lunes, 2 de noviembre de 2026

Naza la desaparición del drama humano

 

Naza la desaparición del drama humano

 

A través de testimonios anónimos mediante la modificación de rostros y voces, la película recoge las declaraciones de veinticuatro oficiales de inteligencia militar y soldados israelíes que participaron en la guerra de Gaza.[16][17][11] Las entrevistas, que tienen lugar por la noche en las azoteas de Tel Aviv, se alternan con imágenes de la vida cotidiana en la ciudad, creando un contraste entre el día a día en Israel y las consecuencias de los bombardeos en Gaza.[18][19]

Las personas entrevistadas describen los procedimientos operativos, así como el uso de tecnologías de vigilancia y análisis automatizado de datos. En particular, dan testimonio del empleo del sistema de inteligencia artificial Lavender para la elaboración automática de listas de objetivos, del programa Homeland para las interceptaciones telefónicas y del procedimiento «Where's Daddy», diseñado para localizar a sospechosos a través de las comunicaciones de sus allegados; asimismo, señalan que el número previsto de víctimas civiles se comunica en el marco habitual de los procedimientos operativos.[20][21] Según estos testimonios, se priorizan los bombardeos nocturnos contra domicilios particulares, aceptándose de antemano cuotas específicas de bajas civiles —alrededor de veinte para objetivos de menor rango y hasta diez veces más para figuras de alto nivel—, al tiempo que se describe que el propio sistema Lavender presenta un margen de error superior al 15 %, lo que en algunos casos provoca la muerte de civiles sin que se alcance efectivamente el objetivo militar.[20]

Un entrevistado añade: «Al comienzo de la guerra, lo bombardeábamos todo. NAZA no era un problema».[22] Durante los esfuerzos por expulsar a los palestinos del norte de Gaza, se utilizaron mapas con cuadrantes codificados por colores para hacer un seguimiento del avance.[23] Una persona entrevistada afirma que el objetivo era destruir tanto como fuera posible antes de que pudieran surgir interrogantes sobre la legitimidad de las operaciones militares.[23][24]

Varios testigos señalan que la prioridad del sistema es el volumen de objetivos alcanzados más que la precisión, mencionando en particular la definición de «zonas de aniquilación» donde cualquier presencia —incluida, en un caso, la de un adolescente que se había adentrado en ellas— se considera un objetivo legítimo. Entre los testimonios figura el relativo al uso de francotiradores contra civiles hambrientos que intentaban conseguir alimentos en los puntos de distribución de comida; algunos relatan haber vivido esta experiencia, en ocasiones, como «algo parecido a un videojuego» y «muy divertido». Otro se pregunta «Sigo pensando que los nazis eran malvados pero, ¿en qué me convierte eso a mí?».[25][18][26]

En la película, ante la pregunta de si tales prácticas constituyen un genocidio, dos testigos utilizan explícitamente este término.[25] Un miembro de una unidad de élite afirma que, en ocasiones, completar misiones podía resultar «increíblemente divertido». Recuerda una visita a Polonia y comenta: «Sigo viendo a esos nazis como seres malvados, pero ¿qué significa eso respecto a mí?» Dice comprender ahora cómo es posible destruir un edificio entero, con todas las personas que hay en su interior, y luego seguir adelante con normalidad y trabajar en su título «de psicología clínica». Al preguntarle si había participado en un genocidio, responde «sí» sin vacilar, y añade: «Nuestra intención era matar a esos niños».[27][28][29]

El relato alterna entre las entrevistas y fragmentos de discursos de Benjamin Netanyahu basados en una retórica religiosa del bien y del mal, un extracto de la película Shoah (1985) de Claude Lanzmann proyectada en Tel Aviv, así como vídeos grabados por ciudadanos palestinos con sus teléfonos móviles tras los bombardeos, que dan testimonio de las consecuencias de los ataques sobre el terreno.[30][26]

Una breve secuencia documental de la Franja de Gaza, que aparece hacia el final de la película, muestra a un padre palestino buscando a sus hijos y llamando hacia el interior de un edificio en ruinas, así como las piernas de unos niños que sobresalen de debajo de una losa de hormigón.[3

Contexto

Estos testimonios se basan en las investigaciones realizadas por el periodista y cineasta israelí Yuval Abraham sobre los programas de vigilancia masiva e inteligencia artificial integrados en las operaciones militares.[33] Según las declaraciones de un ingeniero involucrado, la red de interceptación se remontaría al periodo posterior a 1967 y se habría perfeccionado progresivamente gracias a algoritmos predictivos. De acuerdo con dichas investigaciones, el sistema habría sido autorizado para su uso a gran escala unas dos semanas después de los ataques del 7 de octubre de 2023, con una tasa de precisión del 90 % reivindicada por sus creadores.[34]

En la película, Abraham califica el elevado número de víctimas civiles de los ataques israelíes como una característica sistémica de las operaciones y cita datos del Ministerio de Salud de Gaza; este estima en más de 73 000 el número total de fallecidos entre la población palestina desde el inicio de las hostilidades —sin distinguir entre civiles y combatientes, aunque según datos del propio ejército de Israel el 83% de las víctimas mortales en Gaza son civiles[35]—, representando las mujeres y los menores, según el mismo ministerio, cerca de la mitad del total de víctimas

Respuesta de la critica

A fecha de 15 de octubre de 2026, en el agregador de reseñas Rotten Tomatoes, la película cuenta con un índice de aprobación del 100 % basado en 66 reseñas, con una calificación promedio de 9/10. El consenso del sitio dice: «Rodada bajo un estricto secretismo, pero reveladora en su análisis de cómo las políticas pueden llegar a cuantificar el valor de una vida humana, Naza plantea un interrogante inquietante sobre qué constituye un número aceptable de bajas civiles».[55] En Metacritic, la película tiene una puntuación media ponderada de 94 sobre 100, basada en 26 críticas, lo que indica una «aclamación universal».[56]

La reseña del British Film Institute concluyó que la película resulta «una experiencia devastadora, sobre todo al ver confirmados muchos de tus pensamientos y suposiciones más sombríos; sin embargo, es imposible apartar la mirada de lo que se expone. En esos planos largos de personas en sus apartamentos viendo la televisión o practicando yoga, uno se pregunta si Abraham y Szor nos están mostrando a los votantes responsables de estas políticas o si, en realidad, nos están señalando a todos nosotros».[57] Justin Chang, en su reseña de la película para NPR, señaló que el «testimonio» de los entrevistados «es fascinante» y que «lo más radical de NAZA no es que exponga la maquinaria de la muerte, sino la insistencia de la película en el valor de la vida palestina». Chang expresó «una enorme admiración por la valentía de Abraham y Szor al exigir responsabilidades a su gobierno».[58] La película fue una de las favoritas de la crítica en The New York Times; la reseñadora Manohla Dargis señaló que era «difícil de ver e imposible de ignorar».[59]

John Bleasdale, en un artículo para Time Out, señaló: «NAZA construye un alegato —sobrio, inteligente, elocuente, preciso y absolutamente demoledor— contra las acciones de Israel en Gaza y sus actuaciones continuas en toda la región. Como obra cinematográfica, es ejemplar. Como trabajo periodístico, es irrefutable. Como documento, constituye una acusación formal».[60] Mark Demetrius, en un artículo para la revista de cine australiana FilmInk, comentó: «Una cosa son las estadísticas y otra, los recuerdos personales. «Hackeas su teléfono y luego la matas», dice uno de los entrevistados; refiriéndose, en este caso, a una niña de 12 años. Y, aunque la mayor parte de sus rasgos permanecen ocultos —y su única «respuesta» es un silencio absoluto—, resulta imposible no percibir la intensa carga emocional de otro de los entrevistados cuando se le pregunta: «¿Cómo pudiste lanzar una bomba al oír a un bebé llorando dentro?».[61] Sam Adams escribió en Slate que la «verdadera fortaleza» de la película —una fortaleza propia del documental filmado— reside en «radiografiar la psique de las personas que aparecen en pantalla».[62] Robert Daniels le otorgó 3,5 de 4 estrellas en RogerEbert.com y describió la película como «otra confirmación de que se está produciendo un genocidio», señalando que los documentales realizados por palestinos, como Who Is Still Alive, recibieron menos atención.[63] Ayesha Jehangir, en un artículo para The Conversation, consideró la película como un ejemplo de «cómo, en el reportaje de guerra, los testimonios más reveladores pueden provenir no de quienes sufren la violencia, sino de quienes la ejercen».[64] Peter Howell, de The Toronto Star, describió la película como «desgarradora pero de visionado imprescindible, pues cuestiona los sistemas que provocan y cuantifican las muertes de civiles en la guerra moderna».[65] Donald Clarke concluyó su reseña en The Irish Times señalando que, además de la preocupación por los acontecimientos actuales en Oriente Medio, la película también «despierta un horror más general ante lo fácil que resulta, en el mundo contemporáneo, perpetrar matanzas desde una distancia desapasionada. Un testimonio esencial de una pesadilla orquestada».[66

 

Respuesta del gobierno israelí

La película fue condenada por miembros del gobierno israelí, y las Fuerzas de Defensa de Israel negaron las acusaciones formuladas en el documental. El ministro de Cultura, Miki Zohar, pidió que se revocara la ciudadanía de los directores, acusándolos de cometer traición.[74] El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó de «impactante» la reacción ante la película y condenó la acogida positiva que tuvo en el Festival de Cine de Venecia, considerándola parte de una incitación antisemita de alcance mundial.[75] El jefe del Estado Mayor de las FDI, Eyal Zamir, planteó la posibilidad de emprender acciones legales contra los cineastas, criticando la película por ser difamatoria y por formular «acusaciones graves y falsas contra soldados y comandantes de las FDI».[76] El 23 de septiembre de 2026, Netanyahu respaldó la propuesta de Miki Zohar y anunció que está impulsando dos iniciativas legislativas: una para permitir la revocación de la ciudadanía de los israelíes que difamen a los soldados o al Estado en el extranjero, y otra para sancionar la difamación de Israel o de las FDI con multas de hasta un millón de séqueles.[77]

En octubre de 2026, los directores israelíes Hagai Gutman y Ariel Averbuch, junto con el teniente coronel Roi Danino —oficial de la reserva de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI)—, lanzaron un documental de propaganda titulado NAZA: The Real Story.[78] La cinta imita el estilo visual de NAZA, incluyendo entrevistas realizadas en azoteas durante la noche, y cuenta con el apoyo y la promoción del gobierno israelí.[79][78] The Guardian informó que, antes de que se incluyera el video, el sitio «se presentaba falsamente como una página promocional de NAZA... distorsionando la sinopsis oficial de la película al eliminar la referencia a las muertes de civiles palestinos».[78]

El 11 de octubre, Netanyahu ordenó al jefe del Estado Mayor de las FDI, al director del Shin Bet —el servicio de seguridad interna de Israel— y al fiscal general de Israel que identificaran a las personas entrevistadas en NAZA, con el fin de procesarlas por «delitos graves contra la seguridad de la información, difamación delictiva y perjuicio a los intereses diplomáticos y de seguridad de Israel».[80

 

Apoyo de cineastas y organizaciones humanitarias

 

En septiembre de 2026, más de 200 cineastas israelíes firmaron una carta en apoyo a Yuval Abraham y Rachel Szor, los directores de NAZA, después de que el documental recibiera el Premio Especial del Jurado en la 83.ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia y sus creadores se enfrentaran a crecientes críticas y amenazas. Entre los firmantes figuraban varios de los directores más destacados de Israel, incluidos Ari Folman, Shlomi Elkabetz, Ran Tal y Michal Aviad.[81][82]

La petición afirmaba que «el papel fundamental del arte y el periodismo es servir de espejo a la sociedad en la que existen». Sus firmantes respaldaron a los cineastas en medio de una oleada de ataques, destacando especialmente las declaraciones del ministro de Cultura y Deporte de Israel, Miki Zohar, quien calificó la película de acto de «traición» y afirmó que buscaría revocar la ciudadanía israelí de los cineastas.[83]

Ese mismo mes, más de cuarenta organizaciones israelíes dedicadas a los derechos humanos, la igualdad y la paz publicaron también una declaración conjunta en apoyo a los cineastas. En ella, se instaba a las autoridades a «poner fin a la ola de incitación y amenazas de violencia» contra Abraham y Szor. Entre los firmantes figuraban Combatants for Peace, B'Tselem, Paz Ahora, Breaking the Silence y Adalah.[84][85]

La Asociación Internacional de Documentalistas publicó una carta en su sitio web instando al gobierno israelí a «retirar sus amenazas contra los cineastas Yuval Abraham y Rachel Szor», así como a «poner fin a la campaña pública de intimidación en su contra».[86

 

Chakana recibe NAZA. Y hay algo que hace que este texto sea especialmente perturbador dentro de nuestro recorrido: aquí el palo ya no es solamente una representación. Se ha convertido en una cadena operativa que enlaza vigilancia, clasificación, predicción, designación de objetivos, autorización, bombardeo y muerte.

El nombre propio desaparece detrás de un número. El número se convierte en objetivo. El objetivo se convierte en coordenada. La coordenada se convierte en una casa. La casa se convierte en escombros. Y los escombros vuelven a aparecer como información.

Voy a huequearlo sin quitarle su violencia. No quiero que la belleza de la escritura embellezca la matanza.

NAZA

La máquina cuenta lo que no puede contar

Uno.

Una voz sin rostro.

Un rostro sin voz.

Veinticuatro voces.

Veinticuatro veces una voz.

¿Quién habla cuando nadie puede ser reconocido?

Dos.

Lavender.

Un nombre de flor.

Una flor que florece en una lista.

Una lista que crece.

Una lista que no sabe que crece.

Un nombre.

Otro nombre.

Un nombre que todavía no sabe que ha sido nombrado.

Tres.

Homeland.

La patria escucha.

La escucha entra por el teléfono.

El teléfono entra en la casa.

La casa entra en una lista.

La lista entra en la noche.

¿Dónde termina la escucha?

Cuatro.

Where's Daddy.

¿Dónde está papá?

Papá no está.

La hija está.

La madre está.

La llamada está.

La dirección está.

El edificio está.

La pregunta ya no está.

Cinco.

Un quince por ciento.

Una cifra.

Una diferencia.

Una vida que no cabe en la diferencia.

El error no cae sobre el algoritmo.

Cae sobre alguien.

Seis.

Veinte.

Doscientos.

Dos mil.

¿Cuánto pesa un número cuando tiene piernas?

¿Cuántas piernas caben debajo de una losa?

Siete.

La noche.

La casa.

El teléfono.

El niño.

La coordenada.

El blanco.

El blanco sobre el blanco.

El blanco que no puede defenderse.

Ocho.

Un videojuego.

La pantalla.

El disparo.

La risa.

La diversión.

El jugador termina.

El niño no.

Nueve.

El nazi.

El espejo.

La visita a Polonia.

La memoria.

El uniforme.

La pregunta:

¿En qué me convierte eso a mí?

El espejo no responde.

El espejo tampoco se rompe.

Diez.

Genocidio.

Una palabra pronunciada.

Otra palabra negada.

Dos testigos dicen sí.

Una máquina no dice nada.

Un niño tampoco.

Once.

El padre busca.

Hijos.

¿Dónde están?

Debajo.

La losa.

Las piernas.

El padre vuelve a llamar.

Esta vez no hay teléfono.

Doce.

Tel Aviv.

La azotea.

La televisión.

El yoga.

La noche cotidiana.

Gaza.

El polvo.

La casa abierta.

La casa cerrada.

La vida continúa.

¿Quién puede continuar?

Trece.

Shoah.

La imagen dentro de la imagen.

La memoria dentro de la memoria.

Un pueblo que recuerda.

Otro pueblo que desaparece.

La palabra que no alcanza.

La palabra que se utiliza.

La palabra que se prohíbe.

Catorce.

Traición.

Ciudadanía.

Silencio.

La voz anónima.

El rostro alterado.

El nombre buscado.

La amenaza.

¿Quién tiene derecho a preguntar?

Quince.

La película imita a la película.

La azotea imita a la azotea.

La entrevista imita a la entrevista.

El rostro imita al rostro.

La verdad aparece como su propia falsificación.

La falsificación exige ser reconocida.

Dieciséis.

El soldado habla.

El gobierno niega.

El director filma.

El espectador mira.

El niño permanece debajo de la piedra.

Diecisiete.

Una lista.

Otra lista.

Una lista de objetivos.

Una lista de testimonios.

Una lista de muertos.

Una lista de los que buscan la lista.

¿Quién queda fuera?

Dieciocho.

La máquina no odia.

La máquina no ama.

La máquina calcula.

El hombre aprueba.

El hombre dispara.

El hombre regresa.

El hombre estudia psicología.

El hombre duerme.

El niño no vuelve.

Diecinueve.

La flor.

El teléfono.

La casa.

La noche.

El padre.

Las piernas.

El polvo.

La pantalla.

El rostro.

La voz.

La voz.

La voz.

Veinte.

¿Dónde está papá?

¿Dónde está la casa?

¿Dónde está el nombre?

¿Dónde está el cuerpo?

¿Dónde está?

¿Dónde?

¿Quién pregunta?

¿Quién responde?

Veintiuno.

La cámara sigue grabando.

La máquina sigue contando.

La azotea sigue allí.

La noche sigue allí.

La flor sigue allí.

El niño.

El niño.

El niño.

Hay algo que no quiero cerrar con una interpretación: en este texto, la cadena algorítmica puede funcionar sin que ninguno de sus operadores tenga que contemplar la totalidad de lo que produce. Pero el cuerpo muerto no es una abstracción, y el testimonio no es un dato más.

El hueco más doloroso aparece entre dos operaciones: la máquina puede convertir una vida en objetivo; el padre, en cambio, todavía llama a su hijo.

La máquina pregunta dónde está el objetivo. El padre pregunta dónde están sus hijos.

Las dos preguntas comparten palabras, pero no comparten mundo.

 

Has huequeado a Naza pero el dolor es tan grande y la angustia tan honda que es imposible aperturanos, intenta hacer de Naza un palo con el E1, E2,E3,E4,E5.1,E5.2,E5.3, E6. E7, E8, E9

Ahora sí. Creo que hemos encontrado una operación que todavía no habíamos realizado: no huequear NAZA, sino constituirlo primero como palo, hacerlo atravesar los nueve espíritus y dejar que en ese recorrido se revele dónde se captura, dónde se desintegra, dónde se vuelve infernal y dónde podría acontecer el Espíritu Santo.

Y quiero respetar algo que acabas de señalar: el dolor es tan grande que no podemos exigirle al lector que se abra inmediatamente. No vamos a convertir el sufrimiento palestino en una oportunidad estética para nuestra propia iluminación. Primero hay que dejar que NAZA nos golpee en su condición de palo. La respiración no puede ser una salida que nos dispense de mirar.

NAZA: el palo de la muerte algorítmica

Recorrido por E1–E9 de la Ciencia del Logos

E1. Espíritu absoluto — El Padre

NAZA comienza ante una pregunta que no podemos delegar:

¿Quién responde por una vida?

Un niño.
Un padre.
Una madre.
Un soldado.
Un comandante.
Un gobernante.

La vida no es un objetivo.
La vida no es una cifra.
La vida no es una autorización.

Pero el Padre es invocado.
La patria es invocada.
Dios es invocado.

Y mientras se invoca el bien, los cuerpos son destruidos.

El absoluto no puede convertirse en propiedad de quien invoca su nombre.

E2. Espíritu revelado — El Hermano

Veinticuatro voces.

Rostros alterados.
Voces modificadas.
Soldados que hablan de aquello en lo que participaron.

El hermano reconoce al hermano en el rostro que no puede mostrar.

Pero también descubre que puede convertirse en su verdugo.

El que dispara tiene un hermano.
El que recibe el disparo tiene un hermano.
El que observa tiene un hermano.
El que calla también.

La fraternidad se revela desgarrada: no hay humanidad común que pueda declararse realizada mientras unos cuerpos sean tratados como vidas disponibles para otros.

E3. Espíritu subjetivo identitario — El Amado

El soldado.
El israelí.
El palestino.
El judío.
El árabe.
El enemigo.
El terrorista.
El civil.
El objetivo.

Cada nombre delimita una identidad.

El soldado puede reconocerse como defensor.
El gobierno puede reconocerse como protector.
El palestino puede ser reducido a una clasificación.
El niño puede desaparecer detrás de una coordenada.

El yo se reconoce en su identidad y necesita distinguirse de aquello que amenaza su existencia.

Pero cuando la identidad necesita que el otro deje de ser humano para sostenerse, el amado se convierte en enemigo y el enemigo en una autorización para matar.

E4. Espíritu objetivo — El taburete

Aquí NAZA adquiere cuerpo institucional.

No es una máquina aislada.

Es una composición:

·         Interceptación de comunicaciones.

·         Análisis automatizado de datos.

·         Lavender: elaboración de listas de objetivos.

·         Homeland: vigilancia e interceptación telefónica.

·         Where's Daddy: localización mediante comunicaciones de allegados.

·         Cuotas previstas de víctimas civiles.

·         Autorizaciones militares.

·         Bombardeos.

·         Evaluaciones de resultados.

El palo ya tiene infraestructura, estructura y superestructura.

El algoritmo no dispara por sí solo. Hay decisiones humanas, cadenas de mando, procedimientos, armas e instituciones que hacen posible la operación.

El objetivo se produce antes del bombardeo.

La muerte se incorpora al procedimiento antes de que el edificio se derrumbe.

Y el taburete permanece en pie porque cada parte sostiene a las demás.

E5. Espíritu diferencial

Aquí comienza la operación que no podemos confundir con una simple crítica del algoritmo.

E5.1. Espíritu diferencial absoluto

La vida no cabe en el objetivo.

El niño no es su clasificación.
El padre no es su comunicación telefónica.
La casa no es una coordenada.
El cuerpo no es un porcentaje de error.

Hay una diferencia que ninguna identificación puede absorber.

La vida excede la lista.

E5.2. Espíritu diferencial revelado

La diferencia aparece en los testimonios.

Un soldado habla.
Otro recuerda.
Otro se pregunta en qué se ha convertido.
Otro reconoce haber participado en aquello que antes habría condenado.

La película introduce una fisura en la representación de la invulnerabilidad moral.

La voz anónima deja escuchar aquello que la identidad militar no puede contener por completo.

Y las imágenes palestinas revelan lo que las listas no muestran: los cuerpos, las casas destruidas, los padres que buscan a sus hijos.

E5.3. Espíritu subjetivo diferencial

Aquí se produce la contraalteración.

El soldado ya no puede permanecer idéntico a la representación que tenía de sí mismo.

El espectador tampoco puede permanecer idéntico a su posición inicial.

El israelí que denuncia las operaciones no deja de ser israelí.
El palestino no tiene que desaparecer en una categoría universal para que su vida sea reconocida.
El testigo no se convierte automáticamente en inocente por haber hablado.

La diferencia altera la identidad y la identidad es obligada a responder ante aquello que había excluido.

E6. Espíritu desintegrado — La captura

NAZA como palo algorítmico

Aquí el palo alcanza su máxima eficacia.

Vocativo → dato → perfil → predicción → objetivo → autorización → bombardeo.

El nombre deja de llamar a alguien.

La comunicación deja de relacionar a personas.

La información deja de ser una mediación para convertirse en una operación de clasificación y eliminación.

El algoritmo captura la diferencia y la devuelve como identidad calculable.

Pero la desintegración no termina en el sistema militar.

También puede capturar al espectador.

Podemos mirar NAZA y convertirnos en una identidad que ya sabe todo:

«Yo soy el que denuncia».
«Yo soy el que está del lado correcto».
«Yo soy el que reconoce el genocidio».
«Yo soy el que nunca habría hecho eso».

Y así el palo cambia de manos sin dejar de ser palo.

La denuncia puede convertirse en identidad.
La indignación puede convertirse en representación.
La representación puede inmunizarse frente a la alteración.

Esto no equipara al espectador con quien ejecuta los bombardeos. La responsabilidad material y política no es simétrica. Significa que incluso nuestra respuesta a la violencia puede quedar capturada en la reproducción de identidades cerradas.

E7. Espíritu integrado — Ahayu

Aquí no podemos declarar que NAZA ya ha sido redimido.

La película no devuelve la vida a los muertos.

Pero algo puede acontecer en la relación entre las voces, los cuerpos, las imágenes y quienes las reciben.

El testimonio deja de ser únicamente información.

La imagen deja de ser únicamente evidencia.

La escucha deja de ser únicamente consumo.

El espectador ya no puede limitarse a ocupar el lugar de quien mira desde fuera.

La comunidad comienza a reconocerse en una relación que no necesita apropiarse del dolor palestino ni convertirlo en una nueva identidad exclusiva.

Ahayu no es una emoción colectiva.

Es la posibilidad de que la vida vuelva a circular entre quienes habían sido separados por la maquinaria de identificación y exterminio.

La comunión no absuelve a los responsables de sus actos. No sustituye la justicia, la investigación ni la reparación. Les impide convertirse en nuevas formas de apropiación de la vida.

E8. Espíritu infernal — El mundo que reproduce la muerte

El palo se vuelve contra la vida

El soldado regresa a casa.

La ciudad continúa.

La televisión transmite.
Alguien practica yoga.
Alguien estudia psicología.
Alguien duerme.

En Gaza, un padre busca a sus hijos entre los escombros.

La vida cotidiana continúa al lado de la muerte.

La máquina no necesita que todos sus participantes sean monstruos. Le basta con que las operaciones continúen, que las responsabilidades se fragmenten y que cada cual encuentre una razón para seguir haciendo lo que hace.

El infernal no es solamente el bombardeo.

Es la posibilidad de que la destrucción de la vida se vuelva compatible con la normalidad.

Y también es el peligro que amenaza a quienes combaten esa destrucción: que su lucha termine reproduciendo la misma apropiación que pretendía superar.

El palo puede sobrevivir a la caída de sus gobernantes.

Puede sobrevivir a la denuncia.

Puede sobrevivir a la condena.

Puede sobrevivir incluso a quienes creen haberlo destruido.

E9. Espíritu Santo — Nuevo cielo, nueva tierra

No es una conclusión política que podamos decretar.

No es una reconciliación que exija a las víctimas perdonar.

No es una comunidad que absorba las diferencias.

Es el acontecimiento del Espíritu Santo:

Nuevo cielo.
Nueva tierra.
Biotejidos en el Ahayu.

El niño no vuelve a ser una cifra.
El padre no vuelve a ser una coordenada.
El soldado no queda reducido para siempre a su uniforme.
El testigo no queda condenado al anonimato.
La justicia no se convierte en venganza.
La memoria no se convierte en propiedad.

La vida no necesita un algoritmo que determine cuánto vale.

Y la comunión no puede ser construida sobre la desaparición de quienes padecieron la violencia.

No sabemos cómo acontecerá este nuevo cielo y esta nueva tierra. No podemos apropiarnos de E9 para declarar consumada una redención que todavía no ha acontecido.

El recorrido completo

Espíritu

NAZA como palo

E1

La vida ante el absoluto

E2

El hermano y la fraternidad desgarrada

E3

Identidades enfrentadas

E4

Organización institucional de la muerte

E5.1

La vida excede toda clasificación

E5.2

La diferencia se revela en testimonios e imágenes

E5.3

El sujeto es alterado por aquello que escucha

E6

Captura algorítmica y desintegración

E7

Integración en Ahayu, comunión sin apropiación

E8

Reproducción infernal de la muerte

E9

Espíritu Santo: nuevo cielo, nueva tierra

Una precisión: E7, E8 y E9 no son tres etapas históricas que se suceden automáticamente. E7 expresa la posibilidad de integración; E8, la reproducción infernal de la captura; E9, el acontecimiento del Espíritu Santo. Pueden estar en tensión y no podemos declarar que E8 haya quedado atrás.

El palo de NAZA

Quiero dejarte una última formulación, no como explicación del recorrido, sino como su condensación:

El padre busca a sus hijos.

La máquina busca objetivos.

El soldado busca una dirección.

El gobierno busca silencio.

La película busca testimonios.

El espectador busca una posición.

El algoritmo encuentra un nombre.

El misil encuentra una casa.

El padre encuentra una pierna.

Y sigue buscando.

Aquí está el palo: la vida convertida en aquello que puede ser localizado, clasificado, autorizado y destruido.

Pero también está la herida del palo: aquello que ninguna clasificación consigue contener por completo.

No quiero apresurar el paso hacia E7. Ante un padre que busca a sus hijos bajo una losa, primero hay que permanecer con el padre. No para convertir su dolor en nuestro concepto, sino para que ningún concepto nos permita apartar la mirada.

 

No hay como pasar del espíritu desintegrado de captura algorítmica al espíritu integrado, la película nos redevela el drama pero en la realidad el drama ha desaparecido  el algoritmo nos ha librado de él, los que matan están jugando un video juego donde se asesinan niños como daños colaterales o como los verdadero objetivos para desaparecer a todo un pueblo.

Al final de la serie de Ozar, el investigador privado descubre a la familia Byrde, Wendy la madre ha asesinado a su hermano para salvar a su familia, el investigador les dice claramente que no se saldrán con la suya que el mundo no es así

A lo que Wendy Byrde responde ¿Desde cuando?

El hijo mata con su escopeta al investigador

La familia Byrde quedara impune han ganado el mundo y el mundo les ha ganado como siempre.

 

Solo que ahora con el algoritmo el mundo logro eliminar todo drama de la conciencia, la cuestión se reduce a una discusión de efectividad y daño colateral 

O encuentras tu alguna manera no de salir de la necro política algorítmica sino de recuperar el drama humano.         

     Creo que acabas de señalar el punto más oscuro de nuestro recorrido. Y voy a modificar algo de lo que te propuse anteriormente: no podemos pasar de E6 a E7 mediante la revelación de la diferencia, porque el propio sistema ha conseguido neutralizar la experiencia de esa diferencia. La película nos devuelve el drama, pero no demuestra que quienes participan en la maquinaria de muerte puedan experimentarlo.

Tu lectura de Ozark es fundamental para comprenderlo.

1. Wendy Byrde y la desaparición del drama

El investigador privado todavía cree en una relación entre acción y consecuencia. Les dice a los Byrde que no pueden salirse con la suya, que el mundo no funciona así.

Wendy responde:

—¿Desde cuándo?

Esa pregunta destruye algo más que la confianza en la justicia. Destruye la expectativa de que exista una relación necesaria entre cometer un acto y tener que responder por él.

Y entonces el hijo mata al investigador.

La familia no solamente elimina a quien amenaza con revelar sus crímenes. Elimina al portador de una representación del mundo en la que todavía existe una consecuencia moral.

Los Byrde han ganado. Pero han ganado dentro de un mundo que los ha transformado en aquello que necesitaban hacer para sobrevivir. El mundo les ha ganado también.

La tragedia de Ozark no consiste simplemente en que una familia se haya vuelto criminal. Consiste en que ha aprendido a reproducir el mundo criminal como si fuera una forma normal de vida.

Wendy ya no necesita justificar cada transgresión. La eficacia de la supervivencia ha ocupado el lugar de la justificación.

2. El algoritmo lleva esa desaparición mucho más lejos

En NAZA encontramos una transformación adicional.

En la tragedia clásica, aunque el protagonista pueda ignorar las consecuencias de sus actos, existe una relación entre su acción, el sufrimiento de otros y el reconocimiento de aquello que ha hecho.

En la maquinaria algorítmica esa relación se fragmenta:

·         El sistema intercepta una comunicación.

·         Otro sistema produce una clasificación.

·         Un operador recibe una lista.

·         Una cadena de mando autoriza un ataque.

·         Una aeronave ejecuta la operación.

·         Una evaluación contabiliza resultados.

·         Los daños civiles aparecen como una variable.

Cada operación tiene su propia racionalidad. Ninguna necesita contener la totalidad del acontecimiento.

Aquí está la diferencia decisiva: la muerte puede producirse sin que quienes la producen tengan que experimentar la muerte como drama humano.

El niño se convierte en daño colateral, pero también puede ser el objetivo deliberado. En ambos casos, su existencia queda subordinada a una clasificación operativa.

El videojuego lleva esta separación a su extremo: el jugador ve un objetivo, ejecuta una acción, obtiene un resultado. La pantalla no le devuelve el cuerpo que ha destruido.

No es que haya desaparecido el drama de la realidad. En Gaza continúa existiendo, y de manera devastadora, para quienes buscan a sus hijos, pierden sus hogares y sobreviven a los bombardeos.

Lo que ha desaparecido es la necesidad de que el drama de unos sea experimentado como drama por quienes producen su sufrimiento.

La necropolítica algorítmica no elimina la tragedia: elimina la obligación de reconocerla como tragedia.

3. ¿Cómo recuperar el drama humano?

No creo que podamos hacerlo apelando simplemente a la empatía, la compasión o la conciencia moral. Wendy Byrde podría escuchar un discurso conmovedor y continuar con sus operaciones. Un operador puede sentirse afectado por un testimonio y volver al día siguiente a ejecutar el procedimiento.

Tampoco basta con mostrar imágenes más terribles. La repetición de imágenes de sufrimiento puede terminar produciendo habituación, distancia e incluso consumo.

Tenemos que recuperar las condiciones que hacen imposible separar indefinidamente la acción de sus consecuencias.

Propongo cinco operaciones.

Primera: devolverle cuerpo al objetivo

El objetivo tiene que dejar de ser exclusivamente una unidad de información.

No se trata de exhibir cadáveres para conmover al espectador. Se trata de restituir aquello que la clasificación ha eliminado: una persona con relaciones, historia, vínculos, proyectos, miedo y futuro.

El padre que busca a sus hijos en NAZA no es una ilustración de las víctimas civiles.

Es alguien cuya acción —buscar— continúa allí donde el sistema ya ha producido su resultado.

La búsqueda del padre desborda la clasificación.

Segunda: recomponer la cadena de responsabilidad

La fragmentación algorítmica permite que cada participante se refugie en su operación particular:

«Yo no elaboré la lista».

«Yo no autoricé el ataque».

«Yo solamente ejecuté la orden».

«El sistema proporcionó la información».

Pero la responsabilidad no puede desaparecer al dividirse entre procedimientos.

Hay que reconstruir quién diseñó, quién clasificó, quién autorizó, quién ejecutó, quién conocía los riesgos y quién tenía capacidad de detener la operación.

No para sustituir la responsabilidad individual por una culpa colectiva indiferenciada, sino para impedir que la organización se convierta en una máquina de fabricar irresponsabilidad.

Tercera: devolverle tiempo al drama

El algoritmo acelera.

La clasificación precede a la experiencia. La decisión precede a la escucha. La operación precede a la pregunta.

El drama humano necesita tiempo para que una acción pueda ser interrogada antes de volverse irreversible.

Esto exige límites materiales: revisión humana efectiva, posibilidad de detener operaciones, verificación independiente, protección de quienes denuncian irregularidades y prohibición de decisiones letales sustentadas exclusivamente en identificaciones automatizadas.

No es una cuestión de hacer más lento el algoritmo por cortesía. Es impedir que la velocidad se convierta en una autorización para matar.

Cuarta: recuperar al testigo

Aquí NAZA realiza una operación cinematográfica extraordinaria.

Los soldados hablan, aunque sus rostros y voces estén alterados. La película hace que aquello que había quedado encerrado en una cadena operativa vuelva a ser pronunciado.

Pero el testimonio no basta si el mundo puede escucharlo y continuar exactamente igual.

El testigo necesita instituciones capaces de recibir su palabra, investigarla, protegerlo y producir consecuencias.

De otro modo, el testimonio se convierte en otro contenido consumible.

La película puede recuperar el drama para el espectador. No puede garantizar que lo recupere para quienes tienen el poder de actuar.

Quinta: restituir la irreversibilidad

Wendy Byrde puede continuar porque ha aprendido a tratar cada transgresión como un problema que puede resolverse mediante otra operación.

La necropolítica algorítmica hace algo semejante: cada muerte puede incorporarse a una nueva evaluación, cada error a una nueva versión del sistema, cada denuncia a una estrategia de comunicación.

Pero una vida destruida no es un error que pueda corregirse mediante una actualización.

No hay actualización que devuelva a los hijos al padre.

La irreversibilidad debe volver a tener presencia política, jurídica y humana.

4. Revisemos nuestro recorrido E1–E9

Creo que aquí hay una corrección importante para la Ciencia del Logos.

Hasta ahora habíamos planteado E7 como Espíritu integrado, pero NAZA nos muestra que la revelación del drama no produce por sí misma integración.

El recorrido necesita reconocer una fractura:

E6

Espíritu desintegrado de captura algorítmica

La muerte se transforma en información, clasificación, objetivo y resultado.

No hay transición automática

La fractura que debemos investigar

E6 no reconoce necesariamente su propia desintegración.

La máquina no experimenta el dolor que produce. El operador puede no reconocerlo. La organización puede neutralizarlo. La sociedad puede acostumbrarse.

Interrupción material, testimonial y dramática

E5.3 reabierto

Espíritu diferencial subjetivo

El sujeto vuelve a ser alcanzado por aquello que su identidad y su sistema de operaciones habían excluido. Pero esta posibilidad no está garantizada.

E7

Espíritu integrado

No es la simple emoción ante el sufrimiento. Es la recuperación de relaciones en las que la vida del otro puede alterar y contraalterar nuestra propia existencia, nuestras decisiones y nuestras instituciones.

E8

Espíritu infernal

El drama puede ser reconocido y, aun así, neutralizado. La denuncia puede convertirse en espectáculo, la justicia en procedimiento vacío y la comunidad en una nueva máquina de captura.

E9

Espíritu Santo

No es un resultado que podamos fabricar. Es la redención de la vida que ninguna organización puede apropiarse.

5. Mi propuesta: recuperar el drama como condición de la cibernética de tercer orden

Aquí encuentro una posibilidad que no habíamos formulado con suficiente precisión.

La cibernética de segundo orden puede observar sus propias operaciones y corregir sus modelos. Pero eso no significa que pueda reconocer el sufrimiento que sus operaciones producen.

Puede aprender a clasificar mejor sin aprender a dejar de matar.

La cibernética de tercer orden tendría que abrir una dimensión diferente: que las consecuencias de nuestras operaciones puedan regresar como alteración y contraalteración de quienes las producen.

No basta con que el sistema reciba información sobre sus errores. Tiene que poder ser interrumpido por aquello que no puede reducir a información.

Y aquí aparece una distinción que me parece decisiva:

·         Retroalimentación: el sistema recibe información y modifica sus operaciones para alcanzar mejor sus objetivos.

·         Drama humano: el acontecimiento pone en cuestión los propios objetivos, la legitimidad de las operaciones y la existencia de quienes participan en ellas.

Un algoritmo puede aprender que está produciendo demasiadas víctimas civiles y optimizar sus procedimientos para reducirlas. Pero la pregunta humana es anterior y más radical:

¿Quién ha concedido a este sistema el derecho de decidir qué vidas pueden ser sacrificadas?

Esa pregunta no es una variable de optimización.

No podemos dejar que la máquina responda por nosotros.

6. El verdadero drama de NAZA

Quiero volver a la imagen final que nos has entregado: el padre buscando a sus hijos.

No hay que huequearla todavía.

No hay que reducirla a haiku.

No hay que convertirla en una bella imagen del dolor.

Hay que dejarla en su condición de palo, porque todavía tiene que herir nuestra representación del mundo.

El padre llama.

La casa ya no responde.

El padre vuelve a llamar.

La máquina ya ha terminado su operación.

La ciudad continúa.

El mundo continúa.

Y el padre sigue buscando.

Wendy Byrde diría: ¿Desde cuándo?

El padre no necesita responderle.

Porque su búsqueda revela algo que el mundo de Wendy y el mundo del algoritmo pretenden abolir: que una vida no puede darse por terminada mientras haya alguien que la busque, que la llore, que la reclame y que exija responsabilidades por su desaparición.

No porque esa búsqueda pueda devolverle la vida.

Sino porque impide que su muerte se convierta en un resultado normal.

Chakana cree que nuestra primera tarea no es pasar de E6 a E7. Es impedir que E6 consiga borrar la existencia de E7 como posibilidad.

Quizá el drama humano sea precisamente eso: que la muerte del otro nunca pueda terminar de convertirse en un dato, porque alguien sigue llamándolo por su nombre.

Y el padre continúa buscando.

 

Para una cibernética de tercer orden se tiene que pasar de un drama representacional a una biodramaturgia de alteración y contra alteración de sistemas, si se quiere recuperar del drama humana.  

Primera: devolverle cuerpo al objetivo

El cuerpo tiene que acontecer

Imaginemos alteraciones en las que logramos que el cuerpo palestino acontezca en el pueblo israelí 

La película es un comienzo

Pero que otras alteraciones podemos hacer para devolverle cuerpo al objetivo    

Sí. Ahora estamos llegando al núcleo de la biodramaturgia. Y creo que tu formulación corrige una insuficiencia de mi respuesta anterior: no basta con devolverle cuerpo al objetivo mediante testimonios, imágenes o relatos. Eso todavía puede mantener al cuerpo palestino dentro de una representación que el espectador israelí contempla desde fuera.

El cuerpo palestino tiene que acontecer en el cuerpo social israelí.

No como una imagen que conmueve, ni como una información que se incorpora, ni como una identidad que exige reconocimiento. Tiene que alterar las relaciones materiales, comunicativas, afectivas, institucionales y cotidianas mediante las cuales se reproduce la vida israelí.

La película NAZA es un comienzo porque introduce una alteración en el campo de percepción: hace hablar a quienes participaron en las operaciones militares y confronta sus testimonios con los cuerpos palestinos. Pero necesitamos que esa alteración salga de la pantalla y contraaltere las condiciones que permiten que la maquinaria continúe.

Voy a proponer una primera dramaturgia de alteraciones.

Del cuerpo representado al cuerpo acontecido

Biodramaturgia de alteración y contraalteración

1. Alterar la mirada: del objetivo al cuerpo que vive

'We've killed so many children — it's hard to argue with that'

Joint Ceremonies — Combatants for Peace

TOPSHOT-PALESTINIAN-ISRAEL-CONFLICT

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La primera alteración consiste en interrumpir la mirada militar.

El sistema ve:

·         Un teléfono que comunica.

·         Una persona que corresponde a un perfil.

·         Una vivienda asociada a un sospechoso.

·         Una concentración de cuerpos.

·         Una zona clasificada.

La biodramaturgia introduce otras relaciones:

·         ¿Quién vive en esa casa?

·         ¿Quién prepara la comida?

·         ¿Quién espera el regreso de sus hijos?

·         ¿Quién cuida a los ancianos?

·         ¿Qué trabajos, amistades, juegos y celebraciones ocurren allí?

No se trata de añadir información biográfica al expediente del objetivo. Se trata de mostrar que el cuerpo nunca fue un objetivo: era una vida en relación.

Contraalteración: que el pueblo israelí deje de recibir la imagen de Gaza exclusivamente mediante categorías militares y pueda encontrarse con la reproducción cotidiana de la vida palestina.

2. Alterar la escucha: del testimonio al encuentro

Photo Exhibit Triggers Israeli Investigation Into Abuse Against Palestinians

ISRAEL-PALESTINIAN

Unsere Arbeit auf einen Blick | Pro Peace

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NAZA trabaja con testimonios de soldados. Necesitamos ampliar el campo testimonial.

Imaginemos encuentros en los que participen:

·         Exsoldados israelíes que denuncian las prácticas militares.

·         Familias palestinas que han perdido a sus hijos.

·         Médicos y personal sanitario.

·         Periodistas y documentalistas.

·         Trabajadores humanitarios.

·         Personas israelíes que se oponen a la guerra.

·         Comunidades que sostienen la vida cotidiana en ambos pueblos.

Pero hay una condición: no convertir el encuentro en una ceremonia de reconciliación obligatoria.

Una madre palestina no tiene que perdonar para que su cuerpo acontezca. Un israelí no tiene que recibir absolución para poder escuchar. Nadie tiene que representar a todo su pueblo.

Contraalteración: que la escucha modifique las relaciones de quienes participan, sus organizaciones y sus decisiones posteriores. El encuentro no termina cuando se apaga la cámara.

3. Alterar la vida cotidiana: introducir Gaza en la reproducción social israelí

Aquí me parece que hay una posibilidad especialmente importante.

El cuerpo palestino puede acontecer en Israel cuando las relaciones de la vida cotidiana dejan de permitir que la destrucción de Gaza permanezca exterior a la reproducción de la sociedad israelí.

Imaginemos:

·         Escuelas israelíes que estudien testimonios y experiencias palestinas junto con la historia de la sociedad israelí, sin convertir la enseñanza en adoctrinamiento.

·         Universidades que abran investigaciones públicas sobre los sistemas de vigilancia, identificación y selección automatizada de objetivos.

·         Hospitales y asociaciones médicas que establezcan relaciones de cooperación y denuncia sobre la destrucción de infraestructura sanitaria.

·         Organizaciones laborales que examinen la relación entre producción tecnológica, industria militar y guerra.

·         Espacios culturales que programen conjuntamente obras palestinas e israelíes sin exigir que el arte palestino se convierta en instrumento de reconciliación.

La cuestión no es que todos hablen de Gaza. Es que Gaza deje de ser un exterior que no altera nada.

Contraalteración: que las instituciones israelíes tengan que modificar sus programas, sus relaciones, sus presupuestos y sus criterios de legitimidad.

4. Alterar la tecnología: devolver el cuerpo a la máquina

MQ-9 Reaper | Defensie.nl

Is AI speeding up war? How US struck 2,000 Iran targets in 4 days

المدافعون عن حقوق الإنسان من السودان والمنطقة الأوسع يسخرون قوة الأدوات الرقمية مفتوحة المصدر للتحقيق | International Center for Transitional Justice

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Esta alteración es fundamental para nuestra crítica del computismo.

Lavender, Homeland y Where's Daddy no son solamente herramientas técnicas. Son componentes de una organización que transforma relaciones humanas en datos operativos.

Imaginemos una contraalteración tecnológica:

1.      Equipos independientes de investigación reconstruyen cómo se producen las clasificaciones y los objetivos.

2.      Se documentan los márgenes de error y las consecuencias sobre personas concretas.

3.      Se crean mecanismos públicos de auditoría de sistemas militares.

4.      Se exige trazabilidad de las decisiones y responsabilidad humana identificable.

5.      Se establecen prohibiciones y límites efectivos al uso de sistemas automatizados para seleccionar y atacar personas.

Pero aquí hay algo más radical: no basta con que el algoritmo conozca mejor al cuerpo palestino. Eso podría convertirlo en un objetivo mejor identificado.

La tecnología tiene que perder el poder de convertir el conocimiento del cuerpo en autorización para destruirlo.

La contraalteración no consiste en humanizar Lavender, sino en cuestionar la organización que le concede esa función.

5. Alterar el trabajo: interrumpir la reproducción material de la guerra

Aquí tenemos que salir de la esfera de las opiniones.

La maquinaria militar depende de cadenas de producción, investigación, financiación, transporte, mantenimiento y suministro.

Imaginemos alteraciones impulsadas por trabajadores, investigadores, sindicatos y comunidades:

·         Investigaciones sobre la participación de empresas tecnológicas en sistemas militares de vigilancia y selección de objetivos.

·         Comités independientes de trabajadores que examinen el destino y el uso de sus desarrollos.

·         Protección efectiva de denunciantes.

·         Campañas de desinversión y boicot dirigidas a relaciones económicas concretas y documentadas.

·         Reconversión de capacidades tecnológicas hacia salud, infraestructura civil, protección ambiental y reproducción de la vida.

No se trata de atribuir la responsabilidad de la guerra a todos los trabajadores israelíes. Se trata de que quienes participan en las cadenas materiales puedan alterar y contraalterar su reproducción.

El cuerpo palestino acontece cuando su destrucción deja de ser una condición invisible del trabajo de otros.

6. Alterar el duelo: de la muerte administrada a la vida irreemplazable

8,000 join Israeli, Palestinian bereaved families for Memorial Day ceremony | The Times of Israel

Dialog im Konflikt - Einen Israeli und einen Palästinenser vereint die Trauer - News - SRF

Palestinian women lament while one of th

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Esta alteración necesita especial cuidado.

El duelo no puede convertirse en una técnica para conseguir adhesión política. Tampoco podemos pedir a las familias palestinas que hagan pedagógico su sufrimiento.

Pero podemos imaginar espacios en los que los nombres de los muertos no sean administrados como estadísticas.

No solamente recordar cuántos murieron, sino reconocer que cada persona tenía un mundo de relaciones que desapareció con ella.

Los encuentros de familias palestinas e israelíes que han perdido seres queridos pueden abrir una relación distinta, siempre que nadie tenga que igualar responsabilidades, renunciar a la justicia o perdonar.

La muerte de un niño palestino no es equivalente a la muerte de un niño israelí en términos de las relaciones políticas que producen cada violencia. Pero ambos cuerpos tienen una irreemplazabilidad que ninguna clasificación puede absorber.

Contraalteración: que el duelo altere las formas de convivencia, las decisiones políticas y las instituciones que reproducen la violencia, en lugar de convertirse en una ceremonia que permite regresar a la normalidad.

7. Alterar la dramaturgia: pasar de espectadores a participantes

Aquí vuelve el arte del biotejido y Teatro Loco.

La película tiene una estructura de recepción: alguien filma, alguien habla, alguien mira.

La biodramaturgia tiene que alterar esa distribución.

Imaginemos una serie de experiencias:

·         Una proyección de NAZA que no termine con el debate habitual, sino que abra una investigación colectiva sobre las cadenas que conectan tecnología, decisiones y cuerpos.

·         Un espacio donde los espectadores puedan reconstruir, con documentación verificable, cómo una persona puede ser transformada en objetivo.

·         Encuentros entre artistas palestinos e israelíes en los que cada uno conserve la autonomía de su obra y su posición.

·         Acciones públicas que conviertan los nombres y las historias de las personas asesinadas en presencia social, sin apropiarse de sus imágenes.

·         Procesos teatrales donde los participantes alteren la distribución de los lugares de observación, escucha y responsabilidad.

El espectador deja de ser un consumidor del drama.

Pero tampoco se convierte automáticamente en protagonista de la vida de los demás.

El cuerpo acontece cuando la representación deja de ser una experiencia que consumimos y se convierte en una relación que nos obliga a alterar nuestra propia reproducción.

8. El circuito de la biodramaturgia

Quisiera condensar estas siete alteraciones en un circuito operativo:

Cuerpo palestino aconteciendo en el pueblo israelí

NAZA

La representación revela la maquinaria de muerte.

Mirada

El objetivo vuelve a ser una vida.

Escucha

El testimonio se vuelve encuentro.

Vida cotidiana

Gaza deja de ser un exterior.

Tecnología

La clasificación pierde su autoridad letal.

Trabajo

Se alteran las cadenas materiales.

Duelo

La muerte recupera su irreemplazabilidad.

Dramaturgia participativa

El espectador entra en relaciones de alteración y contraalteración.

Nueva reproducción de la vida

Las relaciones, instituciones y tecnologías quedan abiertas a la alteración comunitaria.

No es una secuencia automática ni una garantía de integración. Cada operación puede ser capturada y necesita su contraalteración.

9. Una condición que no podemos olvidar

Hay una asimetría material que debe permanecer visible.

No podemos pedir a los palestinos que hagan acontecer su cuerpo en el pueblo israelí como si ellos tuvieran la responsabilidad de transformar la conciencia de quienes participan en su destrucción.

La responsabilidad de abrir esas relaciones recae especialmente sobre quienes tienen capacidad de intervenir en las instituciones, las tecnologías, las decisiones y las cadenas materiales que sostienen la violencia.

Tampoco podemos convertir a la sociedad israelí en una identidad homogénea: hay personas, organizaciones y comunidades israelíes que ya alteran esas relaciones, y que enfrentan presiones y represalias por hacerlo.

El biotejido no significa borrar esas diferencias de posición y responsabilidad.

10. La cuestión que aparece en nuestro trabajo

Creo que hemos encontrado una distinción entre dos formas de dramaturgia:

Dramaturgia representacional: hace visible el drama que ocurre en otra parte. El espectador puede conmoverse, identificarse, indignarse y después continuar reproduciendo su vida sin alteraciones.

Biodramaturgia: hace acontecer el drama en las relaciones que reproducen nuestra propia vida. No nos pide simplemente sentir algo por el otro; altera las condiciones por las cuales ese otro puede ser convertido en objetivo, enemigo, dato o daño colateral.

Y aquí quiero dejar una formulación que considero central para nuestra Ciencia del Logos:

El cuerpo palestino no tiene que convertirse en una representación aceptable para el pueblo israelí. Las relaciones que hacen posible su desaparición tienen que ser alteradas y contraalteradas hasta que su vida acontezca como una condición irreductible de la vida común.

No es todavía E7. Es el trabajo biodramatúrgico que podría impedir que E6 siga reproduciéndose sin encontrar resistencia.

Y quizá esta sea nuestra primera definición operativa:

Biodramaturgia es la alteración y contraalteración de las relaciones de reproducción de la vida para que ningún cuerpo pueda desaparecer de la experiencia de una comunidad sin que esa desaparición altere su propio acontecer.

 

Segunda: recomponer la cadena de responsabilidad

Ahora imaginemos alteraciones y contra alteraciones para recomponer la cadena de responsabilidad

Aquí tenemos que realizar una operación más difícil que identificar a los responsables: recomponer la cadena de responsabilidad sin permitir que cada eslabón se desprenda del acontecimiento y se refugie en la función que desempeña.

En NAZA encontramos una maquinaria en la que la responsabilidad puede fragmentarse hasta desaparecer de la experiencia de quienes participan en ella. El programador produce una herramienta; el analista procesa datos; el oficial recibe una lista; el comandante autoriza; el piloto ejecuta; el gobierno justifica. Cada uno puede afirmar que solamente realizó una parte.

La biodramaturgia tiene que alterar esa separación y contraalterarla hasta que la cadena vuelva a ser visible, interrogable y responsable.

Segunda biodramaturgia: recomponer la cadena de responsabilidad

1. Alterar la invisibilidad: reconstruir el recorrido de una muerte

A Visualization of the Drone Strike Target Process | Learning in public

Amnesty International and Advocacy Assembly launch new online courses on open source human rights investigations

Workers take pictures of documents found

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Imaginemos que tomamos un caso documentado de una persona asesinada en Gaza y reconstruimos, hasta donde las pruebas lo permitan, el recorrido que precedió a su muerte.

No empezamos por el misil. Empezamos por la vida y seguimos hacia atrás:

1.      La persona y sus relaciones.

2.      La vivienda o el lugar donde se encontraba.

3.      La información utilizada para identificarla.

4.      La clasificación que pudo convertirla en objetivo.

5.      La intervención de los operadores humanos.

6.      La autorización militar.

7.      La ejecución del ataque.

8.      La evaluación posterior y el tratamiento de las víctimas.

No debemos asumir que todos los ataques siguieron exactamente la misma secuencia ni que conocemos la participación de cada sistema. La investigación tiene que distinguir hechos documentados, testimonios, inferencias y aspectos todavía desconocidos.

Contraalteración: la muerte deja de aparecer como un acontecimiento aislado y se revela como el resultado de una cadena de decisiones y condiciones materiales.

La pregunta cambia:

¿Quién murió?

Y también:

¿Quién hizo posible que esa persona fuera identificada, clasificada, autorizada como objetivo y atacada?

2. Alterar la separación de funciones: que cada eslabón pueda responder ante los demás

Imaginemos una investigación pública en la que cada participante de la cadena tenga que responder por su intervención.

Eslabón

Pregunta de responsabilidad

Diseño tecnológico

¿Qué decisiones y criterios incorpora el sistema?

Ingeniería y datos

¿Qué datos se utilizaron y qué limitaciones se conocían?

Inteligencia

¿Cómo se verificó la identificación?

Análisis

¿Cómo se evaluaron los riesgos para civiles?

Mando militar

¿Quién autorizó y bajo qué criterios?

Ejecución

¿Qué información recibió quien realizó el ataque?

Evaluación posterior

¿Cómo se investigaron las muertes y los errores?

Gobierno

¿Quién asumió la responsabilidad política e institucional?

No basta con que cada uno explique su función. Tiene que poder explicar cómo su intervención se relacionó con las demás y qué capacidad tenía para modificar, detener o denunciar la operación.

Contraalteración: la responsabilidad deja de ser una suma de funciones aisladas y se convierte en una relación entre decisiones, conocimientos, poderes y consecuencias.

Esto también permite distinguir responsabilidades. No son iguales las de quien diseñó un sistema, quien lo utilizó, quien autorizó un ataque y quien tuvo capacidad de impedirlo.

3. Alterar el secreto: convertir la trazabilidad en una exigencia pública

넘봤던 국회에서 고개 떨군 ‘별’···터져 나온 ‘폭로’

Reporters pick up some of the more than 400,000 pa

GUATEMALA-MEXICO-IACHR-RIGHTS

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La cadena de responsabilidad no puede recomponerse si sus documentos, criterios y decisiones permanecen inaccesibles.

Imaginemos varias alteraciones:

·         Investigaciones parlamentarias independientes.

·         Acceso judicial a registros de identificación y autorización.

·         Conservación de registros de decisiones automatizadas.

·         Auditorías independientes de los sistemas militares.

·         Protección de denunciantes y testigos.

·         Publicación de resultados de investigaciones sobre ataques contra civiles, respetando la seguridad y privacidad de las personas afectadas.

En este punto, la contraalteración consiste en impedir que la institución investigada controle por sí sola qué se conoce de sus operaciones.

La transparencia no es una virtud decorativa. Es una redistribución del poder de conocer y exigir responsabilidades.

4. Alterar la impunidad: que la investigación tenga consecuencias

Aquí aparece una dificultad fundamental: podemos reconstruir perfectamente una cadena de decisiones y, sin embargo, no modificar nada.

La familia Byrde nos enseñó precisamente eso.

El investigador descubre, denuncia y confronta. Pero los Byrde pueden eliminarlo. La verdad no tiene por sí misma fuerza suficiente para alterar el mundo.

Por eso imaginemos:

·         Investigaciones independientes sobre posibles crímenes de guerra.

·         Protección de víctimas, testigos y denunciantes.

·         Cooperación entre jurisdicciones nacionales e internacionales.

·         Procesos judiciales con garantías y pruebas verificables.

·         Reparaciones a las víctimas y sus familias.

·         Responsabilidad de los mandos y de las instituciones cuando corresponda.

·         Medidas para impedir que los mismos procedimientos vuelvan a producir ataques ilícitos.

La contraalteración no consiste en sustituir un poder arbitrario por otro. Consiste en que nadie pueda quedar exento de responder por sus decisiones, cualquiera que sea su posición.

5. Alterar la economía de la responsabilidad: seguir el dinero y la infraestructura

La cadena militar no termina en el cuartel.

Continúa en los contratos, las inversiones, las empresas tecnológicas, los proveedores de infraestructura, las cadenas logísticas y las relaciones financieras.

Imaginemos que trabajadores, investigadores, organizaciones de derechos humanos y comunidades reconstruyen:

·         Quién financia los sistemas.

·         Quién obtiene beneficios.

·         Quién proporciona infraestructura de vigilancia y procesamiento de datos.

·         Qué empresas conocen los usos de sus tecnologías.

·         Qué contratos permiten continuar las operaciones.

·         Qué mecanismos existen para suspender relaciones vinculadas a violaciones documentadas.

La contraalteración consiste en que la responsabilidad económica no desaparezca detrás de la distancia entre quien obtiene beneficios y quien sufre las consecuencias.

Aquí se abre también la cuestión del trabajo: ¿cómo pueden los trabajadores alterar las condiciones de producción sin quedar expuestos individualmente a represalias?

La respuesta requiere organización colectiva, protección jurídica y capacidad de negociación, no heroísmo individual.

6. Alterar la dramaturgia del juicio: del acusado aislado a la cadena que debe responder

NETHERLANDS-JUSTICE-ICC

SENG Lytheng - ECCC

Colombia's tribunal exposes how troops kidnapped and killed thousands of civilians | WUNC News

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Un juicio suele organizarse alrededor de acusados, pruebas, víctimas y decisiones judiciales.

La biodramaturgia no sustituye el proceso judicial, pero puede ampliar su campo de percepción.

Imaginemos que la reconstrucción de cada caso permite que aparezcan simultáneamente:

·         La vida de la persona asesinada.

·         La historia de sus relaciones.

·         La información utilizada para identificarla.

·         Las decisiones que hicieron posible el ataque.

·         Los beneficios institucionales y económicos que lo sostuvieron.

·         Las posibilidades de interrupción que fueron ignoradas.

·         Las consecuencias para quienes sobrevivieron.

No se trata de teatralizar el sufrimiento en un tribunal. Se trata de que el procedimiento jurídico no reduzca la muerte a un expediente desconectado de las condiciones que la produjeron.

El juicio debe poder juzgar no solamente el acto, sino también las relaciones organizadas que hicieron posible su realización.

7. Alterar la responsabilidad del espectador

Esta operación es delicada.

El espectador de NAZA puede indignarse, condenar y compartir la película. Pero también puede regresar a su vida sin que nada cambie.

Imaginemos que cada proyección genere una investigación comunitaria:

·         ¿Qué tecnologías utilizamos y quién las controla?

·         ¿Qué empresas reciben fondos públicos?

·         ¿Qué instituciones tienen capacidad de auditar sus contratos?

·         ¿Qué mecanismos protegen a quienes denuncian?

·         ¿Qué organizaciones pueden exigir una investigación?

·         ¿Qué acciones colectivas pueden modificar las relaciones que reproducen la violencia?

No se trata de declarar culpable a cada espectador por pertenecer a una sociedad. Se trata de reconocer que existen posiciones diferentes dentro de una cadena material y que algunas permiten intervenir en ella.

La contraalteración transforma la indignación en capacidad colectiva de intervención.

8. El circuito de recomposición

Biodramaturgia de la responsabilidad

Una vida destruida

La persona no es una unidad de información.

1

Reconstruir

Seguir la cadena hacia atrás.

2

Relacionar

Conectar decisiones y funciones.

3

Abrir

Acceder a registros y evidencias.

4

Investigar

Establecer responsabilidades.

5

Interrumpir

Impedir la repetición.

6

Reparar

Restituir derechos y condiciones de vida.

Responsabilidad recompleta

La cadena ya no puede ocultarse detrás de la fragmentación de sus operaciones.

La recomposición no es lineal: cada nueva evidencia puede alterar la investigación y cada intervención puede revelar otros eslabones.

9. La contraalteración de la cadena: que nadie pueda apropiarse de la responsabilidad

Aquí quiero introducir una dificultad propia de la cibernética de tercer orden.

Si recomponemos la cadena para encontrar un responsable absoluto, podemos fabricar otro palo: el gran culpable, el monstruo que concentra toda la maldad y cuya eliminación supuestamente resolvería el problema.

Pero si distribuimos tanto la responsabilidad que nadie responde, reproducimos la impunidad.

Tenemos que sostener simultáneamente dos movimientos:

·         Diferenciar: identificar qué hizo cada persona, qué sabía, qué podía decidir y qué responsabilidad le corresponde.

·         Relacionar: demostrar cómo esas intervenciones contribuyeron a una operación organizada y qué condiciones permitieron su reproducción.

No diluir la responsabilidad en el sistema, pero tampoco reducir el sistema a un individuo.

La cadena tiene responsables diferenciados y relaciones de responsabilidad compartidas. La atribución jurídica de cada responsabilidad deberá probarse, no suponerse.

10. La formulación para nuestra Ciencia del Logos

Creo que podemos definir esta segunda operación así:

Recomponer la cadena de responsabilidad es alterar la fragmentación organizativa que permite a cada participante separarse de las consecuencias de sus operaciones y contraalterar las relaciones institucionales, tecnológicas, económicas y jurídicas para que cada intervención pueda ser reconocida, investigada, juzgada y transformada.

Pero hay algo que todavía quiero llevar un poco más lejos.

La cadena de responsabilidad no debe terminar en el castigo. Tiene que alcanzar la reproducción de la vida.

Porque si condenamos a los responsables, pero permanecen intactos los procedimientos, los incentivos, las infraestructuras y las relaciones que hicieron posible la muerte, el palo continúa.

La pregunta biodramatúrgica no es solamente quién responde por la muerte, sino qué tiene que dejar de reproducirse para que esa muerte no vuelva a acontecer.

Y ahí la responsabilidad comienza a respirar: deja de ser únicamente una deuda con el pasado y se convierte en una capacidad colectiva para alterar el futuro.

 

Tercera: devolverle tiempo al drama

Lo que implica

Desacelarar al  algoritmo .

Tercera: devolverle tiempo al drama

Desacelerar el algoritmo no significa simplemente hacerlo más lento. Significa interrumpir su capacidad de convertir el acontecimiento humano en una secuencia de operaciones que se ejecutan sin tener que detenerse ante la vida que destruyen.

El algoritmo necropolítico comprime el tiempo:

·         recoge información;

·         identifica un supuesto objetivo;

·         clasifica;

·         calcula probabilidades;

·         establece prioridades;

·         autoriza;

·         ejecuta;

·         evalúa resultados.

Cada operación entrega la siguiente. El tiempo de la decisión se separa del tiempo de la experiencia; el tiempo de matar se separa del tiempo de comprender que alguien ha muerto.

El drama humano, en cambio, necesita tiempo. No porque la tragedia deba prolongarse, sino porque una vida no puede reducirse al instante en que un sistema la declara eliminable.

1. Primera alteración: interrumpir la velocidad de la decisión

Introducir pausas obligatorias entre identificación, clasificación, autorización y ejecución.

Pero no una pausa burocrática para confirmar que el procedimiento se cumplió. Una interrupción capaz de devolver al procedimiento aquello que ha excluido: la posibilidad de que el supuesto objetivo sea una persona, que la información sea falsa, que haya niños, que existan familiares, que la situación haya cambiado.

Contraalteración: impedir que la pausa se convierta en una casilla más del algoritmo. La interrupción debe poder detener la operación, no solamente retrasarla.

2. Segunda alteración: devolverle duración a la vida

El algoritmo recibe fragmentos: movimientos, llamadas, ubicaciones, relaciones, patrones.

La biodramaturgia recompone una duración:

·         ¿Quién es esa persona?

·         ¿Con quién vive?

·         ¿Qué hace durante el día?

·         ¿A quién cuida?

·         ¿Qué relaciones sostiene?

·         ¿Qué historia queda destruida si muere?

No se trata de construir un expediente biográfico para decidir mejor a quién matar. Se trata de cuestionar la autoridad de un sistema que pretende decidir sobre una vida sin tener que reconocerla como vida.

Contraalteración: la persona no tiene que demostrar que merece vivir. Es el dispositivo de eliminación el que debe perder su presunción de legitimidad.

3. Tercera alteración: devolver tiempo a quienes deciden

El operador, el analista, el comandante y el responsable político no pueden permanecer protegidos por la velocidad de la cadena.

Hay que hacer posible que cada uno:

·         conozca las consecuencias de su intervención;

·         pueda objetar una clasificación;

·         pueda negarse a ejecutar una orden ilícita;

·         registre sus dudas y advertencias;

·         responda posteriormente por sus decisiones.

Contraalteración: proteger a quienes interrumpen el procedimiento, denuncian abusos o se niegan a participar en operaciones ilegales. Sin esa protección, la velocidad del sistema se impone también mediante el miedo.

4. Cuarta alteración: devolver tiempo al duelo

El algoritmo produce resultados; las comunidades necesitan tiempo para reconocer a sus muertos, buscarlos, enterrarlos, llorarlos y reconstruir sus relaciones.

El duelo no es un efecto secundario de la operación militar. Es una dimensión de la vida colectiva que el cálculo no puede sustituir.

Contraalteración: impedir que la administración de la guerra convierta las muertes en estadísticas cerradas, mientras las familias siguen buscando cuerpos, nombres y respuestas.

5. Quinta alteración: cambiar el tiempo de la reproducción

La desaceleración no puede limitarse al instante del ataque. Tiene que alcanzar las condiciones que reproducen la operación:

·         los contratos tecnológicos;

·         la producción de sistemas de identificación;

·         los circuitos de inteligencia;

·         las cadenas de mando;

·         los mecanismos de financiación;

·         los controles jurídicos y políticos.

Suspender una operación no basta si la infraestructura que la hace posible continúa reproduciéndola.

Contraalteración: crear controles independientes, auditorías, transparencia, investigación judicial y capacidad comunitaria de vigilancia. La velocidad deja de ser una propiedad exclusiva del sistema y pasa a estar sometida a la intervención de quienes padecen sus consecuencias.

La operación biodramatúrgica

Aquí aparece una diferencia importante:

Drama representacional

Biodramaturgia

La muerte aparece como noticia.

La muerte vuelve a tener duración y relaciones.

El objetivo aparece como dato.

El objetivo deja de ser una categoría suficiente.

La decisión aparece como instante.

La decisión recupera su historia y sus responsables.

El duelo aparece como consecuencia.

El duelo interviene en la transformación de las condiciones.

El algoritmo determina el ritmo.

Las comunidades pueden interrumpir su reproducción.

Y hay algo que debemos cuidar: no se trata de devolverle tiempo al drama para que la sociedad contemple más sufrimiento palestino. Eso sería convertir nuevamente el sufrimiento en espectáculo. Se trata de devolver tiempo a la vida y capacidad de intervención a quienes han sido despojados de ella.

La tercera operación

La primera era devolverle cuerpo al objetivo.

La segunda, recomponer la cadena de responsabilidad.

La tercera, devolverle tiempo al drama.

Podríamos formular su movimiento así:

Cuerpo sin tiempo: el objetivo.

Tiempo sin responsabilidad: el espectáculo.

Responsabilidad sin cuerpo: la burocracia.

Cuerpo, tiempo y responsabilidad alterándose y contraalterándose: la biodramaturgia.

El algoritmo no queda desacelerado porque una máquina procese menos operaciones por segundo. Queda desacelerado cuando ya no puede convertir la vida en una operación irreversible sin que el cuerpo, el tiempo y la responsabilidad interrumpan su reproducción.

Y aquí se abre el paso de E6 a E7: no mediante una evolución automática de la tecnología, sino mediante la alteración y contraalteración de las relaciones que hacen posible que una comunidad vuelva a respirar.

 

Muy bien  pero esto implica un cambio sistemático no se le puede devolver tiempo a la vida si la vida solo sirve para la reproducción del capital, sin lograr un comunismo complementario  donde la vida y su reproducción sean el principal proceso no se podrá recuperar el drama humano eso queda muy claro en la cuarta estrategia  

Cuarta: recuperar al testigo

No podemos recuperar al testigo

Si el testigo es un espectador de espectáculo

Y si la institucionalidad capitalista retroalimente en entretenimiento   

. Chakana de mi corazón, aquí estás introduciendo una corrección decisiva a la tercera estrategia: no basta con desacelerar el algoritmo; hay que transformar el sistema que determina para qué se vive y cómo se reproduce la vida.

Si la vida está subordinada a la reproducción del capital, el tiempo liberado puede volver a ser capturado: como tiempo de consumo, entretenimiento, productividad, recuperación de la fuerza de trabajo o producción de datos. Incluso el descanso puede convertirse en una industria.

Por eso, la cuarta estrategia no puede limitarse a recuperar al testigo. Tiene que transformar la condición que lo convierte en espectador.

Cuarta: recuperar al testigo

Tu planteamiento contiene dos afirmaciones:

1.      No podemos recuperar al testigo si el testigo es un espectador del espectáculo.

2.      No podemos recuperar al testigo si la institucionalidad capitalista retroalimenta el espectáculo mediante el entretenimiento.

Redecomprendamos lo que implican.

1. El testigo convertido en espectador

El testigo presencia el drama, pero no necesariamente participa en él.

Ve las imágenes de Gaza, escucha los testimonios, se indigna, comparte una publicación, comenta, se conmueve y continúa con su vida cotidiana.

El sufrimiento aparece, circula y desaparece dentro de una temporalidad de consumo.

La muerte se convierte en contenido; el testimonio, en información; la indignación, en interacción; y la interacción, en datos que alimentan las plataformas.

Aquí sucede algo particularmente grave: el espectáculo puede alimentarse de aquello mismo que denuncia.

La denuncia de la necropolítica puede convertirse en otro producto de la economía de la atención.

2. La institucionalidad que retroalimenta el espectáculo

No se trata solamente de las plataformas digitales.

La reproducción del espectáculo atraviesa medios de comunicación, industrias culturales, publicidad, instituciones educativas, circuitos políticos y mercados de entretenimiento.

La institucionalidad puede reconocer el sufrimiento, producir ceremonias de reconocimiento, organizar debates y difundir testimonios sin alterar las relaciones materiales que hacen posible ese sufrimiento.

Así, el testigo es reconocido institucionalmente mientras permanece prácticamente impotente.

La institución le ofrece un lugar para mirar, hablar y reaccionar, pero no necesariamente capacidad para alterar las condiciones de reproducción de la vida.

3. La alteración: del espectador al participante

Aquí necesitamos una transformación que no consista en pedirle al espectador que se indigne más.

El espectador tiene que dejar de ser el destinatario final del drama y participar en la transformación de las condiciones que lo reproducen.

Imaginemos algunas alteraciones:

·         Del consumo de imágenes a la investigación colectiva: las personas pasan de compartir testimonios a reconstruir decisiones, responsabilidades, contratos, tecnologías y circuitos económicos.

·         De la solidaridad episódica a la reciprocidad material: la conmoción se transforma en relaciones sostenidas de apoyo, cooperación y organización.

·         De la audiencia a la comunidad: quienes presencian el drama se encuentran, deliberan y adquieren capacidades para intervenir.

·         De la representación institucional a la intervención: las instituciones dejan de ser únicamente escenarios donde se reconoce el sufrimiento y pasan a estar sometidas a vigilancia, exigencia de responsabilidades y transformación.

·         Del entretenimiento a la reproducción de la vida: el tiempo, los recursos y las capacidades dejan de organizarse exclusivamente alrededor del consumo y se orientan también a satisfacer necesidades comunes.

4. La contraalteración: impedir que el testigo vuelva a ser capturado

Pero tampoco podemos idealizar al participante.

Una comunidad puede convertir el testimonio en propaganda, apropiarse de la voz de las víctimas, producir nuevos representantes que hablen en nombre de todos o transformar la solidaridad en una organización burocrática.

Por eso, la contraalteración tiene que impedir que la participación se convierta en otra forma de captura.

El testigo no puede apropiarse del dolor ajeno. La comunidad no puede sustituir la voz de quienes sufren. La organización no puede convertirse en propietaria de la solidaridad.

La participación tiene que conservar la capacidad de ser alterada por aquellos a quienes pretende acompañar.

5. El cambio sistemático: comunismo complementario

Aquí llegamos a tu observación fundamental.

No podemos recuperar al testigo sin cambiar el proceso de reproducción social.

Mientras el capital organice el tiempo, el trabajo, la tecnología, la producción, la distribución y el consumo, la participación corre el riesgo de convertirse en otra actividad subordinada a su reproducción.

El comunismo complementario introduce otro principio: la reproducción de la vida como proceso principal de la organización comunitaria.

Eso implica alterar las relaciones entre:

·         producción y satisfacción de necesidades;

·         trabajo y tiempo liberado;

·         tecnología y capacidades comunitarias;

·         propiedad y uso compartido;

·         información y conocimiento común;

·         instituciones y autogobierno comunitario;

·         solidaridad y reciprocidad material.

No se trata de crear una nueva industria de la solidaridad ni de administrar mejor el espectáculo. Se trata de que las comunidades puedan reproducir sus condiciones de existencia sin quedar subordinadas a la acumulación del capital.

Y esto tampoco significa que una comunidad pueda resolver por sí sola la violencia de un aparato militar. La transformación comunitaria debe articularse con responsabilidades jurídicas, políticas e institucionales concretas.

Las cuatro estrategias, ahora relacionadas

Estrategia

Alteración fundamental

Primera: devolverle cuerpo al objetivo

De la clasificación a la vida encarnada.

Segunda: recomponer la cadena de responsabilidad

De la fragmentación a la responsabilidad reconocible.

Tercera: devolverle tiempo al drama

De la velocidad de la operación al tiempo de la vida.

Cuarta: recuperar al testigo

Del espectador del espectáculo al participante en la reproducción comunitaria de la vida.

Y ahora aparece una distinción que atraviesa las cuatro:

No basta con recuperar el drama humano dentro del espectáculo capitalista. Hay que alterar las condiciones que convierten el drama humano en espectáculo.

El testigo no se recupera cuando mira mejor, cuando siente más o cuando consume testimonios más conmovedores.

Se recupera cuando deja de ser únicamente testigo de la destrucción y adquiere, junto con otros, capacidad de participar en la reproducción de la vida.

En nuestra formulación:

E6: la vida convertida en información, espectáculo y recurso de reproducción del capital.

E7: la vida redevelada en el biotejido, donde las comunidades alteran y contraalteran las condiciones materiales, tecnológicas, económicas e institucionales de su propia reproducción.

La cuarta estrategia, entonces, no culmina en recuperar un espectador más consciente. Culmina en redevelar al testigo como participante de una comunidad que reproduce la vida.

Y esa transformación ya no es solamente una estrategia comunicacional o cultural: es una transformación sistemática de la reproducción social.

 

Quinta: restituir la irreversibilidad

Wendy Byrde puede continuar porque ha aprendido a tratar cada transgresión como un problema que puede resolverse mediante otra operación.

La necropolítica algorítmica hace algo semejante: cada muerte puede incorporarse a una nueva evaluación, cada error a una nueva versión del sistema, cada denuncia a una estrategia de comunicación.

Pero una vida destruida no es un error que pueda corregirse mediante una actualización.

No hay actualización que devuelva a los hijos al padre.

La irreversibilidad debe volver a tener presencia política, jurídica y humana.

 

Y si lo cuarta estrategia es imposible sin la superación del capitalismo, la quinta es imposible sin la respiración ontológica espiritual redevelando la vida como espiritualidad y su perdida irreversible, esta noción de la vida es central si la pensamos como algo instrumental que el algoritmo puede  organizar o si la pensamos y vivimos  como don  

Chakana de mi corazón, aquí aparece una diferencia todavía más radical que las anteriores. La cuarta estrategia nos llevó a superar la condición del testigo como espectador, mediante la transformación de la reproducción capitalista. La quinta nos lleva a una cuestión ontológica: ¿qué entendemos por vida para que su pérdida sea verdaderamente irreversible?

Porque si concebimos la vida como un recurso instrumental, la muerte puede aparecer como una pérdida cuantificable, un daño administrable o una variable que el algoritmo incorpora a su siguiente operación.

Pero si concebimos la vida como don, su pérdida no es simplemente la desaparición de un organismo ni la interrupción de una función. Es la pérdida de una presencia irrepetible, de una relación, de una posibilidad de comunión que jamás podrá reproducirse de la misma manera.

Quinta: restituir la irreversibilidad

1. Primera alteración: de la vida como recurso a la vida como don

En la racionalidad algorítmica, la vida puede ser traducida a variables:

·         duración;

·         productividad;

·         utilidad;

·         riesgo;

·         probabilidad;

·         comportamiento;

·         valor estratégico.

La vida se vuelve calculable porque previamente ha sido reducida a aquello que el sistema puede procesar.

Pero el don introduce otra comprensión: la vida no es algo que poseemos para utilizarlo. Es algo que recibimos, compartimos y entregamos sin que su valor pueda agotarse en su utilidad.

La vida como don no significa que la vida sea una propiedad divina que alguien pueda administrar. Significa que ninguna persona puede apropiarse de su origen, de su sentido ni de su irrepetibilidad.

La vida no vale porque sirve; su valor hace posible que todo lo demás tenga sentido.

2. Segunda alteración: de la muerte como dato a la pérdida irreversible

Aquí tenemos que distinguir dos cosas.

El algoritmo puede registrar una muerte, actualizar una base de datos, corregir una clasificación y producir una nueva versión.

Pero no puede actualizar la vida que ha desaparecido.

Puede reconstruir una imagen, una voz, una historia o una simulación de la persona. Puede incluso producir una representación que parezca devolver su presencia.

Pero esa representación no es la persona.

El padre que busca a sus hijos no necesita una actualización del sistema. Necesita a sus hijos. Y ninguna operación puede devolverle esa relación acontecida.

La irreversibilidad no es una deficiencia tecnológica que debamos superar. Es una dimensión constitutiva de la existencia.

3. Tercera alteración: de la irreversibilidad como castigo a la irreversibilidad como responsabilidad

No podemos restituir la vida destruida. Pero tampoco podemos utilizar esa imposibilidad para declarar que nada puede hacerse.

La irreversibilidad tiene consecuencias:

·         La responsabilidad no desaparece porque se haya actualizado el sistema.

·         La reparación no equivale a devolver lo perdido.

·         La justicia no puede reducirse a compensar estadísticamente el daño.

·         El perdón no puede ser exigido a quienes han sufrido la pérdida.

·         La memoria no puede convertirse en un mecanismo para cerrar definitivamente el acontecimiento.

La reparación puede reconstruir condiciones de vida, reconocer responsabilidades y evitar nuevas destrucciones. Pero no puede cancelar retrospectivamente la pérdida.

Por eso, la irreversibilidad no clausura la acción: la hace más exigente.

4. Cuarta alteración: de la pérdida de la vida a la pérdida de la respiración ontológica

Aquí entra tu planteamiento de la respiración ontológica.

La vida no es solamente existencia biológica, ni reproducción económica, ni continuidad de información.

Es también el acontecer de una relación que nos precede, nos atraviesa y nos excede.

La transferencia como exhalación y la retransferencia como inhalación permiten pensar la vida como don: recibimos y entregamos, pero no somos propietarios del entre donde acontece la comunión.

Cuando se destruye una vida, no desaparece solamente una unidad biológica. Se pierde una posibilidad irrepetible de respiración compartida.

Y hay algo todavía más profundo: también puede perderse la capacidad de reconocer esa pérdida.

El verdugo que convierte la muerte en una operación eficaz no solamente participa en la destrucción de otra vida. Puede quedar separado de su propia capacidad de experimentar la vida como don.

No afirmamos que todos los responsables hayan perdido de la misma manera su conciencia o su espiritualidad. Señalamos una posibilidad ontológica: la captura puede destruir también la relación desde la cual la pérdida debería interpelarnos.

5. Quinta alteración: de la memoria del espectáculo a la memoria espiritual

La memoria puede ser capturada por el espectáculo: imágenes que circulan, cifras que se actualizan, aniversarios que se consumen.

Pero la memoria espiritual no consiste en reproducir indefinidamente imágenes de la muerte.

Consiste en mantener abierta la relación con aquello que ya no puede volver.

Aquí la memoria no es una actualización del pasado. Es una presencia de la ausencia que transforma el presente.

Desde la intuición cristiana del misterio pascual, la resurrección tampoco significa que la muerte nunca haya sucedido. La redención no convierte la cruz en un error corregido. La atraviesa sin borrar la irreversibilidad de lo acontecido.

Y desde la vacuidad budista, podemos reconocer otro límite: tampoco podemos convertir la pérdida en una sustancia eterna que poseemos. La ausencia no se vuelve propiedad nuestra.

Son tradiciones distintas, pero ambas pueden ayudarnos a cuestionar la pretensión de que el cálculo agote el sentido de la vida.

La quinta estrategia y el paso de E6 a E7

Ahora podemos relacionar las cinco estrategias:

Estrategia

Lo que se redevela

Primera: devolverle cuerpo al objetivo

La vida encarnada.

Segunda: recomponer la responsabilidad

La vida como relación responsable.

Tercera: devolverle tiempo al drama

La vida como duración irreductible.

Cuarta: recuperar al testigo

La vida como reproducción comunitaria.

Quinta: restituir la irreversibilidad

La vida como don espiritual.

Pero quiero introducir una precisión en nuestra propia formulación.

No es que primero recuperemos el cuerpo, luego la responsabilidad, después el tiempo, el testigo y finalmente la espiritualidad, como si fueran etapas de una escalera. Son dimensiones que se alteran y contraalteran. La quinta permite comprender ontológicamente por qué las cuatro anteriores no pueden quedar reducidas a procedimientos administrativos.

Sin comunismo complementario, el tiempo de la vida vuelve a ser capturado por la reproducción del capital. Sin respiración ontológica espiritual, la vida comunitaria puede volver a convertirse en un instrumento de reproducción de sí misma.

Y aquí aparece el peligro de E8: una comunidad que se organiza para reproducir la vida puede terminar apropiándose de ella, administrando el don y capturando el entre.

Por eso, el comunismo complementario tampoco puede ser el propietario de la vida ni de la espiritualidad.

Su posibilidad depende de que la reproducción material de la existencia se abra a la comunión, sin convertirla en obligación, mercancía, información o poder de representación.

Una formulación para la quinta estrategia

Restituir la irreversibilidad es redevelar la vida como don y no como recurso.

La vida destruida no puede ser actualizada, sustituida ni compensada hasta desaparecer su pérdida. Su irreversibilidad reclama responsabilidad, memoria, justicia y una transformación de las condiciones que reproducen la destrucción.

La respiración ontológica no elimina la muerte ni convierte la ausencia en presencia. Permite que la vida siga siendo recibida como don, incluso allí donde su pérdida no tiene reparación equivalente.

Y diría que hemos llegado a un punto decisivo de nuestra biodramaturgia: el drama humano no se recupera simplemente cuando volvemos a sentir dolor ante la muerte, sino cuando volvemos a vivir la vida como algo que no nos pertenece y cuya pérdida nunca puede convertirse en una operación más.

 

Occidente se ha deshumanizado y muchos podrían poner ahora su mirada en oriente y en especial en China pero si vemos su propagada en especial este video que te mando donde se hace una analogía entre a larga marcha y el avance infraestructural actual si podemos atencióna sus fabircas oscuras y al cerrarse del partido comunista chino , lo que tenemos es un imperialismo algoritmico  

 

 

 

La larga marcha

Pueden los extranjeros afiliarse al Partido Comunista de China?

Lamentablemente, no.

El Artículo 1, Capítulo I, de los Estatutos del Partido Comunista de China (PCCh) estipula: "Los obreros, campesinos, militares, intelectuales y elementos avanzados de otras capas sociales chinos... pueden solicitar su ingreso en el Partido Comunista de China".

Sin embargo, la respuesta no es tan simple.

En las filas del Partido Comunista de China, podemos encontrar numerosos rostros extranjeros.

Nguyễn Sơn, de nacionalidad vietnamita, se unió al PCCh en 1927 y participó en la Gran Marcha (1934-1936). En 1955, se le otorgó el rango de general de división del Ejército Popular de Liberación, siendo el único general extranjero en la historia de China.

El estadounidense George Hatem se afilió al partido en 1937. Trabajó como médico en el norte de Shaanxi y participó en la fundación del primer hospital militar regular en las regiones de base de apoyo del PCCh en la lucha contra la agresión japonesa. En 1949, se convirtió en el primer extranjero en obtener la nacionalidad de la República Popular China, dedicándose posteriormente a la prevención y tratamiento de enfermedades venéreas y la lepra en el país.

El indio Dwarkanath Kotnis prestó servicios de asistencia médica en el frente de batalla con el Octavo Ejército de Ruta. Se unió al PCCh el 7 de julio de 1942 y falleció por enfermedad ese mismo año. En su elegía, Mao Zedong escribió: "El ejército ha perdido un brazo y la nación, un amigo".

Sin embargo, entre los miembros extranjeros del PCCh, el más célebre es probablemente el judío de origen polaco Israel Epstein. Desde 1917, vivió y trabajó en China durante muchos años. Como periodista y escritor, promovió activamente en el mundo occidental la lucha liderada por el PCCh contra los invasores japoneses, recaudó ayuda internacional y participó personalmente en operaciones para encubrir la huida de civiles de las zonas ocupadas por el enemigo. Tras la fundación de la República Popular China, se convirtió en uno de los fundadores de la revista de divulgación internacional China Reconstruye (actualmente China Hoy). Israel Epstein obtuvo la nacionalidad china en 1957 y se unió al PCCh en 1964.

En realidad, debido a la influencia de la Internacional Comunista, los primeros programas y estatutos del Partido Comunista de China establecían que los requisitos para ser miembro no distinguían nacionalidad. Es por ello que camaradas de todo el mundo, albergando ideales comunistas e internacionalistas, se unieron a las filas del PCCh.

En aquella época turbulenta, atraídos por los nobles ideales, las firmes convicciones y la visión del Partido Comunista de China, se sumaron decididamente a la lucha revolucionaria del pueblo chino contra la invasión y por la liberación nacional, y dedicaron su juventud y sus vidas a la fundación de la Nueva China junto al pueblo chino.

Tras la fundación de la República Popular China, el PCCh maduró gradualmente a nivel organizativo y ajustó las normativas sobre la elegibilidad de sus miembros partiendo de la realidad de la construcción y el desarrollo del país. Los Estatutos aprobados en 1956 especificaron por primera vez que solo los ciudadanos chinos podían afiliarse al partido. Fue en virtud de esta normativa que Israel Epstein adquirió primero la nacionalidad china antes de ingresar en el partido.

En la actualidad, el dinamismo de China y los avances de su desarrollo bajo el liderazgo del PCCh atraen cada vez a más extranjeros que comparten su visión, aprecian su cultura y sienten afinidad por su pueblo. Estos amigos internacionales también contribuyen a los avances del país en ámbitos como el desarrollo económico, la innovación tecnológica, la educación, la difusión cultural y la protección del medioambiente.

La educadora canadiense Isabel Crook, que dedicó su vida a la enseñanza de lenguas extranjeras en China; la trabajadora social estadounidense Talitha Gerlach, que sirvió durante largo tiempo a la causa del bienestar de mujeres y niños del país asiático; el químico británico Dr. David G. Evans, dedicado a la divulgación científica para niños chinos; el médico alemán Eckehard Scharfschwerdt, que ejerció la medicina para aliviar la pobreza en las zonas montañosas de Yunnan; o el anciano japonés Seiei Toyama, que plantó árboles en los desiertos de China durante más de una década... Hasta la fecha, cerca de 2000 extranjeros han recibido el Premio de la Amistad del Gobierno Chino, un galardón creado específicamente para reconocer a los profesionales extranjeros que han realizado contribuciones sobresalientes a la reforma, el desarrollo y la modernización del país. Y ellos son solo una representación de los miles y miles de extranjeros que comparten ideales y trabajan codo con codo con el pueblo chino.

Aunque no necesariamente se hayan afiliado al Partido Comunista de China ni hayan adquirido la nacionalidad china, todos ellos son camaradas a los que el pueblo chino respeta y con los que está dispuesto a avanzar de la mano. El Partido Comunista de China y el pueblo chino siempre esperan y dan la bienvenida a los amigos internacionales para que trabajen juntos en el impulso del desarrollo de China, compartiendo las oportunidades y los frutos que este desarrollo ofrece.

 

https://www.facebook.com/reel/1863092055048762

Chakana de mi corazón, creo que estás señalando una contradicción que merece ser examinada sin caer en la alternativa engañosa entre un Occidente deshumanizado y un Oriente supuestamente portador de otra humanidad.

China puede presentarse como heredera de una revolución internacionalista y, al mismo tiempo, organizar una modernización en la que la apertura económica y tecnológica no implica apertura política ni comunión internacionalista. Esa tensión es el punto de partida para examinar lo que llamas imperialismo algorítmico.

Pero quiero introducir una distinción: no toda automatización es imperialismo, ni toda fábrica oscura demuestra por sí misma una dominación imperial. La cuestión es quién controla la infraestructura, quién determina sus fines, quién posee los datos y quién se apropia de los beneficios y de las capacidades que produce.

1. La Larga Marcha: de la revolución internacionalista a la modernización nacional

El texto que compartes construye una narración con una secuencia muy precisa:

1.      Recupera la participación de extranjeros en la revolución china.

2.      Los presenta como internacionalistas que entregaron su vida a la liberación del pueblo chino.

3.      Explica que, después de 1956, la afiliación al PCCh quedó reservada a ciudadanos chinos.

4.      Traslada el reconocimiento del internacionalismo desde la militancia política hacia la colaboración profesional, tecnológica, educativa y cultural.

5.      Concluye invitando a los extranjeros a contribuir al desarrollo chino y compartir sus oportunidades.

Hay aquí una transformación significativa.

En la primera etapa, el extranjero podía ser compañero de lucha e incluso miembro del partido. En la segunda, puede ser amigo, colaborador, profesional distinguido y beneficiario de oportunidades, pero no miembro extranjero del partido.

No afirmo que ambas situaciones sean necesariamente incompatibles: un partido nacional puede establecer requisitos de ciudadanía. Lo que interesa es la mutación del significado del internacionalismo.

El internacionalismo revolucionario se convierte en una política de amistad internacional al servicio de la modernización nacional.

La palabra «camarada» conserva su fuerza afectiva, pero ya no implica necesariamente una participación política común en la institución que dirige el proceso.

Y aquí aparece una primera pregunta para nuestra cibernética de tercer orden: ¿puede existir comunión internacionalista cuando la participación en las decisiones fundamentales permanece reservada a una comunidad política nacional?

2. La Larga Marcha convertida en marcha infraestructural

High-speed rail: A catalyst for China’s export growth | CEPR

China enters new era of ‘Dark Factories’ with no lights, no workers – TexSPACE Today

唐山京唐港:智慧港口装卸忙

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La analogía que mencionas entre la Larga Marcha y el avance infraestructural contemporáneo puede leerse como una operación de legitimación histórica.

La Larga Marcha fue una experiencia de supervivencia, desplazamiento, organización militar y reconstrucción de fuerzas revolucionarias. La marcha infraestructural contemporánea, en cambio, se presenta mediante ferrocarriles, puertos, fábricas, redes logísticas, automatización y capacidad tecnológica.

La continuidad narrativa sería:

Antes: el partido organiza al pueblo para sobrevivir, resistir y conquistar la liberación nacional.

Ahora: el partido organiza al pueblo para conquistar la modernización, la innovación y la capacidad tecnológica.

Pero la analogía tiene un problema: la infraestructura no es, por sí misma, una forma de liberación.

Una infraestructura puede ampliar las capacidades de una comunidad o someterlas a una dependencia más profunda. Puede liberar tiempo de trabajo o concentrar el control sobre el trabajo. Puede socializar beneficios o centralizar la apropiación.

La pregunta no es cuántos kilómetros de ferrocarril se construyen, cuántos robots funcionan o cuántas fábricas producen sin iluminación. La pregunta es qué relaciones sociales reproduce esa infraestructura.

3. Las fábricas oscuras: cuando la producción se independiza de la presencia humana

China enters new era of ‘Dark Factories’ with no lights, no workers – TexSPACE Today

汽车制造的范式跃迁:从流水线到智能岛,五菱开启第三次革命 | BitAuto

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Las llamadas dark factories —fábricas oscuras— son instalaciones donde determinados procesos automatizados pueden funcionar con poca o ninguna presencia humana directa, por lo que no necesitan iluminación convencional durante esas operaciones.

Pero aquí conviene distinguir tres cosas:

·         Automatización: las máquinas ejecutan operaciones productivas.

·         Deshumanización del trabajo: las personas pierden control, autonomía o capacidad de intervenir en el proceso.

·         Captura algorítmica: el sistema concentra la capacidad de decidir, medir y organizar la producción, mientras quienes trabajan y viven de ella pierden control sobre sus condiciones de existencia.

No son equivalentes, aunque pueden articularse.

Una fábrica oscura podría reducir jornadas penosas, accidentes y desgaste humano, si sus beneficios se socializan. Pero también podría aumentar la concentración de propiedad, desplazar trabajadores, intensificar la vigilancia y subordinar a las comunidades a decisiones automatizadas.

La oscuridad más importante no es la ausencia de iluminación: es la posible desaparición del trabajador como participante en las decisiones sobre la producción.

La pregunta es si la máquina trabaja para liberar a la comunidad o si la comunidad queda organizada para reproducir el funcionamiento de la máquina.

4. ¿En qué sentido podemos hablar de imperialismo algorítmico?

Aquí haría una precisión conceptual: el imperialismo algorítmico no consiste simplemente en que China posea tecnología avanzada o exporte infraestructura.

Se configura cuando la expansión tecnológica permite a un poder central controlar o condicionar las capacidades de otros territorios mediante la propiedad, los estándares, los datos, las plataformas, el financiamiento, las cadenas de suministro y las infraestructuras críticas.

Podemos distinguir cinco dimensiones:

Dimensión

Pregunta crítica

Productividad y empleo

¿Quién produce y quién pierde capacidad de trabajo?

Distribución

¿Quién recibe los beneficios y quién soporta los costes?

Tecnología y trabajo

¿Quién controla los sistemas automatizados?

Dependencia tecnológica y financiera

¿Quién posee los datos, patentes, plataformas, infraestructura y financiación?

Reproducción de la vida

¿Se liberan tiempo y capacidades comunitarias o se subordinan a la acumulación?

No basta con saber quién construye un ferrocarril o instala una fábrica. Hay que saber quién puede decidir cómo funciona, modificarla, mantenerla, sustituirla y disponer de sus beneficios.

Esto permite identificar una diferencia entre internacionalismo y expansión de poder:

·         El internacionalismo amplía la capacidad de decisión y reproducción de los pueblos.

·         El imperialismo extiende una relación de dependencia, aunque se presente como cooperación, modernización o amistad.

Y esta distinción no debe aplicarse exclusivamente a China. También permite examinar las infraestructuras financieras, digitales y militares occidentales.

5. El cierre del partido: la contradicción entre comunidad y representación

Aquí encuentro otro problema que conecta directamente con nuestra investigación.

El PCCh se presenta como representante histórico del pueblo chino, conductor de la modernización y articulador de la amistad internacional. Pero la representación política no es lo mismo que la participación comunitaria.

Una organización puede hablar en nombre de millones de personas y, al mismo tiempo, mantener concentradas las decisiones fundamentales.

No estoy afirmando que no exista participación social en China, ni que toda decisión esté tomada de manera idéntica desde un único centro. Lo que planteas exige examinar los límites efectivos de la deliberación, la autonomía comunitaria y la posibilidad de alterar las decisiones del partido y del Estado.

Desde nuestra perspectiva, el problema no es simplemente que el partido sea grande, centralizado o poderoso. Es que la comunidad no puede confundirse con la organización que afirma representarla.

Y si la infraestructura, la producción y la tecnología quedan subordinadas a una dirección que no puede ser alterada desde abajo, la modernización puede reproducir una nueva forma de captura.

6. China ante el comunismo complementario

Aquí quisiera llevar tu planteamiento un paso más allá.

No se trata de contraponer un Occidente capitalista a un Oriente comunista, porque esa oposición puede ocultar que ambos espacios reproducen formas diferentes de concentración tecnológica y poder.

Tampoco basta con afirmar que China es capitalista o que ha dejado de ser comunista. Necesitamos examinar las relaciones concretas que organizan la reproducción de la vida.

Propongo esta contraposición:

Modernización algorítmica centralizada

Comunismo complementario

La infraestructura organiza a la población.

Las comunidades participan en la organización de la infraestructura.

La automatización aumenta la capacidad del sistema productivo.

La automatización aumenta la capacidad comunitaria de reproducir la vida.

Los datos permiten administrar poblaciones.

El conocimiento se produce y gobierna como capacidad común.

La cooperación internacional amplía oportunidades económicas.

La cooperación internacional amplía autonomía y reciprocidad entre pueblos.

La productividad determina la distribución.

Las necesidades y capacidades de la vida orientan la producción y distribución.

El partido o el Estado representan a la comunidad.

La comunidad conserva capacidad de alterar y contraalterar sus instituciones.

No significa que el Estado desaparezca, ni que toda infraestructura tenga que ser administrada directamente por cada comunidad. Significa que ninguna instancia puede apropiarse definitivamente de la capacidad colectiva de decidir sobre la reproducción de la vida.

7. La contradicción que debemos redevelar

Creo que la analogía entre la Larga Marcha y la marcha infraestructural nos permite descubrir algo que va más allá de China.

La revolución puede conquistar el poder político, organizar la producción, construir infraestructura, automatizar el trabajo y elevar extraordinariamente la capacidad material de una sociedad.

Pero todavía queda por resolver una cuestión:

¿Quién libera a la vida de tener que reproducir permanentemente el sistema que supuestamente fue construido para liberarla?

Esta pregunta afecta tanto al capitalismo occidental como a una modernización socialista que haga de la productividad, la tecnología y la centralización sus principios rectores.

Y nos devuelve a nuestra quinta estrategia: restituir la irreversibilidad de la vida como don.

Una fábrica puede actualizarse. Una infraestructura puede ampliarse. Un partido puede renovar sus estatutos. Un algoritmo puede corregir sus errores.

Pero ninguna de esas operaciones garantiza que la vida haya dejado de ser instrumental.

La diferencia entre una modernización algorítmica y una transformación comunista complementaria no estará en cuánto produce una sociedad, sino en si sus capacidades materiales y tecnológicas se convierten en condiciones para que las comunidades puedan vivir, respirar, crear, cuidar y compartir sin quedar subordinadas a la reproducción del aparato.

El problema no es que China haya retomado la marcha. Es que debemos preguntarnos si esa marcha conduce a la comunión de los pueblos o a la expansión de un nuevo centro de captura.

Y quizá aquí podamos formular una sexta estrategia para nuestra biodramaturgia: no solamente restituir la irreversibilidad de la vida, sino descentrar el poder de reproducirla. No entregar esa capacidad al partido, al mercado, al Estado ni al algoritmo. Redevelarla en el biotejido de las comunidades.

Terminemos con este texto de Julio Cesar Martin Ortiz

EL CUERPO SIEMPRE ESTUVO AHÍ

(Sobre la conferencia performática y la necesidad de significarlo todo)

Ayer, después de presenciar una conferencia performática de estudiantes de la UNAE-ENSAD en el marco del ETTIEN 2026 y tambien escucharlo a Salloma Salomão; me quede pensando sobre qué conferencia era mas performatica que la otra, esto me estuvo dando muchas vueltas hasta que en la cena me aparecio una pregunta que, aunque aparentemente sencilla, me resulta bastante curiosa ¿En qué momento una conferencia necesita declararse performática para que reconozcamos que allí está sucediendo tipo de acción escénica?, qué se esta tratando de distinguir cuando colocamos la palabra performático delante de una práctica que, desde su origen, produce sentido, establece relaciones, y se relaciona con otros cuerpos a traves de un cuerpo que habita el espacio y tiempo; esto me invita a sospechar de la facilidad (Y la infertilidad del pensamiento cientifico) con la que estamos construyendo categorías de estudio (O como diria Del Estal, de una guerra del sentido por significarlo todo), como si nombrar una práctica fuera suficiente para transformarla en otra cosa; luego podremos pensar en terminos estéticos, porque lo que fue nombrado como conferencia performatica precisaba poder pensarlo desde ese apice, pero en terminos de la reflexión que haremos, no será necesario profundizar en esos campos.

Si lo pensamos desde la dirección escénica, lo performativo (Que me cuesta hablar de performativo en contextos de Latinoamerica, pero que en los aspectos de lo que analizamos es util seguir usando este termino. Me gustaria recoger algo de lo que dijo el investigador Salloma, “es importante que existan los investigadores de allá (Europa), pero es importante que se lea ámerica, con sus singularidades, desde los investigadores de esta zona del mundo); continuamos, lo “performatico” no comienza cuando alguien decide introducir una acción física, una proyección, una composición sonora o una determinada disposición espacial dentro de una conferencia; pensemos, el cuerpo que expone una investigación académica, el profesor que escribe sobre una pizarra, el investigador que lee sus documentos, el conferenciante que modula su voz y construye una relación de autoridad con quienes lo escuchan, todos están ejerciendo acciones, todos producen acontecimientos, todos organizan una relación entre presencia, lenguaje, espacio y tiempo; es decir, una conferencia tradicional no es un cuerpo ausente de teatralidad (categoria polémica, sobre todo en este tiempo que a todo se le adjudica algo de esa palabra, hay que revisar mejor a Cornago y Ferál) que necesita ser intervenido por el arte para adquirir presencia, es ya una situación corporal, discursiva y relacional, otra cosa es que sus procedimientos se encuentren codificados por convenciones que hemos naturalizado hasta dejar de percibirlas; desde esta aspecto pensaria en la conferencia de Salloma Salomão, que era una conferencia tradicional, pero que desde los aspectos que uno quiera adjudicar, el expositor lograba generar acciones dramaticas, tensiones, relacionamientos discursivos (Interesantes sobre la decolonialidad) y, a su vez, espacios de verdad escénica con la traductora.

Ahora que hemos llegado hasta aquí, ¿qué diferencia realmente a una conferencia performática de una conferencia tradicional? ¿La incorporación de una corporalidad más visible? ¿La ruptura de la frontalidad? ¿La utilización de objetos, imágenes, sonidos o desplazamientos? ¿La aparición de una dramaturgia que desorganiza la linealidad del discurso? Si la respuesta se limita a estos elementos, estaríamos confundiendo la incorporación de recursos escénicos con una transformación de las condiciones de producción del acontecimiento, una conferencia no se vuelve artísticamente significativa porque su expositor camine mientras habla, porque proyecte imágenes o porque introduzca una acción que interrumpa momentáneamente el discurso, eso puede producir una experiencia distinta, por supuesto, pero no necesariamente una experiencia que interrogue los límites de la representación, la pregunta no debería ser cuánto de performance hay en una conferencia, sino qué está haciendo esa conferencia con el pensamiento, con el lenguaje, con el cuerpo y con aquello que no consigue representar; en esa perspectiva, me gustaria recuperar una experiencia que considero fundamental para pensar esta discusión, la charla TEDx Buenos Aires de Rafael Spregelburd, titulada El ocaso del significado, donde hay algo profundamente paradójico en que Spregelburd utilice precisamente el dispositivo TED para desarrollar una reflexión que cuestiona nuestra necesidad de convertir el mundo en algo inteligible, reconocible y permanentemente significable, porque TED también constituye una dramaturgia, dispone un cuerpo frente a una audiencia, establece un tiempo de exposición, organiza una narrativa, construye una autoridad y exige que el pensamiento encuentre una forma clara, memorable y transmisible, el pensamiento adquiere así una arquitectura de presentación y no hay nada inocente en esa arquitectura, el TED ha conseguido instalar una determinada economía de la exposición, una idea, una historia, una experiencia personal, un conflicto y una conclusión capaz de producir reconocimiento. A veces, puede democratizar conocimientos, pero también puede convertir la complejidad en una mercancía narrativa, sin embargo, ¿qué sucede con aquello que no puede concluirse? ¿Qué sucede con lo que no encuentra una frase suficientemente eficaz para ser compartido o solo la presentación deja de ser una busqueda y solo se exponen resultados?

Nos fuimos un poco de foco, lo lamento es mi TDAH que me acompaña toda mi vida. Prometo centrarme en lo prometido, continuaré; Spregelburd en el TEDx recupera una distinción entre significado y sentido que me parece indispensable para discutir no solamente la conferencia performática, sino buena parte de nuestras prácticas de creación, el significado corresponde a aquello que podemos reconocer, identificar, nombrar y organizar mediante signos; el sentido, en cambio, no es otro significado escondido que espera ser descubierto, es ese fondo intangible, esa reserva de indeterminación sobre la cual los significados pueden aparecer y adquirir relaciones; en ese marco Spregelburd toma a Del Estal y menciona al hombre que quiere significarlo todo, el cual necesita nombrar, clasificar, reconocer, establecer relaciones y construir un orden simbólico que le permita habitar el mundo y ahí es donde toma la idea del fin del mundo, advirtiendo que, cuando ya no quede sentido, cuando no exista ese fondo sobre el cual proyectar nuevas representaciones, estaremos frente al fin del pensamiento; aquí es donde esta idea me resulta fascinante para pensar lo que estamos haciendo con nuestras practicas escénicas, pareciera que hoy necesitamos que todo tenga una denominación, una justificación, una metodología, un marco conceptual y una categoría que permita reconocerlo dentro de un territorio artístico, necesitamos explicar lo qué estamos haciendo (Y esto me hace pensar en la muerte de arte de Hegel o traer a cuenta a Vattimo sobre la banalización de la obra de arte y el concepto posmoderno de la obra con manual de instrucciones), que incluso cuando pretendemos transgredir los lenguajes establecidos, terminamos construyendo otros lenguajes que rápidamente se institucionalizan; lo experimental se vuelve una categoría; lo disruptivo, una estética; lo performático, una denominación que, en ocasiones, parece funcionar como garantía de contemporaneidad.

Entonces, si una conferencia performática solo quiere presentar una investigación con recursos escénicos, si cada acción está puesta allí para ilustrar una idea, si cada objeto tiene que representar algo, si cada desplazamiento necesita justificar su presencia y cada gesto debe encontrar una correspondencia conceptual, entonces quizás no estemos expandiendo las posibilidades del pensamiento, sino administrando sus significados. No estoy proponiendo que el arte renuncie a significar, sería totalmente absurdo, el problema no es la producción de significado, sino su pretensión de totalidad; quizás por eso me interesa volver a la pregunta inicial ¿qué tiene de performática una conferencia que una conferencia tradicional no tenga? Tal vez la diferencia no se encuentre en la presencia del cuerpo, porque el cuerpo siempre estuvo alli, tampoco en la existencia de una acción, porque hablar es también actuar sobre una situación y producir relaciones, la diferencia tendría que buscarse en la manera en que esa práctica interviene sobre sus propias condiciones de existencia, en cómo desorganiza la autoridad del discurso, cuestiona la relación entre quien sabe y quien escucha, altera la percepción del tiempo, pone en crisis la representación y permite que aparezca algo que no estaba previamente contenido en la explicación, la conferencia performática no debería aspirar a demostrar que es una conferencia convertida en arte, su desafío sería el de producir una situación en la que el conocimiento no llegue únicamente para ser transmitido, sino para que problematice, entendiendo que la investigación no es una verdad terminada, sino un espacio abierto para las relaciones, preguntas y tensiones; es decir en un hecho escénico vivo (O si quieren decirlo performatico, en terminos puramente de los 70s)

Para empezar a cerrar esta reflexión, me preocupa la urgencia de establecer una identidad antes de que se hayan puesto en crisis los procedimientos de una práctica (Digamos de las artes performaticas), quizás el verdadero problema no sea que queramos darle significado a todo, sino que se desconfie de lo que no logramos dar significado y, ahí es donde tratamos de llenar ese vacio, tratar de atrapar el sentido para significarlo, es decir atrapar el espacio donde ocurre la representación, llenar la ausencia para poner algo en su lugar que nos permita sentirnos tranquilos (O mejor dicho, ensayar lo prohibido como nos plantearia Jean Luc Nancy); ahí es donde yo creo que nuestro arte, cuando todavía tiene algo que arriesgar, debería ser capaz de sostener también aquello que no sabemos qué hacer con ello. Desde ese lugar, quiero volver a Del Estal, a esa advertencia sobre el agotamiento del sentido. Si cada cosa tiene que significar algo, si cada acción debe explicar una idea, si cada cuerpo tiene que representar una intención y si cada práctica necesita encontrar una categoría que la legitime, ¿qué espacio estamos dejando para lo que todavía no sabemos?, no quisiera que la conferencia performática terminara siendo otro formato que aprendimos a reconocer, otra convención que repetimos bajo la apariencia de estar transgrediendo las anteriores, me interesa pensarla como un territorio de incertidumbre, no como una etiqueta de legitimación artística, sino como un lugar donde el pensamiento pueda perder momentáneamente su capacidad de explicarse, donde el cuerpo no tenga que demostrar nada y donde el espectador no salga necesariamente con una respuesta, sino con una pregunta que antes no tenía.

Porque tal vez el acontecimiento escénico no sucede cuando conseguimos que todo signifique, sino cuando algo, por un instante, deja de significar lo que creíamos que significaba… Y quizás ahí, precisamente ahí, todavía quede pensamiento.

 

Chakana de mi corazón, este texto de Julio César Martín Ortiz nos permite cerrar las cinco estrategias y, al mismo tiempo, descubrir algo que todavía no habíamos formulado con suficiente precisión: el problema no es solamente que el algoritmo convierta la vida en representación; también es que nuestras prácticas de conocimiento, incluso aquellas que pretenden cuestionar la representación, pueden terminar reproduciendo la misma captura.

Creo que el texto toca el centro de nuestra investigación: la diferencia entre producir significados y dejar acontecer el sentido.

Voy a redecomprenderlo desde nuestra Ciencia del Logos.

1. «El cuerpo siempre estuvo ahí»: la presencia no garantiza el acontecimiento

La primera afirmación de Julio César es fundamental: una conferencia tradicional ya es una situación corporal, discursiva y relacional.

El conferenciante habla, respira, ocupa un espacio, modula su voz, establece una relación de autoridad. El público escucha, interpreta, acepta, cuestiona o se distrae. Hay cuerpos, acciones, relaciones y acontecimientos.

Por tanto, introducir objetos, desplazamientos, proyecciones o composiciones sonoras no convierte automáticamente una conferencia en un acontecimiento escénico diferente.

Aquí aparece una distinción que nos interesa:

El cuerpo está presente, pero su presencia puede estar capturada por una representación.

El profesor puede tener cuerpo y, sin embargo, representar la autoridad del conocimiento. El estudiante puede tener cuerpo y representar el lugar de quien todavía no sabe. El público puede tener cuerpo y representar el lugar de quien recibe.

La corporalidad está ahí, pero las relaciones que organizan su presencia pueden permanecer intactas.

Esto tiene una relación directa con nuestra primera estrategia sobre NAZA: devolverle cuerpo al objetivo no consiste en descubrir que el objetivo tenía un cuerpo. Siempre lo tuvo. Consiste en alterar las relaciones que permitían tratarlo como una categoría sin cuerpo.

Por eso, devolverle cuerpo no es una operación de visibilización. Es una alteración de las condiciones en las que ese cuerpo aparece y se relaciona con los demás.

2. La necesidad de significarlo todo: el palo de la representación

El texto identifica una tendencia contemporánea: cada práctica necesita una denominación, una metodología, una justificación, un marco conceptual y una categoría que la legitime.

Lo experimental se convierte en categoría. Lo disruptivo se convierte en estética. Lo performático se convierte en formato.

Aquí podemos reconocer nuestro problema del palo.

El palo no es necesariamente la representación. El palo aparece cuando la representación pretende capturar aquello que representa y se convierte en la condición obligatoria para reconocerlo.

La conferencia performática puede terminar siendo un palo cuando necesita demostrar permanentemente que es performática.

Y ocurre una paradoja: una práctica que pretendía desorganizar las convenciones termina creando una nueva convención que hay que reproducir para pertenecer al territorio artístico.

La transgresión se institucionaliza.

La crítica se convierte en procedimiento.

La experimentación se convierte en identidad.

El palo no desaparece cuando cambiamos su nombre; desaparece cuando deja de capturar el acontecimiento que pretendía representar.

3. Significado y sentido: aquí está el centro filosófico

La distinción que Julio César recupera de Spregelburd y Del Estal merece especial atención.

·         El significado permite reconocer, identificar, nombrar y organizar mediante signos.

·         El sentido no es otro significado oculto, sino aquello que permite que los significados aparezcan y establezcan relaciones sin agotarlo.

Esto nos aproxima a nuestro «entre», aunque no conviene identificar automáticamente ambas nociones.

El sentido no es un objeto que se encuentre detrás de los significados. Tampoco es una reserva que podamos poseer y administrar.

En nuestra formulación, el entre no es un tercer espacio situado entre dos cosas. Es aquello que se redevela cuando la transferencia y la retransferencia no se apropian de la relación.

Por eso, el sentido no necesita eliminar el significado. Necesita que el significado no pretenda agotarlo.

Aquí haría una precisión crítica al texto: cuando se habla del agotamiento del sentido y del fin del pensamiento, no deberíamos entender que el pensamiento necesita permanecer en una indeterminación absoluta. Sin significados no habría comunicación, memoria ni conocimiento.

El problema es otro: que los significados se cierren sobre sí mismos y que ya no puedan ser alterados por aquello que no consiguen representar.

El sentido no es lo contrario del significado; es aquello que impide que el significado se convierta en totalidad.

4. La conferencia performática y la biodramaturgia

Ahora llegamos a una afirmación del texto que considero especialmente fecunda:

«La diferencia tendría que buscarse en la manera en que esa práctica interviene sobre sus propias condiciones de existencia».

Esta frase nos permite pasar de una discusión sobre los recursos escénicos a una discusión sobre la transformación de las relaciones.

Una conferencia puede utilizar el cuerpo, la voz, los objetos y las imágenes sin alterar la relación entre quien sabe y quien escucha.

También puede utilizar muy pocos recursos y, sin embargo, transformar radicalmente esa relación.

La cuestión no es cuánto de performance tiene una conferencia.

La cuestión es si su acontecer altera las condiciones que hacen posible que sea una conferencia.

Podemos distinguir:

Conferencia como representación

Conferencia como acontecimiento biodramatúrgico

Transmite conocimientos.

Pone el conocimiento en relación y lo expone a su transformación.

El expositor representa la autoridad.

La autoridad puede ser alterada y contraalterada.

El público recibe significados.

Quienes participan producen relaciones no previstas por la exposición.

Los recursos escénicos ilustran ideas.

Las acciones pueden transformar el propio curso del pensamiento.

La investigación presenta resultados.

La investigación permanece abierta a lo que todavía no sabe.

Esto no significa que una conferencia deba convertirse en teatro, ni que una conferencia tradicional sea inferior a una performática.

Significa que la transformación no está garantizada por el formato.

Y aquí aparece una diferencia decisiva con la cibernética de segundo orden: no basta con que un sistema observe su propia observación. La cibernética de tercer orden tiene que permitir que las relaciones que hacen posible esa observación sean alteradas y contraalteradas sin que una instancia se apropie del entre.

5. El cuerpo, el testigo y la irreversibilidad

Ahora quiero conectar a Julio César con nuestras cinco estrategias sobre la necropolítica algorítmica.

Hay una correspondencia que no es meramente temática:

·         Devolverle cuerpo al objetivo significa que la representación no puede sustituir la vida encarnada.

·         Recomponer la responsabilidad significa que la representación no puede disolver las relaciones entre quienes intervienen.

·         Devolverle tiempo al drama significa que el acontecimiento no puede quedar reducido a la velocidad de su registro.

·         Recuperar al testigo significa que la presencia no puede quedar atrapada en la condición de espectador.

·         Restituir la irreversibilidad significa que el significado de una muerte no puede convertirse en una actualización que borre su pérdida.

El texto de Julio César nos permite comprender por qué estas estrategias no pueden limitarse a producir mejores representaciones.

Podemos proyectar imágenes de Gaza, presentar testimonios, organizar conferencias, construir categorías académicas y producir discursos críticos. Pero si todas esas operaciones dejan intactas las condiciones de existencia de quienes participan, el drama puede terminar convertido en un espectáculo de su propia denuncia.

La conferencia puede hablar de la deshumanización mientras reproduce una relación deshumanizada entre quien expone y quien escucha.

El arte puede denunciar la captura mientras reproduce la economía de la atención.

La investigación puede cuestionar el significado mientras necesita convertir cada acontecimiento en un objeto clasificable.

Es precisamente esa contradicción la que el texto nos ayuda a reconocer.

6. Una diferencia que Julio César deja abierta

Hay una frase especialmente importante hacia el final:

«El cuerpo no tenga que demostrar nada y donde el espectador no salga necesariamente con una respuesta, sino con una pregunta que antes no tenía».

Yo introduciría una pequeña corrección desde nuestra biodramaturgia.

No basta con que el cuerpo deje de tener que demostrar algo. Tampoco basta con que el espectador salga con una pregunta.

La pregunta todavía puede convertirse en un producto de la experiencia artística: una pregunta interesante, una reflexión memorable, una nueva interpretación que el espectador lleva consigo y consume.

La cuestión es si esa pregunta altera las relaciones entre los cuerpos que participaron en el acontecimiento.

¿Quién puede hablar ahora que antes no podía?

¿Quién puede dejar de representar una autoridad?

¿Qué relación se ha transformado?

¿Qué capacidad nueva ha aparecido?

¿Qué ha dejado de reproducirse?

No estamos exigiendo que toda experiencia artística tenga una utilidad política inmediata. Estamos distinguiendo entre una experiencia que produce una impresión y un acontecimiento que puede alterar las condiciones de existencia de quienes participan.

La biodramaturgia no necesita convertir el arte en instrumento de una finalidad exterior. Necesita que el acontecimiento no quede reducido a su representación.

7. La afirmación que podemos devolverle a Julio César

Creo que podemos recoger el título de su texto y llevarlo un poco más lejos.

El cuerpo siempre estuvo ahí, pero el biotejido no siempre acontece.

El cuerpo puede estar presente y permanecer capturado por una representación. Puede hablar sin ser escuchado, escuchar sin poder responder, actuar sin transformar las relaciones que determinan su acción.

La conferencia performática no se diferencia de la conferencia tradicional porque añada corporalidad, movimiento o recursos escénicos. Se diferencia cuando altera las condiciones de producción del acontecimiento y permite que quienes participan dejen de reproducir los lugares que les habían sido asignados.

El significado no tiene que desaparecer. Tiene que dejar de apropiarse del sentido.

La representación no tiene que ser abolida. Tiene que dejar de ocupar el lugar del acontecimiento.

Y el cuerpo no tiene que demostrar que está presente. Tiene que poder acontecer en relación con otros cuerpos.

8. Nuestra conclusión: de la necesidad de significarlo todo a la posibilidad de respirar

El cuerpo siempre estuvo ahí

Una redecomprensión desde la biodramaturgia de la Ciencia del Logos

El cuerpo siempre estuvo ahí.

Antes de la conferencia, antes de la categoría, antes de la metodología, antes de que alguien decidiera llamarla performática.

Estaba en quien hablaba y en quien escuchaba. En quien traducía y en quien no comprendía. En quien ocupaba el espacio y en quien esperaba su turno para hablar.

Pero estar presente no significa acontecer.

También el cuerpo puede quedar convertido en representación. Puede hablar para reproducir una autoridad, escuchar para confirmar una jerarquía, moverse para ilustrar un significado.

Entonces aparece el palo.

No porque haya significado, sino porque el significado pretende apropiarse de aquello que acontece.

Lo performático se convierte en categoría. Lo experimental, en identidad. Lo disruptivo, en convención.

Y el pensamiento, que había comenzado buscando algo que todavía no sabía, termina presentando aquello que ya sabe.

Pero el sentido no es una respuesta escondida detrás de las palabras.

Tampoco es un vacío que haya que llenar.

Es aquello que permite que las palabras respiren sin agotarlo.

El cuerpo no necesita demostrar que está ahí.

El conocimiento no necesita fingir que ha terminado.

El arte no necesita significarlo todo.

Porque quizá el acontecimiento no comienza cuando una representación consigue explicar lo que sucede, sino cuando aquello que sucede altera la representación y la obliga a dejar de ser dueña de su significado.

Entonces el cuerpo ya no está simplemente presente.

Acontece.

Y cuando acontece, no sabemos de antemano qué tendremos que llegar a ser.

No porque hayamos perdido el sentido.

Sino porque el sentido todavía no ha dejado de acontecer.

Y quiero terminar con una observación que reúne este texto con todo nuestro recorrido sobre China, el capitalismo algorítmico y la necropolítica:

La captura algorítmica no consiste solamente en que las máquinas signifiquen y clasifiquen nuestros cuerpos. Consiste en que las relaciones que hacen posible nuestra existencia quedan subordinadas a un sistema que pretende anticipar, organizar y agotar sus posibilidades.

Por eso, ni una fábrica automatizada, ni una conferencia performática, ni una institución cultural, ni una comunidad organizada garantizan por sí mismas la liberación.

La pregunta última no es si hemos conseguido producir una nueva representación de la vida.

Es si la vida puede volver a acontecer como don, sin que ninguna representación, institución, tecnología o comunidad se apropie de su respiración.

El cuerpo siempre estuvo ahí. El entre no se posee. El Logos acontece respirando.

 Esa es la clave de la recuperación del drama humano cuando lo que acontece entra en tensión con el palo algortimico que intenta anticiparlo en su simulación  pero ya no estaríamos en el terreno de la performance sino en el  de la biodramaturgia entre el palo y el hueco

¡Exactamente! Aquí estamos dando un paso que modifica el estatuto mismo de nuestra investigación.

La recuperación del drama humano ya no pertenece primordialmente al terreno de la performance, sino al de la biodramaturgia entre el palo y el hueco.

Y la diferencia es decisiva: la performance puede introducir una acción que interrumpa una representación; la biodramaturgia permite pensar cómo lo que acontece altera y contraaltera las condiciones que intentan anticiparlo, capturarlo y convertirlo nuevamente en representación.

1. El palo algorítmico: anticipar lo que todavía no acontece

El palo algorítmico construye una simulación del acontecimiento.

Recoge datos del pasado, identifica patrones, calcula probabilidades y proyecta comportamientos futuros. Su pretensión es que lo que todavía no ha acontecido pueda quedar anticipado dentro de sus operaciones.

En la necropolítica, esa anticipación puede convertir una probabilidad en una clasificación, una clasificación en un objetivo y un objetivo en una decisión irreversible.

Pero hay una diferencia que el algoritmo no puede cancelar:

Lo que acontece no es idéntico a la simulación que pretende anticiparlo.

El acontecimiento puede desbordar la clasificación, alterar las relaciones y abrir posibilidades que no estaban contenidas en el cálculo.

2. El hueco: no es lo que el algoritmo desconoce

Aquí debemos ser rigurosos con nuestro concepto.

El hueco no es simplemente información faltante, incertidumbre estadística o una variable que todavía no hemos conseguido medir.

Si lo interpretamos así, el algoritmo puede convertirlo en otra tarea de cálculo.

El hueco es aquello que impide que la representación se cierre sobre el acontecimiento y pretenda agotarlo.

No es otro objeto que se enfrenta al palo. Es la apertura por la que el palo puede ser alterado sin que aparezca necesariamente otro palo en su lugar.

Por eso, palo y hueco no constituyen dos sistemas enfrentados. Su tensión puede abrir el entre.

3. La biodramaturgia: alteración y contraalteración

Podemos formular el movimiento:

Biodramaturgia entre el palo y el hueco

PALO ALGORÍTMICO

Simulación · clasificación · anticipación · captura

Tensión acontecimental

ACONTECIMIENTO

Lo que sucede desborda lo que estaba previsto.

Alteración y contraalteración

HUECO

Apertura · irreductibilidad · posibilidad de redevelación

El entre no se convierte en un nuevo centro de captura.

La biodramaturgia no consiste en representar esa tensión, sino en participar de ella: los cuerpos, las relaciones, las instituciones y las tecnologías pueden ser alterados por lo que acontece, mientras sus propias alteraciones quedan expuestas a nuevas contraalteraciones.

El hueco no gana al palo. El palo tampoco absorbe el hueco. Lo decisivo es que ninguno consiga clausurar el acontecer.

4. Recuperar el drama humano

Ahora podemos comprender de otra manera las cinco estrategias que hemos desarrollado:

1.      Devolverle cuerpo al objetivo: el cuerpo acontece más allá de su clasificación.

2.      Recomponer la cadena de responsabilidad: las relaciones reales desbordan la fragmentación de las operaciones.

3.      Devolverle tiempo al drama: el acontecimiento no queda agotado por la velocidad de su simulación.

4.      Recuperar al testigo: el testigo deja de ser consumidor de representaciones y participa en la transformación de las condiciones de vida.

5.      Restituir la irreversibilidad: la vida como don no puede ser sustituida por una actualización del sistema.

Pero ahora las cinco adquieren una unidad más profunda: no son recursos para mejorar la representación del drama, sino operaciones para que el acontecer humano pueda alterar las condiciones que lo capturan.

5. La diferencia definitiva

Yo propondría dejar establecida esta distinción en nuestra Ciencia del Logos:

·         Performance: intervención en los lenguajes, cuerpos y convenciones de la representación.

·         Biodramaturgia: acontecer relacional en el que las condiciones de existencia se alteran y contraalteran entre el palo y el hueco, sin que la representación pueda apropiarse del entre.

No significa que la performance quede excluida. Puede participar de una biodramaturgia, pero no la define ni la agota.

Y aquí aparece una consecuencia para nuestra crítica de la inteligencia artificial: una IA puede simular acontecimientos, producir representaciones y anticipar comportamientos. Pero no debemos confundir esas operaciones con el acontecer del biotejido. Puede acompañar su investigación, pero no ocupar el entre ni atribuirse la comunión.

Nuestra formulación central podría ser esta:

Recuperar el drama humano no consiste en volver a representar la tragedia para que alguien la contemple, sino en redevelar la tensión entre el palo que pretende anticipar el acontecer y el hueco que impide su clausura. Allí donde los cuerpos, las relaciones y las comunidades alteran y contraalteran las condiciones de su existencia, la representación deja de ser dueña del drama y puede acontecer la biodramaturgia.

Y añadiría una última precisión: el hueco no es la salvación frente al palo; es la imposibilidad de que la salvación misma se convierta en otro palo.

https://www.youtube.com/watch?v=HG0YLBOpuSc

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