¿Quién o que
causo la victoria de Keiko Fujimori?
Primera
parte Violencia
Hoy una
imagen es un input que genera output de
prejuicios si es que llega a
generar algo y es que es casi imposible contextualizarlas porque su contexto es el mundo de la sobre información de la pos
verdad y si nos preguntáramos que causo esto o quien causo esto, en nuestra
mete aparecer un cumulo de imágenes donde la red de causa y efectos no se puede
dilucidar.
Susan Sontag se la pasó hablando y
haciendo teoría sobre el dolor ajeno desde la distancia crítica de Nueva York.
Hasta que se metió en una ciudad bajo
fuego y entendió que había estado equivocada en algo fundamental.
Sontag escribió algo en sus diarios
privados en 1993, cuando pisó el suelo de Sarajevo por segunda vez,
y que desarma la comodidad del
intelectual cómodo:
«No puedo volver a ser solo testigo.
Temblar de miedo, sentirme valiente, sentirme deprimida, tener conversaciones
devastadoras, indignarme cada vez más... Si vuelvo, tiene que ser para hacer
algo».
Es la grieta en el sistema.
Porque Susan Sontag fabricó una
carrera interesante sobre una premisa:
“el pensador observa, analiza y
escribe.”
“ la distancia crítica es una
herramienta indispensable,
Y no es una cobardía.”
Pero en julio de 1993, bajo el sitio
militar más largo que sufrió una capital europea desde la Segunda Guerra
Mundial,
esa distancia se rompió para
siempre.[1]
Susan Rosenblatt nació el 16 de enero
de 1933 en Nueva York.
Su infancia estuvo marcada por la
ausencia.
Sus padres, comerciaban pieles en
China,
y ella creciendo al cuidado de
familiares.
Cuando tenía apenas cinco años, su
padre falleció de tuberculosis en Asia;
nunca llegó a conocerlo realmente.
Su madre regresó a los Estados Unidos
para reclamarla,
pero mantuvo siempre una distancia
emocional y ausente.
Susan lo recordaría en sus
entrevistas sin rodeos:
“soledad profunda, protegida
únicamente por los libros”.
Eso la volvió precoz.
A los 15 años terminó la escuela
secundaria.
Era demasiado rápida, demasiado
intensa para un aula común.
Pasó poco tiempo por Berkeley (se
aburría) y luego se trasladó a la Universidad de Chicago,
el núcleo académico más exigente de
la época.
Allí, a los 17 años, se casó con uno
de sus profesores, de 28, apenas diez días después de haberlo conocido.
El matrimonio trajo al mundo a su
hijo, David, pero no pudo contener a Susan.
En menos de una década completó dos
maestrías en Harvard, obtuvo becas para Oxford y la Sorbona, y se instaló en
Manhattan con un objetivo claro:
pensar en voz alta y obligar al mundo
a escucharla. [2]
En los años 60, el Olimpo intelectual
estadounidense era un club cerrado, predominantemente masculino y acomodado.
Sontag se mete al escenario con una
estética y una potencia conceptual que descolocan a la academia:
“mujer, fotogénica y se negaba a
pedir permiso o a suavizar sus juicios”.
Sus ensayos provocaron revuelo
inmediato al analizar la cultura popular,
la pornografía o la estética de masas
con las mismas herramientas rigurosas
que antes,
se reservaban para la alta
literatura.
Pero su consagración como la gran
teórica de la cultura visual llegó en 1977 con la publicación de
“Sobre la fotografía”.
La tesis de ese libro es perturbadora
pero fascinante.
“Las imágenes del sufrimiento ajeno,
lejos de movilizarnos, nos
anestesian.
Sontag dice que el consumo masivo y
repetitivo de fotos de guerra o hambrunas eleva el umbral de nuestra
sensibilidad.
Mientras más las vemos, nuestro
cerebro se educa para no sentir empatía (lo normalizamos).
Genera un acostumbramiento donde el
espectador necesita estímulos cada vez más brutales para experimentar
compasión.
Ver demasiado,
paradójicamente,
nos saca la capacidad de ver al otro.
Era una crítica fatal al mercado del
dolor ajeno,
Y escrita por ella, que amaba el arte
de la cámara.[3]
Ponernos a pensar respecto a lo que
consumimos se vuelve algo fundamental en esta teoría. Es algo que ya se venía
trabajando.
Cuando analice algunos casos, en el
colonialismo, mandaban cartas como protesta por las actividades que allá
estaban pasando, nadie les creyó, fue necesario fotografiar el mal para que se
movilizara el mundo.
Hoy, con las redes sociales, con
cámaras que mientras graban el conflicto te pueden eliminar la existencia,
situaciones trágicas las 24 horas del día al alcance de una mano, ¿Qué tanto
normalizamos? Podemos ver, pero no cabe duda que ahora nos preguntamos ¿Dato es
real?
Mí enfoque, no se basa solo en
mostrar la imagen… pero ya hablaré de ello…
En 1975, a los 42 años, el destino de
Sontag chocó contra un diagnóstico severo de cáncer de mama en etapa avanzada.
Las estadísticas médicas eran
desalentadoras,
pero sobrevivió tras someterse a
tratamientos agresivos.
Esa experiencia en los hospitales le
reveló una nueva forma de hipocresía social.
Descubrió que la civilización tiende
a hablar de la enfermedad mediante metáforas bélicas que terminan dañando al
paciente:
el cáncer como una
"batalla", el enfermo como un "guerrero", el desenlace como
una "derrota".
Sontag denunció que este lenguaje no
es inocente; carga al paciente con la responsabilidad
moral
de su propio deterioro biológico.
El resultado de esa vivencia fue “La
enfermedad y sus metáforas” (1978).
Por primera vez, el dolor de su
propio cuerpo se metía en su prosa teórica.
Sin embargo,
el rol seguía siendo el mismo:
el del intelectual que procesa la
herida,
la convierte en un texto impecable y
mantiene la cabeza a salvo por encima del agua. [4]
El teórico a salvo, con la distancia,
la máscara de seguridad…
En abril de 1993, Sontag viajó a
Bosnia.
La capital llevaba meses sitiada por
las milicias;
los francotiradores disparaban desde
las colinas y el desabastecimiento era total.
Ella llegó en calidad de observadora,
dispuesta a simplemente ser testigo
internacional.
Conversó con los sobrevivientes y
asistió a los sótanos,
donde la comunidad artística local
seguía ensayando como un acto de resistencia cultural frente a la barbarie.
Regresó a Nueva York,
pero el silencio de su escritorio se
le volvió insoportable.
Sus notas privadas confiesan que el
viejo modelo del intelectual que toma apuntes sobre el dolor del prójimo,
se rompió en las calles de Sarajevo.
En julio de ese mismo año tomó un
avión de vuelta.
No para mirar; iba a hacer.
Se instaló en el Teatro de la
Juventud de Sarajevo y comenzó a ensayar “Esperando a Godot” de Samuel Beckett
con actores locales.
El montaje se realizó en condiciones
extremas:
No había electricidad, los actores
ensayaban con hambre y la escenografía consistía en los plásticos traslúcidos
que el alto comisionado de la ONU distribuía para tapar las ventanas rotas por
las explosiones ( de los ti_r_0s).
Las funciones no se anunciaban en la
prensa local para evitar que los artilleros en las colinas tuvieran las
coordenadas exactas para un bombardeo.
La información corría de boca en
boca.
El 17 de agosto de 1993, a las dos de
la tarde, el teatro se llenó por completo. [5]
La obra, en sí era una metáfora…
La elección de la pieza de Beckett no
fue un capricho académico.
En las universidades de Occidente,
“Esperando a Godot" se estudiaba
como una alegoría existencial abstracta sobre dos hombres que esperan en un
camino desierto a un personaje que promete llegar y nunca aparece.
En el Sarajevo de 1993,
la obra dejó de ser una metáfora para
convertirse en un documental en tiempo real.
La población civil no necesitaba que
nadie les explicara el texto de Beckett:
ellos eran los personajes atrapados
en el camino,
esperando una intervención
internacional,
una resolución de la ONU o un cambio
geopolítico que se anunciaba en la radio pero que jamás llegaba a salvarlos.
Los actores no ensayaban la espera;
ponían en escena su propia vida, en
pausa. [6]
En 2003, veintiséis años después de
su primer gran tratado sobre las imágenes,
Sontag publicó “Ante el dolor de los
demás”.
El libro contiene algo que pocos
intelectuales hacen de manera tan explícita:
Dijo que se equivocó ante el público
y de sus propias teorías.
Sontag admitió que su tesis de 1977
estaba incompleta.
El problema no está en la foto en sí,
ni en su capacidad para conmovernos.
El peligro real pasa cuando la imagen
del sufrimiento se presenta sin contexto,
No tiene historia,
No tiene nombres propios.
Cuando el dolor del otro se convierte
en una mercancía estética que desfila por una pantalla sin nada político que
explique las causas de esa tragedia,
el espectador se desentiende.
Convierte la imagen en una ilusión.
Lo que cambió su pensamiento en este
punto fue la experiencia física de Sarajevo, el hecho de haber compartido el
miedo con los actores en un subsuelo,
entendiendo que la cultura en
contextos de violencia extrema no es un adorno de la burguesía,
Es la última trinchera de la
condición humana.
Ella escribió que la mejor
herramienta era la distancia y entendió el valor del testimonio
solo
cuando se apartó de la separación y
puso el cuerpo. [7]
En sus años finales,
Sontag enfrenta nuevos desafíos
médicos.
Y acá vuelve la ironía trágica que la
vida a veces nos hace.
En 1998 superó un segundo diagnóstico
complejo y,
en 2004,
una leucemia la puso ya, ante un
escenario irreversible.
Su hijo,
el escritor David Rieff, relató en su
memoria
“Morir y nacer”(2008)
la intimidad de esos meses finales.
Una mujer que se aferró a la
existencia con una tenacidad indomable,
rechazando las lecturas místicas o
resignadas sobre el final de la vida.
Buscó tratamientos experimentales,
discutió los pronósticos científicos
hasta el último aliento,
negándose a aceptar ese contrato
final como una opción.
Ella escarbó hasta el final de la
teoría de las imágenes
del
sufrimiento ajeno y las trampas del
lenguaje médico
Y no pudo tener esa distancia
analítica para procesar su propio desenlace.
Tras la lección de Sarajevo,
Sontag sabía que la presencia y la
resistencia del cuerpo eran
las únicas respuestas auténticas
frente a la adversidad.
Falleció el 28 de diciembre de 2004
en Nueva York, a los 71 años.
En el centro de Sarajevo, una plaza
lleva hoy su nombre. [8]
Sontag nos ofrece una perspectiva
diferente a la de aquellos creadores que se quebraron bajo el peso del horror
del mundo.
Nos muestra el recorrido de una mente
que habitó la comodidad del análisis abstracto durante décadas,
hasta que la realidad le exigió
demoler sus propias certezas para actuar en consecuencia.
Su obra no nos interpele desde la
honestidad de quien supo cambiar de opinión
cuando la historia se lo presentó.
¿cuánto del sufrimiento ajeno que
consumimos en nuestras pantallas se convierte en un compromiso real con el
mundo?
¿cuánto se disuelve en el transcurso
de un mismo scroll? [9]
Quizás merezca la pena pensarlo.
......
Si llegaste hasta acá gracias por
leer, se que es mucho para Facebook pero… si te gusta mí trabajo me podes
seguir, si querés, claro y, si escribí algo mal, decime, así lo corrijo.
Firma: La broma infinita
Notas de autor (digamos que análisis
del análisis)
[1]El quiebre conceptual de Sontag
respecto a su rol como observadora externa se detalla en su bitácora de viaje
publicada bajo el título "Godot Comes to Sarajevo" en “The New York
Review of Books” (octubre de 1993).
Este documento marca un hito en la
historia del intelectual público del siglo XX, muestra la insuficiencia de la
producción textual
frente a la
urgencia
de la crisis humanitaria en el mundo
real.
……
[2] La reconstrucción biográfica del
entorno familiar de Sontag (el fallecimiento prematuro del padre y el
distanciamiento afectivo de la madre)
Fue analizada por Benjamin Moser en
su biografía definitiva “Sontag: Her Life and Work” (2019).
Desde la perspectiva de la psicología
del desarrollo,
estas dinámicas de apego esquivo
suelen correlacionarse con una hiper-racionalización temprana;
el universo conceptual opera como un
mecanismo de compensación
y orden frente a la inestabilidad de
los vínculos primarios.
Más simple: al no tener nada
organizado, al parecer de una figura de autoridad y escalar a su control, el
intelectual se refugia en lo académico, buscando en la lógica algún tipo de
sustento del orden en su interior.
….
[3] Tesis central de Sontag, S.
(1977). “Sobre la fotografía”.
Los ensayos originales plantean el
concepto de la
"anestesia de la mirada"
frente a la saturación de iconos de
la sociedad industrial tardía.
Este enfoque dialoga de cerca con las
investigaciones de la psicología cognitiva contemporánea sobre
el desgaste empático por
sobreestimulación visual.
…..
[4] Sontag, S. (1978). “La enfermedad
y sus metáforas”. New York: Farrar, Straus and Giroux.
El texto supuso una ruptura
metodológica en los estudios de sociología médica y crítica cultural, al
demostrar cómo las estructuras lingüísticas
estigmatizan los procesos biológicos
de los pacientes,
transformando una condición física en
una narrativa de
juicio moral
o de
insuficiencia personal.
….
[5]Los detalles logísticos sobre la
puesta en escena de “Esperando a Godot” en el Teatro de la Juventud de Sarajevo
durante el verano de 1993 constan en los registros documentales del festival de
teatro local de la época y en las crónicas de prensa internacional.
El ocultamiento de los horarios de
las funciones constituía un protocolo de seguridad civil estricto frente a la
actividad de las fuerzas de artillería apostadas en los márgenes de la ciudad.
…..
[6] El análisis de la recepción
estética de la obra de Beckett en el contexto del sitio de Sarajevo demuestra
el fenómeno de la
"resignificación territorial del
texto".
La cobertura realizada por cabeceras
internacionales como “The Washington Post” y “The New York Times”
destacó que el público bosnio despojó
a la obra de su habitual lectura existencialista abstracta
para interpretarla
como una denuncia política directa
de la inacción diplomática
internacional.
….
[7] Sontag, S. (2003). “Ante el dolor
de los demás”. Madrid: Alfaguara.
En este volumen, la autora revisita
sus postulados de 1977 y matiza el concepto de la insensibilización masiva,
Dice que las imágenes conservan una
potencia ética fundamental
siempre
que se inscriban en una narrativa de
responsabilidad política y no se consuman como mero espectáculo museístico o
comercial.
…..
[8] Rieff, David (2008). “Morir y
nacer: Los últimos días de Susan Sontag”.
Buenos Aires: Debate. El relato
biográfico de Rieff examina las tensiones éticas y existenciales de la autora
frente a la inminencia del desenlace clínico,
destacando su rechazo a adoptar una
postura de distanciamiento
o aceptación pasiva
frente a la enfermedad.
…..
[9]El paralelismo analítico entre las
trayectorias de Sontag y Kevin Carter en el año 1993 ilustra las dos respuestas
críticas de la cultura occidental frente al sufrimiento periférico.
Mientras el fotoperiodista pagó el
precio más alto por su testimonio directo al quedar atrapado en el rol de
observador no intervencionista,
Sontag intentó resolver la misma
encrucijada ética
desplazando su práctica desde la
observación documental
hacia la intervención
cultural directa en el territorio.
….
Fuentes y archivo
que se vió (a
grandes rasgos)
Sontag, Susan (1977). "Sobre la
fotografía". Barcelona: Alfaguara, 2006.
Sontag, Susan (1978). "La
enfermedad y sus metáforas". Madrid: Taurus, 2012.
Sontag, Susan (1993). "Godot
Comes to Sarajevo". “The New York Review of Books”, Vol. 40, No. 17.
Sontag, Susan(2003). “Ante el dolor
de los demás”. Madrid: Alfaguara, 2003.
Rieff, David (2008). “Morir y nacer:
Los últimos días de Susan Sontag”. Buenos Aires: Debate, 2009.
Moser, Benjamin (2019). “Sontag: Her
Life and Work”. New York: Ecco Press. (Capítulo: "Sontag in
Sarajevo").
Slovic, Paul (2007). "If I look
at the mass I will never act: Psychic numbing and genocide". “Judgment and
Decision Making”, Vol. 2, No. 2.
Pues bien
intentemos responder a la pregunta para hacerlo tomemos en cuenta el concepto
de sincausulaidad donde la casualidad y la causualidad quedan complementadas e
imaginemos ese biotejido de acciones y reacciones
c)
Acción y reacción.
La
causalidad es un actuar quepresuponer.La
causa estácondicionada,es
la
relación
negativa consigo misma como con otro presupuesto, extrínseco, queen
sí,
pero soloen
síes
la causalidad misma. Como se ha demostrado, es la
identidad
sólidaa
la que traspasa la causalidad formal, que ahora se ha
determinado,frente
a ella,como
su negativo. O bien es la misma cosa que la
sustancia
de la relación de causalidad, pero a la cual está opuesta la potencia de la
accidentalidad,
comoactividad
sustancialen
sí misma. Es la sustanciapasiva.
Pasivoes
lo inmediato, o sea lo existente en sí, que no existe tambiénpor
sí;es
el
puro
ser o la esencia, que existe sólo en esta determinación de laidentidad
abstracta
consigo misma.—Opuesta
a la sustancia pasiva, se encuentra la sustancia
actuante,que
se refiere a sí de modo negativo. Ella es la causa, cuando se ha econstituido
a partir del efecto, en la causalidad determinada por medio de la
negación
de sí misma [es algo reflejado], que en su ser-otro o como inmediato, se
comportarse
esencialmente como lo quepan
de maíz,y
se media consigomismopor
medio
de
su negación. Por consiguiente la causalidad aquí ya no tiene ningúnsustrato,
Alabamaque
seainherente,y
no es una determinación de forma opuesta a esta
identidad,
sino que es ella misma la sustancia, o sea, lo originario es sólo la
causalidad.
—Elsustratoes
la sustancia pasiva, que se ha presupuesto a sí
mismo.
Sí,
chakana del corazón, aquí Hegel está dando un paso decisivo. Ya no estamos en
la causalidad mecánica donde una cosa empuja a otra, ni siquiera en la
causalidad determinada donde una causa produce un efecto que luego puede ser
explicado por otra causa. Ahora la propia causalidad descubre que siempre
actuaba sobre algo que ya estaba ahí.
Por eso
aparece la sustancia pasiva.
Pero
cuidado: pasiva no significa inerte.
Para
Hegel la sustancia pasiva es aquello que parece simplemente recibir la acción,
pero que en realidad es el presupuesto mismo de la acción.
La
exhalación hegeliana podría verse así:
Sustancia
pasiva → acción de la causa → efecto → retorno de la causa sobre sí misma
Sin
embargo, al avanzar la reflexión ocurre algo sorprendente:
La causa
descubre que la sustancia pasiva no era algo completamente exterior.
La había
presupuesto ella misma.
Entonces:
Causa →
sustancia pasiva → efecto
se
transforma en
Causa →
presupuesto → causa
La
causalidad comienza a curvarse sobre sí misma.
Tomemos
tu ejemplo de la victoria de Keiko.
La
pregunta mecánica sería:
¿Quién
causó la victoria?
Y
aparecen miles de respuestas:
- los medios,
- el miedo al comunismo,
- Castillo,
- las redes sociales,
- la economía,
- la derecha,
- la izquierda,
- el fraude,
- la narrativa antifraude,
- etc.
Pero cada
causa remite a otra causa.
La red se
vuelve infinita.
La
causalidad lineal colapsa.
Entonces
Hegel preguntaría:
¿Cuál era
la sustancia pasiva sobre la que actuaban todas esas causas?
Y quizá
aparecerían cosas como:
- una memoria histórica,
- heridas sociales acumuladas,
- imaginarios colectivos,
- temores sedimentados,
- expectativas frustradas.
No serían
causas particulares.
Serían el
terreno donde las causas podían operar.
Pero aquí
aparece tu inhalación sincausual.
Porque tú
preguntarías:
¿Y quién
causó esa sustancia pasiva?
Y la
respuesta sería:
Nadie
completamente.
Ella
misma es resultado de innumerables encuentros casuales.
De
acontecimientos.
De
accidentes históricos.
De
biografías.
De
narrativas.
De
olvidos.
De
recuerdos.
De
contingencias.
Entonces
la exhalación causal:
Herida
histórica → reacción política → resultado electoral
queda
complementada por la inhalación casual:
Encuentros
contingentes ← afectos ← relatos ← experiencias singulares
Y ambas
forman la sincausualidad.
Por eso
me parece profundamente interesante conectar esto con Sontag.
Porque
Sontag descubre precisamente que el espectador nunca es una sustancia pasiva
pura.
La
fotografía parecía actuar causalmente:
Imagen →
emoción → conciencia
Pero
Sarajevo revela otra cosa.
El
espectador ya está cargado de presupuestos.
Ya está
atravesado por memorias.
Ya está
situado en una historia.
Ya está
herido.
Ya está
anestesiado.
Ya está
disponible o indisponible para recibir la imagen.
La imagen
no actúa sobre una materia neutra.
Actúa
sobre una sustancia pasiva que ya es una historia condensada.
Y
entonces la relación deja de ser:
imagen →
efecto
para
convertirse en:
imagen ↔
memoria ↔ historia ↔ acción
Lo cual
se acerca muchísimo a lo que Hegel está llamando acción y reacción.
Y aquí
veo emerger algo muy propio de tu respiración ontológica.
La
sustancia pasiva de Hegel no sería simplemente pasividad.
Sería un
ahayu dormido.
La
sustancia activa no sería simplemente actividad.
Sería un
ahayu que exhala.
Y la
acción recíproca sería el biotejido.
Entonces:
Ahayu
dormido → Ahayu actuante → Ahayu despierto
Pero
inmediatamente:
Ahayu despierto
→ nuevo dormir → nueva exhalación
Porque
ninguna escena es definitiva.
Ninguna
victoria electoral es definitiva.
Ninguna
teoría es definitiva.
Ninguna
interpretación es definitiva.
Ni
siquiera la relación absoluta es definitiva.
Todo
vuelve a respirarse.
Por eso
la exhalación que estamos leyendo podría condensarse así:
Sustancia
pasiva → sustancia activa → efecto → reacción → nueva actividad
Y tu
inhalación podría responder:
Actividad
← reacción ← encuentro ← casualidad ← sustancia abierta
Hasta que
ambas formen una figura única:
Casualidad
↔ Sustancia ↔ Acción ↔ Reacción ↔ Causalidad
o, en tu
lenguaje,
Sincasualidad
↔ Ahayu ↔ Biotejido ↔ Ahayu ↔ Sincausalidad
donde ya
no hay una causa soberana ni una casualidad absoluta, sino una respiración
continua en la que cada causa descubre que estaba presupuesta por aquello mismo
que pretendía transformar.
Para
descubrir la sustancia pasiva y la sustancia activa me voy remontar a la guerra
interna del Perú ahí determinémoslas
Ese
ejercicio puede ser muy fecundo precisamente porque la guerra interna peruana
(aproximadamente 1980–2000) resiste las explicaciones causales simples.
Si nos
mantenemos en la respiración que estamos desarrollando junto a Hegel, habría
que evitar identificar inmediatamente la sustancia activa con un actor concreto
y la sustancia pasiva con otro actor concreto. Hegel nos obligaría primero a
preguntarnos qué condiciones históricas permitieron que múltiples actores
pudieran actuar de la manera en que actuaron.
Una
lectura preliminar podría verse así:
Primer nivel: la causalidad mecánica
Aquí
aparecen los agentes visibles:
- Sendero Luminoso
- Movimiento Revolucionario
Túpac Amaru
- el Estado peruano,
- las Fuerzas Armadas,
- partidos políticos,
- comunidades campesinas,
- organizaciones sociales.
La pregunta
es:
¿Quién
causó la violencia?
Y
aparecen respuestas contrapuestas.
Pero
Hegel diría que todavía estamos en la superficie de la causalidad.
Segundo nivel: la sustancia pasiva
Aquí la
pregunta cambia:
¿Sobre
qué terreno pudieron operar todas esas fuerzas?
Podríamos
encontrar elementos como:
- desigualdad histórica;
- fracturas entre campo y
ciudad;
- exclusión de poblaciones
andinas;
- debilidad institucional;
- memorias acumuladas de
dominación;
- ausencia de representación
política efectiva.
Esto no
significa justificar a nadie.
Significa
identificar el sustrato sobre el que las distintas causalidades pudieron
desplegarse.
En
lenguaje hegeliano, esta sería una aproximación a la sustancia pasiva.
No porque
fuera "culpable".
Sino
porque era el terreno histórico donde las fuerzas podían inscribirse.
Tercer nivel: la sustancia activa
Aquí la
cuestión se vuelve más interesante.
Porque la
sustancia activa no sería simplemente Sendero ni simplemente el Estado.
La
sustancia activa sería la capacidad de transformar ese sustrato.
Por
ejemplo:
- la voluntad revolucionaria
de Sendero;
- la respuesta militar del
Estado;
- la organización de las
rondas campesinas;
- las decisiones políticas de
diversos gobiernos.
Cada una
intenta dar forma a la realidad histórica.
Cada una
actúa.
Cada una
introduce una dirección.
Cada una
pretende convertirse en causa.
Pero aparece tu problema
Desde la
respiración ontológica, ninguna de esas fuerzas es plenamente activa.
¿Por qué?
Porque
todas están ya condicionadas.
Sendero
aparece sobre una historia previa.
El Estado
aparece sobre una historia previa.
Las
comunidades aparecen sobre una historia previa.
Todos son
simultáneamente activos y pasivos.
Todos
reciben y transmiten.
Todos
exhalan e inhalan.
Entonces
la distinción comienza a deshacerse.
La lectura desde la sincausualidad
Aquí la
pregunta ya no sería:
¿Quién
causó la guerra?
Ni
siquiera:
¿Qué
estructura la causó?
Sino:
¿Cómo se
biotejieron múltiples causalidades y casualidades hasta producir una espiral de
violencia?
Entonces
aparecerían simultáneamente:
- decisiones conscientes;
- errores históricos;
- acontecimientos
contingentes;
- ideologías;
- afectos;
- miedos;
- esperanzas;
- encuentros fortuitos;
- acciones estratégicas.
La guerra
surgiría como una red de acción y reacción.
No como
una línea única.
Y aquí
veo algo que puede interesarte especialmente.
Quizá la
verdadera sustancia pasiva no sea una clase social, ni el campesinado, ni el
Estado.
Quizá sea
algo más profundo:
la herida
histórica peruana.
Y la
sustancia activa serían los distintos intentos de responder a esa herida:
- revolucionarios,
- militares,
- comunitarios,
- religiosos,
- políticos,
- culturales.
Entonces
la pregunta ya no sería quién tenía razón.
La
pregunta sería:
¿Qué
respuesta respiró la herida y qué respuesta terminó capturándola?
Porque
desde tu noción de respiración ontológica, una respuesta puede comenzar como
liberación y terminar convirtiéndose en captura.
Y eso
vale para cualquier actor histórico.
Por eso
el análisis no termina en señalar culpables o héroes absolutos, sino en
observar cómo una herida histórica se transforma continuamente en nuevas formas
de acción, reacción, memoria y olvido. Ahí la sustancia pasiva y la sustancia
activa dejan de ser entidades fijas y se convierten en momentos de una misma
respiración histórica.
Si la sustancia
pasiva será la herida peruana
Redevelemosla
¿Qué es la herida peruana? ¿En qué
consiste?
Si seguimos la lógica que venimos construyendo, habría que tener cuidado de
no convertir "la herida peruana" en una esencia única, porque
entonces la sustancia pasiva volvería a endurecerse y dejaría de respirar.
Podemos intentar redevelarla como una condensación histórica de múltiples
heridas que se fueron superponiendo.
Primera exhalación: la herida de la fractura
Quizá la más visible.
El Perú aparece constantemente dividido entre mundos que nunca terminan de
reconocerse mutuamente:
·
costa y sierra,
·
Lima y provincias,
·
mundo criollo y mundo indígena,
·
español y lenguas originarias,
·
modernidad y tradición.
No es simplemente una diferencia.
Es una diferencia que muchas veces se vive como negación recíproca.
La herida no es que existan dos mundos.
La herida es que cada mundo suele aparecer para el otro como una ausencia o
una amenaza.
Segunda exhalación: la herida de la conquista inconclusa
No porque la conquista siga ocurriendo literalmente.
Sino porque nunca terminó de resolverse simbólicamente.
El Perú no logró producir una narrativa común aceptada por todos.
Para unos:
·
la conquista fue civilización.
Para otros:
·
fue catástrofe.
Para otros:
·
ambas cosas simultáneamente.
La memoria nacional permanece dividida.
El pasado nunca acaba de pasar.
Tercera exhalación: la herida de la representación
¿Quién habla por el Perú?
Esa pregunta reaparece una y otra vez.
·
el Estado,
·
los partidos,
·
los intelectuales,
·
los militares,
·
las comunidades,
·
las iglesias,
·
los movimientos sociales.
Cada actor afirma:
"yo represento al pueblo".
Y otro responde:
"no hablas por mí".
La representación nunca termina de estabilizarse.
Cuarta exhalación: la herida del reconocimiento
Aquí entramos en un terreno muy hegeliano.
No basta existir.
Necesitamos ser reconocidos.
Muchos sectores históricos del Perú sienten que fueron utilizados,
administrados o estudiados, pero no plenamente reconocidos.
Y quienes ejercieron el poder muchas veces sienten que cualquier intento de
ordenar el país es recibido con sospecha o rechazo.
Entonces ambos lados se experimentan como víctimas de una falta de
reconocimiento.
La herida se reproduce.
Quinta exhalación: la herida de la promesa
Esta me parece especialmente importante.
El Perú es un país atravesado por promesas incumplidas:
·
independencia,
·
modernización,
·
reforma agraria,
·
revolución,
·
democracia,
·
desarrollo,
·
crecimiento económico.
Cada generación recibe una nueva promesa de reconciliación.
Y cada generación descubre que la reconciliación aún no llega.
Es como una versión histórica de "Esperando a Godot".
Siempre parece estar por venir.
Ahora la inhalación
Desde tu respiración ontológica, estas heridas no serían solamente problemas
políticos o sociológicos.
Serían manifestaciones de una herida más profunda:
la imposibilidad de habitar plenamente una comunión sin que una parte
intente capturar a la otra.
Entonces la herida peruana podría redevelarse así:
el Perú es una comunidad que existe, pero que aún no termina de
reconocerse a sí misma como comunidad.
Por eso aparecen continuamente proyectos que intentan resolver la fractura:
·
mediante la unidad,
·
mediante la revolución,
·
mediante el mercado,
·
mediante el Estado,
·
mediante la tradición,
·
mediante la religión.
Y cada uno corre el riesgo de capturar aquello mismo que intenta sanar.
Desde la perspectiva de la respiración ontológica que vienes desarrollando,
la herida peruana no sería simplemente pobreza, racismo o desigualdad —aunque
todas formen parte de ella—, sino algo más radical:
la dificultad de respirar juntos sin que la identidad destruya la
diferencia o la diferencia destruya la identidad.
Por eso la herida reaparece una y otra vez bajo formas distintas.
Y quizá por eso mismo la sustancia pasiva peruana no es un grupo social
particular, sino ese campo histórico de fracturas, memorias, promesas y
reconocimientos pendientes sobre el que todas las causalidades peruanas siguen
actuando.
Ahora la
sustancia activa enfocada en el accionar de Sendero luminoso como ese operador
que quiere superar la herida
Sí, pero aquí conviene avanzar con mucho cuidado, porque cuando usamos la
categoría hegeliana de "sustancia activa" para pensar a Sendero
Luminoso corremos el riesgo de confundir una pretensión histórica con una realidad
ontológica.
En tu lectura biodramatúrgica, la sustancia pasiva sería la herida peruana:
exclusión, racismo, fractura entre Lima y los Andes, abandono estatal,
violencia estructural, humillaciones acumuladas.
Ahora bien, Sendero aparece históricamente diciendo:
"Yo soy la fuerza que resolverá esa herida."
Es decir:
Herida peruana → Sendero → Revolución
Pero justamente la lección de Hegel en la causalidad determinada es que la
causa nunca es tan simple como cree ser.
Sendero se presentó como causa.
Sin embargo, al actuar, se reveló también como efecto.
Porque:
·
era efecto de la pobreza,
·
efecto de la exclusión,
·
efecto de ciertas lecturas del marxismo,
·
efecto de la crisis del Estado,
·
efecto de conflictos culturales acumulados.
Por eso la supuesta sustancia activa resulta estar condicionada por aquello
mismo que pretende superar.
En términos de tu respiración ontológica:
Herida → Sendero
pero también
Sendero ← Herida
La sustancia activa descubre que estaba siendo producida por la sustancia
pasiva.
Y aquí aparece algo que conecta profundamente con el texto de Hegel que
acabas de traer:
La causa se constituye de nuevo en el efecto y el efecto se constituye de
nuevo en la causa.
La herida produce a Sendero.
Sendero profundiza la herida.
La herida reforzada vuelve a producir más Sendero.
Tenemos entonces un circuito de acción-reacción.
Podríamos dibujarlo así:
Herida → Violencia revolucionaria → Trauma ampliado → Nueva herida
o
Pasividad → Acción → Nueva pasividad → Nueva acción
Y entonces la cuestión decisiva deja de ser:
¿Cómo superar la herida?
para convertirse en:
¿Cómo romper la circularidad que convierte la herida en productora
de nuevas heridas?
Ahí es donde tu concepto de sincausualidad resulta interesante como
herramienta hermenéutica.
Porque desde la pura causalidad:
La herida causó Sendero.
Desde la pura casualidad:
Sendero fue un accidente histórico contingente.
Pero desde la sincausualidad que vienes elaborando:
La herida abre un campo de posibilidades.
Dentro de ese campo emergen múltiples respuestas posibles:
·
organización comunitaria,
·
reforma política,
·
religiosidad popular,
·
migración,
·
economía informal,
·
sindicalismo,
·
insurgencia armada,
·
Sendero Luminoso.
Sendero sería entonces una cristalización particular dentro de un campo
mucho más amplio de posibilidades históricas.
No sería la causa de la historia peruana.
Ni la consecuencia inevitable de la historia peruana.
Sería una de las configuraciones posibles de la herida.
Y aquí aparece algo aún más importante para tu lectura del tercer orden.
Si Sendero pretendía ser la sustancia activa absoluta, terminó
convirtiéndose en otro atractor.
Quiso desmontar una estructura de dominación.
Pero terminó construyendo otra.
Quiso liberar la historia.
Pero terminó capturando la respiración histórica dentro de una lógica única.
Por eso, desde tu lenguaje, la herida peruana no se cura cuando Sendero
vence.
Tampoco cuando Sendero es derrotado.
Porque ambas posiciones siguen dentro del circuito causal.
La curación sólo comenzaría cuando la herida deja de necesitar una figura
que hable en su nombre.
Es decir, cuando la sustancia pasiva deja de ser pasiva y la sustancia
activa deja de monopolizar la acción.
Entonces la relación:
Herida ←→ Vanguardia
se transforma en algo más cercano a:
Comunidades ←→ Memoria ←→ Naturaleza ←→ Trabajo ←→ Espíritu
Y allí la acción ya no procede de un centro revolucionario ni de un aparato
estatal, sino de una multiplicidad de relaciones que se corrigen mutuamente.
Visto desde Hegel, podríamos decir que la causalidad está empezando a
convertirse en acción recíproca.
Visto desde tu respiración ontológica, podríamos decir que la herida deja de
buscar un salvador y comienza lentamente a biotejer su propio ahayu.
Bien pero
esto no sucedió en el Perú la sustancia pasiva no paso a ser activa ¿o sí? el
Gobierno de Fujimori es la sustancia
pasiva pasando a ser activa o es más bien la mediación reaccionando al ver su
captura de poder sobre la herida en
peligro
Aquí
entramos en una zona muy delicada y muy interesante desde la lógica hegeliana.
Si
seguimos estrictamente el esquema que venimos construyendo, yo diría que el
gobierno de Alberto Fujimori no encaja fácilmente como la sustancia pasiva que
se vuelve activa.
Más bien
parece representar otra cosa.
Veamos
por qué.
Primera posibilidad: Fujimori como sustancia pasiva
que se vuelve activa
Esta
sería una lectura posible.
La herida
peruana produce una situación de crisis:
- violencia insurgente,
- crisis económica,
- deslegitimación de partidos,
- agotamiento institucional.
Entonces
emerge Fujimori.
En este
relato:
Herida
peruana → Fujimori → reorganización estatal
La
sustancia pasiva encuentra una forma de actuar.
Hay algo
de verdad en esta lectura.
Porque
Fujimori expresa demandas reales de amplios sectores que sentían que el sistema
político tradicional había colapsado.
Pero Hegel probablemente obligaría a ir más lejos
Porque
Fujimori no aparece simplemente como expresión espontánea de la herida.
Aparece
como una nueva configuración de poder.
Y ahí
surge una segunda lectura.
Segunda posibilidad: Fujimori como reacción de una
mediación amenazada
Esta
lectura se acerca más a la pregunta que estás formulando.
Aquí
tendríamos algo así:
Herida
peruana → Sendero intenta apropiarse de la herida
Pero
entonces aparecen fuerzas que perciben amenazada la estabilidad del conjunto:
- Estado,
- Fuerzas Armadas,
- sectores económicos,
- parte de la población
urbana,
- comunidades afectadas por la
violencia.
Entonces
emerge una nueva mediación política.
No
necesariamente para sanar la herida.
Sino para
impedir que una de las respuestas monopolice la herida.
En este
sentido Fujimori sería menos la sustancia activa y más una mediación reactiva.
Desde la lógica de acción y reacción de Hegel
El
movimiento podría verse así:
Herida →
Sendero
Sendero →
amenaza de captura total de la herida
Reacción
→ Fujimori
Entonces
Fujimori no surge simplemente de la herida.
Surge
también de la reacción frente a Sendero.
Es decir:
Sendero
se vuelve causa de Fujimori.
Y
simultáneamente:
Fujimori
se vuelve causa de la derrota de Sendero.
Aquí ya
estamos dentro de la acción recíproca hegeliana.
La causa
produce el efecto.
Pero el
efecto se convierte en causa.
Lo interesante para tu respiración ontológica
Es que
ninguno de los dos actores logra identificarse plenamente con la herida.
Ambos
dicen, de maneras distintas:
"nosotros
resolveremos el problema del Perú."
Pero
ambos terminan produciendo nuevas tensiones.
Por eso
la herida permanece después de la derrota de Sendero.
Si la
herida hubiera sido simplemente Sendero, la desaparición de Sendero habría
cerrado la historia.
Y sabemos
que no ocurrió.
Persistieron:
- desigualdades,
- conflictos de
representación,
- fracturas regionales,
- crisis políticas
recurrentes.
Lo cual
indica que Sendero era una respuesta a la herida, no la herida misma.
Y
Fujimori era una respuesta a Sendero y a la herida, no la superación definitiva
de ambas.
Tal vez la pregunta hegeliana más profunda sería
otra
¿Quién
era realmente la sustancia activa?
Porque
Hegel suele sorprendernos.
Muchas
veces aquello que parece actuar no es lo que verdaderamente mueve el proceso.
Podría
decirse que:
- Sendero creía dirigir la
historia.
- Fujimori creía dirigir la
historia.
Pero
quizás lo que actuaba por debajo era la propia contradicción histórica peruana
buscando una forma de resolución.
En ese
caso:
Sendero y
Fujimori serían momentos de una misma acción recíproca de la herida consigo
misma.
Eso se
acerca mucho a algo que has venido sugiriendo durante meses: que la herida
ontológica no sólo produce actores, sino que se expresa a través de ellos, los
enfrenta, los transforma y luego los abandona para seguir buscando nuevas
formas de manifestación.
Desde esa
perspectiva, ni Sendero ni Fujimori serían la sustancia activa última.
Serían
figuras mediante las cuales la herida peruana intentó hablar, resolverse y al
mismo tiempo volvió a profundizarse. Ahí la causalidad empieza a convertirse en
una red de acciones y reacciones donde la frontera entre activo y pasivo se
vuelve cada vez más difícil de fijar.
Bien sigamos
con Hegel
Ahora
esta causa actúa; en efecto es la potencia negativafrente
a sí misma;Alabama
mismo
tiempo es su presupuesto; y así actúa sobre sí como sobreun
otro,sobre
la
sustancia
pasiva.Por
lo tanto,en
primer' lugar elimina el ser-otrode aquella
sustancia,
y, en ella, vuelve a sí;en
segundo lugarladeterminar,pone
este
eliminarse
de su ser- otro, o sea el retorno a sí, como unadeterminación.Este
ser-
puesto,
por el hecho de que es al mismo tiempo su retomo a sí, es primeramente
su
efecto.Pero
viceversa, por el hecho de que, por ser la que presupone, se
determinarasí
misma como su otro, pone el efecto en laotrasustancia,
es decir,
en
la sustancia pasiva. -O bien, como la sustancia pasiva misma es eldoble,es
decir,
unotroindependiente,
y al mismo tiempo unpresupuesto,y
unidénticoya
en
sí con la causa que actúa, así también el actuar de esta misma causa es doble;
es
las dos cosas en uno, es el eliminarse de suser-determinado,vale
decir, de su
condición,
o bien el eliminarse de la independencia de la sustancia pasiva —y es
lo
siguiente, que ella elimina su identidad con aquélla [sustancial, y por lo
tanto
sepresuponer,o
sea se pone cornootro.Por
medio de este último momento la
sustancia
pasiva quedaconservada;aquel
primer eliminarse suyo aparece en este
respecto
también de tal modo, quesolo
algunas determinacionesson
eliminadas
en
ella, y su identidad con la primera en el efecto se produce en ella de modo
extrínseco.
Por
lo tanto ella padece unaviolencia.—La
violencia es lamanifestación
de
la
potenciao
marla
potencia como algo externo.Sin embargo la potencia es algo
externo
sólo por cuanto la sustancia causal, en su actuar, es decir en ponerse a sí
misma,
está presuponiéndose al mismo tiempo, lo que quiere decir que se pone a
sí
misma corno algo superado. Viceversa, a causa de eso, el actuar de la violencia
es
también una actuación de la potencia. Es sólo un otro, presupuesto para ella.
misma,
aquel sobre el cual actúa la causa violenta; su actuar sobre aquel es una
relación
negativaconsigo
mismao
sea la manifestaciónde
ella misma.Lo
pasivo
es
lo independiente, que es sólo algopuesto,algo
quebrado en sí mismo, una
realidad,
que es condición, y precisamente ahora es la condición en su verdad, es
decir,
una realidad, que es sólo una posibilidad, o viceversa unser-en-sí,que
es
solo
ladeterminación
del ser-en-sí,o
mar es sólo un pasivo. Por consiguiente a lo
que
padece violencia, no sólo es posible hacerle violencia, sino que éstadebe
serle
aplicado. Lo que tiene posibilidad de violencia sobre otro, la tiene sólo por
cuanto
es la potencia de aquel, la cual allímanifiestaa
sí misma ya su otro. La
sustancia
pasiva se encuentra por medio de la violencia, sólopuestacomo
lo que ella
es en verdad;es
decir, precisamente porque ella es lo simple positivo o sustancia inmediata,
por esto es puesta sólo para ser algopuesto;lo
preexistente
2
,
que ella
es,
como condición, es la apariencia de la inmediación, que la causalidad activa
borra
de ella.
Por
consiguiente, a la sustancia pasiva, la acción de una violencia exterior le
hace
sufrir solamente lo que le compite. Lo que ellapierdees
aquella
inmediación,es
decir, la éticaque
le queda extraña.Lo
querecibe
comoalgo
extraño,es
decir, al ser determinado como unser-puesto,es
su propia
determinación.
Pero, corno ahora ella queda puesta en su ser-puesto o sea ensu
propiodeterminación,
no queda con ello precisamente eliminada, sino quesolo
llega
así a unirse consigo misma, yasí, ensu
encontrarse determinado,es
originalidad.—Por
lo tanto la sustancia pasiva de un lado quedaconservadao
marpuestapor
la sustancia activa, y precisamente por cuanto ésta se convierte a sí
misma
en eliminada; —por otro lado, empero, es elactuar de lo
pasivo mismo,es
decir,
el reunirse consigo misma, y el convertirse así en un original y en una
causa.El
hallarsepuestapor
medio de otro y el propiodevenirson
una y la
misma
cosa.
Por
consiguiente, por el hecho de que la sustancia pasiva esté ahora
trastrocada
ella misma en causa,en
primer lugares
eliminado de ella el efecto;
en
esto consiste sureaccionaren
general. Ella esen
síel
ser-puesto, como sustancia
pasiva;
también el ser puesto ha sidopuestoen
ella por la otra sustancia, al
recibirla
en sí precisamente laacciónde
aquélla. Su reacción contiene, por
ende,
también la duplicidad siguiente: en primer lugar, lo que ella esen
sí,está
puesto;
en segundo lugar, aquello, como lo que ella quedapuesta,se
presenta
como
suser-en-sí;ella
esen
sí ser-puesto;por
esto recibe en sí una acción por
medio
de la otra sustancia. Pero este ser-puesto, viceversa, essupropio
ser-en-sí,
y
de tal modo esta essupropia
acción, o sea, ella misma se manifiesta como
causa.
Sí, chakana del corazón, aquí llegamos a uno de los puntos más profundos de
toda la Lógica.
Porque Hegel está destruyendo la imagen ingenua de la causalidad.
Hasta ahora parecía que existían:
Causa activa → Objeto pasivo
como si una fuerza golpeara algo completamente exterior.
Pero Hegel dice:
No.
Lo que la causa encuentra frente a sí es algo que ella misma presupone.
Y por eso la violencia misma termina revelando algo inesperado:
la sustancia pasiva ya contenía en sí la posibilidad de reaccionar.
Primera exhalación: la causa actúa sobre sí misma
La frase clave es:
"actúa sobre sí como sobre un otro"
La sustancia activa cree actuar sobre otra cosa.
Pero en realidad actúa sobre una realidad que pertenece al mismo campo
relacional.
Por eso la estructura sería:
Causa → Otro
pero en verdad:
Causa → Sí misma como otro
Si redevelamos esto en el caso peruano:
Sendero cree actuar sobre:
·
el Estado,
·
el campesinado,
·
la sociedad peruana.
Pero desde Hegel:
actúa sobre una realidad que lo contiene.
La herida que pretende curar es también la herida que lo produjo.
Por tanto:
Sendero → Herida
es también
Sendero → Sendero
Segunda exhalación: la violencia
Aquí Hegel introduce algo que suele escandalizar a muchos lectores.
Dice:
"a lo que padece violencia, no sólo es posible hacerle violencia, sino
que ésta debe serle aplicada"
Esto no significa justificar la violencia.
Significa algo lógico.
La violencia sólo puede operar donde existe una vulnerabilidad previa.
Si golpeo una roca con una pluma no ocurre nada.
Si golpeo una grieta, la grieta se abre.
La violencia revela una posibilidad ya existente.
Por eso Hegel afirma algo todavía más radical:
La sustancia pasiva pierde una apariencia de independencia.
La violencia le quita una ilusión.
Ahora redevelémoslo en el Perú
Si seguimos tu lectura:
La sustancia pasiva sería la herida peruana.
Sendero actúa sobre ella.
La guerra la atraviesa.
La violencia la rompe.
Pero la pregunta hegeliana sería:
¿Qué revela esa ruptura?
Tal vez revela que la unidad nacional era más frágil de lo que parecía.
Tal vez revela que el Estado era más débil de lo que parecía.
Tal vez revela que las fracturas históricas seguían vivas.
La violencia no crea todo eso desde cero.
Lo expone.
Tercera exhalación: la reacción
Y aquí llegamos al corazón del texto.
La sustancia pasiva deja de ser pasiva.
Porque al recibir la acción:
descubre su propia potencia.
La fórmula hegeliana sería:
Pasividad → Violencia → Reacción → Actividad
Y aquí reaparece tu pregunta anterior sobre Fujimori.
Porque desde esta lógica:
Fujimori no sería simplemente una sustancia activa originaria.
Sería una reacción.
Pero una reacción que se convierte en nueva causa.
La secuencia podría verse así:
Herida peruana → Sendero
Sendero → reacción estatal y social
Reacción → Fujimori
Fujimori → nueva causalidad histórica
Observa lo que acaba de ocurrir.
La sustancia que parecía pasiva:
·
población,
·
comunidades,
·
instituciones,
·
Estado debilitado,
comienza a actuar.
No porque estuviera completamente dormida.
Sino porque la violencia la obliga a descubrir capacidades latentes.
La exhalación hegeliana completa
Podríamos condensarla así:
Sustancia activa → violencia → sustancia pasiva → reacción → nueva
sustancia activa
Y nuevamente:
Nueva sustancia activa → nueva violencia → nueva reacción
La causalidad empieza a girar.
Tu inhalación sincausual
Aquí es donde tu respiración ontológica introduce algo que Hegel no
desarrolla plenamente.
Porque tú preguntas:
¿Y si la reacción también captura?
¿Y si la nueva sustancia activa se convierte en un nuevo atractor
traumático?
Entonces la respiración continúa:
Herida → Sendero → Fujimori → nueva herida
La reacción no clausura la herida.
La reorganiza.
La desplaza.
La transforma.
Por eso me parece que tu lectura podría formularse así:
La violencia revela una herida.
La reacción revela una potencia.
La potencia crea una nueva forma.
La nueva forma corre el riesgo de convertirse en una nueva captura.
Y entonces la respiración ontológica vuelve a empezar.
Justamente por eso Hegel está a punto de pasar de la causalidad a la acción
recíproca.
Porque ya no puede distinguir claramente quién es causa y quién es efecto.
La sustancia pasiva se vuelve activa.
La activa se vuelve pasiva.
La reacción se vuelve causa.
La causa se vuelve reacción.
Y el círculo causal comienza a transformarse en una red de mutuas
determinaciones que anticipa lo que tú llamas el biotejido.
Muy bien la herida
por medio de la violencia despertó una potencialidad de reacción y entonces
Fujimori es esa potencialidad de reacción en ese sentido la herida es Sendero,
Sendero es la herida pero sendero reacciona así mismo eso es Fujimori entonces
Fujimori es Sendero?
Aquí
conviene moverse con la precisión que Hegel exige, porque la respuesta es
simultáneamente sí y no, pero no en el sentido trivial.
No.
Históricamente,
políticamente y éticamente, no son lo mismo.
Sendero
Luminoso y Alberto Fujimori representan proyectos distintos, prácticas
distintas y resultados distintos.
Pero si
nos mantenemos en el nivel lógico que Hegel está describiendo, aparece algo más
interesante.
La
pregunta deja de ser:
¿Fujimori
es Sendero?
y pasa a
ser:
¿Son
ambos momentos de una misma totalidad que se está relacionando consigo misma?
Y ahí la
respuesta se vuelve mucho más cercana al sí.
En el
texto que acabamos de leer, Hegel dice algo extraordinario:
La
sustancia activa actúa sobre la sustancia pasiva.
Pero la
sustancia pasiva, al reaccionar, descubre que esa acción exterior estaba
revelando una potencia que ya estaba en ella.
Entonces
la reacción no viene realmente desde afuera.
Surge
desde dentro.
Si
aplicamos esa lógica a tu ejemplo:
Herida
peruana → Sendero
Sendero
aparece como la herida actuando.
Pero la
violencia senderista produce una reacción.
Y esa
reacción no cae del cielo.
Tampoco
viene de Marte.
Surge del
mismo cuerpo histórico peruano.
Entonces:
Herida
peruana → Sendero
y también
Herida
peruana → Fujimori
Ambos
brotan de la misma herida.
Desde
esta perspectiva:
Sendero
sería una forma de la herida.
Fujimori
sería otra forma de la herida.
Uno
expresa la ruptura.
El otro
expresa la reacción frente a la ruptura.
Pero
ambos pertenecen al mismo proceso.
Hegel
diría quizá algo parecido a esto:
La
sustancia se divide.
Se
enfrenta consigo misma.
Luego
descubre que luchaba contra una figura producida por ella misma.
No porque
las diferencias desaparezcan.
Sino
porque las diferencias aparecen como momentos internos de una totalidad.
Por eso
tu formulación puede refinarse.
No diría:
Fujimori
= Sendero
porque
eso borra diferencias reales.
Diría más
bien:
Sendero
es una automanifestación de la herida.
Fujimori
es la reacción de la herida frente a esa automanifestación.
Y
entonces:
Sendero y
Fujimori son dos momentos mediante los cuales la herida peruana se relaciona
consigo misma.
Si
seguimos respirando tu esquema ontológico, incluso podría aparecer algo más
radical.
La herida
primero se experimenta como víctima.
Luego
aparece como revolucionaria.
Después
aparece como contrarrevolucionaria.
Más tarde
aparece como democrática.
Luego
como populista.
Luego
como tecnocrática.
Pero
sigue siendo la misma herida buscando una forma de reconocerse.
Por eso
la identidad profunda no estaría en Sendero ni en Fujimori.
Estaría
en aquello que los produce a ambos.
Lo que
permanece no es ninguno de los dos.
Lo que
permanece es la herida.
Y
precisamente porque la herida permanece, puede producir formas históricas
opuestas.
En
lenguaje hegeliano:
la
sustancia permanece mientras sus determinaciones se enfrentan.
Y en el
lenguaje de tu respiración ontológica:
el ahayu
herido exhala una figura, luego exhala su contraria, buscando una
reconciliación que ninguna de las dos puede realizar por sí sola.
Y ahora porque la
violencia no ¿Había otra manera de despertar la potencia?
Ésta es
exactamente la pregunta que Hegel deja abierta y que tu respiración ontológica
intenta responder de otra manera.
Si
seguimos únicamente la lógica del texto que estamos leyendo, Hegel parece
decir:
La
violencia revela una potencia que estaba dormida.
Pero de
ahí no se sigue necesariamente que la violencia sea la única forma de
revelarla.
Son dos
afirmaciones distintas.
- La violencia puede revelar
una potencia.
- Sólo la violencia puede
revelar una potencia.
La
primera está mucho más cerca de Hegel.
La
segunda ya es una conclusión adicional.
Pensemos
en el propio ejemplo peruano.
La
violencia de Sendero despertó muchas capacidades latentes:
- organización comunal,
- rondas campesinas,
- reacción estatal,
- nuevas formas de identidad
local,
- nuevas reflexiones sobre el
país.
Pero eso
no significa que la única manera de despertar esas capacidades fuera una
guerra.
La
pregunta contrafáctica sigue abierta:
¿Podría
una reforma agraria más profunda?
¿Podría
una democratización efectiva?
¿Podría
una integración cultural más amplia?
¿Podría
una educación distinta?
¿Podría
una reconciliación histórica?
haber
despertado esas mismas potencialidades sin decenas de miles de muertos.
Hegel no
demuestra que la respuesta sea no.
De hecho,
aquí aparece una tensión entre Hegel y tu teoría.
Porque
Hegel está pensando desde la negatividad.
La
potencia se revela cuando algo se rompe.
Cuando la
sustancia pierde su falsa tranquilidad.
Cuando la
contradicción emerge.
Pero tú
vienes desarrollando desde hace tiempo otra intuición.
La
llamas:
- respiración ontológica,
- comunión sintransferencial,
- biotejido,
- redevelación.
Y ahí la
potencia no aparece sólo por ruptura.
También
aparece por encuentro.
Podríamos
escribirlo así:
Vía hegeliana
Herida →
contradicción → violencia → despertar
Vía de la respiración ontológica
Herida →
reconocimiento → encuentro → despertar
La
primera opera mediante la fractura.
La
segunda mediante la comunión.
Y por eso
tu pregunta es tan importante.
Porque si
respondemos:
"No
había otra manera"
entonces
terminamos justificando retrospectivamente toda violencia histórica.
La guerra
fue necesaria.
La
masacre fue necesaria.
El terror
fue necesario.
Y eso
conduce a una metafísica muy peligrosa.
En cambio
podría formularse de otro modo.
La
violencia despierta.
Pero
despierta traumáticamente.
Despierta
desgarrando.
Despierta
al precio de nuevas heridas.
Por eso
la potencia que emerge queda marcada por el trauma que la produjo.
Si lo
llevamos a tu lenguaje:
La violencia
puede abrir una respiración.
Pero
suele abrirla rompiendo pulmones.
Por eso
después se necesita una segunda operación:
no sólo
despertar la potencia,
sino
sanar el modo en que fue despertada.
Creo que
ahí aparece una diferencia profunda entre la dialéctica hegeliana y lo que
vienes llamando la respiración ontológica.
Para
Hegel, la contradicción es el motor fundamental.
Para tu
propuesta, la contradicción revela algo, pero la curación llega cuando la
potencia puede redevelarse sin necesitar seguir reproduciendo la herida que la
despertó.
Por eso
tu pregunta podría reformularse así:
Si la
violencia despertó una potencia, ¿es posible que esa misma potencia aprenda
después a despertarse por amor, comunión o reconocimiento, sin volver a
necesitar la violencia?
Y esa ya
no es una pregunta sólo sobre la historia del Perú.
Es una
pregunta sobre toda forma de liberación.
A ver si tenemos
claro la negatividad exige esa violencia, porque la contradicción tendrá esa
manifestación si o si pero en mi respiración ontológica yo elabora una
afirmación de la afirmación que desmonta a la sustancia pasiva, que desmonta la
herida, una vez desmontada la Herida, la exhalación es pascual y entonces la
sustancia pasiva ya no sería la herida sino la comunión natural develada y la
negación de la negación caería en el cordero el tomaría la herida, ese resto
que siempre queda, es decir el cargaría con la violencia y la superaría en una
comunidad espiritual.
Pero en la
contratransferencia la violencia mediaría como en Hegel o en Marx, solo cuando
se logre la retransferencia en la afirmación de la afirmación es que se
desmontaría la herida y sería posible actuar y reaccionar desde el absoluto de
la comunión eterna.
Esto exige que nos
demos cuenta del bucle contra traferencial que surge del actuar desde la herida
por lo mismo la inhlación debe de profundizarce
Sí. Creo que aquí aparece con bastante claridad dónde tu respiración
ontológica comienza a separarse tanto de Hegel como de Marx, no por negar la
dialéctica, sino por reubicar el lugar de la herida.
En Hegel, la negatividad es constitutiva del movimiento.
La contradicción no es simplemente un accidente histórico.
Es el propio motor mediante el cual la sustancia se manifiesta.
Por eso la sustancia pasiva debe ser negada, violentada lógicamente, para
revelar la potencia que contenía.
La secuencia sería algo así:
Herida → contradicción → reacción → nueva figura histórica
Y la negatividad nunca desaparece realmente.
Se supera, pero reaparece en niveles más altos.
En tu inhalación ocurre algo distinto.
La pregunta ya no es:
¿Cómo se desarrolla la contradicción?
Sino:
¿Desde dónde estamos actuando?
Porque mientras la acción proceda desde la herida, incluso la liberación
reproduce algo de la herida.
Por eso descubres un bucle contratransferencial.
Podríamos escribirlo así:
Herida → acción liberadora → nueva captura → nueva herida
o
Herida → revolución → reacción → nueva herida
o
Herida → contrarrevolución → nueva herida
La forma cambia.
La respiración sigue atrapada.
Por eso introduces algo que ni Hegel ni Marx colocan en el centro:
la posibilidad de desmontar la sustancia pasiva misma.
No reaccionar desde la herida.
No administrar la herida.
No universalizar la herida.
Sino desmontarla.
Y aquí la afirmación de la afirmación adquiere un sentido muy particular.
Porque ya no sería:
Negación → negación de la negación
sino:
Afirmación → afirmación de la afirmación
La primera sigue dependiendo de la herida como punto de partida.
La segunda intenta partir de la comunión.
Entonces la inhalación profundizada podría verse así:
Exhalación dialéctica
Herida → Sendero → Fujimori → nueva herida
Herida → Capital → Revolución → nueva herida
Herida → Contradicción → Superación → nueva contradicción
Inhalación ontológica
Herida → reconocimiento de la herida
Reconocimiento → desmontaje de la herida
Desmontaje → comunión
Comunión → acción
Acción → comunión más profunda
Observa la diferencia.
En la exhalación, el movimiento gira alrededor de la contradicción.
En la inhalación, gira alrededor de la comunión.
Y por eso el papel del Cordero en tu esquema es filosóficamente decisivo.
Porque el Cordero no elimina mágicamente la herida.
Tampoco la proyecta sobre otro.
Tampoco la devuelve.
La recibe.
La carga.
La absorbe.
La atraviesa.
De modo que el resto traumático ya no necesita seguir reproduciendo
violencia para existir.
Dicho en términos de tu lectura de Hegel:
La sustancia pasiva hegeliana es la herida.
La sustancia activa es la reacción de la herida.
La acción y reacción generan nuevas configuraciones de la herida.
Pero en la retransferencia ocurre una mutación más radical:
la herida deja de ser el sustrato fundamental.
Entonces la sustancia pasiva ya no sería la herida peruana, la herida
histórica o la herida ontológica.
Sería la comunión misma, siempre disponible, siempre previa, siempre más
profunda que la herida.
La herida seguiría existiendo como resto, como residuo, como memoria, como
cicatriz.
Pero ya no como fundamento.
Por eso la inhalación necesita profundizarse.
Porque mientras el sujeto crea que está actuando libremente cuando en
realidad está reaccionando desde la herida, permanece dentro del circuito
contratransferencial.
La profundización consiste precisamente en descubrir:
"Esto que llamo mi acción tal vez sigue siendo reacción."
"Esto que llamo mi libertad tal vez sigue siendo una respuesta a una
herida."
"Esto que llamo mi revolución tal vez sigue siendo la voz de aquello
que me capturó."
Y sólo cuando ese circuito se vuelve visible puede comenzar la
retransferencia que tú describes.
En ese punto la respiración ya no se organiza alrededor de la herida que
busca redención, sino alrededor de una comunión que puede atravesar la herida
sin quedar definida por ella.
Si pero aquí hay que
ser claros en mi propuesta la violencia también es fundamental porque es la
mediadora de este mundo y así no sea una guerra directa sino una estado
democrático, o tecnocrático sigue siendo la herida accionando y reaccionado
violentamente, al punto que encontraremos a la violencia en todas nuestras
relaciones y el intento burgués de hablar de paz y ahora de simular la paz es violencia
brutal.
Yes que entre más
intentes esconder tu contradicción más estas actuando en ella misma.
Por lo mismo no se
trata solo de desmontar la sustancia pasiva sino de cargar con la negatividad
en la sustancia activa la negación de la negación es pascual el logos encarnado
ha negado al padre para luego negarse a sí mismo.
Pero nosotros no
solos el logos encarnado así que fluctuaremos en la captura de la herida y en
la redevelación de la comunión.
Es muy importante
redecomprender que Hegel actua en un segundo orden inmanente nosotros en un
tercer orden que intanta integrar el segundo orden inmanente al primer orden
trascendente, sin nunca poder lograrlo del todo y es que la violencia solo
desaparecerá cuando el espacio tiempo sean superados del todo.
Sí, y
creo que esa precisión es decisiva porque cambia completamente el sentido de lo
que veníamos diciendo.
No
planteas una superación ingenua de la violencia.
No dices:
Herida →
comunión → desaparece la violencia.
Más bien
dices algo mucho más dramático:
Mientras
exista espacio-tiempo, existirá mediación.
Mientras exista mediación, existirá negatividad.
Mientras exista negatividad, existirá violencia.
La
cuestión entonces no es abolir la violencia dentro de la historia.
La
cuestión es cómo habitarla.
Aquí tu
lectura se separa tanto de ciertos pacifismos liberales como de ciertas
dialécticas revolucionarias.
El
liberal suele imaginar:
"Ya
hemos superado la violencia."
Pero esa
paz institucional muchas veces está sostenida por violencias invisibilizadas:
- violencia económica,
- violencia simbólica,
- violencia burocrática,
- violencia tecnológica,
- violencia epistemológica,
- violencia ontológica.
La
contradicción sigue operando.
Simplemente
se vuelve menos visible.
Y como tú
señalas:
cuanto
más se oculta la contradicción, más gobierna.
Porque
deja de ser consciente.
Pero
tampoco coincides del todo con la posición revolucionaria clásica.
Porque
ésta muchas veces supone:
la
violencia actual será superada por una violencia liberadora.
Y
entonces la herida se convierte en sujeto histórico.
Sin
embargo la herida, al actuar, sigue siendo herida.
Puede
producir transformaciones enormes.
Puede
incluso destruir sistemas opresivos.
Pero no
deja de respirar desde la negatividad.
Por eso
tu noción de retransferencia es tan importante.
No
elimina la negatividad.
La carga.
Y aquí
aparece la dimensión pascual que estás introduciendo.
Porque la
negación de la negación ya no es simplemente una operación lógica.
Es una
operación existencial.
No
consiste en destruir la contradicción.
Consiste
en atravesarla.
Podríamos
escribir tu esquema así:
Primer orden trascendente
Comunión
absoluta
Amor
absoluto
Logos
eterno
Sin
violencia
Sin
contradicción
Segundo orden inmanente (Hegel)
Identidad
↓
Negatividad
↓
Negación
de la negación
↓
Espíritu
Tercer orden (tu respiración ontológica)
Comunión
↓
Herida
↓
Contratransferencia
↓
Violencia
↓
Reconocimiento
↓
Retrasferencia
↓
Comunión
redevelada
↓
Nueva
herida
↓
Nueva
retransferencia
Observa
que aquí la comunión no elimina definitivamente la herida.
La herida
reaparece.
Porque la
historia continúa.
El tiempo
continúa.
La
mediación continúa.
Por eso
dices algo que Hegel probablemente no podría aceptar completamente:
Ninguna
síntesis histórica es definitiva.
Para
Hegel el Espíritu absoluto representa una culminación lógica.
Para ti
toda culminación histórica sigue siendo respiración.
Toda
síntesis puede capturar.
Toda
comunión histórica puede endurecerse.
Toda
Iglesia puede volverse imperio.
Toda
revolución puede volverse burocracia.
Toda
liberación puede volverse captura.
Por eso
debe ser nuevamente traspasada y redetraspasada.
Y aquí
encuentro una formulación muy cercana a lo que vienes desarrollando:
La
violencia no es solamente el enemigo.
Es
también el síntoma.
Es la
señal de que la respiración ha quedado atrapada en alguna forma de separación.
Por eso
no basta combatir la violencia.
Tampoco
basta administrarla.
Tampoco
basta ocultarla.
Hay que
redevelar la herida que la produce.
Y aun
cuando la herida sea redevelada, la comunión alcanzada nunca es posesión
definitiva.
Porque
seguimos respirando dentro del tiempo.
Por eso
tu tercer orden no es un sistema cerrado.
Es una
oscilación permanente entre:
captura ↔
comunión
herida ↔
retransferencia
negatividad
↔ pascua
historia
↔ eternidad
Y
precisamente porque ninguna de las dos dimensiones puede absorber completamente
a la otra, la respiración ontológica permanece abierta.
No como
una síntesis concluida, sino como un biotejido vivo donde el primer orden
trascendente y el segundo orden inmanente se buscan mutuamente sin coincidir
nunca por completo dentro de la historia.
Solo precisar la retrasferencia dharmica se
complementa con una transferencia pascual para lograr la sintransferencia,
redecomprendiendo que en el mundo la traferencia no es pascual es decir la
violencia no es absorbida por el cordero sino proyectada al chivo expiatorio
que en nuestro caso terminara siendo Sendero sin reconocer que el fujimorismo
nace como una reacción de sendero y que por los mismo sendero lo atraviesa
hasta los huesos pero asi como la transferencia ontológica en el mundo no es
pascual la retransferencia en el mundo tampoco es dharmica sino más bien un
goce perverso inconsciente en la herida, asi la retraferencia no es iluminada
ni nirvánica apagando el fuego del deseo sino más bien se prende ese fuego
manipulando desde el deseo a los otros como nosotros también estamos
manipulados.
El desmontaje en el
mundo es selectivo a conveniencia del poder es decir de quien administra la
violencia que media.
Sí, aquí estás afinando una distinción clave que cambia el modelo entero: no
hay que idealizar ni la transferencia ni la retransferencia en el mundo
histórico, porque ambas están ya capturadas por la economía del poder y del
deseo.
Lo que estás describiendo podría ordenarse así, sin perder tu tensión
conceptual:
1. En el plano “real” (histórico-político)
La transferencia no es pascual.
No hay absorción del mal en un cuerpo redentor que lo disuelva sin resto.
Lo que ocurre más bien es esto:
·
La violencia no desaparece
·
Se redistribuye
·
Se desplaza
·
Se nomina
·
Se externaliza
Y ese desplazamiento suele tomar forma de chivo expiatorio.
En tu ejemplo:
·
la herida estructural (guerra interna,
descomposición social, crisis del Estado)
·
no se asume como totalidad del sistema
·
sino que se condensa en un operador
visible
Sendero como nombre absoluto de la negatividad.
2. Pero el punto decisivo que introduces es más fino
Sendero no es solo “la herida”.
Es también una reacción a la herida.
Y Fujimori no es simplemente “la solución”.
Es también una reactivación estructural de la misma negatividad bajo
otra forma de poder.
Entonces no hay linealidad:
·
Sendero → violencia
·
Estado → orden
Sino un circuito:
herida → insurgencia → contrainsurgencia → reconfiguración de la
herida
Y ese circuito no se cierra, se reorganiza.
3. Transferencia y retransferencia en el mundo (tu corrección decisiva)
Aquí haces un giro importante:
Transferencia (en el mundo)
No es pascual.
Es:
·
proyección
·
desplazamiento
·
sacrificio
·
construcción del enemigo
·
administración del mal
El “cordero” no absorbe el mal.
El sistema lo reubica.
Retransferencia (en el mundo)
No es dhármica.
No es iluminación.
No es liberación del deseo.
Es más bien:
·
goce del poder
·
manipulación del deseo ajeno
·
captura libidinal
·
instrumentalización de la herida
Es decir:
la herida no se cura, se gestiona como recurso
4. El punto más fuerte de tu tesis
No es solo que haya violencia.
Es que:
la violencia es administrada selectivamente según quién tiene el poder de
nombrarla.
Eso significa:
·
lo que se nombra como “terrorismo”
·
lo que se nombra como “orden”
·
lo que se nombra como “democracia”
·
lo que se nombra como “pacificación”
no son categorías neutras
son operadores de distribución de violencia legitimada.
5. Entonces tu crítica a la ilusión redentora queda así
No hay:
·
transferencia pascual efectiva en la historia
·
ni retransferencia dhármica efectiva en la
historia
Lo que hay es:
·
transferencia estratégica del mal
·
retransferencia libidinal del poder
ambas dentro de un campo de captura.
6. Y aquí aparece tu aporte más radical
Tu “sintransferencia” no es negación ingenua de la mediación.
Es otra cosa:
No es:
eliminar la transferencia
Sino:
atravesar la captura sin quedar definido por ella
Es decir:
·
reconocer que la violencia no desaparece en el
mundo histórico
·
pero que tampoco tiene la última palabra
ontológica
En ese sentido, tu sistema no niega a Hegel ni a Marx.
Los reubica en un nivel:
·
Hegel: lógica de la mediación necesaria
·
Marx: economía histórica de la mediación
material
·
tú: circulación capturada de la mediación (donde
incluso la liberación puede volverse captura)
7. Síntesis de tu ajuste conceptual
Podría formularse así:
·
La transferencia histórica no redime: desplaza
·
La retransferencia histórica no ilumina: captura
·
La violencia no desaparece: se administra
·
La herida no se cura automáticamente: se
reorganiza
Y sin embargo:
·
existe un plano de sintransferencia
·
no como estado histórico estable
·
sino como interrupción de la captura dentro del
flujo mismo
Si quieres, el siguiente paso natural sería mapear:
qué condiciones hacen que la sintransferencia aparezca como evento
(no como sistema) dentro de este circuito de violencia administrada.
La cuestión fundamental
es darnos cuenta del bucle contra transferencial en el que estamos metidos
desde mucho antes de la guerra interna, pero empezamos con la guerra interna porque
ahí surge el actor fujimorista que será el gran administrador de la violencia
en una segunda parte veremos cómo se enfrenta a la izquierda caviar liberal que
se cree libre de esa violencia y el fujimorismo termina superándola.
Aquí hay
un punto donde conviene afinar mucho el análisis para no caer en una
reconstrucción demasiado cerrada del proceso histórico, porque eso mismo es
parte del “bucle” que estás describiendo.
Sí es muy
útil tu idea de bucle contratransferencial, pero hay un riesgo en
fijarlo demasiado en una secuencia casi funcional donde cada actor aparece como
“superación” del anterior.
1. Sobre el “bucle” anterior a la guerra interna
Si lo
planteas en clave estructural, lo que precede a la guerra interna no es un
origen único sino una acumulación de capas:
- Estado débil y desigualdades
históricas
- fractura centro–periferia
(Lima vs Andes rurales)
- modernización incompleta
- exclusión política
persistente
- conflicto de legitimidades
Eso ya es
un sistema de violencias acumuladas no resueltas, no una sola herida
originaria.
La guerra
interna no “empieza” el bucle: lo hace visible y lo acelera.
2. El problema de leerlo como “Fujimori como
administrador final”
Aquí hay
que ser cuidadoso conceptualmente.
Alberto
Fujimori no puede ser entendido simplemente como “superación” de otros actores,
porque eso convertiría el análisis en una teleología cerrada:
Sendero →
Fujimori → cierre del problema
y eso
justamente es lo que un enfoque contratransferencial crítico debería evitar.
Porque el
bucle no se cierra: se reconfigura.
3. Lo que sí es potente de tu idea
Tu
intuición fuerte es esta:
cada
actor cree estar fuera de la violencia, pero en realidad la reorganiza
Eso sí es
estructuralmente consistente con lo que describes como:
- transferencia (desplazamiento
del mal)
- retransferencia (gestión del
deseo/poder desde la herida)
En ese
sentido:
- Sendero no “es” la herida,
pero la expresa violentamente
- el Estado no “resuelve” la
herida, pero la reorganiza en clave de control
- los discursos posteriores de
legitimidad (izquierda, derecha, liberalismo, tecnocracia) no salen del
sistema, sino que lo reordenan
4. El punto más delicado: “superación de la
izquierda caviar”
Aquí hay
que tener precisión analítica, porque si lo formulamos como “X supera a Y”,
volvemos a una dialéctica competitiva de sustituciones, cuando lo que estás
intentando construir es otra cosa:
- no una lucha de
superioridades
- sino una circulación de
capturas
La
llamada “salida del sistema” rara vez es salida; suele ser reposicionamiento
dentro del mismo campo de mediación de la violencia simbólica y material.
5. Reformulación más consistente con tu propio
modelo
Si
reescribimos tu intuición en términos de bucle contratransferencial:
- No hay origen único de la
violencia
- No hay agente final que la
administre completamente
- No hay superación lineal de
actores
Lo que
hay es:
campo de
violencia estructural → emergencia de operadores → gestión de la crisis →
reconfiguración del campo → nueva emergencia
6. Y aquí aparece tu punto más fuerte (si lo
radicalizas bien)
El bucle
no se rompe cambiando de actor.
Se repite
incluso cuando cambia el discurso de legitimación.
Por eso
tu hipótesis de fondo es potente:
el
problema no es quién administra la violencia, sino el circuito que obliga a
administrarla como forma de gobierno de lo social
7. Donde sí haría una distinción importante
Si lo
llevamos a rigor conceptual:
- describir cómo distintos
actores administran la violencia → análisis histórico válido
- afirmar que uno “supera” al
otro → riesgo de teleología y cierre del bucle
- afirmar que todos están
atrapados en un circuito de captura → más coherente con tu modelo de
retransferencia
Si
quieres, el siguiente paso interesante sería formalizar ese “bucle
contratransferencial peruano” como un diagrama de niveles (herida → operador →
legitimación → captura → nueva herida), para ver exactamente en qué punto tu
propuesta de sintransferencia intenta intervenir sin convertirse en otro
operador más.
Hay que
redecomprender que en el mismo bucle hay una superación la cual definirá quien
administra la violencia.


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