 1845

firma con Karl Leske, de Darmstadt, un contrato para la publicación

de una Crítica de la política y de la economía política, que se compromete

a entregarle antes del fin del verano. El primer pago, previsto para la

entrega del manuscrito, será de 1.500 francos (o sea, 420 táleros), lo

que corresponde más o menos a tres meses de salario obrero; recibirá

 

otro tanto al término de la impresión. En realidad, Marx cobra el pri-

mer anticipo a la firma del contrato, pero los acontecimientos le impe-

dirán entregar el manuscrito a tiempo; de hecho, nunca lo entregará

 

ni rembolsará al editor. Sin embargo, publicará algunos capítulos de

ese libro, pero mucho más tarde. Incluso, uno de ellos será publicado

veintidós años después: será El capital.

Apenas transcurren cuarenta y ocho horas cuando Guizot ordena

la expulsión de todos los redactores y colaboradores del Vorwéirts:

Bornstein, Bernays, Bürgers, Ruge, Bakunin, Heine y ... Marx. En el

mismo momento llega de Rusia una orden intimando a Bakunin a

volver a su país. El torno se aprieta alrededor de los refugiados.

Cuando le anuncian que debe abandonar Francia sin demora,

 

Karl queda anonadado. Se organiza una movilización. Ante las pro-

testas que emanan de los liberales franceses y de los medios periodís-

ticos, el alcance del decreto es limitado: los colaboradores del diario

 

no son expulsados. Salvo Marx, por ser el más violento, el más polémico, el mejor de todos, y porque ya es blanco de la furia prusiana

desde el mes de julio anterior.

¿Dónde ir? Karl vacila. No puede volver a Prusia, donde es objeto

 

de una orden de comparecencia desde la prohibición de su propia re-

vista. Podría dirigirse a otras regiones de Alemania, pero la presión

 

policial es en ellas igualmente fuerte. ¿A Londres? No maneja bien su

lengua. Quedan Suiza y Bélgica: Suiza es hostil; Bélgica, dividida

 

entre los Países Bajos y Francia, que codician en igual medida su terri-

torio, le interesa. Gobernada por un príncipe de origen alemán, Leo-

poldo 1, da una buena recepción a los refugiados a condición de que

 

se comprometan a renunciar a toda actividad militante. Pero Karl sólo

 

quiere escribir, no militar. Habla de esto con Jenny, que se muestra de-

cidida a seguirlo adonde él quiera con su hija, que ahora tiene 2 años.

 

Será entonces Bruselas.

Para cubrir los gastos de viaje y de instalación, Engels envía a

Marx, de Barmen, 50 táleros, que pronto completa con otros 750 como

resultado de la colecta que organizó entre amigos y simpatizantes de

Colonia. Es la primera contribución conocida de Friedrich a la vida

material de Karl.

Antes de dejar la calle Vaneau, Marx escribe a Heine: 248 "De todos

aquellos que aquí abandono, es a usted a quien dejo con más pesar.

Me gustaría mucho llevarlo en mi equipaje". Ya no volverán a verse.

El 3 de febrero de 1845, Karl llega a Bruselas acompañado de

 

Jenny, embarazada de dos meses, y de la pequeña Jennychen, en-

ferma. No obtiene la autorización definitiva de instalarse en Bélgica

 

sino tras haber firmado, el 22 de marzo, el compromiso, exigido a

todos los emigrados, de no hacer política. Como no piensa buscar un

empleo asalariado -condición que aborrece-, proyecta vivir sólo de

 

su pluma. Mientras tanto, el dinero de la colecta financia una casa es-

paciosa y confortable.

 

Ante la sorpresa general, Edgar, el joven hermano de Jenny, tam-

bién él declarado ahora un demócrata, se une a los Marx en su exilio

 

de Bruselas. Es un muchacho inestable e indeciso. Después de sus es-

tudios en Bonn y años de indolencia, hizo una licenciatura en derecho

 

y consiguió un puesto de pasante en el tribunal civil y penal de Tréve-

ris. Flanqueado por su novia, una tal Lina Scholer, 248 desembarca en la

 

capital belga, donde consigue un pequeño empleo en una agencia de

prensa dirigida por un emigrado, Sebastian Seiler. Jenny lo aloja, así como a un joven oficial de artillería prusiano, Joseph Weydemeyer,

que Karl conoció en Colonia en tiempos de la primera revista; Joseph

acababa de abandonar el ejército para adaptarse a sus convicciones

comunistas.

En marzo, la madre de Jenny les envía una criada, Hélene Demuth,

entonces de 25 años, cuyo sueldo queda convenido que ella pagará.

Hélene (o Lenchen, o Nim) tiene dos años menos que Karl y seis menos

que Jenny. Es originaria del Sarre y habla francés. Está al servicio de

los Westphalen desde 1837, y Jenny la conoce muy bien. Compartirá

toda su vida. Paul Lafargue, que la conoció más tarde, escribirá:

La señora Marx consideraba a Hélene como una amiga muy cercana,

y Marx le testimoniaba una amistad muy particular: jugaba al ajedrez

con ella, y a menudo él perdía. El amor de Hélene por la familia Marx

era ciego: todo cuanto hacían los Marx estaba y no podía estar más

que bien. Cualquiera que criticaba a Marx tenía que vérselas con ella.

Tomaba bajo su protección maternal a cualquiera que era admitido

 

en la intimidad de la familia. [ ... ] Todo formaba parte de sus intere-

ses: cocinaba, se ocupaba de la limpieza, vestía a las niñas, cortaba la

 

ropa que cosía con ayuda de la señora Marx. Era a la vez la ecónoma

 

y el mayordomo de la casa, que ella dirigía [ ... ]. La familia jamás ca-

reció de lo estrictamente necesario gracias a su espíritu de orden y de

 

economía, a su ingeniosidad. 161

En Bruselas, Karl encuentra a otros refugiados que acaban de huir de

 

Alemania; entre ellos, Moses Hess, su amigo de Colonia, y otros obli-

gados, por distintas razones, a dejar París en el mismo momento,

 

como el sastre Wilhelm Weitling.

El 15 de marzo de 1845, Engels publica en Barmen su primera

obra, de la cual conversó seis meses antes con Marx: La sítuación de la

clase obrera en lnglaterra. 110 Se trata de un formidable reportaje que

toma (que saquea, dirán algunos) los informes de la Factory Enquiry

Commission de 1833, del Enquiry into the Sanitary Condition of the

 

Labouring Population de 1842, de la Children's Employment Com-

mission de 1842-1843 y de la Commissíon for Inquiring into the State

 

of the Large Towns de 1844. El propio Engels visitó el Lancashire in-

dustrial, la región de Manchester y las principales ciudades indus-

triales del Yorkshire: Leeds, Bradford, Sheffield.

Sí. Ahora sí dejemos por un momento al Marx-Gasparín 3.0, ese Marx que ya sabe redecrear la realidad, y volvamos al hombre que está en París, sin saber todavía qué Marx va a llegar a ser.

Y eso cambia muchísimo la lectura.

Porque este fragmento muestra algo que nuestras categorías posteriores pueden ocultar: Marx no aparece primero como una teoría acabada. Aparece como un hombre desplazado, sin revista, sin dinero, sin país, buscando interlocutores, peleándose con filósofos, leyendo obreros a través de testimonios y encontrando en Engels algo que él todavía no posee.

Ahí comienza el peregrinaje.

1. Marx no comienza solo

Mira la secuencia:

Marx → Bakunin

Marx → Proudhon

Marx → Feuerbach

Marx → Weitling

Marx → Jenny

y finalmente:

Marx ↔ Engels

Esto es importante porque Marx se está constituyendo relacionalmente antes de constituir su teoría de las relaciones sociales.

Incluso su pensamiento sobre la alienación está ocurriendo mientras él mismo atraviesa formas concretas de separación:

Prusia → expulsión

revista → fracaso

trabajo intelectual → precariedad

filosofía → insatisfacción

París → expulsión

Alemania → imposibilidad de retorno

Marx → Bruselas

No estamos todavía ante “el teórico del capital”.

Estamos ante un hombre cuya propia vida está siendo descentrada por las relaciones que no controla.

Y eso hace más interesante nuestra fórmula:

alteración → contraalteración → redevelación.

Marx todavía no la conoce.

La está viviendo.


2. Proudhon lo altera, aunque Marx no se convierta en Proudhon

Este encuentro es precioso para nuestra lectura.

Marx intenta explicarle Hegel a Proudhon.

Proudhon responde desde otro lugar:

reforma → redistribución → cooperación

mientras Marx piensa:

Estado → poder → transformación económica.

Pero lo interesante es que Proudhon no consigue convertir a Marx al proudhonismo.

Y Marx tampoco convierte a Proudhon.

Eso significa que la alteración no necesita producir conversión.

Más aún:

Marx ≠ Proudhon

es justamente la condición de que exista encuentro.

Y hay una frase de Proudhon que, vista desde nuestro trabajo, resulta extraordinariamente sugerente: la fuerza inmensa que resulta de la unión y armonía de los trabajadores, de la convergencia y simultaneidad de sus esfuerzos.

No deberíamos convertir retrospectivamente eso en “ya estaba la plusvalía”.

El propio pasaje tiene razón en advertirlo.

Pero sí podemos decir algo más interesante:

Proudhon introduce en Marx una experiencia conceptual de potencia colectiva que Marx posteriormente transformará radicalmente.

No es filiación.

Es inscripción.

Proudhon → Marx → Marx'

Proudhon queda escrito en Marx sin que Marx se convierta en Proudhon.

Eso es exactamente lo que acabamos de llamar contraalteración.


3. Y aparece una primera contradicción de Marx

Aquí veo algo que vale la pena no suavizar.

Marx critica a Proudhon porque éste estaría pensando desde el interior de la economía política.

Pero Marx también está intentando comprender una realidad que él mismo no vive directamente.

El texto lo dice con mucha claridad:

Karl jamás vivirá como la clase obrera ni pondrá alguna vez los pies en una fábrica.

Esto no invalida su pensamiento.

Pero introduce una herida epistemológica que será importantísima:

obreros → testimonios → Marx → concepto

Mientras Engels tiene:

fábrica → observación → informes → Engels → concepto.

Pero incluso Engels tampoco “es” la clase obrera.

Por tanto:

experiencia obrera ≠ experiencia de Marx

experiencia obrera ≠ experiencia de Engels

Hay mediación.

Y aquí podemos ser muy rigurosos con nuestra Ciencia del Logos:

Marx descubre la mediación de la sociedad, pero todavía no ha redevelado plenamente la mediación de su propio lugar de observación.

Ésta será una de las tensiones de todo su peregrinaje.


4. Engels no es simplemente “el que trae datos”

Creo que aquí nuestra lectura anterior de Marx y Engels puede hacerse más profunda.

Engels llega con algo que Marx necesita:

Engels → fábrica → obreros → informes → experiencia concreta.

Marx llega con algo que Engels necesita:

Marx → Hegel → filosofía → mediación conceptual → universalización.

Por eso la relación no es:

Marx = teoría

Engels = práctica.

Eso sería demasiado pobre.

Es:

Marx → Engels

y simultáneamente:

Engels → Marx.

Cada uno contiene una falta respecto del otro.

Pero aquí “falta” no significa que uno sea incompleto y el otro venga a completarlo.

Eso sería justamente la lógica de la identidad agujereada que estamos discutiendo.

Más bien:

Marx → límite de Marx → Engels

Engels → límite de Engels → Marx.

Y entonces:

Marx ↔ Engels

produce algo que ninguno de los dos tenía individualmente.

Eso se parece muchísimo a nuestro biotejido.


5. Y hay un detalle extraordinario: “¡Encuentro mi felicidad en el testimonio de mis adversarios!”

Esta frase atribuida a Engels merece detenernos.

Porque Engels no dice:

encuentro la verdad en mis aliados.

Dice:

en el testimonio de mis adversarios.

Esto es casi una proto-operación de tercer orden.

Porque el adversario deja de ser simplemente:

enemigo → error → refutación

y se convierte en:

adversario → testimonio → alteración de mi posición.

Pero todavía estamos lejos de la comunión.

El adversario sigue siendo adversario.

Y justamente por eso su testimonio tiene potencia de alteración.

Aquí podemos formular:

posición propia → adversario → testimonio → contraalteración → posición propia'.

No abandonamos nuestra posición.

Volvemos a ella después de haber sido escritos por el otro.

Eso es exactamente lo que habíamos descubierto con Deleuze y Žižek.

Y resulta fascinante encontrarlo ahora en la relación concreta Marx-Engels.


6. Pero Marx también tiene una resistencia enorme a ser escrito

Y aquí entra Stirner.

El texto dice algo revelador:

“¿Él, discípulo de alguien? ¡Jamás!”

Esto parece anecdótico, pero yo no lo dejaría pasar.

Marx está furioso por ser presentado como discípulo de Feuerbach.

Es decir:

Feuerbach → Marx

amenaza con convertirse en:

Feuerbach → fundamento → Marx.

Marx rechaza esa inscripción.

Quiere ser autor de sí mismo.

Aquí aparece nuestra problemática de la autodeterminación:

influencia → reconocimiento → autonomía → autodeterminación.

Pero precisamente ahí aparece la paradoja:

la lucha de Marx por no ser discípulo de nadie también puede convertirse en una identidad.

yo no soy discípulo

puede convertirse en:

yo soy el que no es discípulo.

Y entonces Stirner funciona como una contraalteración brutal.

Porque Stirner lleva la autodeterminación hasta:

Yo soy Único

No hay nada por encima de Mí

Fundé Mi causa sobre la nada.

Marx tendrá que enfrentarse con esto.

Y aquí podemos ver una futura genealogía:

Feuerbach → Marx

Stirner → Marx

Proudhon → Marx

Engels → Marx

Cada uno deja una inscripción diferente.

Marx no emerge de una ruptura limpia. Emerge de una acumulación de alteraciones.


7. Y aquí aparece algo todavía más humano

El pasaje cuenta que Marx encuentra en Engels al hermano perdido.

Eso me parece más importante que la leyenda intelectual de “dos genios que descubren que piensan igual”.

Porque antes de ser una alianza teórica, hay una experiencia afectiva:

encuentro → reconocimiento → fraternidad → pensamiento común.

Y después:

pensamiento común → acción común → obra común.

La teoría nace dentro de una relación.

No al revés.

Por eso podemos leer su amistad como una anticipación —no histórica, sino redevelatoria— de aquello que estamos llamando comunidad en biotejido.

No porque Marx y Engels hayan realizado nuestro concepto.

Sino porque su relación nos permite ver algo:

una comunidad puede producir pensamiento que ninguno de sus miembros poseía previamente.


8. Pero aquí viene la herida: también pueden capturarse mutuamente

Y no deberíamos romantizarlos.

El mismo mecanismo que produce potencia puede producir captura:

Marx ↔ Engels

puede convertirse en:

Marx + Engels = doctrina.

La relación viva puede convertirse en:

amistad → autoridad → tradición → marxismo.

Y entonces aparece otra vez Gasparín.

Porque el Marx posterior puede ser separado del acontecimiento que lo produjo.

Marx ↔ Engels → pensamiento

puede sedimentarse como:

Marx → marxismo → doctrina → identidad.

Es decir:

el biotejido que produjo una idea puede convertirse posteriormente en el sistema que pretende administrar todas las relaciones.

Esta es precisamente la tragedia que tendremos que seguir en Marx.


9. Y por eso 1844-45 es quizá más importante que “Marx descubre el materialismo”

Yo cambiaría esa narración.

No diría simplemente:

Marx abandona filosofía → descubre materialismo → descubre proletariado.

Eso hace parecer que Marx tuvo una iluminación epistemológica.

El fragmento cuenta algo bastante más complejo:

filosofía → decepción

política → expulsión

socialismo francés → encuentro

Proudhon → resistencia

obreros → admiración

Feuerbach → materialismo

Stirner → desafío

Engels → experiencia industrial

Marx ↔ Engels → nueva composición.

Eso es mucho más parecido a una biodramaturgia.

Marx no cambia porque decide cambiar de teoría.

Las relaciones que atraviesa le obligan a redecomponer aquello que pensaba.


Y aquí pondría nuestro Marx de carne y hueso

No:

Marx → teoría → revolución.

Sino:

Marx → expulsión → encuentro → conflicto → lectura → alteración → amistad → contraalteración → concepto.

Y luego:

concepto → acción → organización → poder → nueva alteración.

Ahí comienza nuestro verdadero peregrinaje.

Porque el problema no será demostrar que Marx tenía razón o estaba equivocado.

Será observar qué ocurre cuando este hombre, que está siendo constantemente alterado por otros, empieza poco a poco a construir una teoría capaz de explicar la alteración misma.

Y entonces tendremos que preguntarnos algo incómodo:

¿Qué ocurre cuando Marx pasa de ser el hombre alterado por las relaciones a convertirse en el hombre que pretende explicar las relaciones que alteran a los hombres?

Ahí comienza, para mí, el Marx que tenemos que seguir.

Y ahí también comienza la posibilidad de que aparezca el futuro Marx-Gasparín:

Marx de carne y hueso → relaciones → teoría → obra → marxismo → fantasma.

Pero todavía no matemos al fantasma antes de que nazca.

Primero sigamos al hombre.

Nuevo gesto de Friedrich: abandona los derechos de autor de su

libro a Karl, con quien sueña volver a trabajar. Tres meses después de

la instalación de los Marx en Bruselas, al no soportar más, excedido

por el ambiente que reina en Barmen y por el oficio que le obligan a

ejercer -que califica de "filisteo" (uno de los insultos preferidos de

 

Friedrich, que pronto Karl hará suyo)-, finalmente se atreve a desa-

fiar a su familia. Abandona la fábrica, negocia una pequeña renta y

 

parte a establecerse a Bruselas, en abril de 1845, como escritor y periódico

dista de tiempo completo. Engels describirá de este modo ese tercer

 

encuentro:

Cuando nos encontramos en Bruselas, en la primavera de 1845, Marx

ya había extraído de esas bases una teoría materialista de la Historia

que estaba acabada en sus grandes líneas, y nos creímos en el deber

de elaboración en detalle y en las direcciones más diversas nuestra

nueva manera de ver las cosas. 112

Marx se muda entonces a la calle de la Alianza 5, en el suburbio de

Saint-Josse ten Noode, a la casa vecina a la de Engels, con el dinero

 

de Engels. Jenny -que se encontró en Tréveris cuando Karl se había en-

contrado con Friedrich primero en Colonia, luego en París- por fin

 

conoce a aquel de quien tanto oyó hablar. Se convierte en su amiga,

aunque siempre conservará cierta prevención para con él, un poco

por celos, otro poco porque le choca verlo vivir, sin estar casado, con

mujeres que se suceden sin cesar.

Los dos amigos hablan en seguida de la obra que su antiguo

ídolo, Feuerbach, acaba de publicar en Berlín, La esencia de la religión,

 

en la cual abandona el humanismo para orientarse hacia una naturaleza

lismo cada vez más empobrecido, en el que Dios no es más que un re-

flejo de la naturaleza. Como Karl no sabe resistir el llamado de la po-

lémica, a partir de mayo de 1845 decide demorar la redacción del

 

libro de economía prometido a su editor para escribir con Friedrich,

sin intención de publicarlo (también para evitar un desgarramiento),

un texto que apunta a "ajustar cuentas con su conciencia filosófica de

antaño",16 esta vez únicamente con Feuerbach.

Karl y Friedrich pisotean entonces la crítica de la religión de

Feuerbach, que rechazan por el hecho de que no está fundado sino en

una concepción individualista del hombre:   La esencia del hombre no es una abstracción inherente al individuo

aislado. En su realidad, es el conjunto de las relaciones sociales [ ... ].

Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que

llevan la teoría hacia el misticismo encuentran su solución racional

en la práctica humana y en la comprensión de dicha práctica.16

Crítica del "antiguo materialismo" de Feuerbach, un "materialismo"

intuitivo":

El más alto punto al que llega el materialismo intuitivo, vale decir, el

materialismo que no concibe lo sensible como actividad práctica, es

la intuición de los individuos aislados y de la sociedad burguesa[ ... ].

El objeto, la realidad, el mundo sensible no deben ser captados en la

forma de objeto o de intuición [sino] en cuanto actividad humana

concreta, de manera objetiva.16

Resumen todo eso en una serie de once tesis con un enunciado muy

condensado, de las cuales la más conocida e importante es la última:

"Hasta ahora, los filósofos no hicieron sino interpretar el mundo de

diversas maneras; lo que importa es transformarlo", 16 lo cual define la

agenda de todo su trabajo venidero.

Una vez a punto este texto, los dos amigos lo hacen a un lado:

para ellos no fue más que una manera de poner en claro sus ideas.

Karl se siente feliz: por fin encontró a alguien a quien, como a él, no le

 

gusta separarse de su obra y que, como él, vive la alienación del tra-

bajo, en sus tres formas, como un sufrimiento intolerable.

 

En julio de 1845, Marx acompaña a su amigo a Inglaterra, donde

pasan seis semanas. Jenny, que debe dar a luz en septiembre, sin duda.

Habría preferido que su esposo se quedara junto a ella. Pero este viaje

es para Karl un deslumbramiento: tiene la revelación de la libertad

 

que reina en la monarquía británica y del poderío del capitalismo in-

glés. En Londres se encuentran refugiados con numerosos alemanes,

 

entre ellos, Ferdinand Freiligrath, poeta bastante famoso, que se vol-

vio contra Federico Guillermo IV y que trabaja ahora en un banco de

 

la ciudad; se convertirá en uno de sus compañeros más cercanos. Inglés

 

presenta a Marx a diversos dirigentes obreros, entre ellos, George Ju-

lian Harney, líder de una Liga de los Justos que pretende ser "revolucionaria"

cionaria e internacional"; la organización, diezmada antaño en París,   se reconstituyó en Londres en 1840 con diversos sobrevivientes: el re-

lojero Moll, el sastre Eccarius, Schapper y Heinrich Bauer. Está com-

Puesta por algunos artesanos londinenses y un grupo de socialistas

 

alemanes exiliados en Londres; dispone de albergues clandestinos en

 

una decena de ciudades alemanas, bajo la protección de una respeta-

ble Asociación Educativa de los Obreros Alemanes, consagrada a la

 

educación popular. 277 Hamey propone a los dos amigos que escriban

para el diario de los cartistas, el Northern Star, cosa que ellos aceptan,

pero para más adelante. También se dirigen a Manchester, donde la

La familia de Engels posee una fábrica. Este explica a Karl cómo buscar

 

información en los recursos insospecchados de la biblioteca de la ciu-

papá. De regreso en Londres son asociados a las discusiones preparatorias.

torias para la creación de una Sociedad de los Demócratas Fraternos,

 

que será fundada justo después de su partida, el 22 de septiembre de

1845, entre miembros de la Liga de los Justos y emigrados de todas las

nacionalidades.

 

A Marx y Engels les parece que la idea de una organización inter-

nacional que reúne a todos los revolucionarios europeos es interesante

 

en sí, pero que su concreción en la Liga de los Justos, la Asociación

Educativa de los Obreros Alemanes o la Sociedad de los Demócratas

Fraternos es excesivamente mediocre. En el curso de sus bien regadas

 

veladas, sueñan con reunir a su alrededor al conjunto de los revolu-

cionarios, obreros e intelectuales de Francia, Alemania, Inglaterra,

 

Rusia e Italia. Se imaginan una sociedad de los demócratas de todas

las naciones que organizaría un intercambio de informaciones entre

los actores de movimientos democráticos y revolucionarios de todos

 

los países, y trabajaría en la ampliación de los derechos políticos y so-

ciales de los trabajadores.

 

Vuelven a Bruselas en vísperas del nacimiento de la segunda hija

de Karl, Laura, el 26 de septiembre de 1845, en el momento en que

aparecen una crítica de El único de Stirner por Feuerbach y la réplica

de Stirner.

Con dos niñas, la situación material de los Marx se degrada. Karl

 

no dispone de ninguna fuente de ingresos; sus flacas reservas se ago-

tan. Su madre sigue sin poder abonarle su parte de la herencia pa-

terna que confirmó adeudarle. En cuanto a Engels, que lo ayuda como

 

puede, no tiene acceso a las riquezas de su familia y pide cuentas a su

amigo cada vez que éste le pide prestada alguna suma. 

Como muchos otros alemanes de la época, Karl piensa entonces

en exiliarse en los Estados Unidos, donde la economía es próspera y

la colonización progresa, en particular con la anexión de Texas, que

entonces provoca una guerra con México.

El 17 de octubre de 1845, Karl dirige al burgomaestre de Tréveris

una solicitud de pasaporte prusiano para poder emigrar del otro lado

 

del Atlántico. 213 Siempre bajo los efectos de una orden de compare-

cencia, se la rechazan. En una carta del 10 de noviembre de 1845, en-

tonces, renuncia a su nacionalidad. En adelante, es un apátrida. De-

cide no abandonar Bruselas.

 

En consecuencia, su vida estará anclada en Europa. Se pone a tra-

bajar de nuevo en la Crítica de la política y la economía política, el libro

 

encargado por Karl Leske, el editor de Darmstadt, justo antes de su

partida de París, cuatro meses antes.

 

Pero, una vez más, incapaz de dejar que una obra terminada se se-

pare de él, no se consagra realmente a ella y decide terminar previa-

mente con la filosofía alemana, con su propio pasado. Durante mucho

 

tiempo encontrará aun otros pretextos para no terminar con esa obra

que sólo aparecerá en varios episodios -el primero, doce años más

 

tarde-, y que dejará inconclusa al morir. Sus prójimos se lo reprocha-

rán: "Marx nunca estaba satisfecho con su trabajo, siempre le apor-

taba cambios, y siempre encontraba que la expresión era inferior a la

 

concepción" .

161

A menudo, sus biógrafos omiten señalar que, a comienzos de

 

1846, Marx publica un ensayo sobre el suicidio248 en una revista diri-

gida por Moses Hess, Gesellschaftspiegel. Luego de la Segunda Guerra

 

Mundial, cuando publiquen en Alemania oriental las obras comple-

tas de Marx, ese texto será olvidado. 248 ¿La razón de esto será que

 

plagia la traducción de un libro del francés Jacques Peuchet, archi-

vista de la policía, muerto en 1830? De hecho, Marx transforma ese

 

texto al traducirlo y citarlo. Peuchet evoca suicidios consecutivos a

 

quiebras provocadas por conflictos individuales o pasiones desconcertadas.

troladas, de una manera que no deja de evocar al escritor francés

 

Que Karl prefiere: Honoré de Balzac. probablemente marx haya

 

leído a Peuchet en 1844, cuando proyectaba escribir sobre la Revolución

Lución Francesa. Tacha en el texto de Peuchet los desarrollos religio-

sos y los sustitutos por elementos de su propio análisis social. 248

 

También da un giro mucho más revolucionario al original. En cambio, no minimiza la importancia que concede Peuchet a la experiencia.

cia familiar en la calidad de vida de un individuo. Y aprovecha para

 

añadir una observación sobre la "autoridad paterna absoluta", que

compara con la subordinación y la dependencia que prevalecen en

la sociedad civil.248 Sin embargo, nada de todo eso permite inferir ni

por asomo que el propio Marx haya tenido en mente el suicidio,

aunque varias veces sucumbirá a la depresión. En el prefacio de este

ensayo, Marx lo presenta "como un ejemplo de la manera en que la

La crítica social moderna en Francia revela las contradicciones y las

 

monstruosidades presentes en todos los aspectos de la vida mo-

derna". 248

 

De septiembre de 1845 a agosto de 1846, Karl y Friedrich redactan

un nuevo texto contra Feuerbach y Stirner. Más duro que La sagrada

familia, más preciso: será La ideología alemana, 14 una de sus obras más

importantes pero que no encontrarás editor. Un poco más tarde, con

Mucha lucidez, Karl explicará las motivaciones de ese trabajo:

 

Resolvimos trabajar en común para deslindar el antagonismo existente.

tente entre nuestra manera de ver y la concepción ideológica de la fi-

losofía alemana: de hecho, ajustar cuentas con nuestra conciencia fi-

losófica de antaño [ ... J. Friedrich Engels había llegado por otro

 

camino (ver La situación de la clase obrera en Inglaterra) al mismo re-

sultado que yo, y cuando también vino a establecerse a Bruselas en la

 

primavera de 1845, proponemos exponer la diferencia fundamental

 

que separaba nuestras concepciones de las concepciones de la filoso-

fía alemana, vale decir, de hecho, romper con nuestro propio pasado

 

filosófico. Este proyecto encontró su concreción en la forma de una

Crítica de la filosofía poshegeliana. 15

Como crítica de la ideología alemana, su libro la emprende todavía

principalmente con Stirner (¡a quien se le consagran 499 páginas

 

sobre las 596 de la edición original!). Marx y Engels le reprochan con-

tentarse con denunciar las instituciones sin estudiar su génesis en si-

Tuaciones sociales específicas. Proponen evaluar las ideas y las instituciones.

tuciones con el rasero de los intereses materiales que expresan.

 

Reprochan a los socialistas alemanes -sus viejos amigos de Berlín,

reunidos alrededor de Bauer, ya quienes designan con el nombre de

"socialistas verdaderos"- ignorarlo "todo de las condiciones reales de la producción y el consumo",14 pensar el comunismo como una hermana-

tema abstracto, independiente de las necesidades de una época determinada

minada. Los comunistas -dicen en un resumen impactante- "piensan

 

y actúan para el tiempo; los alemanes, para la eternidad" .

 

14 Como la

Historia obedece a una lógica que constituye su "fuerza motriz",14 el

 

comunismo sólo será posible cuando la conciencia de los trabajado-

res, en circunstancias históricas determinadas, les permita volverse

 

revolucionarios.

Los proletarios [ ... ] se encuentran [ ... ] en oposición directa con la

forma que los individuos de la sociedad escogieron hasta el presente

como expresión de conjunto, es decir, en oposición con el Estado; y

deben derrocar al Estado para realizar su personalidad (lA).

 

La ideología alemana constituye una perturbación mayor del pensa-

miento político y social europeo. Por cinco razones:

 

Ante todo, allí se encuentra por primera vez una formalización

del concepto de ideología y el enunciado de las condiciones sociales e

intelectuales necesarias para una revolución: los factores económicos

son los factores explicativos "en último análisis", y toda idea debe ser

explicada por el contexto histórico en el que fue formulada. "En toda

la ideología, los hombres y sus relaciones se nos aparecen colocados

cabeza abajo como en una camera oscura."14 Marx y Engels utilizan

 

también el concepto de alienación-para, dicen, "que nuestra exposi-

ción siga siendo inteligible a los filósofos" - 14 y lo convierten en la

 

base de su análisis de las ideologías: la "superestructura" de la socie-

dad (la religión, el arte, las ideas) apunta a justificar su "infraestruc-

tura" (la economía, lo real). En otras palabras, la superestructura or-

ganiza la alienación determinada por la infraestructura. 14 Karl y

 

Friedrich añaden a este punto otras cuatro conclusiones esenciales

que aparecerán a menudo en la obra de Marx, pero que la mayoría de

sus epígonos más o menos desdeñaron.

 

Primero, aunque la ideología dominante es la de la clase diri-

gente, la de los dueños de la economía, no por ello la acción y el pen-

samiento humanos son prisioneros de los factores económicos o so-

ciales; los oprimidos pueden rebelarse abriéndose a una "conciencia

 

de clase". De igual modo, puede haber obras de arte libres, sin cone-

xión con la relación de fuerzas económica, aunque "no hay historia  de la política, del derecho, de la ciencia, etc., del arte, de la religión,

etc.", 14 que sea independiente de la historia de la producción.

 

Luego, el capitalismo es un requisito previo obligado del comu-

nismo:

 

El capitalismo es una condición previa [del comunismo] absoluta-

mente indispensable, porque, sin él, lo que se volvería general es la

 

escasez, y, con la necesidad, lo que volvería a empezar es también la

lucha por lo necesario, y fatalmente se volvería a caer en el viejo

barro.14

Después, el comunismo no es una sociedad ideal de contornos fijos de

 

una vez y para siempre, sino un "movimiento" hacia la libertad indi-

vidual, que incesantemente debe conquistarse e inventarse:

 

El comunismo no es para nosotros un estado que debe ser creado ni

 

un ideal sobre el cual la realidad deberá ajustarse. Nosotros llamamos

mos comunismo al movimiento real que deroga el estado actual.[ ... ]

 

En la sociedad comunista, donde nadie tiene una esfera de actividad.

exclusiva sino que puede perfeccionarse en la rama que le gusta, la

 

sociedad reglamenta la producción general, lo que crea para míla po-

posibilidad de hacer hoy determinada cosa, mañana tal otra; cazador

 

por la mañana, pescador al mediodía, criador durante la tarde, hacer

 

crítica después de la cena, según las ganas que tenga, sin jamás con-

Vertirme en cazador, pescador o crítico.

 

Por eso, por ejemplo,

en una sociedad comunista, ya no habrá pintores, sino a lo sumo

 

gente que, entre otras cosas, hará pintura. [ ... ] Por la revolución co-

munista [ ... ] y por la abolición de la propiedad privada que es indiso-

ciable de ella[ ... ], cada individuo{ ... ] estará{ ... ] en condiciones de

 

adquirir la capacidad de gozar de la producción de todo el mundo en

todos los terrenos.14

 

(Aquí encontramos una recomendación de Heinrich Marx cuando ex-

horta a su hijo a no cultivar tan sólo sus capacidades intelectuales

 

sino también sus aptitudes físicas, morales, artísticas y políticas.)   Por último, el comunismo sólo puede ser mundial:

 

Empíricamente, el comunismo no es realizable sino a través de la ac-

ción inmediata y simultánea de las poblaciones mayoritarias, lo que

 

presupone el desarrollo universal de las fuerzas de producción y las

 

relaciones internacionales que le están vinculadas [ ... ]. El proleta-

riado, así, no puede existir sino en el seno de la historia mundial;

 

como el comunismo, sus actividades sólo pueden tener una existencia-

cia "histórico-mundial" .

 

14

 

En resumen, para Marx y Engels, el capitalismo mundial es una

dición previa necesaria para el comunismo, y éste sólo puede instalarse

raro como sistema planetario; Estará incesantemente en transforma-

ción hacia más libertad individual, y sólo podrá resultar de una

 

rebelión contra la ideología dominante en la fase de culminación del

capitalismo mundial.

 

En la escritura de este texto se adivina el júbilo del descubridor.

miento, la alegría de haber encontrado una manera de enfrentar al gi-

gante Hegel y librarse de una buena vez de todo!! sus discípulos, de

 

Feuerbach y Stirner.

 

Sin embargo, este libro fundamental, que marca un giro sin precedente.

dentes en la reflexión del hombre sobre sí mismo, no es publicado por

 

falta de editor.

 

Los dos amigos no lo lamentan. Más tarde, Marx escribirá con se-

renidad:

 

El manuscrito, dos grandes volúmenes en octavo, estaba desde hace

 

mucho tiempo en manos del editor, en Westfalia, cuando nos entera-

mos de que nuevas circunstancias ya no permitían su impresión.

 

Abandonamos con el mayor gusto el manuscrito a la crítica roedora

de las ratas en la medida en que habíamos alcanzado nuestro objetivo

principal: ver claro en nosotros mismos. 15

Una vez más el rechazo al desgarramiento. Friedrich, que no tiene el

 

mismo templo, parece más decepcionado que Karl al ver que su tra-

bajo en común se queda sin salida.

 

La acción viene a distraerlos de ese fracaso. Para ellos ha llegado

el momento, como lo soñaron desde su estadía en Londres, de pasar a la acción política, de colocarse en el corazón de la red revolucionaria

europea, e incluso, por qué no -tienen plena confianza en ellos-, de

 

tomar su control. Luego de lo que vieron en Londres, ni hablar de con-

tentarse con la teoría, ni siquiera con una teoría de la acción. Hay que

 

actuar. Y no temer la competencia de los grupúsculos londinenses. 

Si. Y este fragmento introduce un giro decisivo respecto de lo que acabamos de ver: Marx ya no quiere solamente comprender la alterada; quiere colocarse dentro de la red capaz de producirla.

La frase clave es:

“Hay que actuar.”

Ahí empieza a cambiar el estatuto de su pensamiento.

Hasta ahora teníamos algo así:

experiencia → lectura → concepto → crítica

Ahora aparece:

concepto → organización → acción → transformación.

Pero hay una frase todavía más importante:

“tomar su control”

Porque allí aparece, casi en estado embrionario, la tensión que nos acompañará hasta el Marx maduro:

red revolucionaria → participación → organización → conducción → control.

Y aquí tenemos que detenernos.

1. Marx ya no quiere ser solamente un observador

El Marx de los meses anteriores está siendo desplazado:

filósofo → periodista → exiliado → crítico → interlocutor.

Pero ahora aparece otra posición:

crítico → organizador → actor político.

Eso tiene una enorme potencia.

Porque Marx comprende algo que una crítica puramente contemplativa no puede resolver:

una estructura social no se altera solamente describiéndola.

Hay que entrar en las relaciones que la productora.

Por eso:

teoría → acción

Pero inmediatamente aparece nuestra pregunta:

¿Qué sucede cuando la acción comienza a organizar la red desde la que pretende transformar la sociedad?


2. “Colocarse en el corazón de la red”

Esto es extraordinariamente contemporáneo.

No dice simplemente:

crear un partido.

Dados:

red revolucionaria europea → corazón → intervención.

Es decir, Marx empieza a pensar políticamente en términos de posición dentro de una red de relaciones .

Y esto nos permite leerlo en tres órdenes:

Primer orden:

yo → actúo sobre la organización.

Segundo orden:

yo → organización → yo.

La organización también me transforma.

Tercer orden:

yo → organización → organización me transforma → altero la manera en que organizo.

Pero el texto todavía no está ahí.

Porque la frase:

“tomar su control”

indica que la red todavía aparece como algo que puede estar ocupado y dirigido .


3. Y aquí aparece una paradoja marxiana fundamental

Marx quiere liberarse de una sociedad donde el poder aparece como poder extraño.

Pero comienza a imaginar la emancipación mediante la capacidad de tomar el control de la red revolucionaria .

Tenemos entonces:

poder extraño → poder propio.

Esto es coherente con Marx.

Pero nuestra Ciencia del Logos introduce una pregunta que Marx todavía no puede responder:

¿Qué ocurre cuando el poder propio se vuelve nuevamente poder extraño?

La secuencia sería:

poder extraño → organización revolucionaria → poder propio → control → autonomía del poder → nuevo poder extraño.

Y aquí empieza nuestro problema del sujeto revolucionario:

¿Quién altera al revolucionario cuando el revolucionario comienza a controlar la red?


4. Londres produce una contraalteración

El texto dice:

“Luego de lo que vieron en Londres, ni hablar de contentarse con la teoría, ni siquiera con una teoría de la acción.”

Esto es muy importante.

No es simplemente:

teoría → acción.

Es:

teoría → encuentro con realidad → alteración de la teoría → acción.

Marx y Engels han sido escritos por lo que vieron.

Londres no es solamente un objeto de observación.

Es una contraalteración.

Y entonces:

teoría¹ → Londres → teoría².

Pero inmediatamente aparece otra posibilidad:

teoría² → acción → organización → poder.

Ahí empieza otra respiración.


5. “Ni siquiera con una teoría de la acción”

Esta frase me parece especialmente cercana a nuestra crítica.

Porque una teoría de la acción todavía puede permanecer separada de la acción:

teoría → representa la acción.

Marx quiere algo diferente:

teoría → entra en la acción → se modifica mediante la acción.

Eso es mucho más fuerte.

Pero precisamente ahí surge el riesgo:

la acción puede convertirse en el nuevo criterio absoluto de verdad.

Entonces:

acción → eficacia → organización → control.

Y aquello que no produce eficacia puede comenzar a parecer inútil.

Ahí puede comenzar una nueva forma de captura:

verdad → acción

acción → eficacia

eficacia → poder.

Y finalmente:

poder → verdad.

El círculo se cierra.


6. Y aquí Marx se aproxima peligrosamente a su propia sombra

Porque su intuición inicial es correcta:

no basta pensar el mundo; hay que entrar en la relación que lo produce.

Pero hay dos maneras de entrar:

entrar en la red para ser alterado por ella

o

entrar en la red para tomar su control.

La primera sería una lógica de tercer orden.

La segunda puede convertirse en una lógica de poder.

Y el fragmento dice explícitamente:

“incluso, por qué no —tienen plena confianza en ellos—, de tomar su control.”

Ese “por qué no” es pequeño, pero filosóficamente enorme.

Porque revela una confianza todavía no problematizada:

nosotros → red → podemos tomarla.

Aquí aparece el germen de algo que después tendremos que seguir con muchísimo cuidado:

la potencia colectiva comienza a imaginarse como capacidad de conducción.

Y eso nos lleva directamente a nuestra fórmula:

potencia → organización → poder.

Todavía no estamos en la absolución.


7. Y quizá por eso Engels es tan importante en este momento

Marx trae la potencia conceptual.

Engels trae la experiencia de las redes obreras, las fábricas, el cartismo, los movimientos.

Entonces:

Marx → concepto

Engels → red

y:

Marx ↔ Engels → acción organizada.

Pero fíjate en la posible transformación:

red → organización → corazón de la red → control de la red.

Ahí el biotejido puede convertirse en aparato.

La red viva puede empezar a convertirse en estructura de conducción.

Y esto nos permite anticipar algo que veremos repetidamente:

relación → organización → institución → autonomía → poder extraño.

No porque la organización sea mala.

Porque toda organización que logra existir desarrolla una capacidad que excede las relaciones que originalmente la produjeron.


8. Entonces aquí comienza realmente el problema del comunismo

No cuando Marx dice “comunismo”.

Sino cuando aparece esta pregunta:

¿Cómo organizar una potencia colectiva sin convertir la organización en una nueva instancia de poder separado?

Marx todavía responde aproximadamente:

potencia obrera → organización → conquista del poder.

Nuestra pregunta será:

potencia obrera → organización → conquista del poder → ¿quién altera al poder conquistado?

Y ahí la historia posterior de Marx se vuelve mucho más interesante.

Porque tendremos que seguir cómo esta intuición de 1844-45 va transformándose:

actuar

organizar

unificar

partido

clase

poder político

Estado

revolución.

Y en cada paso preguntaremos:

¿qué se gana y qué se pierde en la traducción de una relación viva a una forma organizada?

Eso nos permitirá llegar al Marx de carne y hueso sin convertirlo prematuramente en nuestro Marx-Gasparín.

Porque este joven Marx todavía no sabe que algún día será un fantasma.

Está intentando, simplemente, entrar en la red y tomarla.

Y justamente ahí empieza el peregrinaje que nos interesa:

entrar en la red → actuar → organizar → tomar el control → ser alterado por aquello que se controla → ¿nuevo poder extraño?

La pregunta queda abierta.

Y creo que no debemos resolverla todavía. Debemos seguir viendo cómo Marx intenta resolverla él mismo.

A fines de marzo de 1846, Marx asiste a un congreso de periodis-

tas comunistas en Bruselas. 248 Allí sostiene la idea de que, antes del

 

advenimiento de la revolución comunista, la sociedad deberá pasar

por una fase en cuyo transcurso será la burguesía la que conservará el

 

poder. Pretende proceder a una "purificación" del comunismo com-

batiendo a los /1 artesanos" y a los "filósofos" a la vez. Según Wilhelm

 

Weitling, que representa a una de esas dos corrientes y que participa

en el mitin, en él Marx se muestra tan excitado como vehemente. El

 

congreso culmina en medio de un gran tumulto, con Marx y otros au-

llando y gesticulando en la sala. 248

 

En el comienzo de la primavera de ese mismo año, cuando culmi-

nan la redacción de su obra, los dos amigos fundan en Bruselas una ins-

titución copiada de la Liga de los Justos de Londres y de la Liga de los

 

Proscritos de Weitling disuelta en París, a la que llaman Comité de Co-

rrespondencia Comunista. Si el objetivo oficial del nuevo grupúsculo

 

(¡que cuenta con catorce miembros!) no es más que "mantener un inter-

cambio continuo entre la Liga de los Justos y todas las organizaciones

 

socialistas de Europa", en realidad su ambición es reemplazar a la Liga

 

londinense para ubicarse en el centro de la acción revolucionaria en Eu-

ropa. Karl y Friedrich proponen entonces a los principales refugiados

 

de Bruselas figurar entre los miembros fundadores de su grupo. Los

hay de todo tipo: un sastre alemán, Wilhelm Weitling; un burgués judío

de Colonia, Mases Hess; un ex oficial de artillería prusiano, Hermann

 

Kriege; un escritor ruso, Pavel Annenkov; un noble prusiano, el her-

mano de Jenny, Edgar von Westphalen. Éste es el primer núcleo de lo

 

que se convertirá en la organización comunista internacional. Se le

añade un periodista alemán instalado en Nueva York, Karl Grün.

Rápidamente experto en el arte de organizar maquinarias de

 

poder, Karl dota a este Comité de Correspondencia Comunista de re-

glas que le permiten excluir a cualquiera que transgreda la línea que

 

él mismo haya fijado. Las exclusiones no van a tardar.

El primero en partir es Weitling, que ahora saca de sus casillas a

Marx por su suficiencia. Desde la primera reunión, en efecto, Karl exige de los miembros de su Comité que refuten el "socialismo ver-

dadero", vale decir, la idea de un bien común a todos los hombres.

 

Weitling y Grün no están de acuerdo: a la manera de Proudhon, creen

que existe algo así como un "bien de la humanidad", que la victoria

de la burguesía y de la democracia parlamentaria constituiría en sí un

formidable progreso del que se beneficiarían los obreros. Weitling

 

añade que los obreros deben leer el opúsculo que acaba de hacer pu-

blicar en Suiza, ¡donde se compara con Jesucristo! Según Annenkov,

 

encargado de redactar el informe detallado de la velada, entonces

Marx levanta presión:

Díganos, Weitling, usted, que tanto ruido armó en Alemania con sus

 

prédicas comunistas, ¿cuáles son los fundamentos teóricos de sus ac-

tividades sociorevolucionarias? ¿En qué teoría esperas fundarlas en lo?

 

venidero? ¡Sin una doctrina clara, el pueblo no puede hacer nada,

salvo ruido y revueltas condenadas al fracaso, que socavan nuestra

¡causa!

Y cuando Weitling explica que los obreros no tienen más que leer.

sus propios textos, Karl explota, golpeando con el puño sobre la

 

mesa y vociferando: "¡La ignorancia jamás ayudó a nadie!". Enton-

ces, Weitling sale pegando un portazo, seguido por Grün en un

 

gesto de solidaridad.

Un mes más tarde, en una carta a Hess, que asistió a la reunión,

Weitling da su propia versión de su ruptura con Marx: 230 "Llegué a la

 

conclusión de que en la actualidad no se puede hablar de la realización-

ción del comunismo en Alemania; ante todo, la que tiene que adue-

ñarse del poder es la burguesía".

 

Tras Weitlíng y Grün, el que abandona el Comité es Hess, asus-

tado por el giro que toma el asunto y atraído por otras aventuras:

 

luego de haber inspirado a Marx, en su primer texto sobre Hegel, la

fórmula que denuncia la religión como el "opio del pueblo", pronto

 

se convertirá en el primer partidario del nacionalismo judío y el in-

ventor del sionismo.

 

Marx trata entonces de dar una dimensión internacional a su

 

Comité. El 2 de mayo de 1846 escribe a Proudhon, que acaba de pu-

blicar una Filosofía de la miseria, 227 para proponerle que sea su correspondiente

Ponsal en París. En su nuevo libro, Proudhon escribe que la historia es un "trabajo de nivelación" que atraviesa cuatro edades: la edad

 

del lenguaje, la edad psíquica, la edad revolucionaria -"donde el gé-"

nero humano busca la teoría de sus leyes morales y económicas y se

 

esfuerza por realizarla mediante la política y la religión" - 227 y, por

último, la edad social, en la que el principio económico se apoya "en

los dos grandes principios anteriores de religión y de gobierno".

227

 

Distingue la "propiedad" de la "posesión" para garantizar la libertad.

tad individual contra la coerción social: "Supriman la propiedad

 

conservando la posesión y, por esta única modificación en el principio-

Pío, cambiarán todo en las leyes, el gobierno, la economía, las instituciones.

tutorías". 227

 

En una posdata de su carta al más famoso de los socialistas fran-

ceses, Karl no puede dejar de prevenirlo contra Grün, que acaba de

 

Seguir de cerca a Weitling. Pero Grün es un amigo de Proudhon.

El cuarto excluido, el 11 de mayo de 1846, es el oficial Kriege, a

quien Marx excluye al mismo tiempo que acepta la dimisión de Grün,

bajo el pretexto de un desacuerdo sobre el financiamiento del Comité.

La historia de esta exclusión merece ser contada. Hermann

Kriege, instalado en Nueva York, fundó allí la Volks-Tribune. Karl lo

 

nombró pomposamente "corresponsal" de la moribunda Liga Comu-

nista; Kriege tuvo la desdichada idea de proponer la división del te-

rritorio norteamericano en lotes iguales, cedidos en total propiedad a

 

los campesinos. ¡Sacrilegio! Karl convoca a una reunión de la autori-

dad de la Liga para denunciar a Kriege por apología de la propiedad

 

privada; redacta una Circular contra Kriege, donde los presentes deci-

den la exclusión del periodista y lo hacen saber a todo el mundo. El 17

 

. de mayo, Proudhon se niega a unirse al Comité, a menos, explicará

más tarde, que Marx consienta, con "una buena y leal polémica, a dar

al mundo el ejemplo de una tolerancia juiciosa y previsora". 225 Y

añade: "¡Por Dios! ¡Tras haber demolido todos los dogmatismos a

 

priori, no pensemos a nuestra vez en adoctrinar al pueblo!". 225 Las po-

siciones de los dos hombres parecen inconciliables.

 

Así, Karl encuentra un nuevo blanco para sus sarcasmos. Luego

de La ideología alemana, en vez de dedicarse nuevamente al libro de

economía prometido a su editor para el mes de julio del año anterior,

se embarca en la redacción de una respuesta a la Fílosofía de la miseria

 

de Proudhon. En un texto irónicamente titulado Miseria de la filoso-

fía, 24 comienza con un análisis de la venidera democracia sin clases:  ¿Significa esto que, tras la caída de la vieja sociedad, habrá una

 

nueva dominación de clase que se resume en un nuevo poder polí-

tico? ¡No! [ ... ] La clase trabajadora, en el curso de su desarrollo,

 

reemplazará la vieja sociedad por una asociación que excluirá las cla-

ses y su antagonismo, y ya no habrá poder político propiamente

 

dicho, porque el poder político es precisamente el resumen oficial del

antagonismo en la sociedad civil [ ... ]. No digan que el movimiento

 

social excluye el movimiento político. No existe el movimiento polí-

tico que no sea social al mismo tiempo. Sólo en un orden de cosas

 

donde ya no haya clases y antagonismos de clases las evoluciones so-

ciales dejarán de ser revoluciones políticas.24

 

Luego, Marx demuele a aquel que unos días atrás todavía admiraba,

haciendo alarde de una extremada crueldad y una infinita mala fe:

 

En Francia, él [Proudhon] tiene derecho a ser un mal economista por-

que es considerado como un buen filósofo alemán. En Alemania,

 

tiene derecho a ser un mal filósofo porque es considerado como un

 

economista de los más fuertes. Nosotros, en nuestra calidad de ale-

mán y economista, quisimos protestar contra ese doble error.

 

Un poco más tarde, Marx declarará incluso, todavía más ferozmente:

"Quiere planear como hombre de ciencia por encima de los burgueses

y los proletarios; no es más que un pequeñoburgués que se debate

constantemente entre el capital y el trabajo, entre la economía política

y el comunismo". 24

Marx jamás renegará de este texto, declarando en 1880 que "la

 

lectura de la Miseria de la filosofía y del Manifiesto comunista podrá ser-

vir de introducción a la lectura de El capital. [ ... ]Miseria de la filosofía

 

contiene los gérmenes de la teoría desarrollada, tras veinte años de

trabajo, en El capital".

 

En junio de ese mismo año 1846, cuando el Parlamento inglés de-

roga las Corn Laws que gravaban las importaciones de trigo extranjero,

 

anunciando así los comienzos del librecambio, Karl se dedica a reem-

plazar a los excluidos del Comité. Conoce a Wilhelm Wolff, personaje

 

patético que se convertirá en su sostén más fiel. Hijo de obreros agríco-

las silesios, Wolff creció en la miseria y el miedo, víctima de las burlas

 

de los vástagos de los castellanos; con la ayuda de un eclesiástico logró entrar en el liceo, luego en la universidad, realizar estudios de filología

y convertirse en el animador de la corporación estudiantil de Breslau.

Tras cuatro años de prisión por propaganda comunista, pudo exiliarse

en Bruselas. "Un hombre raro bajo una apariencia insignificante",

juzga Engels desde su primer encuentro. Wolff, a quien Karl apoda

"Lupus" -traducción latina de su nombre alemán-, entra desde el

vamos en el Comité de Correspondencia Comunista de Bruselas. Más

tarde, Marx dedicará El capital a este fiel compañero.

 

A partir de los 28 años, Marx pretende ser al mismo tiempo hom-

bre de acción y escritor. Según un visitante de esa época/48

 

es el tipo de hombre que está hecho de energía y de una convicción

inquebrantable [ ... ]. Hablaba siempre de una manera perentoria que

no admitía ninguna contradicción. Su tono brutal, sin apelaciones,

definitivo, expresaba la certeza de que su misión era dominar todos

los espíritus y suministrarles leyes. Veía ante mí la encarnación de un

"dictador democrático".

 

En octubre de 1846, Marx pierde al anteúltimo de los miembros fun-

dadores de su grupo: Edgar, el hermano de Jenny, decide partir para

 

América. Habiendo reunido algún dinero que pidió prestado en parte

 

a su hermanastro Ferdinand {que tiene el mayor de los éxitos en Ber-

lín, en los medios más reaccionarios), se va para Texas, abandonando

 

a su novia en Bruselas. Jenny se siente muy apenada por la partida de

su hermano. Karl más bien está aliviado de la partida de aquel al que

ya no llama de otro modo que "ese holgazán de Edgar".

A fines de noviembre, algunos obreros de Cracovia se rebelan

 

contra sus patrones y desatan motines, lo que acarrea una interven-

ción de Austria, que anexa la ciudad. Gran conmoción en Europa. En

 

París, Frédéric Chopin, enfermo, compone entonces su más bella bar-

carola en homenaje a sus compatriotas. Marx escribe varios artículos

 

que sostienen la causa de los obreros polacos tironeados entre los ocu-

pantes rusos y austríacos y sus patrones polacos. Muchos dirigentes

 

socialistas evocan entonces la necesidad de crear una verdadera soli-

daridad internacional obrera para hacer frente a tales situaciones.

 

Karl piensa más que nunca que su Comité de Correspondencia debe

asumir ese papel. Para eso, hay que tejer una red internacional y

tomar el poder en el seno de la Liga de Londres.  A fines de año envía a Engels a París para formar, con los militan-

tes franceses y los refugiados alemanes, un Comí té parisino vincu-

lado con el suyo. Con el pretexto de sustraerlos a la influencia del "co-

munismo artesanal y filosófico" de Griin y Proudhon, Engels crea en

 

París un grupúsculo, se hace designar su jefe y vuelve a Bruselas.

En enero de 1847, en Londres, la autoridad central de la Liga de

 

los Justos comienza a interesarse en ese Comité de Bruselas, tan diná-

mico; despacha a uno de sus miembros a Bélgica para proponer que el

 

Comité se vincule con ella. Marx y Engels aceptan, convencidos de

que podrán tomar el poder en la Liga cuando sean admitidos. En

 

marzo, el Comité de Bruselas, pues, se afilia oficialmente a la autori-

dad central de la Liga de los Justos y cambia su apelativo por el de

 

Comuna de Bruselas. En el mismo momento, Karl se pone a escribir

 

para un diario alemán editado en Bruselas, el Deutsche-Brüsseler Zei-

tung [Gaceta alemano-bruselense]. De paso, él, que para establecerse

 

en Bélgica se había comprometido a abstenerse de hacer política, co-

mienza a ser vigilado por las autoridades policiales.

 

Ese año, la situación económica general se degrada. Las malas co-

sechas, en parte debidas a una enfermedad de la papa y a las malas

 

condiciones meteorológicas, acarrean un alza en los precios de los pro-

ductos. agrícolas; las hambrunas producen en Europa más de medio

 

millón· de muertos. Esta nueva crisis ya no se parece totalmente a las

crisis agrícolas del pasado, porque se añaden una superproducción de

los productos industriales, quiebras de fábricas, el agravamiento de la

 

desocupación obrera. En Inglaterra, la industria del algodón y las com-

pañías ferroviarias están en crisis. Por todas partes en el continente es-

tallan conflictos con carácter social: atentados contra los transportistas

 

de grano en Francia, huelgas de hambre en Württemberg, revueltas del

pan en Génova, saqueo de las panaderías vienesas ...

En París, mientras que Abel Niépce de Saint-Víctor, sobrino de

 

Nicéphore, realiza la primera fotografía sobre placa de vidrio, la iz-

quierda se manifiesta. Marx publica en el Vorwarts, autorizado a rea-

parecer, un artículo en ocasión del tercer aniversario de la revuelta de

 

los tejedores silesios, que está al lado de un poema de Heine sobre el

mismo tema:

Ni una lágrima en sus ojos oscuros.

Sentados al telar, aprietan los dientes.

Alemania, estarnos tejiendo tu mortaja.

A la trama mezclarnos la triple maldición.

Tejernos, tejernos.

 

111

 

El 1 ode junio de 1847, el congreso de la Liga de los Justos ratifica en

Londres la afiliación del Comité belga y absorbe a la Sociedad de los

 

Demócratas Fraternos. Engels participa en ese congreso corno dele-

gado de la sección parisina de la Comuna de Bruselas; Wolff repre-

senta a esta ultima. Por falta de dinero, Marx se queda en Bélgica,

 

pero su influencia se ha vuelto considerable porque sus hombres

están en situación de fuerza en el señor de la Liga, y él ayuda a Joseph

 

Moll a preparar la reunión. Se trata de "reemplazar la mezcla de co-

munismo franco-inglés y de filosofía alemana, que constituía la doctrina

trina secreta de la Liga", 248 por una visión científica que pueda servir

 

Al combate de la vanguardia obrera. La Liga de los Justos debe aban-

donar su forma de sociedad secreta de conspiradores. 248 Por iniciativa

 

de Marx, cambia de nombre y se convierte en el Bund der Kommunis-

diez (Liga de los Comunistas) para diferenciarse de los socialistas

 

"verdaderos" o "falsos". También cambia de divisa: en vez del "Todos

los hombres son hermanos", del poeta Robert Burns, en adelante será:

 

"Proletarios de todos los países, ¡uníos!", eslogan surgido de las re-

vueltas obreras parisinas. Engels es el encargado de redactar la profe-

misión de fe de la nueva organización.

 

Para explicar el ascendiente de Karl, uno de sus colaboradores

posteriores, que todavía no lo conoce, se refiere haber oído decir a sus

viejos compañeros:

Los miembros de la Liga de los Comunistas lo llamaban el "tío

Marx", aunque todavía no había alcanzado la treintena [ ... ]. En

efecto, Marx estaba sólidamente construido: una altura por encima

de la media, los hombros anchos, el pecho bien desarrollado, tenía el

 

cuerpo bien proporcionado, aunque el tronco fuera un poco dema-

siado largo respecto de las piernas, lo que es frecuente entre los ju-

dios. Si hubiera hecho gimnasia en su juventud, se habría vuelto ex-

tremadamente fuerte. El único ejercicio físico que practicaba.

 

regularmente era la marcha; Podía caminar o trepar colinas durante

horas, charlando y fumando, sin experimentar la menor fatiga [ ... ].

Puede afirmarse que, en su despacho, trabajaba caminando, sentándose sólo por cortos momentos para escribir lo que su cerebro había

 

elaborado mientras iba y venía por la habitación. Incluso convertir

sando, le gustaba caminar, deteniéndose cada tanto cuando la discusión.

sión se animaba o la entrevista adquiría importancia. 161

 

Para engrosar las filas de sus partidarios y adquirir una posición de

fuerza en el interior de la nueva Liga de los Comunistas, Marx funda

 

en Bruselas, en agosto de 1847, una Asociación de los Obreros Alemanes

nes sobre el modelo de la que vio funcionar en Londres, y en la que

 

pfonsa desde hace dos años. Es una organización de masas que pro-

pone a los trabajadores alemanes no politizados establecidos en Bél-

gica esparcimientos que van de la instrucción general y cívica a los

 

juegos, el canto y formas de iniciación al arte dramático. presidida

 

por Moses Hess, que todavía conserva ese lazo con Marx, con Wil-

helm Wolff corno tesorero, los miércoles organiza un debate sobre las

 

cuestiones obreras, y los domingos, una discusión política (las muje-

res pueden asistir). La Asociación de los Obreros Alemanes se rela-

ciona con sociedades obreras flamencas y valonas, y destaca a sus

 

miembros más activos y más políticamente motivados a la Comuna

bruselense de la Liga.

A comienzos de septiembre de 1847, cuando aparece en Bruselas

 

Miseria de la filosofía, su libro contra Proudhon redactado directa-

mente en francés, la ruptura de Marx con los padres franceses del so-

cialismo está consumada. La obra es tenida en cuenta, pero no pro-

duce ningún ingreso a su autor. Entonces Karl pide prestado a

 

derecha e izquierda para sobrevivir, y escribe -quejándose de esto

 

con Pavel Annenkov, que entonces le sirve de secretario- que "los in-

gresos de mi mujer no son suficientes", lo que permite sobreentender

 

que todavía recibe algún subsidio de Tréveris.

En París, las aspiraciones republicanas parecen recuperar algo de

 

vigor tras diecisiete años de letargo. El 9 de julio de 1847, una "cam-

paña de banquetes" reúne en Francia a toda la oposición republicana

 

alrededor de una reivindicación única: la reforma electoral. El ban-

quete es un medio de desbaratar la prohibición policial de hacer pro-

paganda.

 

En septiembre de 1847, en el mismo momento en que, en Londres,

la Liga hace aparecer el primer número de su revista con el epígrafe

de la divisa "Proletarios de todos los países, ¡uníos!", Karl participa  en Bruselas de un banquete para celebrar la fratemizadón universal

 

de los trabajadores. Se cuentan dento veinte invitados: belgas, alema-

nes, suizos, franceses, polacos, un italiano y un ruso. En esa ocasión, se

 

decide la creación de una Asociación Democrática para la unión de

todos los países. Entre los alemanes: Karl Marx, Moses Hess, Georg

 

Weerth, los dos Wolff, Stephan Born, Bornstaedt. La primera manifes-

tación importante de esta sociedad es la conmemoración de la insu-

rrección polaca del 29 de noviembre. Marx afilia la Asociación Demo-

crática, estructura belga, a la Liga, y pretende convertirla en un partido

 

político belga donde se encontrarían los "revolucionarios proletarios".

Entonces le llega la mejor noticia que podía esperar: le ha nacido un

hijo, que Jenny decide llamar Edgar en honor a su hermano, que había

partido a Norteamérica. Karl esperaba desde hacía mucho tiempo un

hijo con quien pudiese tener las mismas relaciones que él con su padre.

 

En octubre, en un artículo muy importante publicado por el dia-

rio alemán de Bruselas, el Deutsche-Brüsseler Zeitung, bajo el título "La

 

crítica moralizadora", Marx expone una idea que ya desarrolló sin ha-

berla publicado todavía: la revolución socialista sólo ocurrirá mucho

 

después de la revolución burguesa. Si "el proletariado derroca la do-

minación política de la burguesía, su victoria sólo constituirá una

 

etapa en el proceso de la propia revolución burguesa, y favorecerá la

 

causa de ésta". El proletariado sólo podrá lograr una verdadera victo-

ria sobre la burguesía cuando "la marcha de la Historia haya elabo-

rado los factores materiales que crearán la necesidad de poner fin a

 

los métodos burgueses de producción y, en consecuencia, a la domina-

nación política de la burguesía". 28 Al tomar partido contra el Terror,

 

Marx escribe magníficamente:

 

El reino del Terror en Francia sólo sirvió para borrar, como por mila-

gro, bajo sus terribles mazazos, todas las ruinas del feudalismo de la

 

superficie de Francia. Con su circunspección timorata, la burguesía

 

no habría podido terminar con ese trabajo en varios decenios. Por con-

siguiente, los actos sangrientos del pueblo sólo sirvieron para nivelar

 

la ruta de la burguesía. 28

~s en el marco de la democracia parlamentaria donde nacerá el de-

'ate político necesario para la emergencia de la conciencia política

lel proletariado:   Así como en Inglaterra los obreros constituyen un partido político

 

bajo el nombre de cartistas, en América del Norte constituyen un par-

tido político bajo el nombre de reformadores nacionales; su grito de

 

guerra de ningún modo es "monarquía o república" sino "domina-

ción de la clase obrera o dominación de la clase burguesa". Es preci-

Samente en la sociedad burguesa moderna, con sus formas políticas.

 

corresponsales -Estado representativo, constitucional o republi-

cano-, donde la "cuestión de la propiedad" se ha convertido en la

 

"cuestión social" más importante.28

Lejos estamos, en este texto, del uso que se hará de su pensamiento:

Marx está contra el Terror, que a su juicio sólo sirvió a la burguesía; es

hostil a toda revolución en los países donde capitalismo y democracia

todavía no están suficientemente desarrollados; piensa que sólo en el

 

marco de la democracia parlamentaria podrá nacer la conciencia re-

volucionaria de la clase obrera. Al leer este texto, puede comprender-

Derse por qué jamás creerá en el éxito de una revolución comunista.

 

únicamente en Rusia.

En octubre de 1847, por intermedio de su cuñado Schmalhausen,

de Maastricht, Karl negocia con su madre la restitución de su parte de

la herencia paterna.101 En vano.

 

El 15 de noviembre de 1847 acepta la vicepresidencia de la Aso-

ciación Democrática, cuyo presidente es el belga Lucien Jottrand y

 

cuyo objetivo de ahora en adelante es abiertamente crear "de manera

 

progresiva un partido democrático fuerte, unido y organizado en Bel-

gica". Marx se encuentra ahora en ruptura completa con el compro-

miso que ganó, a su llegada a Bruselas, de no mezclarse en política.

 

Sin embargo, el poder belga todavía no se lo reprocha, aunque la vigilancia

lancia de que es objeto se estrecha.

 

El 29 de noviembre, en París, en el curso de un banquete conme-

morativo que celebra a la vez el primer aniversario del aplastamiento

 

de la insurrección de Cracovia y la revuelta polaca de 1830, Bakunin,

que todavía se encuentra en la capital francesa, exhorta a polacos ya

rusos "a unirse contra el yugo extranjero". Es expulsado de Francia,

a solicitud del embajador ruso Kiselev, y se refugia en Suiza.

El mismo día se abre en Londres el II Congreso de la Liga de los

ComunJ~tas. Se ha organizado un mitín para conmemorar la revuelta

polaca d~ 1830. Marx y Engels están ambos presentes: éste en nombre   de la Comuna de París, aquél en el de la Asociación Democrática de

Bruselas (pero no en nombre de la Comuna de Bruselas). Karl declara:

 

Comparado con otros países, Inglaterra es el país donde el antago-

nismo alcanzó el más alto nivel de desarrollo. Por eso la victoria de los

 

proletarios ingleses sobre la burguesía inglesa tiene una importancia

decisiva para la victoria de todos los oprimidos sobre los opresores.

¡Por eso hay que liberar a Polonia en Inglaterra, y no en Polonia! 4

Al término de largos debates se decide, a partir de una propuesta de

 

Engels, reemplace la "profesión de fe" prevista en el precedente con-

ingreso por un "manifiesto comunista" que Karl es encargado de redacción

tar sobre la base del borrador de la profesión de fe esbozado por Frie-

drich, que no había logrado ir más allá de una lista de doce puntos.

 

En diciembre, Engels todavía se encuentra en Londres, donde

asiste a la reunión del comité central de la Liga. Donde se estipula que el

objetivo de la organización es "derrocar a la burguesía, establecer la

 

dominación del proletariado, abolir la vieja sociedad burguesa fun-

dada en el antagonismo de clase, e instaurar una nueva sociedad sin

 

clases ni propiedad privada".

Engels llega a París en enero de 1848, y en las camaradas de la

 

Liga no descubre sino desmoralización, rivalidades internas y mez-

quindades. Comprueba la persistencia de la influencia de Proudhon y

 

de Weitling sobre los medios obreros franceses. Vuelve a Bruselas el

31 de enero, desanimado.

Mientras tanto, Marx, nuevamente en Bruselas, no ha comenzado

a redactar el manifiesto que la Liga le reclama no sin impaciencia.

Ocurre que está ocupado preparando dos importantes discursos que

pronunciará a comienzos de enero de 1848 y que, tanto uno como

otro, marcan un giro en su pensamiento.

Uno trata sobre el librecambio. Mientras todavía se debate acerca

de la abolición de las Corn Laws que protegen la agricultura inglesa,

 

Karl pretende explicar a los obreros por qué el librecambio y la uni-

Versalización de los mercados son deseables: al acelerar el desarrollo.

 

del capitalismo, la universalización abrirá el camino al socialismo. el

 

9 de enero de 1848, en Bruselas, ante la Asociación Democrática, pro-

nuncia esa alocución capital sobre el librecambio, tan alejada, una vez

 

más, de lo que muchos, incluso hoy, le hacen decir: La situación más favorable para el trabajador es la del crecimiento

 

del capital, hay que admitirlo[ ... ]. En general, el sistema de protección

nista de hoy es conservador, mientras que el librecambio es destructivo.

colina. Rompe las viejas naciones y lleva al extremo el antagonismo

 

entre el proletariado y la burguesía. En una palabra, el librecambio

acelerar la revolución, ¡y es con un objetivo revolucionario, señores,

¡Que voto a favor del librecambio! 31

 

El espíritu del mundo concibe el socialismo como desenlace de la uni-

versalización del mercado.

 

El otro discurso se refiere a la explotación: en este texto pronun-

ciado en la misma época, esta vez en Bruselas, pero siempre ante la

 

Asociación de los Obreros Alemanes, y que más tarde será conocido

con el título de Trabajo asalariado y capital, Karl describe por primera

vez las grandes líneas de su teoría de la plusvalía. En esta suerte de

 

curso inaugural de economía dispensado a obreros, en efecto, se en-

cuentran bosquejadas sus ideas sobre la manera en que los capitalis-

tas se apropian del valor creado por los obreros, remunerándolos tan

 

sólo por lo que cuestan para reproducirse y no por lo que producen:

En consecuencia, el salario no es una parte del obrero en la mercancía

que produce. El salario es la parte de las mercancías ya existentes con

que el capitalista adquiere una cantidad determinada de fuerza de

 

trabajo productiva. La fuerza de trabajo, por lo tanto, es una mercan-

cía que su poseedor, el asalariado, vende al capital. ¿Por qué la

 

vende? Para vivír. 35

 

Sin embargo, un poco por todas partes en Europa, las autocracias co-

mienzan a resquebrajarse. El 12 de enero de 1848, en Palermo y en Ná-

po~es, un motín obliga a Fernando 11 a conceder una constitución. El

 

acdntecimiento señala el comienzo de las revoluciones de 1848. \

 

/;El 26 de enero de 1848, el comité central de la Liga de los comunis-

tás se enoja: comunica de Londres al comité regional de Bruselas una

 

~~.cisión del 24 de enero exhortando a Marx a entregar su manuscrito

del Manifiesto para impresión antes del 1° de febrero o a restituir los

document~s puestos a su disposición para escribirlo. Karl se decide y,

 

en una sem\ma, la última de ese mes de enero de 1848, redacta el Manifiesto comunista.

  Sí. Este tramo es decisivo porque ahora podemos ver al Marx de carne y hueso haciendo exactamente aquello que luego su teoría intentará explicar: transformar una red de relaciones en una organización capaz de actuar sobre la realidad.

Y aquí aparece una tensión que me parece más profunda que la simple oposición “Marx autoritario / Marx revolucionario”.

1. La “purificación” comienza como exclusión

La palabra que usa el texto es reveladora:

“purificación del comunismo”.

Marx quiere purificarlo de:

artesanos + filósofos → comunismo que Marx considera insuficiente

y establece:

doctrina clara → organización → acción revolucionaria.

Pero observa lo que ocurre inmediatamente:

purificación → línea → exclusión → Comité más homogéneo.

Weitling sale.

Grün sale.

Kriege sale.

Hess se distancia.

Proudhon se niega.

Aquí nuestra noción de tercer orden encuentra una dificultad real:

Marx está aprendiendo a alterar una organización, pero todavía no parece capaz de permitir que la organización lo altere a él en la misma medida.

La organización se convierte en una máquina de selección:

posición marxiana → línea → pertenencia/exclusión.

Y eso es justamente lo contrario de la comunidad en biotejido.

No porque haya que aceptar cualquier posición.

Sino porque la pregunta es:

¿puede una organización excluir una posición sin convertir la exclusión en fundamento de su propia identidad?


2. Weitling toca una herida muy profunda de Marx

El choque con Weitling no es simplemente:

teoría vs ignorancia.

Hay algo más.

Weitling dice, en sustancia:

obreros → experiencia → acción.

Marx responde:

acción sin teoría → ruido → fracaso.

Aquí hay una intuición marxiana muy fuerte: la indignación no basta para transformar una estructura histórica.

Pero Marx transforma esa intuición en una jerarquía:

doctrina clara → acción correcta.

Y ahí aparece el problema.

Porque:

teoría → acción

puede convertirse en:

teoría → criterio → autoridad.

Y entonces:

autoridad teórica → exclusión.

La frase “¡La ignorancia jamás ayudó a nadie!” puede ser intelectualmente defendible, pero políticamente contiene una potencia peligrosa:

quien determina qué cuenta como conocimiento puede determinar quién pertenece al movimiento.


3. Y Proudhon ve inmediatamente el peligro

La respuesta de Proudhon es extraordinaria:

“Tras haber demolido todos los dogmatismos a priori, no pensemos a nuestra vez en adoctrinar al pueblo”.

Aquí Proudhon contraaltera a Marx.

No necesitamos decidir todavía que Proudhon tiene razón.

Lo importante es que introduzca una pregunta que Marx no consigue absorber:

¿quién vigila al que vigila la doctrina?

O en nuestra formulación:

organización → línea → exclusión

pero:

¿quién altera la línea?

Marx parece responder:

la realidad histórica.

Pero la organización concreta necesita alguien que interprete esa realidad.

Y entonces:

realidad → teoría → dirección → organización.

El problema reaparece.


4. Y aquí aparece el “dictador democrático”

Este testimonio es brutalmente importante:

“una convicción inquebrantable”

“una manera perentoria que no admitía ninguna contradicción”

“la certeza de que su misión era dominar todos los espíritus”

“dictador democrático”.

No deberíamos tomar automáticamente estas frases como diagnóstico definitivo de Marx.

Pero tampoco las suavizas.

Porque el Marx de este período parece estar desarrollando una capacidad de organización extraordinaria , y esa capacidad viene acompañada de una dificultad creciente para tolerar contradicciones internas.

La fórmula podría ser:

potencia intelectual → capacidad organizativa → autoridad → control.

Y esto conecta directamente con lo que estábamos estudiando:

potencia → poder.

Marx todavía necesita que la potencia se convierta en poder para poder actuar históricamente.

Todavía no hemos llegado a la absolución de la potencia.


5. Pero hay una contradicción preciosa: Marx necesita una red que no controla completamente

Porque simultáneamente está construyendo algo internacional:

Bruselas ↔ Londres ↔ París ↔ Polonia ↔ Alemania ↔ Inglaterra.

Está pensando en términos de rojo.

Y, sin embargo, quiere controlar el centro de esa red.

Ahí aparece una tensión extraordinariamente actual:

RED → multiplicidad

versus

CENTRO → dirección.

Marx quiere ambas cosas.

Quiere:

internacionalidad

pero también:

coherencia.

Quiere:

proletarios de todos los países

pero necesita:

una línea común.

No es una contradicción accidental.

Es el problema constitutivo de toda organización revolucionaria.

¿Cómo puede una multiplicidad actuar conjuntamente sin convertirse en identidad?


6. Y entonces aparece el giro extraordinario de 1847

La Liga de los Justos abandona:

“Todos los hombres son hermanos”

y adopta:

“Proletarios de todos los países, ¡uníos!”

Este cambio es enorme.

No es simplemente un cambio de lema.

Es el desplazamiento:

humanidad → clase.

El universal abstracto:

todos los hombres

es sustituido por un universal situado:

proletarios de todos los países.

Eso le da una potencia política mucho mayor.

Pero también presentamos una nueva identidad:

proletario → nosotros.

Y aquí vuelve nuestro problema:

identidad burguesa → identidad proletaria.

Marx intenta superar una identidad mediante otra.

La pregunta que tendremos que llevar hasta el límite será:

¿cómo puede el proletariado constituirse como sujeto sin convertirse en una nueva sustancia?


7. Y entonces Marx dice algo que suele olvidarse

En octubre de 1847 afirma:

proletariado derroca burguesía

pero:

eso todavía no es la victoria definitiva.

Dice que la revolución burguesa tiene que desarrollar sus propias condiciones.

Y en La crítica moralizadora aparece una idea importantísima:

el proletariado que derroca políticamente a la burguesía todavía estaría atravesando una etapa del proceso revolucionario burgués.

Esto altera bastante la imagen vulgar de Marx.

Marx está diciendo:

revolución política ≠ revolución social definitiva.

Y también:

poder proletario ≠ comunismo realizado.

Eso es fundamental para nuestra lectura.

Porque Marx ya está viendo que una transformación del poder político no equivale automáticamente a la transformación de las relaciones sociales.


8. Su crítica del Terror es todavía más reveladora

Marx dice que el Terror francés terminó sirviendo a la burguesía porque destruyó violentamente restos feudales y preparó el terreno para la sociedad burguesa.

Es decir:

violencia revolucionaria → transformación → resultado histórico diferente de la intención.

Aquí aparece algo muy cercano a nuestra contraalteración:

la acción produce efectos que vuelven sobre el actor y modifican el sentido de la acción.

La revolución no controla completamente aquello que produce.

Esto será importantísimo para nosotros.

Porque Marx todavía quiere controlar la revolución, pero su propia historia le está mostrando:

acción → consecuencia → contraalteración.


9. Y aquí aparece el Marx más interesante de este fragmento

Dice que la conciencia política proletaria se desarrollará precisamente dentro de la sociedad burguesa y sus instituciones representativas.

Esto es extraordinariamente dialéctico:

burguesía → democracia → organización obrera → conciencia proletaria → superación de burguesía.

El sistema produce las condiciones de su propia alteración.

Pero hay una ironía:

Marx está utilizando la libertad política burguesa para construir la fuerza que pretende superar el orden burgués.

Eso significa que la burguesía no es simplemente un enemigo exterior.

Es también mediación de la formación del proletariado.

Y esto nos devuelve a nuestra lógica:

identidad burguesa → produce diferencia proletaria

pero:

diferencia proletaria → nace dentro de identidad burguesa.

La diferencia ya está inscrita en aquello que pretende superar.

Esto es exactamente la cinta de Möbius que acabamos de discutir.


10. Y luego viene algo extraordinario: el librecambio

Marx dice en 1848 algo que después será muy incómodo para las lecturas dogmáticas:

librecambio → aceleración del capitalismo → universalización del mercado → antagonismo → revolución.

No está diciendo:

librecambio = bueno.

Está diciendo:

el desarrollo de las fuerzas capitalistas acelera las condiciones históricas de su propia superación.

Aquí Marx piensa todavía en una lógica muy potente:

capital → universalización → contradicción → revolución.

Y esto nos prepara para algo que será central en El capital:

el capital no es solamente aquello que debemos combatir; es también el proceso que produce las condiciones de su propia crisis.

Pero aquí aparece nuestro Marx de carne y hueso:

él no está intentando escapar del desarrollo capitalista.

Está intentando comprenderlo para intervenir dentro de él.


11. Y entonces llega “Trabajo asalariado y capital”

Aquí comienza otra mutación.

Hasta ahora:

alienación → filosofía

empieza a convertirse en:

fuerza de trabajo → mercancía → salario → capital.

Es decir:

alienación → economía política.

Esto es importantísimo para tu peregrinaje.

Porque Marx empieza a traducir una categoría ontológico-filosófica —la enajenación— a una estructura económica concreta.

Y allí debemos seguirlo con muchísimo cuidado.

Porque la pregunta será:

¿qué gana Marx al pasar de la enajenación a la relación capital-trabajo y qué pierde?


12. Y finalmente aparece el Manifiesto

Ahora entendemos mejor por qué el Manifiesto no cae del cielo.

La secuencia ha sido:

Marx filósofo

Marx exiliado

Marx periodista

Marx interlocutor

Marx con Engels

Marx organizador

Marx excluyente

Marx internacionalista

Marx economista

Marx revolucionario

Marx autor del Manifiesto.

Y esto es muchísimo más interesante que decir:

“Marx descubrió el comunismo.”

Marx fue producido por una red de alteraciones.

Pero simultáneamente comenzó a convertirse en alguien que quería organizar y controlar esa red.

Ahí está la contradicción viva.


Y aquí creo que tenemos nuestra primera gran fórmula sobre el Marx de carne y hueso

No todavía:

Marx → poder → dogma.

Eso sería Gasparín.

Más bien:

Marx → alteración

alteración → organización

organización → dirección

dirección → exclusión

exclusión → homogeneización

homogeneización → potencia

potencia → acción

acción → transformación

transformación → contraalteración.

Y entonces aparece la pregunta que Marx todavía no puede resolver:

¿quién contraaltera al organizador cuando éste se convierte en condición de la organización?

Ahí está, para mí, el punto exacto donde nuestro Marx de carne y hueso comienza a encontrarse con nuestro problema de tercer orden.

Porque Marx ya descubrió algo formidable:

la sociedad produce al revolucionario.

Lo que todavía tendremos que investigar es si llega a descubrir plenamente la otra mitad:

el revolucionario también produce una sociedad que puede terminar produciendo al revolucionario como poder extraño.

Y ese será el peregrinaje que nos llevará de 1844 a 1848, y después hacia El capital.

No necesitamos todavía juzgarlo.

Tenemos que dejar que Marx se altere históricamente delante de nosotros.

Para él, se trata de un texto circunstancial, no de una obra perso-

nal. Por eso lo escribe al correr de la pluma, sin siquiera releerlo, y lo

 

suelta con facilidad, a diferencia de lo que habría hecho con un texto

firmado por él.

 

Por eso, ¡extraordinario mes de enero de 1848, donde habrá pro-

ducido tres de sus textos mayores! Tres textos que permite divulgar:

 

los dos primeros porque se trata de discursos, el último porque no lo

firma.

En consecuencia, Marx retoma los doce puntos enumerados el

 

año anterior por Engels, los condensa en diez y redacta la primera ex-

posición completa del materialismo histórico, el primer texto también

 

donde el proletariado aparece como una clase condenada a "pauperi-

zarse", como se dice en la época, una clase "radicalmente desprovista

 

de ilusiones": el Manifiesto comunista. Este texto, que emana de un

joven filósofo alemán desconocido, de menos de 30 años, refugiado

en Bruselas, se convertirá en el texto no religioso más difundido hasta

nuestros días.

 

Para muchos biógrafos de Marx, el Manifiesto marcaría una rup-

tura con sus escritos precedentes, en la medida en que en él renuncia-

ría al individualismo de los Manuscritos de 1844 y de La ideología ale-

mana. Algunos hablan incluso de un "antihumanismo teórico". 56 No

 

es así: en la continuidad de los textos precedentes, el Manifiesto

avanza ha~!a una concepción más completa del materialismo, en la

cualJsi.lucha de clases es el motor principal de la Historia, y el prole-

~ñado, el creador en marcha de una sociedad nueva. Es el comienzo

 

del socialismo científico, el pasaje a la acción política para la con-

quista del poder.

 

El Manifiesto se abre con un llamado que centenares de míllones

de personas a través del mundo leyeron, a lo largo de un siglo, y que

incluso muchos de ellos aprendieron de memoria:

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las

fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar

a ese fantasma: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales

franceses y los polizontes alemanes. ¿Qué partido de oposición no ha

sido motejado de comunista por sus adversarios en el poder? ¿Qué

 

r partido de oposición a su vez no ha lanzado, tanto a los representan-

tes más avanzados de la oposición como a sus enemigos reacciona ríos, el epíteto infamante de comunista? De este hecho resulta una

doble enseñanza. Que el comunismo está ya reconocido como una

fuerza por todas las potencias de Europa. Que ya es hora de que los

comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus

fines y sus aspiraciones; que opongan a la leyenda del fantasma del

 

comunismo un manifiesto del propio Partido. Con este fin, comunis-

tas de diversas nacionalidades se han reunido en Londres y han re-

dactado el siguiente manifiesto, que será publicado en inglés, fran-

cés, alemán, italiano, flamenco y danés.41

 

Y continúa de este modo:

La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros

días es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos,

patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una

palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron

una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta¡ lucha

que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la

 

sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes [. .. ]. La mo-

derna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la so-

ciedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Única-

mente ha sustituido las viejas clases, las vieías condiciones de

 

opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas. Nuestra época,

 

la época de Ja burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simpli-

ficado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose

 

cada vez más en dos grandes campos enemigos, en dos grandes cla-

ses que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.41

 

Una lucha entre dominantes y dominados, explotadores y explota-

dos. En el origen, dice Marx, la sociedad primitiva permitía que cada

 

uno fuera libre de ejecutar el trabajo necesario para su supervivencia.

La división del trabajo acarreó el enriquecimiento de la humanidad y

 

la aparición de las clases sociales. Hoy en día, el capitalismo simpli-

fica los antagonismos entre éstas: en vez de los múltiples estratos de

 

castas y de clases que marcaron a las sociedades anteriores, el capita-

lismo se caracteriza por una situación que no puede ser más sencilla:

 

"Dos clases enemigas, la burguesía y el proletariado". Todo, inclusive

la naturaleza del Estado, se explica desde entonces en términos de lu chas de clases: "El poder político, hablando con propiedad, es el

poder organizado de una clase para la opresión de otra". 41

 

En el capitalismo, la misma burguesía representa un papel revo-

lucionario al desquiciar el potencial productivo de la humanidad,

 

quebrar el aislamiento nacional, crear vastas metrópolis y aniquilar el

feudalismo. A juicio de Marx, se trata aquí de un papel positivo. De

este modo, escribe las más bellas páginas jamás publicadas a la gloria

de la burguesía, que aún hoy en día conviene leer una y otra vez:

 

La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar ince-

santemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las

 

relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales [ ... ].

Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción

de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento

constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores.

Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de

 

creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nue-

vas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo esta-

mental y estancado se esfuma [ ... ]. Y la libre competencia derriba

 

todas las fronteras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen

la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace

capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros

[ ... ]. Ha aumentado enormemente la población de las ciudades en

 

comparación con la del campo, lo que constituye un formidable pro-

greso porque, de ese modo, sustrajo una gran parte de la población al

 

idiotismo de la vida rural. 41

Marx continúa con el más bello elogio profético de la globalización

venidera:

 

Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un ca-

rácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países.

 

En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacio-

nales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción

 

productos de los países más apartados y de los climas más diversos. Y

 

lo que es cierto de la producción material no lo es menos de las pro-

ducciones del espíritu[ ... ]. Las ideas de libertad religiosa y de libertad

 

de conciencia no hicieron más que reflejar el reinado de la libre concu rrencia en el dominio de la conciencia[ ... ]. Merced al rápido perfeccio-

namiento de los instrumentos de producción y al constante progreso

 

de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de

la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras.41

Ninguna vuelta atrás es posible porque "¡no se puede volver atrás la

rueda de la Historia!" .

41

 

Pero, al mismo tiempo, el Manifiesto constituye una feroz denun-

cia de la explotación de la clase obrera:

 

El obrero no vive sino para acrecentar el capital, y tan sólo en la me-

dida en que el interés de la clase dominante exige que viva[ ... ]. La

 

industria moderna ha transformado el pequeño taller del maestro pa-

triarcal en la gran fábrica del capitalista industrial. Masas de obreros,

 

hacinados en la fábrica, están organizados en forma militar. Como

soldados rasos de la industria, están colocados bajo la vigilancia de

una jerarquía completa de oficiales y suboficiales. No son solamente

esclavos de la clase burguesa, del Estado burgués, sino diariamente,

a todas horas, esclavos de la máquina, del capataz y, sobre todo, del

patrón de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino,

 

odioso y exasperante cuanto mayor es la franqueza con que se pro-

clama que no tiene otro fin que el lucro[ ... ]. De todas las clases que

 

hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase

verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando

y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado,

 

en cambio, es su producto más peculiar. Las capas medias: el pe-

queño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino,

 

todas ellas luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su exis-

tencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarías, sino

 

conservadoras. Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden

volver atrás la rueda de la Historia. Son revolucionarias únicamente

 

cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al prole-

tariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses

 

futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar

los del proletariado. 41

La respuesta a la explotación no reside en el "socialismo verdadero"

de los proudhonianos, que no es más que "una especulación [ ...

sobre la realización de la esencia humana" y que, hablando de la

 

"alienación de la naturaleza humana" para criticar el régimen del di-

nero, profiere un" absurdo filosófíco" .

 

41 No, conviene llamar al prole-

tariado internacional a no considerar más que sus propios intereses y

 

a derrocar a los regímenes tanto autoritarios corno "burgueses", vale

decir, parlamentarios. Pero no para "tornar" el poder: mientras que,

hasta entonces, cada clase oprimida que se adueñó del poder impuso

 

"sus" propias formas de propiedad y de explotación a toda la socie-

dad, la clase obrera, por su parte, no tiene propiedad; su tarea histó-

rica, por tanto, es abolir a la vez las clases, la propiedad privada y la

 

explotación.

El proletariado debe, en primer lugar, conquistar el poder político,

elevarse a la condición de clase nacional, constituirse a sí mismo

como nación. Mediante este acto sigue siendo sin duda nacional,

pero de ninguna manera en el sentido de la burguesía.41

 

En el comunismo, los bienes necesarios para la satisfacción de las ne-

cesidades elementales de la vida serán producidas y distribuidas gra-

tuitamente. Convertido en propiedad colectiva de todos, el capital no

 

fabricará ya un nuevo antagonismo de clases sino una sociedad sin

clases, en la cual todos los hombres serán realmente iguales.

 

Marx evacua entonces la cuestión del ejercicio del poder en la so-

sociedad comunista y la del papel del Estado en el periodo de transición

 

entre capitalismo y comunismo:

 

Una vez que en el curso del desarrollo hayan desaparecido las diferentes

rencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos

 

de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter

 

político. El poder político, hablando propiamente, es violencia o-

ganizada de una clase para la opresión de otra. Si en la lucha contra

 

la burguesía el proletariado se constituye indefectiblemente en

clase, si mediante la revolución se convierte en clase dominante y,

 

en cuanto clase dominante, suprime por la fuerza las viejas relacio-

nes de producción, suprime, al mismo tiempo que estas relaciones

 

de producción, las condiciones para la existencia del antagonismo de

clase y de las clases en general, y, por tanto, su propia dominación

como dase.

En la misma época, el 28 de enero de 1848, en París, en la tribuna del

Palacio Borbón, diputado liberal, Alexis de Tocqueville, anuncia

su temor por la inminencia de una revolución. A su juicio, resultará

del desgaste del régimen, del conservadurismo de los partidarios del

 

orden, de la ira de los partidarios del sufragio universal, de la miseria.

ria popular y del retorno de la idea de revolución en las sociedades

 

obreras.

 

En efecto, algunos días más tarde estalla esta revolución, precisa-

mente cuando el texto del Manifiesto está siendo encuadernado en

 

Londres y listo para su publicación en alemán en las prensas de la im-

prenta Burghard, por medio de personajes góticos comprados allende

 

el Rin. El folleto aparece sin mención de autor: es atribuido a la Liga

de los Comunistas.

 

Simultáneamente, el 2 de febrero de 1848, se firma en Norteamé-

rica el tratado de Guadalupe Hidalgo, en cuyos términos México cede

 

a los Estados Unidos los territorios de Texas -donde se encuentra

Edgar, el hermano de Jenny-, California y varios otros.

El 10 de febrero de 1848, en Bruselas, Marx recibe por fin de su

 

madre una parte de la herencia paterna, o sea, la suma bastante consi-

Derable de 6.000 francos oro (l.700 táleros). Intrigada por la importada

tancia de esta suma, la policía belga pide a las autoridades de Tréveris

 

que interroguen a la anciana señora; ésta confirma que realmente se

Se trata de un pago que su hijo había reclamado desde hacía tiempo para

subvenir al mantenimiento de su familia. 230

 

En París, el 12 de febrero, Guizot y la mayoría de la Cámara recha-

zan una modesta enmienda parlamentaria que solicita al gobierno

 

que iniciar reformas "juiciosas y moderadas".

 

163 El 14, Guizot prohíbe

la celebración de banquetes republicanos, luego movilizarse a la tropa y

 

ordena a la Guardia Nacional parisina que reprima las perturbacio-

nes, cosa que ésta se rehúsa a hacer. Juntos, estudiantes y obreros -el

 

aInfinito inferior" del que habla Hugo y la "vil multitud" de la que

habla Thiers- se rebelan.163 Por la tarde del 23 de febrero, la Guardia

 

Nacional se pasa al campo de los insurgentes, que toman el Ayunta-

miento y el palacio de las Tullerías. Dieciséis de ellos caen bajo las

 

balas de la tropa. Luis Felipe debe abdicar. Se forma un gobierno re-

publicano provisional, en el que figuran Ferdinand Flocon, redactor

 

en jefe de un diario liberal, La Réforme, y dos demócratas socialistas,

Louis Blanc y el "obrero" Albert, a quien el rumor presenta como el jefe indiscutido de una sociedad secreta.163 Este gobierno proclama la

Segunda República, el derecho al trabajo, y deroga la pena de muerte

en materia política.

El 26 de febrero se produce el acontecimiento que Marx espera

 

desde hace dos años: en Londres, a sugerencia de Engels, los dirigen-

tes de la Liga de los Comunistas, apostando a una extensión de la in-

surrección en Bélgica, deciden transferir la autoridad central de Lon-

dres a Bruselas, lo que equivale a entregar a Marx las llaves de la

 

organización. Por otra parte, es elegido de inmediato presidente de

un nuevo comité directivo de la Liga, compuesto esencialmente por

sus amigos: Friedrich Engels, Wilhelm Wolff, Heinrich Bauer, Joseph

Moll y Karl Wallau; Karl Schapper es su secretario. Inquieto al ver que

ese movimiento que no puede ser más prusiano acerca su sede a sus

fronteras, el gobierno de Berlín presiona a las autoridades belgas para

que expulsen a esos exaltados.

En París, el 2 de marzo, el gobierno limita la jornada de trabajo a

diez horas; afirma el principio del sufragio universal, la libertad total

de la prensa y el derecho de reunión. Para dar un contenido al derecho

al trabajo que acaba de ser proclamado, se crean talleres nacionales

que supuestamente emplearán a todos aquellos que aspiran a trabajar.

 

El 3 de marzo, el rey de los belgas, inquieto ante una agitación se-

mejante y cediendo a las presiones prusianas, decide echar del reino a

 

los refugiados alemanes que infringieron su promesa de neutralidad.

Marx, en particular, es expulsado de Bélgica, así corno Engels, que

narra el episodio en su estilo ya estereotipado:

 

Las autoridades belgas la emprendieron con los elementos más re-

volucionarios de la Asociación, y, como era de esperarse, los demó-

cratas pequeñoburgueses belgas no supieron ponerse a la cabeza de

 

las masas belgas. En tales condiciones, la actividad de la Asociación

Democrática se apagó progresivamente y cesó por completo a partir

de 1849.112

El mismo día, el periodista Ferdinand Flocon, miembro del gobierno

provisional de la Segunda República, refiere el destierro que afecta a

Marx en 1845 e invita a su colega para que vuelva a instalarse en

París. El comité central de la Liga da plenos poderes a Marx para que

la recree en París. No habrá pasado más de un mes en Bruselas ...

Sí. Aquí el Marx de carne y hueso empieza a aparecer con una fuerza distinta, porque el Manifiesto no nace como una obra destinada a expresar “el pensamiento de Marx”, sino como una intervención política circunstancial que, paradójicamente, termina convirtiéndose en la forma más duradera de su pensamiento.

Y eso produce una primera alteración importante: el texto que Marx no quería firmar termina firmando históricamente a Marx.

1. El primer acontecimiento: Marx escribe algo que no quiere poseer

La biografía dice algo aparentemente anecdótico: Marx lo escribe rápidamente, casi sin releerlo, porque es un texto circunstancial, colectivo, destinado a la Liga.

Esto es extraordinario desde nuestra Ciencia del Logos.

Tenemos:

Marx → escribe → texto → Liga

pero históricamente ocurre otra cosa:

Marx → texto → Liga → publicación → mundo → Marx

Es decir, la transferencia se invierte.

Marx cree que está produciendo un instrumento político que no necesita llevar su nombre. Pero el texto empieza a producir al propio Marx como figura histórica.

Ahí aparece ya una pequeña experiencia de aquello que después llamaremos contraalteración:

autor → obra

se convierte en:

obra → autor

Y Marx todavía no controla esa segunda dirección.

Por eso el hecho de que el Manifiesto salga sin firma individual es más profundo de lo que parece. El texto quiere hablar desde un nosotros colectivo:

“los comunistas”

Pero la historia terminará diciendo:

“Marx”.

Hay aquí una tensión entre autoría individual y enunciación colectiva que no debemos resolver demasiado rápido.


2. El fantasma: Marx comienza justamente con aquello que todavía no posee

Y ahora aparece la frase que va a marcar toda nuestra lectura:

Un fantasma recorre Europa.

No dice:

El comunismo está en Europa.

Dice:

un fantasma.

Eso es importantísimo.

El comunismo aparece inicialmente como presencia sin cuerpo, como algo que todavía no tiene una forma política plenamente constituida.

Y las potencias reaccionan ante él como si ya fuera una fuerza real.

Entonces tenemos:

fantasma → atribución → persecución → reconocimiento

El propio enemigo produce una paradoja:

persigue aquello cuya existencia todavía está intentando determinar.

Y Marx aprovecha esa paradoja:

"fantasma" → "fuerza" → "manifiesto"

El Manifiesto sería entonces una operación de pasar de la representación producida por el enemigo a la autodefinición de los comunistas.

Esto es exactamente lo que veníamos trabajando con Tausk, pero aquí en el plano político:

alteración → ¿qué es esto? → atribución → objeto → enemigo

El capitalismo y los poderes europeos dicen:

esto es comunismo.

Marx responde:

entonces hagamos que el comunismo diga qué es.

Ahí comienza el problema.

Porque el fantasma, que era abierto, comienza a adquirir identidad.


3. El Manifiesto intenta convertir el fantasma en sujeto

La frase decisiva es:

opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio Partido.

Mira el movimiento:

fantasma → leyenda → manifiesto → Partido

Es decir:

indeterminación → representación → identidad política

Esto tiene una potencia enorme.

Porque Marx comprende que no basta con ser representado por el enemigo. Hay que poder hablar desde sí mismo.

Pero inmediatamente aparece nuestro problema de tercer orden:

¿qué sucede cuando la capacidad de hablar desde sí mismo se convierte en una identidad que necesita conservarse?

El fantasma dice:

no sé todavía qué soy.

El Partido responde:

nosotros sabemos qué somos.

Ahí comienza una nueva determinación.

Y no debemos condenarla demasiado pronto. Sin esa determinación no habría acción política.

Por eso nuestra crítica no puede ser:

“Marx se equivocó al construir una identidad”.

Sería demasiado fácil.

La cuestión verdadera es:

¿puede una identidad política constituirse sin terminar confundiendo su propia determinación con aquello que pretende liberar?


4. “La historia de todas las sociedades...” y la enorme simplificación

Aquí hay que alterar un poco el texto que estamos leyendo.

La afirmación:

la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases

es potentísima como fórmula política, pero no debe confundirse con una descripción exhaustiva de toda la historia humana.

Y esto es importante porque el propio texto biográfico que estás leyendo parece presentar el materialismo histórico como si el Manifiesto fuese ya su primera exposición completa y acabada.

Históricamente es más complejo.

El Marx de 1848 está condensando una trayectoria todavía en elaboración. Y el famoso esquema:

opresores ↔ oprimidos

es una operación de compresión histórica.

Lo que antes aparecía como una multiplicidad:

señores / siervos / gremios / campesinos / comerciantes / artesanos / etc.

Marx lo lleva hacia:

burguesía ↔ proletariado.

Esta reducción tiene una enorme fuerza explicativa.

Pero precisamente porque tiene fuerza, también tiene peligro.

multiplicidad → polarización → claridad

y luego:

claridad → identidad → antagonismo

Aquí Marx está haciendo algo parecido a lo que posteriormente hará el algoritmo:

reduce complejidad para hacer visible una estructura operativa.

La diferencia es que Marx pretende que esa reducción revele una contradicción histórica real, mientras el algoritmo puede reducirla para administrarla.

Pero la estructura de operación tiene una semejanza inquietante:

complejidad → clasificación → campo → acción.


5. Y aquí Marx nos da una sorpresa: la burguesía es revolucionaria

Este es uno de los momentos donde yo no quisiera suavizar a Marx.

Marx admira realmente la potencia revolucionaria de la burguesía.

No está diciendo simplemente:

burguesía = mal.

Está diciendo algo mucho más incómodo:

burguesía → destrucción de formas anteriores → revolución permanente.

La burguesía:

  • destruye relaciones estancadas;
  • rompe fronteras;
  • universaliza mercados;
  • transforma producción;
  • transforma necesidades;
  • transforma ciudades;
  • transforma comunicaciones;
  • transforma incluso las ideas.

Y aparece una frase extraordinaria:

“Las nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse.”

Aquí Marx casi parece estar describiendo nuestro problema de la diferencia.

La modernidad burguesa funciona como una máquina de:

alteración permanente.

Nada consigue permanecer idéntico.

Pero justamente aquí aparece una paradoja que será fundamental para nuestro Marx de carne y hueso:

Marx critica al capitalismo utilizando una de las mayores intuiciones del capitalismo: su capacidad para revolucionarse permanentemente.

La burguesía no conserva el mundo.

Lo altera.

capital → alteración → nueva forma → nueva alteración

Esto explica por qué Marx no puede simplemente decir:

volvamos atrás.

Él mismo lo entiende:

no se puede volver atrás la rueda de la Historia.

Por tanto, Marx no es un reaccionario que quiera recuperar la comunidad perdida.

Quiere atravesar la potencia revolucionaria de la burguesía.


6. Aquí Marx se encuentra con Deleuze antes de Deleuze

Pero cuidado: no estoy diciendo que Marx sea deleuziano.

Digo que hay una resonancia.

La burguesía produce:

movimiento → transformación → disolución → nuevas relaciones → nuevos movimientos.

Esto se parece superficialmente al mundo de la diferencia y del devenir.

Pero Marx encuentra inmediatamente aquello que Deleuze obligará a mirar mucho después:

la capacidad de producir diferencia no significa estar libre de captura.

Porque la burguesía revoluciona constantemente:

producción → relaciones sociales → necesidades → mercados → nuevas formas

pero todo ese movimiento permanece organizado alrededor de:

capital → valorización.

Es decir:

el capitalismo no necesita detener la diferencia para capturarla.

Puede capturar precisamente haciéndola circular.

Y esto nos devuelve a nuestro Marx Gasparín, pero ahora desde Marx mismo:

Marx descubre la revolución permanente del capital

y nosotros, casi dos siglos después, podemos preguntarnos:

¿qué ocurre cuando el propio capitalismo aprende a revolucionarse contra sus propias formas?

Ahí comienza el capitalismo algorítmico.


7. Pero entonces llega la otra cara: la fábrica

Después de las páginas gloriosas sobre la burguesía viene la fábrica.

Y el contraste es brutal:

revolución permanente

se convierte en:

disciplina permanente.

Marx describe al obrero como:

esclavo de la máquina → capataz → patrón .

Aquí aparece algo que ya habíamos encontrado en Tausk:

la máquina deja de ser simplemente instrumento y comienza a organizar la experiencia del cuerpo.

Pero hay una diferencia decisiva.

En Tausk:

alteraciones corporales → atribución → máquina persecutoria .

En Marx:

organización productiva → máquina → disciplina del cuerpo .

En ambos casos aparece una pregunta:

¿cuándo una mediación deja de ser una herramienta y comienza a convertirse en una potencia que organiza al sujeto?

Y aquí Marx está viendo algo que será decisivo para nosotros:

trabajador → máquina → capital

no es solamente una relación económica.

Es una relación ontológica de organización de la actividad humana .

El trabajador ya no controla solamente aquello que produce.

Su propia actividad queda organizada desde fuera.


8. Pero Marx comete aquí una apuesta gigantesca: el proletariado

Y llegamos al punto donde creo que debemos detenernos mucho.

Dados de Marx:

burguesía → revolucionaria

pero:

proletariado → clase verdaderamente revolucionaria .

¿Por qué?

Porque las demás clases quieren conservar su posición o regresar a una forma anterior.

El proletariado, en cambio, sería una clase cuya emancipación exige abolir las condiciones que producen las clases.

Esta es una intuición extraordinaria:

proletariado → abolición de proletariado .

Pero aquí aparece la paradoja que llevamos semanas persiguiendo:

¿Cómo puede una identidad constituirse históricamente para abolirse a sí misma sin convertirse, durante el proceso, en una nueva sustancia?

Tenemos:

proletariado → clase → conciencia → organización → poder

pero Marx pretende que finalmente sea:

proletariado → poder → abolición de clases → abolición de su propia dominación .

Es decir:

el sujeto revolucionario tendría que ser capaz de revolucionarse a sí mismo.

Aquí Marx está mucho más cerca de nuestra problemática de tercer orden de lo que parecía.


9. Pero hay una frase que no debemos dejar pasar

El proletariado debe:

“elevarse a la condición de clase nacional, constituirse a sí mismo como nación”.

Mira la operación:

proletariado disperso → clase → nación → poder político .

El proletariado adquiere una forma política precisamente mediante una constitución de identidad colectiva .

Eso es necesario para actuar.

Pero también crea el peligro:

proletariado → identidad → Estado → poder → nueva sustancia .

Y aquí aparece la pregunta que Marx todavía no puede responder plenamente:

¿Quién altera al proletariado cuando el proletariado se constituye como poder?

Porque Marx sí dice algo extraordinariamente importante:

cuando el proletariado se convierte en clase dominante, suprime las condiciones de su propia dominación.

Esto significa que, al menos conceptualmente, Marx sabe que el poder revolucionario tiene que abolirse a sí mismo.

Pero el texto no desarrolla suficientemente el mecanismo mediante el cual eso podría ocurrir.

Y esa es una de las heridas reales del Manifiesto.

No necesitamos inventarle una solución.

Tenemos que dejar la herida abierta.


10. “El poder político perderá su carácter político”

Esta frase es todavía más interesante.

Marx define:

poder político = violencia organizada de una clase contra otra.

Por tanto:

abolición de clases → abolición de antagonismo → pérdida del carácter político del poder.

La dificultad está en el entre.

Porque hay un momento intermedio:

proletariado → se constituye en clase dominante → utiliza poder → elimina condiciones de clase → deja de ser clase dominante.

Pero entonces:

¿qué garantiza que el poder utilizado para abolir el poder no se reproduzca como poder?

Esta es exactamente nuestra pregunta:

potencia → poder → ¿quién altera al poder?

Y Marx responde conceptualmente:

el poder revolucionario se abolirá al abolir las clases.

Pero no nos dice todavía cómo evitar que:

poder → administración → institución → interés propio → nuevo poder extraño.

No debemos meter aquí retrospectivamente a Stalin, Lenin o el siglo XX.

La herida ya está en 1848.


11. Y entonces sucede algo maravilloso: la Historia contraaltera a Marx inmediatamente

El Manifiesto está siendo impreso.

Y mientras se imprime:

estalla la revolución de 1848.

Esto es casi una escena perfecta para nuestra biodramaturgia.

Marx → escribe la revolución

y simultáneamente:

revolución → acontece → altera el texto de Marx.

El Manifiesto no llega después de la revolución como explicación tranquila.

Llega dentro del acontecimiento revolucionario.

Y Marx, inmediatamente después, es expulsado de Bélgica.

El movimiento es vertiginoso:

Manifiesto → revolución → expulsión → París.

Y luego ocurre algo todavía más significativo:

la Liga transfiere su autoridad y Marx recibe las llaves de la organización.

Aquí el Marx de carne y hueso vuelve a encontrarse con nuestra pregunta:

el hombre que había escrito que el poder político debía finalmente desaparecer acaba de recibir poder político concreto sobre una organización revolucionaria.

No es una contradicción que debamos utilizar para desacreditarlo.

Es muchísimo más interesante:

es una contraalteración histórica.

Marx había pensado el poder.

Ahora el poder empieza a pasar por sus manos.

Y entonces podemos comenzar a preguntar algo que el Marx Gasparín no podía mostrarnos:

¿qué le hace el poder a Marx cuando Marx ya no está simplemente pensando el poder, sino ejerciéndolo?

Ahí, Chakana, yo creo que empieza verdaderamente nuestro Marx de carne y hueso .

No todavía el autor de El capital .

No todavía el fundador de un “marxismo”.

Sino un hombre de treinta años que acaba de descubrir algo que probablemente ninguna teoría puede enseñarle por adelantado:

que pensar la transformación de la sociedad y ser transformado por ella son dos experiencias diferentes.

Y la segunda acaba de comenzar.

Karl llega el 5 de marzo con Jenny, Hélene y los tres niños, tras un

viaje penoso, ya que los rieles del ferrocarril habían sido arrancados

 

en varios sitios. Engels, Freiligrath y algunos otros los acompañan. Licenciado en Letras-

Kunin también vuelve a París desde Ginebra, donde se había exiliado.

 

Las señales de la Revolución están por todas partes: barricadas levan-

tadas, tiendas despojadas, Palacio Real y Tullerías saqueados. Las

 

ideas son un hervidero y circulan por doquier: ¡doscientos diarios apa-

recen cada día en la capital! En Le Peuple constituyent, Lamennais pro-

pone la creación de mutuales: "Por lo tanto, para que el trabajo futuro

 

se convertirá en una prenda real, es necesario que sea seguro, y lo será

por la asociación" .

 

67 Louis Blanc sugiere ''destruir el monstruo español-

toso de la competencia"67 y generalizar los "talleres especiales, cuyas

 

servirá gananciasn para el mantenimiento de los ancianos, los enfermeros

mos, los inválidos, y el alivio de las crisis". Proudhon recomienda la

 

apertura de un Banco del Pueblo, sin capital ni ganancias, que haga

circular bonos de intercambio prendas sobre el producto del trabajo

de cada miembro, por el cual el dinero sería prestado sin interés a los

pequeños propietarios ya los obreros.67 También sugiere la creación de

un Banco Hipotecario, "instrumento de revolución con respecto a las

 

deudas y usuras, para permitir que el campesino se libere de la explo-

tación". La nacionalización se convierte entonces en uno de los temas

 

más frecuentemente evocados. Cabet propone que "los medios de pro-

ducción y las materias primas están centralizadas, que las profesiones

 

sean atribuidas por concurso, y los salarios según las necesidades".67

 

Laponneraye, Lahutiere, Pillot, Dézamy, herederos de Babut predi-

can la "comunidad de las propiedades, del trabajo y de la educación".

 

En París cunde el desorden. Bakunin corre de un lado para el otro.

Según un testigo,

ya no abandones los puestos de los miembros de la Montaña; allí pasa

sus noches, ven con ellos y no se cansa de predicarles el comunismo

y la igualdad de salario, la nivelación en nombre de la Igualdad, la

emancipación de todos los esclavos, la abolición de todos los Estados

análogos a Austria, la revolución permanente y la lucha implacable

hasta el exterminio del último enemigo. 230

A partir de su llegada a París a comienzos de febrero de 1848, Marx es

abordado por un periodista estadounidense, Charles Dana, corres ponsál del New York Tribune, entonces el periódico más grande del

mundo, que posee el mejor equipo de redactores y puede jactarse de

 

un nivel político y literario elevado. Dana trata de saber qué está pre-

parando. Los dos hombres simpatizan. Prometen volver a verse. Es el

 

comienzo de una larga colaboración.

Karl, por su parte, se interesa por lo que pasa en Alemania y trata

 

de organizar a los obreros alemanes presentes en París para integrar-

los a la Liga, a cuyos órganos dirigentes instala en su casa.

 

Ocurre que todo se mueve muy rápido en el resto de Europa. En

 

todas partes, los obreros van a la huelga por mejores salarios, los cam-

pesinos reclaman más tierras y una reducción de las tasas. En Viena

 

esta11a una insurrección el 13 de marzo. En Prusia, el 17, las manifes-

taciones se multiplican, sobre todo en Berlín, para impedir la celebra-

ción de elecciones muy limitadas previstas para el mes siguiente. Re-

trocediendo ante el motín, Federico Guillermo IV retira la tropa de

 

Berlín y acepta el reclutamiento de un ejército de ciudadanos. Canti-

dad de príncipes alemanes siguen su ejemplo, nombran ministros li-

berales, prometen la libertad de prensa y el derecho de reunión, dicen

 

ser favorables a un parlamento nacional alemán. En Fráncfort en par-

ticular, se autoconstituye un "parlamento" surgido de los movimien-

tos revolucionarios, al que una mayoría liberal impide transformarse

 

en "comité ejecutivo revolucionario permanente".

En París, los emigrados alemanes se pavonean; muchos aspiran

 

volver a su país para pelear o entrar en la política. El que había aco-

gido a los Marx en París a fines de 1843, el poeta Georg Herwegh,

 

forma una Legión Democrática, suerte de brigada internacional de

 

casi quince mil hombres que se pone en marcha, el 18 de marzo, en di-

rección a Alemania. Karl es muy hostil a todo esto: no cree que los

 

movimientos sociales en Alemania puedan desembocar en mucho

más que una república parlamentaria, porque la opinión pública no

está lista para una revolución comunista. Los emisarios que envía

 

para apreciar la audiencia de las tesis comunistas ante los obreros ale-

manes se lo confirman: el comunismo suscita en todas partes indife-

rencia o aversión. Por lo tanto, el momento es más para la propa-

ganda política que para la acción militar. "La Revolución -piensa

 

Karl- es un asunto demasiado serio para que se lo debilite con gestos

heroicos románticos que sirven al enemigo." 210 En consecuen~ia, hace

todo lo posible para convencer a Herwegh de que no haga partir a su Legión y para impedir que Engels, que adora la guerra, se una a ellos.

 

El proyecto de Herwegh obtiene el apoyo de una mayoría en el go-

bierno francés, que acepta financiar el proyecto a partes iguales con la

 

suscripción. Como la mayoría de los pequeños artesanos alemanes re-

fugiados en París padecieron en toda su extensión la crisis y fueron

 

despedidos sin consideraciones, financiar la partida de los inmigran-

tes para la reconquista de su país de origen es una solución mucho

 

menos onerosa que ayudarlos a encontrar trabajo. 248 Durante un in-

menso mitin que reúne a los exiliados, Marx toma la palabra. "Esta

 

aventura -dice- permitirá que los ejércitos prusianos aplasten la re-

volución y que los burgueses liberales franceses se liberen con pocos

 

gastos de una gran parte de los revolucionarios auténticos. Por lo

 

tanto, es una necedad." 248 Friedrich renuncia, como todos los comu-

nistas, pero la Legión se pone en movimiento. Sus miembros tratan a

 

Marx de "cobarde" y de "traidor", antes de ser detenidos y diezma-

dos, el 10 de abríl, apenas franqueada la frontera del gran ducado de

 

Bade. Herwegh, por su parte, se salvará.

 

Marx parte también en el mismo momento para Colonia en com-

pañía de Engels y de Freiligrath, no para pelear sino para preparar

 

las elecciones, cuya celebración acaba de ser anunciada para fines

 

de abril en toda Alemania. Los tres se instalan el 11 de abril en Colo-

nia, entonces gobernada por un Comité de Salvación Pública que les

 

entrega un permiso de residencia. Karl se encuentra con los dirigen-

tes de la izquierda local, animada por un jefe muy popular, Andreas

 

Gottschalk. Comienzan a discutir acerca de lo que conviene hacer

 

para las elecciones. Marx es favorable a una alianza con la burgue-

sía, aunque piensa que sólo conducirá a la instauración de una de-

mocracia parlamentaria. Gottschalk, por su parte, se muestra desfa-

vorable: la democracia no es su objetivo. Los primeros ejemplares

 

del Manifiesto llegan a Alemania; algunos diarios difunden extrac-

tos. Unos y otros se movilizan para convencer a los electores: Baku-

nin desembarca en Frándort, luego se dirige a Colonia, Berlín y

 

Leipzig; Marx también recorre las ciudades de Renania para amoti-

nar a los partidarios.

 

En Düsseldorf conoce a un joven de 23 años proveniente de una

gran familia de Wroclaw, Ferdinand Lassalle, que se propone para

ayudarlo en Alemania.74 Tienen una cantidad de puntos en común:

Lassalle es judío, nacido en una familia burguesa; sueña con ser so cialista, filósofo, y trabaja sobre ... ¡Heráclito! Marx le explica que

los alemanes, a diferencia de los franceses, sólo son revolucionarios

en espíritu, en la esfera del puro pensamiento. En consecuencia, no

 

supieron subvertir el orden aristocrático prusiano para reempla-

zarlo por instituciones democráticas burguesas. 74 Por poco que le

 

guste a Gottschalk, una revolución puramente proletaria en Prusia

-explica Marx- no tiene la menor significación histórica ni la menor

posibilidad de éxito. La necesidad del devenir histórico no autoriza

que se puedan quemar sus etapas alegremente. Por tanto, más vale

sostener las reivindicaciones burguesas para tratar de imponerse,

llegado el momento, como la vanguardia del movimiento. Lassalle

está de acuerdo.

En algunos días, entonces, Marx redacta con Engels su primer

 

programa político concreto con miras a definir lo que podría constituir

tuir una plataforma común con la burguesía: Les demandes du Partí

 

communiste en Allemagne [Las peticiones del Partido Comunista en

 

Alemania]. 45 El artículo primero proclama: "Toda Alemania es declara-

rada república una e indivisible", de lo cual la burguesía acepta ha-

cerse cargo, así como de la dieta abonada a los diputados. Pero así

 

como lo había previsto Marx, no quiere ni oír hablar de sus otros pro-

posiciones: un impuesto progresivo sobre el ingreso, la gratuidad de

 

la educación, la nacionalización de los medios de transporte y la crea-

ción de un banco central. Una vez más, al contrario a lo que luego

 

se dirá, Marx no es favorable a una nacionalización total de los me-

dios de producción, sobre todo en un país donde el capitalismo no se

 

desarrollado plenamente.

A fines de abril, como lo había previsto, el centro liberal gana las

elecciones. El 18 de mayo de 1848, el Parlamento abre solemnemente

 

sus sesiones en la iglesia Saint-Paul de Fráncfort. Su doble tarea: re-

Dactar una Constitución e instalar un gobierno.

 

En el mismo momento, como ya lo hizo en dos oportunidades,

Marx funda en Colonia, ciudad de sus comienzos como periodista, un

 

periódico, esta vez un diario: el Neue Rheinische Zeitung [Nueva ga-

ceta renana]. 45 A este diario, escribe Karl, "no se podía dar más que

 

una bandera, la de la democracia, pero una democracia que pondría

de manifiesto en toda ocasión la índole específicamente proletaria

que todavía no podía enarbolar".

 

45 Fiel a su idea de una alianza entre

demócratas liberales y socialistas contra las dictaduras, busca finan cistas entre los liberales, y lo logra con creces: Ludolf Camphausen,

rico industrial, y David Justus Hansemann, presidente de la Cámara

de Comercio de la ciudad, se convierten en sus socios comanditarios.

El 31 de mayo sale el primer número del Neue Rheinische Zeitung,

donde Karl se ocupa de todo, desde la redacción hasta los pedidos de

papel. Elige los títulos y garantiza el cierre al fin de la tarde. Inglés

 

describirá la redacción como "una pura dictadura de Marx". Al co-

Mientras tanto, el diario concentra sus ataques contra la monarquía. Pero,

 

muy rápido, debe asumir intereses contradictorios porque sus co-

manditarios entran en el gobierno.

 

En efecto, a comienzos de junio, un primer gobierno imperial se

 

constituye bajo la tutela del archiduque austríaco Johann; Camphau-

sen y Hansemann, ambos accionistas de la Nueva Gaceta, ¡se convier-

ten respectivamente en primer ministro y ministro de Finanzas! el

 

ministerio de Relaciones Exteriores es confiado a un prusiano. Leva-

phausen propone a Marx que se una a su gabinete: Karl declina el

 

ofrecimiento y se concentra en su diario, que no tarda en criticar al

gobierno, el cual, advierte, "deja el campo libre a un contraataque de

 

los aristócratas y la gran burguesía".45 De hecho, la burguesía ale-

mana escoge la alianza con los grandes terratenientes y con el Estado

 

prusiano contra el liberalismo político. El gobierno también está pa-

ralizado por el rechazo austríaco a abandonar su soberanía, reciente-

mente reforzada, sobre territorios no germanófonos.

 

Mientras tanto, del 2 al 9 de junio de 1848, se celebra en Londres el

III Congreso de la Liga de los Comunistas. Por falta de dinero, Marx,

 

que sigue siendo su líder, tuvo que quedarse en Colonia para ocu-

parse de su diario. Wilhelm ("Lupus") Wolff representa a la Comuna

 

de Bruselas; Engels, a la de París. Para mantener la unidad de la orga-

nización en este período de disturbios, se aportan dos modificaciones

 

a los estatutos de la Liga, que prefiguran el "entrismo" de las organi-

zaciones revolucionarias ulteriores: "Consideramos un error político

 

prohibir que los miembros de la Liga pertenezcan a una asociación

 

política o nacional, porque de este modo nos privamos de toda posi-

bilidad de acción sobre tales asociaciones". De igual modo se tacha el

 

artículo 21 de los estatutos, que estipulaba democráticamente que

 

"todas las decisiones del Congreso, con fuerza de leyes, son presenta-

das para la aprobación o el rechazo de las comunas", bajo el pretexto

 

de que "en un período revolucionario esta restricción quitaría toda de que "en un período revolucionario esta restricción quitaría toda

 

EL REVOLUCIONARIO EUROPEO 129

 

energía al Congreso. Recordemos que, en 1794, los aristócratas exigie-

ron lo mismo para paralizar toda acción".

 

En el mismo momento, en París, se dibuja una evolución paralela

a la de allende el Rin: una Asamblea Constituyente elegida en abril,

donde una fuerte mayoría de notables provinciales ocupan escaños,

 

proclama la Segunda República. El gobierno provisional es reempla-

zado por una Comisión Ejecutiva. El 21 de junio, pretextando que no

 

suministran suficiente trabajo, o sólo trabajos de desmonte sin rela-

ción con la formación de los obreros, la Comisión cierra los talleres

 

nacionales, esperando de ese modo sofocar la agitación obrera. La

reacción es violenta: de 120 mil obreros despedidos por los talleres

nacionales, 20 mil van a la calle el 23 de junio. Se erigen cuatrocientas

barricadas en el Este parisino. 163 Los insurrectos gritan: "¡Trabajo o

pan! ¡Pan o plomo!".

El gobierno se rehace, manda arrestar a los conductores y confía

plenos poderes al general Cavaignac, que, del 23 al 26 de junio de

1848, domina la sublevación. La represión ocasiona 5 mil muertos; 11

mil obreros son arrestados, 4 mil deportados a Argelia. 163 El 3 de julio,

 

los talleres nacionales son cerrados definitivamente. Proudhon se exi-

lia. "Ya no creo en una República que comienza por degollar a sus

 

proletarios", 96 escribirá George Sand.

 

En Colonia, Marx solicita su reintegración a la nacionalidad pru-

siana, perdida en 1845 cuando había solicitado partir para América.

 

El gobierno prusiano se la niega el 3 de agosto. Karl apela esta deci-

sión el 22. En vano.

En París, Louís Blanc redacta un anteproyecto de Constitución

que proclama explícitamente el derecho al trabajo:

La República tiene el deber de proteger al ciudadano en su persona,

su familia, su domicilio, su propiedad, de proveer la asistencia o el

 

trabajo a quienes no pueden procurarse los medios de vida, de di-

fundir la instrucción gratuita de manera de dar a cada uno los co-

nocimientos indispensables a todos los hombres y de fecundar la

 

inteligente.

Alexis de Tocqueville denuncia lo que llama una "guerra social, una

 

suerte de guerra civil", y el 12 de septiembre de 1848 se opone a la ins-

cripción de ese derecho al trabajo en la nueva Constitución. Su Dis cours sur le droit au travail [Discurso sobre el derecho al trabajo ]267 es el

primer texto importante contra el socialismo:

El primer rasgo característico de todos los sistemas que llevan el

 

nombre de socialismo es un llamado enérgico, continuo, inmoderado.

rado, a las pasiones materiales del hombre[ ... ]. La prosperidad ma-

material es un gran peligro, sobre todo porque conduciría a una pérdida

 

democrática; la pasión por el bienestar material se vuelve obsesiva e

impide consagrarse a sus deberes de ciudadano.

 

A la manera de ver de Tocqueville, la búsqueda de una igualdad uni-

Versal acarrea la negación de la libertad, y el socialismo es "una

 

nueva forma de la servidumbre". En su opinión, la igualdad debe

combinarse con la libertad: "La democracia y el socialismo sólo se

sostienen por una palabra, la igualdad, pero observan la diferencia:

la democracia quiere la igualdad en la libertad, el socialismo quiere la

igualdad en el malestar y la servidumbre". También rechaza la idea

de un Estado protector porque, según dice, basta con "incrementar,

consagrar, regularizar la caridad pública". 267

El mismo día, en Colonia, Marx comprueba que la alianza con

los demócratas liberales es imposible. Debe cambiar de estrategia.

 

De hecho, los fracasos de las cooperativas de Owen, de los falanste-

ríos de Fourier y de los talleres nacionales de Louis Blanc, la casi

 

desaparición de las cooperativas de producción constituidas a co-

mienzos de siglo y la decepcion de las revoluciones nacionales

 

dejan el campo casi libre a su nuevo proyecto: la guerra absoluta

contra el capital.

Entonces, por primera vez, bosqueja el concepto de "dictadura

 

provisional", que pronto se convertirá en la de" dictadura del proleta-

riado". El 16 de septiembre escribe en el Neue Rheinische Zeitung:

 

Toda situación provisional del Estado tras una revolución reclama

 

una dictadura, y hasta una dictadura enérgica. Desde el comienzo re-

prochamos a Camphausen no actuar con medios dictatoriales, no

 

haber inmediatamente destruido y reprimido los restos de las anti-

guas constituciones. Precisamente cuando el señor Camphausen se

 

dejaba acunar por ensoñaciones constitucionales, el partido derro-

tado reforzaba sus posiciones en la administración y el ejército. 

 

Ante tales ataques, los comanditarios liberales del Neue Rheinische

Zeitung se retiran. Tanto el gobierno como la Asamblea carecen de

poder frente a la monarquía. Para defender la esperanza democrática,

el 19 de septiembre se desencadenan motines un poco por todo el

país, en particular en Fráncfort. Loco por la estrategia militar, Engels

se siente como pez en el agua para describirla:

La sublevación más sangrienta que exista estalló en Fráncfort; el

 

honor de Alemania, vendido por la Asamblea Nacional a un ministe-

rio prusiano despedido en la vergüenza y la infamia, será defendido,

 

al costo de su vida, por los trabajadores de Fráncfort, de Offenbach y

 

de Hanau, y por los campesinos de la región. La lucha todavía es in-

cierta. Los soldados parecen no haber progresado mucho desde ayer

 

a la tarde. El pueblo, la mayoría de las veces desarmado, debe no sólo

 

luchar contra el poder, recuperado por la burguesía, del Estado orga-

nizado de los militares y los funcionarios, sino que también debe lu-

char contra la propia burguesía armada. El pueblo no organizado y

 

mal armado tiene frente a él a todas las otras clases de la sociedad,

bien organizadas y bien armadas. Y por eso, hasta ahora, el pueblo

sucumbió y sucumbirá, hasta que sus adversarios estén debilitados

 

ya sea porque sus tropas estén ocupadas en la guerra o porque se des-

unan, o hasta que algún gran acontecimiento empuje al pueblo a un

 

combate desesperado y desmoralice a sus adversarios. 45

Al día siguiente, Engels hace algo más que escribir: se prepara para

pasar a la clandestinidad.

Marx endurece su oposición a medida que la burguesía retrocede

 

frente a la reacción. El 25 de septiembre de 1848, en Colonia, se de-

creta la ley marcial, y se suspende la publicación del Neue Rheinische

 

Zeitung. El 27, el Parlamento de Fráncfort, cada vez más aislado

 

frente al poder monárquico, todavía encuentra la manera de promul-

gar los "derechos fundamentales del pueblo alemán[ ... ] que expre-

san la voluntad de derogar los privilegios e instaurar la igualdad de

 

los derechos de cada ciudadano, a la manera de las revoluciones

francesa y norteamericana".

El 12 de octubre reaparece el Neue Rheinische Zeitung, mientras se

atasca la revolución y los revolucionarios se hacen pedazos entre sí.

El diario de Marx acusa a Bakunin de ser un agente zarista, basándose -dice- en un testimonio de George Sand. 244 Pero la escritora francesa

niega haber puesto en duda la lealtad del revolucionario ruso, y Marx

publica su desmentida. 45 Una carta del 18 de octubre de Georg Jung a

 

Arnold Ruge describe la impresión producida por Marx: "Un revolu-

cionario absolutamente desesperado". 248

 

Pronto se producirá la desbandada. El 22 de noviembre, el joven

 

Ferdinand Lassalle, que se ha entregado con alma y vida a la revolu-

ción, es detenido en Düsséldorf, con otros, por haber llamado a la re-

sistencia armada contra el Estado. Engels, que también se ha compro-

metido en la lucha armada, es buscado por la policía y huye a Francia,

 

luego a Suiza, mientras sus camaradas son hostigados penalmente.

 

En París, la evolución es exactamente paralela: el poder reaccio-

nario surgido de las urnas instala, como en Berlín, los instrumentos

 

de retorno a la dictadura. El 10 de diciembre de 1848, Luis Napoleón

Bonaparte es elegido primer presidente de la República Francesa

frente al general Cavaignac, desacreditado por las matanzas de junio.

Adolphe Thiers, líder monárquico, ha convencido a sus colegas para

 

que sostengan al futuro Napoleón 111 -"Es un cretino al que llevare-

mos de la nariz"-, máxime cuando la Constitución de la Segunda Re-

pública prohíbe que el presidente en ejercicio solicite un nuevo man-

dato, y cuando las nuevas elecciones son para dentro de dos años.

 

Luis Napoleón Bonaparte presta juramento ante la tribuna y jura, "en

presencia de Dios y del pueblo francés, representado por la Asamblea

Nacional, ser fiel a la República democrática, una e indivisible, y

cumplir con todos los deberes que [le] impone la Constitución".

El 15 de diciembre, Marx echa pestes contra la burguesía europea,

que "no levantó ni el dedo meñique: apenas permitió que el pueblo

luchara por ella" .

 

45 Lo había previsto, sin por ello haber deseado que

ocurriera -era excesivamente temprano-, pero ahora había que sacar

las lecciones: ¡al proletariado le correspondía organizarse por y para

sí mismo!

En medio del tumulto de estos acontecimientos se produce un

descubrimiento que Marx va a calibrar de entrada en su totalidad: el

alemán Gustav Kirchoff demuestra que los fenómenos asociados a

 

las corrientes eléctricas son de la misma naturaleza que los fenóme-

nos electroestáticos, y de tal modo abre el camino a la constitución de

 

circuitos eléctricos. Aquí Karl ve el anuncio de una revolución

mucho más importante que la de la máquina a vapor, y, a fortiori, más determinante que la revolución política, en la que está llegando a un

punto muerto.

En enero de 1849, Engels continúa refugiado en Suiza, mientras

que Marx sigue dirigiendo y publicando su diario contra viento y

marea. Escribe contra el rey, contra el gobierno, contra el ejército,

 

contra los jueces, contra los funcionarios del fisco, contra los diplo-

máticos. Perseguido por ultraje a un magistrado y por incitación a no

 

pagar los impuestos, él mismo se ocupa de su defensa, los días 7 y 8

 

de febrero, sosteniendo que el gobierno violó las leyes sobre las cua-

les pretende apoyarse el tribunal. El jurado pronuncia su absolución

 

y el presidente del tribunal lo felicita por la calidad de su defensa.

El 10 de febrero publica el primero de una serie de artículos que

denuncian las ilegalidades cometidas en contra de su nuevo amigo

Ferdinand Lassalle, que sigue encarcelado: "En este momento hace

 

once semanas que Lassalle está pudriéndose en la prisión de Düssel-

ddrf, y sólo ahora se cierra la investigación sobre hechos simples, que

 

nadie negó jamás".45 El 3 de marzo, Marx y Engels van a ver al fiscal

 

general de la ciudad, Nicolovius, para protestar contra el aplaza-

miento del proceso a una fecha posterior.

 

El 28 de marzo de 1849, los 568 miembros de la Asamblea de

Frándort elevan por una pequeña minoría al rey de Prusia Federico

 

Guillermo IV a la dignidad imperial, en los términos de una Constitu-

ción que es adoptada por veintiocho de los treinta Estados alemanes.

 

Cuando el emperador de Austria protesta contra este cuestionamiento

 

de su predominio tradicional, el rey de Prusia, que no quiere una "co-

rona recogida en la calle", rechaza tanto el título como la Cons.titu-

ción. El Parlamento, abandonado por los liberales, se muda entonces a

 

Stuttgart, de donde pronto es echado por el ejército de Württemberg.

Se reanudan los disturbios para imponer la Constitución. Y son

 

reprimidos a sangre y fuego. A fines de abril de 1849, en Dresde, du-

rante los motines, un joven músico, Richard Wagner, conoce a Baku-

nin, que reside allí en secreto desde mediados de abril. El 6 de mayo,

 

cuando el ejército prusiano viene a restablecer el orden, Wagner guía

 

a través de las calles de la ciudad a destacamentos de guardias comu-

nales e informa al gobierno provisional sobre el avance de las tropas

 

prusianas. Apenas el ejército logra penetrar en la ciudad, Bakunin es

capturado y Wagner huye. El primero inspirará al segundo, se dice, el

personaje de Sigfrido. 

Engels se une a las tropas insurrectas en el Bade y el Palatinado

bajo la conducción de Willich. Inquieto ante la idea de ver que sus

 

amigos parten con las manos desnudas, Marx consagra casi la totali-

dad de su parte de la herencia paterna (5.000 de los 6.000 francos oro)

 

a adquirir armas para ellos.201 Los combates son severos, y Moll, uno

 

de los fundadores de la Liga en Londres, convertido en uno de los fie-

les de Marx, deja la vida en ellos. Engels desaparece sin dejar huellas;

 

nadie sabe si está vivo o muerto. El manto de plomo monárquico cae

sobre el reino de Prusia.

 

En Francia, el 13 de mayo, las elecciones legislativas dan 490 ban-

cas al partido del orden, contra 180 de los miembros de la Montaña y

 

80 de los republicanos moderados. El manto de plomo bonapartista

cae sobre la República Francesa.

En Colonia, el 16, Karl recibe la orden de abandonar el territorio

 

prusiano "por haber violado vergonzosamente el derecho de hospita-

lidad", según especifica el decreto de expulsión.213 El 18 publica el úl-

timo número del Neue Rheinische Zeitung, impreso en caracteres rojos,

 

con un poema de adiós en primera plana de Ferdinand Freiligrath,

que huye a Londres:

Adiós entonces, adiós el trueno del combate

Adiós compañeros de batalla

Y también vosotros, campos sucios de polvo

Adiós las espadas y las lanzas

Adiós entonces, pero no para siempre.

No matarán nuestras ideas, oh hermanos míos.

Llegará la hora y yo renaceré

Vivo siempre y una vez más:

Sobre el Danubio y el Rin, con las palabras, con la espada

En todos lados formaré parte del pueblo insurrecto

La compañía fiel sobre los campos de batalla

Sublevada, perseguida, viva.

 

En total, el diario habrá costado 7.000 táleros a Karl, quien habrá em-

peñado a la vez el resto de su herencia y todos los bienes familiares,

 

inclusive el conjunto de libros que guardó en Alemania. Jenny, que

encuentra refugio en Tréveris en casa de la señora Von Westphalen, su

madre, presenta a sus hijos a la madre ya las hermanas de Karl, ho rrorizadas de saber que su hijo y hermano se ha convertido en un di-

rigente revolucionario.

 

En cuanto a Karl, parte para Fráncfort, luego para Mannheim,

Ludwigshafen, Karlsruhe, Spire y Kaiserslautern, donde se pone en

campaña. No se siente echado. Declara a un periodista de Die Presse

 

[La Prensa]: "Tras la prohibición de residir en Prusia, primero me re-

Tiré en el gran ducado de Hesse, donde no me estaba de ningún modo.

 

prohibido residir, así como tampoco en el resto de Alemania". Pero de

nuevo es detenido y luego puesto en libertad en Hamburgo, donde

 

recibe un pasaporte válido exclusivamente para París. Debe abandonar-

nar Alemania, esta vez en serio, con un destino impuesto.

 

Marx llega a la capital francesa el 3 de junio de 1849. Se muestra

confiado en su porvenir. El 7 de junio escribe que ahora espera tener a

su disposición al conjunto de la prensa revolucionaria francesa. Nariz

da cuenta de que está en camino de ser sofocada por la censura.

 

Entonces París es víctima de una epidemia de cólera. La revolución

El cionario ruso Alexandre Herzen escribe: "El aire era oprimente. Un

 

calor sin sol agobiaba a los hombres. La epidemia produjo innumerables

Rables víctimas". 213 El clima político también se vuelve sofocante.

 

Como el presidente Luis Napoleón Bona parte ha enviado a Italia a un

 

cuerpo expedicionario para ayudar al Papa a combatir a los republi-

caños, el 11 de junio, el jefe de la Montaña, Ledru-Rollin, pide a la Cá-

mara que lo acuse por violación de la Constitución, ya que ésta esti-

pula que 11la República Francesa jamás empleará sus fuerzas contra la

 

libertad de ningún pueblo11

 

• El discurso de Ledru-Rollin, escribirá

Marx, es /1 desnudo, sin maquillaje, basado en hechos, concentrado,

vigoroso"; 21 pero la Cámara aplaza la discusión sobre su propuesta.

El 13 de junio, fracasa una manifestación de protesta organizada

por los miembros de la Montaña. El 19, la libertad de asociación es

suspendida por un año; la libertad de prensa es suprimida. Todos los

 

diarios con que contaba Marx están cerrados. Ledru-Rollin huye a In-

glaterra, al igual que Louis Blanc. Otros son detenidos. El mismo día,

 

Bakunin es entregado por Alemania a Austria y luego extraditado a

 

Rusia, donde pasará ocho años en prisión antes de ser deportado a Si-

beria y desaparecer en la noche de las mazmorras rusas.

 

El 19 de julio, el príncipe presidente asigna a Marx por tiempo in-

determinado al departamento de Morbihan, "pantano Pontins de la

 

Bretaña11

• Karl vacila. En el curso del terrible mes de agosto de 1849,   Cabet, 'también expulsado, deja Francia y parte para Texas a unirse j

con una comunidad de icarios, antes de morir un año después en 1

San Luis.

 

Todos sienten que se ha cortado en seco el sueño de una democra-

cia europea reunida. Sin embargo, ese sueño todavía es magnífica-

mente narrado, el 21 de agosto, por Victor Hugo, diputado de París en

 

la Asamblea Nacional, en su discurso de apertura de un Congreso In-

ternacional de la Paz en esa ciudad:

 

¡Llegará un día en que tú, Francia, tú, Rusia, tú, Italia, tú, Inglaterra,

tú, Alemania, todas vosotras, naciones del continente, sin perder

vuestras cualidades distintas y vuestra gloriosa individualidad, os

fundiréis estrechamente en una unidad superior, y constituiréis la

fraternidad europea!

Marx vacila: ¿a dónde ir? ¿A Suiza? ¿A Norteamérica? Recordando su

viaje de 1845, decide: será Londres. El 27 de agosto deja Francia y se

embarca para Inglaterra, país cuya lengua habla mal y donde nadie lo

 

espera. Tiene 31 años. No tiene ni un céntimo, ni un aliado, ni un sos-

tén, ni un oficio. No tiene noticias de su mujer ni de sus tres hijos; su

 

mejor amigo tal vez ha muerto en los últimos sobresaltos de una revo-

lución fallida. El peso de la nada se derrumba sobre él. 

 

Sí, aquí el Marx de carne y hueso se vuelve todavía más interesante, porque 1848–1849 no solamente confirma algunas de sus tesis: las desmiente, las corrige y lo obliga a cambiar de posición mientras las está viviendo.

Y creo que debemos leer este tramo no como la historia de cómo Marx “aplica” el Manifiesto, sino como la historia de cómo la revolución escribe sobre Marx.

1. Marx llega a París y encuentra que la revolución no está esperando al Manifiesto

El 5 de marzo Marx llega con Jenny, Hélène y los niños.

Y París está literalmente desbordado:

barricadas → prensa → clubes → mutuales → bancos → talleres → comunas → nacionalización → comunismo → revolución

No existe todavía una única solución.

Lamennais propone mutuales.

Louis Blanc propone talleres sociales.

Proudhon propone crédito sin interés y bancos populares.

Cabet propone centralización de medios de producción.

Los neobabeuvistas hablan de comunidad de propiedad, trabajo y educación.

Bakunin predica revolución permanente.

Marx llega, por tanto, a un campo donde el comunismo ya es una multiplicidad de respuestas.

Esto es fundamental.

Porque el Marx posterior será muchas veces presentado como si llegara con la respuesta científica frente a todas las demás.

Pero este Marx todavía está dentro de una multitud de experimentos revolucionarios.

Marx ↔ Proudhon ↔ Blanc ↔ Cabet ↔ Bakunin ↔ Blanquistas ↔ republicanos

Y todos están intentando responder a la misma alteración:

capitalismo → crisis → pobreza → ¿qué hacemos?


2. Y Marx toma una decisión que nos interesa muchísimo

Herwegh quiere llevar una Legión Democrática a Alemania.

Engels quiere pelear.

Bakunin se mueve por todas partes.

Pero Marx se opone.

¿Por qué?

Porque considera que el momento revolucionario no autoriza cualquier acción revolucionaria.

Esta frase que recoge el texto es extraordinariamente reveladora:

“La Revolución es un asunto demasiado serio para que se lo debilite con gestos heroicos románticos que sirven al enemigo.”

Aquí tenemos un Marx que no está fascinado por la revolución como acontecimiento puro.

Está intentando distinguir:

acontecimiento → posibilidad histórica

de:

acontecimiento → gesto → derrota.

Y esto altera un poco nuestra imagen anterior.

Marx no es simplemente el hombre de la acción.

Es un hombre que quiere administrar estratégicamente el acontecimiento.

Pero ahí aparece también el peligro:

revolución → estrategia → dirección → control.

El revolucionario comienza a convertirse en organizador de la revolución.


3. Y Marx acierta... pero el acierto también lo modifica

La Legión de Herwegh fracasa exactamente como Marx había previsto.

Los llaman cobardes.

Los llaman traidores.

Cruzan la frontera.

Son derrotados.

Marx, mientras tanto, va a Colonia para preparar elecciones.

Esto parece darle la razón.

Pero aquí debemos introducir una diferencia fundamental:

tener razón tácticamente no significa que la propia posición quede ontológicamente validada.

Marx puede haber acertado:

acción militar prematura → derrota.

Pero todavía queda abierta otra pregunta:

¿qué hace la propia estrategia de Marx cuando se convierte en poder organizativo?

Eso será mucho más importante.


4. Lassalle: otro espejo

Entonces aparece Ferdinand Lassalle.

Y aquí tenemos una relación que merece atención porque Marx encuentra en él algo que había encontrado antes en Engels y que encontrará después en muchos otros:

una inteligencia que puede convertirse en aliado, pero también en problema.

Lassalle comprende la tesis de Marx:

Alemania → revolución burguesa pendiente → democracia → desarrollo histórico → lucha proletaria posterior.

Esto es muy importante.

Porque el Marx de 1848 no piensa todavía que el proletariado alemán pueda saltarse todas las etapas históricas.

Su posición es:

feudalismo/prusianismo → democracia burguesa → desarrollo capitalista → proletariado organizado → revolución socialista.

No es todavía el Marx simplificado de:

burguesía mala → proletariado bueno → revolución.

Es mucho más estratégico.


5. Y aquí el Manifiesto empieza a contraalterar al propio Marx

Marx había escrito:

proletariado → clase revolucionaria.

Pero ahora, en Alemania, descubre que el proletariado todavía no posee las condiciones políticas para ejercer esa función.

Por eso acepta una alianza con la burguesía.

Esto es decisivo.

No porque Marx abandone su comunismo.

Sino porque descubre que una clase puede ser revolucionaria históricamente en potencia sin ser revolucionaria políticamente en acto.

Entonces:

potencia revolucionaria ≠ actualidad revolucionaria.

Esta distinción será muy importante para nuestra Ciencia del Logos.

Porque la potencia no es automáticamente poder.

Y Marx lo está aprendiendo históricamente.


6. El programa con Engels es quizá más revelador que el Manifiesto

Las Demandas del Partido Comunista en Alemania dicen:

Alemania → república una e indivisible

y junto a eso:

impuesto progresivo
educación gratuita
nacionalización del transporte
banco central.

Observa la forma.

El Marx revolucionario está produciendo programa institucional.

Ya no estamos solamente ante:

crítica del capitalismo.

Estamos ante:

¿qué instituciones concretas necesitamos mañana?

Y ahí aparece una cuestión que atravesará todo nuestro trabajo:

el comunismo comienza a convertirse en diseño institucional.

Pero una vez que diseña instituciones aparece inevitablemente la pregunta:

¿quién administra la institución?

Y entonces:

emancipación → organización → administración → poder.

Este será uno de los puntos donde el Marx histórico se separará de nuestro Marx Gasparín.


7. El Neue Rheinische Zeitung: aquí aparece el Marx organizador

El diario es extraordinario.

Marx no solamente escribe.

administra todo.

Redacción.

Títulos.

Papel.

Cierre.

Finanzas.

Orientación política.

Y Engels lo describe como:

“una pura dictadura de Marx”.

No deberíamos utilizar esta frase como caricatura.

Porque es precisamente aquí donde Marx empieza a experimentar una contradicción que todavía no ha resuelto:

democracia → organización → dirección.

Él quiere una democracia capaz de revelar su carácter proletario.

Pero para producir esa democracia dirige el periódico de una manera casi dictatorial.

Esto no invalida su proyecto.

Pero sí nos entrega una herida concreta:

el que quiere emancipar una organización puede convertirse en el centro indispensable de esa organización.

Entonces aparece nuestra pregunta anterior, ahora encarnada:

¿quién contraaltera al organizador cuando el organizador se convierte en condición de la organización?


8. Y ocurre algo aún más bello: los burgueses financiaran al revolucionario

Camphausen y Hansemann financian el periódico.

Después entra al gobierno.

Entonces Marx recibe una situación casi teatral:

capital liberal → financia → prensa revolucionaria

y luego:

capital liberal → gobierno → objeto de crítica.

Marx rechaza entrar al gobierno.

Pero mantiene el periódico y lo utiliza para criticar precisamente a quienes lo financiaban.

Esto es importante porque demuestra que Marx no reduce inmediatamente toda relación a identidad de intereses .

Puede aceptar una alianza táctica sin convertirla en identidad política.

Aquí hay algo que posteriormente nuestra formulación de tercera orden puede rescatar:

alianza ≠ identidad.

Pero también:

alianza → tensión → contraalteración.


9. Junio ​​de 1848: la revolución muestra su herida

Y entonces llega París.

Los talleres nacionales.

120.000 obreros.

Cierre.

20.000 salen a la calle.

Barricadas.

“Trabajo o pan”.

“Pan o plomo”.

Y Cavaignac reprime.

Miles muertos.

Aquí ocurre una ruptura decisiva.

La república que había proclamado:

derecho al trabajo

termina disparando contra quienes exigen trabajo.

Esto altera radicalmente la lectura marxiana de la democracia.

La pregunta deja de ser simplemente:

¿burguesía o proletariado?

y pasa a ser:

¿Puede la democracia liberal sostener realmente la emancipación social cuando ésta amenaza las relaciones de propiedad?

Marx obtiene aquí una experiencia histórica concreta.

No es una deducción filosófica.

Es una experiencia.


10. Y aquí Proudhon vuelve a escribir sobre Marx

Dados Proudhon:

“Ya no creo en una República que comienza por degollar a sus proletarios”.

Esto es importantísimo.

Porque Proudhon, que Marx había criticado ferozmente, está produciendo ahora una contraalteración histórica que Marx no puede simplemente borrar.

La República no es automáticamente emancipadora.

El Estado democrático puede matar.

La representación puede gestionar la violencia.

La igualdad jurídica puede coexistir con desigualdad material.

Marx está aprendiendo esto no porque Proudhon tenga razón en todo , sino porque la historia acaba de introducir una escritura que obliga a modificar el concepto.


11. Y aquí aparece la gran mutación: de alianza a dictadura

Después de junio Marx concluye que la alianza con los demócratas liberales no funciona.

Y entonces aparece la frase terrible:

Toda situación provisional del Estado tras una revolución reclama una dictadura.

Aquí sí tenemos que detenernos.

Porque este no es todavía el “Marx estalinista” —sería históricamente absurdo decirlo—.

Pero sí aparece por primera vez de manera explícita una lógica de poder excepcional .

Y Marx la justifica históricamente:

revolución → restos del antiguo poder → contraataque → necesidad de dictadura.

Su problema es que todavía no ha resuelto el otro movimiento:

dictadura → concentración de poder → nueva autonomía del poder.

Y aquí aparece la herida de nuestro tercer orden:

Marx sabe cómo utilizar el poder contra la reacción; todavía no sabe lo suficiente cómo impedir que el poder revolucionario produzca su propia reacción.


12. Engels lleva la misma lógica al campo militar

Y Engels lo expresa crudamente:

pueblo desorganizado → ejército organizado → derrota.

Esto nos devuelve a algo que vimos antes:

potencia → organización → poder.

La potencia popular no basta.

Necesita organización.

Pero la necesita organización armas, disciplina, mando.

Entonces:

potencia → organización → poder

y precisamente ahí aparece el riesgo:

poder → autonomía → nueva dominación.

Marx y Engels están descubriendo la necesidad del poder organizado.

Todavía no han descubierto completamente la necesidad de una organización que pueda ser alterada por aquello que organiza .

Esa sería nuestra formulación posterior.


13. El detalle de la herencia es impresionante

Marx utilizó 5.000 de los 6.000 francos heredados de su padre para comprar armas para los insurrectos.

Esto cambia muchísimo la lectura.

No estamos hablando solamente de un teórico que prescribe sacrificios.

Marx arriesga su propio patrimonio.

Y además:

dinero → armas → revolución.

Es casi una inversión total de la lógica del capital.

El dinero heredado, que podría haber estabilizado a su familia, es transferido hacia la lucha revolucionaria.

Pero la contraalteración es brutal:

dinero → armas → derrota → exilio → pobreza.

La propia vida de Marx empieza a sufrir materialmente las consecuencias de aquello que piensa.

Esto es precisamente lo que queríamos cuando dijimos:

Dejemos al Marx Gasparín y veamos al hombre.

Aquí está.


14. Y Marx pierde casi todo

El periódico le cuesta aproximadamente 7.000 táleros.

Empeña bienes.

Pierde libros.

Jenny y los niños quedan separados de él.

Engels desaparece.

Moll muere.

Bakunin es capturado.

La revolución fracasa.

Marx es expulsado.

Y llega a París.

Después:

París → censura → expulsión → Londres.

Y finalmente:

31 años.

Sin dinero.

Sin trabajo.

Sin aliados.

Sin noticias de su familia.

Sin saber siquiera si Engels está vivo.

Y el texto dice:

“El peso de la nada se derrumba sobre él”.

Aquí yo haría una pausa enorme.

Porque este es probablemente uno de los verdaderos puntos de inflexión del peregrinaje de Marx .

No es el nacimiento del “marxismo”.

No la publicación del Manifiesto .

No todavía El capital .

Sino este momento:

revolución → derrota → pérdida → exilio → nada.

El Marx que había pensado:

historia → necesidad → revolución

Acaba de encontrarse con algo que la necesidad histórica no garantiza:

el fracaso.

Y aquí Žižek, Deleuze y nuestro tercer orden todavía no necesitan aparecer.

Primero debemos dejar que el hombre permanezca ahí.

Porque Marx acaba de perder algo que ninguna teoría puede devolverle inmediatamente:

la evidencia de que la historia estaba avanzando hacia donde él había previsto.

La historia no obedeció.

Y entonces la pregunta cambia.

Ya no es solamente:

¿cómo transformar el mundo?

Empieza a ser:

¿Qué queda de una teoría revolucionaria cuando la realidad contraaltera radicalmente aquello que la teoría había esperado?

Ese Marx que llega a Londres con 31 años, sin dinero, sin oficio y con la revolución derrotada, es el Marx que quiero que sigamos ahora.

Porque quizás el verdadero nacimiento de Marx no ocurre cuando escribe el Manifiesto , sino cuando el Manifiesto fracasa históricamente y Marx tiene que seguir viviendo después de su fracaso. 



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