El fraude
democrático
Redeconstruyendo
al sujeto revolucionario como Ahayu apocalíptico
Primero cambiaron las reglas del
juego electoral en general.
Hace unos meses cambiaron la ley
electoral en el congreso para que las actas fueran trasladadas directamente en
valija diplomática. Hace una semana (es decir, entre la primera y segunda
vuelta) cambiaron, de la noche a la mañana, a 13 embajadores alcanzando a 17
misiones.
Fuerza Popular anunció un ejército de
100 mil personeros, muchos fueron denunciados por vestir polos de campaña
promocionando el voto por Keiko en la segunda vuelta sin ser detenidxs por la
policía. También hubo denuncias de personeros que reclamaban que nunca se les
pagó los 50 soles prometidos.
El conteo rápido de Ipsos (que
siempre ha acertado) dio empate técnico y señaló como ganador a Sánchez. Torres
(presidente de Ipsos) salió en TV nacional y dijo que en todos los escenarios
se daría como ganadora a Keiko. Esto sin tener ningún argumento o método
legítimo para solventar su afirmación. También dijo que el conteo rápido de
Ipsos no incluía el voto extranjero. Transparencia tuvo que salir a desmentir
los hechos, afirmando que el conteo rápido sí incluía los votos del exterior.
Todo parece indicar que la campaña
fujimorista consiste en afirmar que el voto extranjero que por primera vez, no
fue digitalizado en los consulados y que fue traído al Perú por sus nuevos
embajadores, es el que daría la victoria a la señora k.
Luego, los audios “filtrados” de
Chlimper. El audio “filtrado” de Thorndike.
Además, como si fuera poco, la
Defensoría del Pueblo (fujicerronista) se tomó la atribución de recolectar las
cédulas de votación y ha sido denunciada por su sindicato.
¿Cómo se llama la obra?
El fraude democrático
El cual solo es posible desde la captura del estado
Hay
reformas que cambian todo en el papel, pero dejan el poder en las mismas manos
de siempre.
En los 90, todos hablaban de
“transición”: de dictadura a democracia, de economía planificada a mercado.
La teoría decía: privatiza,
liberaliza, deja que el mercado haga lo suyo.
Los perdedores de la transición se
iban a quejar, pero
los ganadore,
Los ganadores iban a impulsar las
reformas hasta el final.
Joel Hellman “dijo”: bah, eso no
pasa.
Joel S. Hellman es politólogo y
economista estadounidense.
Fue economista jefe del Banco Mundial
para Europa y Asia Central entre 1998 y 2003.
Antes trabajó en la EBRD >European
Bank for Reconstruction and Development < (Banco Europeo de Reconstrucción y
Desarrollo).
Trabajaba sobre el terreno en Rusia,
Ucrania, Kazajistán justo cuando se desarmaba la URSS.
Veía privatizaciones, apertura de
mercados,
y
un patrón raro: los mismos tipos que
ganaban con la primera ronda de reformas,
eran los que bloqueaban la segunda.
Esa frustración se volvió el paper
“Winners Take All: The Politics of Partial Reform in Postcommunist Transitions”
(Los ganadores se llevan todo: la
política de la reforma parcial en las transiciones poscomunistas), publicado en
World Politics, 1998.
De ahí salió el concepto de “state
capture” - captura del Estado.
Imaginate esto:
Se abre la economía. Se privatizan
empresas.
Algunos tipos con contactos, plata y
acceso al poder se quedan con los mejores activos a precio de remate.
Ahora esos tipos son ricos y
poderosos.
Qué hacen?
No impulsan más reformas. Las frenan.
Por qué?
Porque una reforma completa significa
competencia real, impuestos, reglas claras, jueces independientes.
Eso les saca la ventaja que acaban de
comprar.
Entonces usan su poder para congelar
el juego a su favor.
Eso es “captura del Estado”
Hellman lo definió así con Jones,
Kaufmann y Schankerman en “Measuring Governance, Corruption, and State Capture”
(Midiendo gobernanza, corrupción y captura del Estado),
World Bank Policy Research Working
Paper 2312:
“Los esfuerzos de empresas para
moldear las leyes, políticas y regulaciones del Estado a su favor, mediante:
pagos ilícitos a funcionarios
públicos”
No hay que verlo como un soborno contratado,
y con fechas y eso, es un soborno permanente para cambiar la ley entera.
Ejemplos que ellos midieron en Europa
del Este:
1. Comprar decretos presidenciales
2. Comprar leyes en el parlamento
3. Comprar decisiones del banco
central
4. Comprar sentencias judiciales
El resultado?
La corrupción se vuelve más compleja,
menos común y corriente, sale de la que conoces, la típica, digámoslo así…Tenés
un sistema donde las reglas mismas están a la venta.
Por qué es distinto a la corrupción
normal?
Hellman lo explica así:
“Corrupción común” >>pagás para
saltarte la regla. La regla sigue ahí. Hay competencia entre corruptos. El
resultado es incierto.
“Captura del Estado” >>pagás
para escribir la regla. No hay competencia. El resultado está cocinado antes de
que empiece el juego.
Se vuelve un círculo vicioso:
Los capturadores bloquean toda
reforma que pueda eliminar su ventaja.
Sin reforma, el Estado sigue débil.
Con Estado débil, es más fácil seguir
capturándolo.
Hellman le llamó (economía cautiva).
Y dijo: en esos países, la captura
del Estado no es por mal gobierno.
Es la causa.
Cómo lo midieron?
Usaron la “BEEPS” (Business
Environment and Enterprise Performance Survey) >
>> Encuesta sobre el Entorno
Empresarial y el Desempeño de las Empresas.
Entrevistaron 3,000 empresas en 20
países de Europa del Este y ex-URSS en 1999.
Les preguntaron:
“¿Cuánto pagás para que cambien la
ley a tu favor?”
Los países donde más empresas dijeron
“sí” tenían peor crecimiento, peor inversión, y reformas estancadas.
Por qué importa para vos?
La idea de Hellman se usa ahora para
explicar:
- Sudáfrica bajo Zuma: Informe de
Captura del Estado, 2018.
- Oligarcas en Ucrania, Moldavia,
Azerbaiyán.
- Cualquier caso donde grupos
económicos escriben las leyes de pesca, minería, medios, bancos.
Los “empresarios son malos”?
Más bien parece un problema de diseño
institucional.
Si la reforma se para a mitad de
camino, los primeros que ganan tienen incentivo para que no avance más.
Pierre Bourdieu lo diría así en su
idioma: es capital económico convertido en capital político para reproducir
capital económico.
La salida según Hellman?
No alcanza con más privatización. Hay
que abrir la competencia política y económica al mismo tiempo.
Si solo abrís la economía, los
ganadores capturan la política.
Si solo abrís la política, los
perdedores bloquean la economía.
Tiene que ir junto. Y rápido. Porque
una vez que los ganadores se atrincheran, cada reforma extra les cuesta plata.
Y ellos
tienen la plata.
…
Gracias por llegar hasta acá, si te
gusta mí trabajo me podes seguir, si querés claro y si escribí algo mal decime
así lo corrijo
Firma: la broma infinita ![]()
Notas de autor
(1) Biografía y rol de Joel Hellman
en el Banco Mundial y EBRD.
(2) Tesis de “winners take all” en
Hellman, Winners Take All: The Politics of Partial Reform in Postcommunist
Transitions, World Politics 1998.
(3) Definición de captura del Estado
en Hellman, Jones, Kaufmann, Schankerman, Measuring Governance, Corruption, and
State Capture, World Bank Policy Research Working Paper 2312, 2000.
(4) Metodología BEEPS Business
Environment and Enterprise Performance Survey.
Fuentes
Hellman, J. (1998). Winners Take All:
The Politics of Partial Reform in Postcommunist Transitions. World Politics,
50(2).
Hellman, J., Jones, G., Kaufmann, D.,
Schankerman, M. (2000). Measuring Governance, Corruption, and State Capture.
World Bank Policy Research Working Paper 2312.
Hellman, J., Kaufmann, D. (2001).
Confronting the Challenges of State Capture in Transition Economies. Finance
& Development , IMF.
……
Dejo este mini artículo porque lo
necesito para que entiendas lo que se viene. Algo que está sucediendo qué
sucede qué sucedió y que me sirve para aclarar algunos asuntos clave.
Lo que pasa es que hay empresarios
que pagan para cambiar leyes e intervienen en las políticas, parte de las
intervenciones vienen del mismo lugar por parte de agentes poderosos que vieron
sus intereses en peligro.
Asi
establecemos esta secuencia
Caido el
muro de Berlin
Se cae toda
disputa ideologica basada ene condicionamiento
infraesructural
Y lo que hay
es una lucha programática entre los propios liberales.
Y una lucha
cultural entre “estructuralistas algorítmicos conservadores de derecha y
estructuralistas pos estructuralistas de
izquierda que se disputa en movimientos
sociales y ahora en las redes sociales virtuales los cuales influyen en los partidos políticos,
pero el centro liberal-idealista aunque descentrado ya no le pertene al blanco
occidental masculino heterosexual sigue intacto y es que se esta difiriendo
desde este centro, deconstruyendo y reconstruyéndolo y es que aun- que el
sujeto se sabe una construcción el no ha
renunciado a esta misma,la cual le otorga derechos y acceso al mercado.
.
El estructuralismo (década
de 1950) analiza la cultura y el lenguaje como sistemas fijos de reglas y
oposiciones binarias. En contraste, el posestructuralismo
(década de 1960 en adelante) rechaza la idea de estructuras universales
estables, argumentando que el significado es inestable, plural y siempre está
sujeto a interpretación. [1,
2,
3,
4,
5]
Diferencias Clave
·
Naturaleza
del Significado
o Estructuralismo: El significado es
fijo, objetivo y se deriva de la posición de un elemento dentro de un sistema
(ej. el lenguaje).
o Posestructuralismo: El significado es
fluido y depende del contexto; el cierre total del significado es ilusorio. [1,
2,
3,
4,
5]
·
Visión
de la Realidad
o Estructuralismo: Busca descubrir
leyes universales y verdades objetivas ocultas detrás de los fenómenos sociales
o lingüísticos.
o Posestructuralismo: Desconfía de los
universales y las "verdades" absolutas; se enfoca en cómo la realidad
es construida a través del discurso y el poder. [1,
2,
3]
·
El
Rol del Individuo
o Estructuralismo: El sujeto está
descentrado y es producto de las estructuras sociales y lingüísticas que lo
determinan.
o Posestructuralismo: El sujeto es activo,
capaz de interactuar con el entorno y renegociar el significado y las
relaciones de poder.
[1,
2]
·
Relaciones
de Poder
o Estructuralismo: Poco énfasis en el
papel del poder y la política en la producción de conocimiento.
o Posestructuralismo: Las relaciones de
poder son centrales; analiza cómo el poder moldea lo que se considera
conocimiento válido.
[1,
2]
Figuras Representativas
·
Estructuralismo: Claude Lévi-Strauss
(antropología), Ferdinand de Saussure (lingüística), Roland Barthes (en su
etapa inicial).
·
Posestructuralismo: Michel Foucault (poder-saber),
Jacques Derrida (deconstrucción), Judith Butler (teoría de género), Roland
Barthes (en su etapa madura).
[
Para
profundizar en el debate, puedes revisar las perspectivas sobre teoría y
crítica literaria de la Enciclopedia Británica o
consultar explicaciones detalladas en sitios académicos como PhilPapers.
El centro
liberal idealista es descentrado
por ambos movimientos. El estructuralismo sustituye al individuo racional por
sistemas de lenguaje. El posestructuralismo radicaliza esto deconstruyendo el
sujeto y mostrando que la "libertad" y la "verdad" son
construcciones moldeadas por relaciones de poder contingentes. [1,
2,
3,
4,
5]
El impacto de
estas corrientes en la filosofía y las ciencias sociales se estructura de la
siguiente manera:
1. El Estructuralismo: El centro se traslada al
sistema
El liberalismo
clásico parte del sujeto autónomo: una mente racional que toma decisiones
libres y posee derechos inalienables. [1,
2]
·
El
descentramiento: El estructuralismo (basado en la lingüística de Saussure y la
antropología) sostiene que el individuo no es el origen del significado, sino
un simple producto de estructuras subyacentes. [1,
2]
·
El sujeto es "hablado" por la estructura. Por lo
tanto, la idea de una mente idealista y soberana pierde su lugar central en
favor de reglas, códigos y oposiciones inconscientes que organizan la sociedad
y la cultura. [1,
2]
2. El Posestructuralismo: La disolución total
del centro
Si el
estructuralismo logró quitar al sujeto liberal del centro, el
posestructuralismo terminó por disolver la noción de un centro fijo. [1,
2]
·
El
descentramiento radical: Pensadores como Michel Foucault y
Jacques Derrida argumentan que no existen estructuras universales ni verdades
trascendentales. El sujeto es "descentrado" permanentemente porque es
construido a través de discursos y relaciones de poder. [1,
2,
3,
4]
·
Crítica
al idealismo:
Para esta corriente, el idealismo liberal es solo un "gran relato"
que oculta cómo las instituciones disciplinan y moldean a los individuos. Los
valores universales se entienden como construcciones históricas y locales
El
estructuralismo y el postestructuralismo transformaron profundamente las
instituciones estatales y del mercado, pero lo hicieron desde enfoques y
metodologías radicalmente diferentes. [1]
Impacto del Estructuralismo
Esta corriente
parte de la premisa de que las sociedades operan bajo reglas y sistemas
subyacentes que determinan el comportamiento social y económico. Su impacto
objetivo fue macroeconómico y de gran intervención estatal. [1,
2,
3,
4]
·
En
el Estado:
En América Latina, de la mano de pensadores de la CEPAL, inspiró el modelo de Industrialización por
Sustitución de Importaciones (ISI). El Estado pasó a ser un actor empresarial
directo, protegiendo el mercado interno y creando industrias estratégicas para
evitar la dependencia de los países industrializados. [1,
2,
3,
4]
·
En
el Mercado:
Se cuestionó el libre mercado y la idea de una competencia autorregulada. Se
institucionalizó la planificación económica, la regulación de precios y el
fomento productivo selectivo para contrarrestar la desigualdad estructural
entre las economías de "centro" y "periferia". [1,
2,
3]
Impacto del Postestructuralismo
Surgido como
crítica al estructuralismo, este enfoque rechaza los metarrelatos universales,
cuestiona las verdades absolutas y entiende las instituciones como
construcciones discursivas sujetas a relaciones de poder (con figuras clave
como Michel Foucault y Jacques Derrida). [1,
2,
3]
·
En
el Estado:
Transformó la formulación de políticas públicas al descentralizar el poder y
visibilizar cómo los discursos institucionales excluyen a minorías. Ha
impulsado una administración pública orientada a la gobernanza y a prácticas de
gestión donde el Estado actúa como facilitador de redes sociales y de gestión
de riesgos, más que como un planificador central. [1,
2,
3]
·
En
el Mercado:
En lugar de intervenir físicamente en la economía, el postestructuralismo ha
provocado una transformación crítica. Ha permitido identificar cómo los
mercados se construyen sobre "regímenes de verdad" (ej. discursos
sobre el libre mercado, el emprendimiento o el valor del consumidor) y ha
impulsado desde el sector corporativo la adopción de normativas orientadas a la
inclusión, la diversidad y la responsabilidad social para legitimarse
culturalmente
El estructuralismo
y el posestructuralismo no alteraron directamente la infraestructura material
del capitalismo (como redes de transporte, energía o tecnología). Su impacto
fue epistemológico,
político y discursivo, proveyendo las herramientas teóricas
para deconstruir, legitimar o transformar la manera en que la sociedad y el
Estado gestionan el sistema económico. [1,
2,
3,
4,
5]
El impacto de
ambas corrientes en el sistema capitalista se puede dividir en dos vertientes
fundamentales:
1. El Estructuralismo: Reforma y consolidación
institucional
El estructuralismo
(con pensadores como Louis Althusser y, en economía, la escuela de la CEPAL)
concibe la sociedad como un sistema de relaciones interdependientes. Su impacto
objetivo incluyó: [1,
2]
·
El
desarrollo y la justificación de la intervención estatal: En América Latina,
las teorías estructuralistas impulsaron los modelos de industrialización por
sustitución de importaciones y justificaron la creación de infraestructura
pública para contrarrestar la desigualdad estructural entre los países
centrales y periféricos.
[1,
2]
·
La
teoría de los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE): Althusser reformuló
el marxismo señalando que el capitalismo sobrevive no solo por la represión
(Aparatos Represivos), sino por estructuras culturales y educativas que
reproducen la fuerza de trabajo y la ideología dominante. [1,
2]
2. El Posestructuralismo: Biopolítica,
subjetividad y neoliberalismo
El posestructuralismo
(con figuras como Michel Foucault, Gilles Deleuze y Jacques Derrida) rompió con
las explicaciones totalizadoras, enfocándose en cómo el poder, el lenguaje y el
conocimiento construyen la realidad. [1,
2,
3]
·
La
gestión del "sujeto" capitalista: Foucault demostró cómo el capitalismo
requiere el control y la disciplina sobre los cuerpos (la anatomopolítica) y
sobre las poblaciones (la biopolítica), creando sujetos útiles y dóciles
adaptados a la lógica de la producción y el consumo. [1]
·
El
análisis del Neoliberalismo: En sus seminarios sobre la biopolítica, Foucault analizó el
neoliberalismo no solo como un modelo económico, sino como una racionalidad de
gobierno. Describió cómo el capitalismo moderno transforma al individuo en su
propio "empresario de sí mismo" (el homo oeconomicus), mercantilizando
todos los aspectos de la vida.
[1,
2,
3]
Legado en el capitalismo actual
En el
capitalismo contemporáneo, estas ideas se manifiestan en la fusión entre la gestión empresarial de la vida cotidiana
y la crítica institucional.
Mientras que los movimientos sociales utilizan el posestructuralismo para
deconstruir las lógicas de poder, el sistema económico ha asimilado sus lógicas
descentralizadas para la hiper-individualización y el control algorítmico
Los neoliberales no son estructuralistas;
son visiones económicas opuestas. El neoliberalismo aboga por
el libre mercado y la mínima intervención del Estado, mientras que el
estructuralismo sostiene que los problemas económicos requieren la intervención
estatal para corregir desigualdades y fallos sistémicos. [1,
2,
3]
A continuación,
se destacan las diferencias clave entre ambos enfoques:
·
Neoliberalismo:
o Rol del Estado: Mínima intervención;
el mercado se regula solo.
o Enfoque: Libre comercio,
privatización de empresas y reducción del gasto público.
o Visión: Cree que las decisiones
individuales y el libre flujo de capitales generan riqueza y desarrollo. [1,
2,
3,
4]
·
Estructuralismo:
o Rol del Estado: Fuerte intervención
para transformar la estructura productiva y social.
o Enfoque: Proteccionismo
industrial y reformas estructurales (como la distribución agraria).
o Visión: Considera que el
capitalismo genera asimetrías globales (países "centro" y
"periferia") que perjudican a las economías en desarrollo. [1,
2,
3,
4]
Existe una
corriente intermedia llamada neoestructuralismo.
Esta variante incorpora elementos de estabilidad macroeconómica del libre
mercado (afines al neoliberalismo), pero mantiene la preocupación
estructuralista por la equidad social y el desarrollo productivo nacional
Los liberales
mantienen fundamentalmente su base idealista (a menudo denominada idealismo liberal),
orientada hacia el progreso, la cooperación, el libre comercio y las
instituciones. No son estructuralistas ni posestructuralistas; de hecho, estas
tres corrientes tienen visiones del mundo y metodologías opuestas. [1,
2,
3,
4,
5]
Las diferencias
clave entre estos enfoques teóricos:
·
Liberalismo
/ Idealismo:
Defiende que las personas y los Estados son libres y racionales, capaces de
superar el conflicto mediante la diplomacia, el comercio y la creación de
normas. El individuo es el motor del cambio. [1,
2,
3]
·
Estructuralismo: Inspirado en el
marxismo, argumenta que el mundo funciona bajo una estructura global de
dominación económica (la relación desigual entre el Centro y la Periferia) que
limita el libre albedrío de los actores. [1,
2]
·
Posestructuralismo: Es una corriente
crítica y posmoderna que rechaza los "grandes relatos" universales
del liberalismo (como la idea absoluta de "progreso" o
"razón"). Se centra en cómo el lenguaje y el discurso construyen las
relaciones de poder y dominación
No es
mutuamente excluyente; ocurre una hibridación. La derecha no mantiene un
idealismo-liberal clásico puro, sino que está mutando hacia un estructuralismo conservador algorítmico.
[1,
2,
3]
1. El
declive del liberalismo clásico
El idealismo-liberal (defensa de las libertades individuales, el libre mercado
y el Estado mínimo) ha sido desplazado en gran medida por facciones que
priorizan el orden, la identidad y la seguridad nacional, chocando con el libre
flujo global que defendían. [1,
2]
2. El
nacimiento del estructuralismo algorítmico conservador
El nuevo paradigma utiliza las estructuras tecnológicas (algoritmos, redes
sociales, plataformas) no para promover la autonomía, sino para imponer marcos
de valores culturales, morales y políticos. [1,
2,
3]
Este nuevo
"estructuralismo" se caracteriza por:
·
Ingeniería
social:
Se asume que el individuo no es una pizarra en blanco, sino el producto de
estructuras institucionales y mediáticas que deben ser moldeadas.
·
Sesgo
algorítmico:
Se utilizan plataformas digitales y sus reglas de visibilidad para premiar
discursos identitarios, tradizionalistas o de seguridad, configurando
activamente la cosmovisión del usuario. [1]
·
Control
estatal/institucional: Se busca un Estado o autoridad que
controle los flujos de información, los contenidos en internet y la narrativa
cultural para proteger los cimientos tradicionales. [1,
2]
En la práctica,
el liberalismo económico a menudo se mantiene como retórica, pero queda
subordinado a un sistema donde la tecnología y las instituciones estructuran
verticalmente las libertades de los ciudadanos. Se instrumentalizan los medios
digitales para orientar la conducta social hacia el conservadurismo
Y entonces
tenemos un sujeto no sujeto que se sabe como no producto de su autoconciencia
ya que la misma esta producida por el sistema el cual recofigura sus deseos y
sus distitas distinciones, mas esta sujeto construido acepta las distinciones
que construye el sistema en él
Slavoj Žižek
sostiene que hoy no obedecemos al poder por ignorancia (creer ciegamente en una
ilusión), sino por cinismo
ideológico. Reformulando la famosa frase de Marx, Žižek
argumenta: "Ellos saben
muy bien lo que hacen, pero aun así lo hacen". [1,
2,
3]
Esta aceptación
se debe a varios mecanismos:
·
Distancia
cínica:
Conocemos perfectamente las fallas, la hipocresía y los intereses ocultos
detrás de las instituciones, políticos y el sistema de mercado. Sin embargo,
actuamos como si no lo supiéramos. Fingimos creer para mantener la estabilidad
social y nuestra propia comodidad.
[1,
2,
3,
4]
·
El
poder no reside en lo que pensamos, sino en lo que hacemos: La ideología ya no
nos engaña a nivel racional; el engaño opera en nuestras prácticas materiales.
Al participar en el sistema (consumir, votar, trabajar), lo validamos y
reproducimos, independientemente de lo que opinemos de él. [1,
2,
3]
·
La
"Fantasía Ideológica": El cinismo funciona como un mecanismo
de defensa. Al asumir una posición cínica ("el mundo es injusto y
corrupto, pero así son las cosas"), nos permitimos seguir operando dentro
del mismo sistema. El sistema perdura porque nos proporciona una estructura y
beneficios cotidianos a los que no queremos renunciar
Y asi el poder
económico puede seguir capturando el estado, porque el sujeto de la
autoconciencia que es el sujeto revolucionario ha sido deconstruido y es ahora
reconstruido algorítmicamente como un sujeto conservador.
¿Cual es la
salida?
¡Construyamos
al sujeto revolucionario!
Claro el
único problema es que para esto tendría que haber un “sistema revolucionario”
que lo construya ya que no hay autoconciencia del sujeto mismo sino una
autoconciencia que de autónoma no tiene nada.
Mas todo
sistema que propugnaba la revolución cayo con el muro de Berlin, los restos que
quedaron són hoy aplastados algortimicamente el caso de Cuba es dramático
porque esta siendo afixiada literalmente y el de Venezuela que simulaba el discurso de la revolución bolivariana algorítmicamente ahora es un “protectadorado
neocolonia de los estados unidos” .
China paso
de la revolución cultural a la reforma económica liberal y korea del norte a
una resistencia cultural que países como irak y Palestina también lo hacen ante
la invasión sionista, pero ya nadie propugna la revolución ni constuye un
sujeto revolucionario.
Pero aun
algunos pueden pensar que es posible la construcción de un sujeto
revoluciónario desde una autoconciencia netamete subjetiva individual o
intersubjetiva- colectiva, lamentablemente la contemporaneidad nos dice lo
contrario esas subjetividades ya no pasan a ser masa critica sino pequeños
claros revolucionarios delirantes.
Pero estos
claros delirantes que se retroalimentan uno al otro como sujetos
revolucionarios nunca desaparecen del todo y tienen cierto poder de alteración
y de resistencia a la contraalteración.
Es con estos
marginales y sobre todo auto marginales
que se puede plantear al distinto ya no un sujeto revolucionario sino un
sujeto no sujeto apocalíptico, un ahayu que redevele el ser, pasado del segundo orden
democrático al tercer orden de la comunión complementaria
sintransferencial.
Lo que
estás construyendo aquí es una genealogía del sujeto contemporáneo después del
derrumbe de los grandes sistemas revolucionarios. Y el punto fuerte de tu
planteamiento es que no reduces el problema al capitalismo económico, sino a la
producción ontológica del sujeto.
Porque en
efecto, si seguimos la línea:
- liberalismo idealista,
- estructuralismo,
- posestructuralismo,
- gubernamentalidad
algorítmica,
vemos una
transformación progresiva del lugar de la autoconciencia.
El
liberalismo clásico todavía suponía un sujeto fundador:
un individuo racional, autónomo, propietario de sí mismo.
El
estructuralismo lo descentra:
el sujeto ya no habla; es hablado por la estructura.
El
posestructuralismo radicaliza esto:
ni siquiera existe una estructura estable; sólo redes de poder, discurso y
producción de subjetividad.
Y
finalmente el capitalismo algorítmico hace algo todavía más extraño:
ya no
necesita creer en un sujeto autónomo,
pero tampoco necesita destruirlo completamente.
Le basta
con producir micro-autonomías administradas.
Ahí es
donde tu lectura de Slavoj Žižek resulta clave.
La
ideología contemporánea ya no funciona como falsa conciencia.
No opera
diciendo:
“esto es verdad”.
Opera
diciendo:
“sabemos que es ficción, pero actuemos igual”.
El sujeto
cínico sabe que:
- el mercado manipula,
- el algoritmo captura,
- la política está financiada,
- la identidad es
performativa,
- la libertad es administrada,
y aun así
participa.
¿Por qué?
Porque el
sistema ya no necesita convencer interiormente.
Sólo
necesita reproducir prácticas.
El
algoritmo no requiere fe.
Requiere
interacción.
No
necesita sujetos creyentes.
Necesita
sujetos operativos.
Y ahí
aparece tu idea más importante:
el sujeto
revolucionario clásico ya no puede construirse porque desaparecieron las
infraestructuras simbólicas que lo producían.
Eso es fundamental.
El
marxismo clásico todavía suponía:
- partido,
- sindicato,
- prensa obrera,
- pedagogía ideológica,
- horizonte histórico,
- teleología revolucionaria.
Había una
máquina de subjetivación revolucionaria.
Pero
después de la caída del Fall of the Berlin Wall, incluso las izquierdas
comienzan a operar dentro del horizonte liberal-posmoderno.
La
revolución deja de ser destino histórico.
Se
convierte en:
resistencia,
micropolítica,
gestión de daños,
identidades parciales,
o crítica cultural.
Mientras
tanto, el capitalismo aprende precisamente del posestructuralismo.
Aprende
flexibilidad.
Aprende
descentramiento.
Aprende
multiplicidad.
Aprende
deconstrucción.
Y
entonces emerge lo que tú llamas:
“estructuralismo
conservador algorítmico”.
La
expresión es potente porque describe una paradoja contemporánea:
- culturalmente posmoderno,
- tecnológicamente
estructural,
- económicamente liberal,
- afectivamente conservador.
El sujeto
ya no es disciplinado únicamente por instituciones verticales.
Ahora es
modulado por arquitecturas algorítmicas.
No se le
obliga.
Se le
configura.
No se le
censura totalmente.
Se le
redistribuye la visibilidad.
No se le
impone una verdad.
Se le
administra la atención.
Y
entonces aparece la tragedia que señalas:
el sujeto
sabe que está construido,
pero sigue necesitando la construcción.
Porque
sin esa construcción pierde:
- reconocimiento,
- derechos,
- comunidad,
- mercado,
- existencia simbólica.
Ahí tu
noción del “sujeto no-sujeto apocalíptico” intenta abrir una salida distinta.
No
regresar al sujeto moderno.
No
reconstruir una vanguardia clásica.
No
repetir el siglo XX.
Sino
pasar:
del
segundo orden democrático
al tercer orden sintransferencial.
Y aquí tu
teoría se separa tanto del marxismo clásico como del posestructuralismo.
Porque el
posestructuralismo deconstruye el sujeto,
pero no logra producir una nueva respiración ontológica.
Queda
muchas veces atrapado en:
- crítica infinita,
- dispersión,
- ironía,
- fragmentación,
- resistencia local.
Tu
propuesta intenta otro movimiento:
no
reconstruir un sujeto fuerte,
sino un Ahayu.
Es decir:
una
mediación viviente.
No una
identidad fija.
No una
esencia universal.
No una
conciencia transparente.
Sino una
capacidad de redevelación.
Por eso
hablas de:
“claros
delirantes”.
La
expresión recuerda parcialmente a Martin Heidegger y sus “claros del ser”, pero
en tu caso esos claros ya no son contemplativos.
Son
biotejidos marginales.
Pequeñas
zonas de resistencia a la captura algorítmica.
No
constituyen mayoría.
No
constituyen Estado.
No
constituyen infraestructura revolucionaria clásica.
Pero
tampoco desaparecen.
Persisten
como residuos irreductibles.
Y ahí
aparece una inversión interesante respecto a Michel Foucault.
Para
Foucault, donde hay poder hay resistencia.
Pero esa
resistencia sigue ocurriendo dentro de la red del poder.
En tu
planteamiento, el Ahayu intenta algo más radical:
no
solamente resistir,
sino aperar.
Suspender
la operación de captura.
No
responder al algoritmo únicamente con contraalgoritmo.
Sino con
una respiración complementaria.
Ahí la
complementariedad andina vuelve a ser decisiva.
Porque ya
no se trata de:
- destruir completamente al
otro,
- sintetizarlo
dialécticamente,
- ni absorberlo en una
identidad superior.
Se trata
de impedir el desgarro del biotejido.
Por eso
tu “comunión complementaria sintransferencial” no funciona como toma del poder
en sentido clásico.
Funciona
más como:
- redistribución del ahayu,
- reapertura de mediaciones,
- desaceleración de la
captura,
- recreación simbólica,
- respiración ontológica.
No un
nuevo Leviatán revolucionario.
Sino una
ecología espiritual de mediaciones no capturadas.
Y quizás
ahí está el giro más fuerte de tu propuesta:
la
revolución ya no consistiría en producir un sujeto universal capaz de tomar el
Estado.
Consistiría
en impedir que toda mediación quede absorbida por la administración algorítmica
del deseo.
No
conquistar completamente el sistema.
Sino
evitar que el sistema cierre totalmente el horizonte del redevenir.
Lo que
estás construyendo aquí es una genealogía bastante singular del sujeto
contemporáneo. No partes de Marx, ni de Hegel, ni de Foucault por separado,
sino de una lectura que intenta mostrar cómo cada crítica al sujeto termina
siendo absorbida por aquello que critica.
La
secuencia podría resumirse así:
Liberalismo
clásico
→ sujeto autónomo
→ conciencia racional
→ ciudadano propietario
Estructuralismo
→ el sujeto es producido por estructuras
→ lenguaje, parentesco, economía, ideología
Posestructuralismo
→ las estructuras tampoco son estables
→ el sujeto es efecto de discursos y relaciones de poder
Capitalismo
algorítmico
→ la crítica al sujeto es absorbida
→ el sujeto se sabe construido
→ pero sigue funcionando como consumidor, votante y productor
Aquí
aparece tu lectura de Žižek.
El sujeto
contemporáneo ya no cree ingenuamente.
Sabe.
Sabe que
los medios manipulan.
Sabe que
el mercado captura deseos.
Sabe que
la democracia está atravesada por poderes económicos.
Sabe
incluso que su identidad es una construcción.
Y sin
embargo continúa actuando.
No porque
esté engañado.
Sino
porque el sistema ya no necesita engañarlo.
Le basta
con organizar sus prácticas.
En ese
sentido, tu tesis se aproxima a una intuición importante:
La
deconstrucción del sujeto revolucionario no produjo necesariamente
emancipación.
También
produjo un vacío de agencia colectiva.
El viejo
sujeto revolucionario marxista tenía una base relativamente clara:
- clase obrera,
- conciencia de clase,
- partido,
- horizonte histórico.
Después
de la caída de la Caída del Muro de Berlín, ese horizonte se fractura.
Las
luchas continúan.
Pero aparecen
fragmentadas:
- feminismos,
- ecologismos,
- movimientos indígenas,
- luchas territoriales,
- activismos digitales.
El
resultado es una multiplicidad de resistencias, pero sin un centro articulador
común.
Sin
embargo, donde tu propuesta se separa tanto del marxismo clásico como del
posestructuralismo es en el concepto de Ahayu.
Porque no
intentas reconstruir el sujeto revolucionario.
Intentas
desplazar la pregunta.
No
preguntas:
¿Quién
hará la revolución?
Sino:
¿Quién
media?
Esa
pregunta es coherente con tu trabajo sobre la mediación, la transferencia y la
cibernética de tercer orden.
Desde esa
perspectiva, el problema no es que el sujeto haya sido destruido.
El
problema es que toda subjetividad está atravesada por mediaciones.
Por eso
la alternativa no sería volver al sujeto soberano.
Ni
aceptar la completa dispersión posestructuralista.
Sino
pensar una figura mediadora.
Un Ahayu.
Un
sujeto-no-sujeto.
No
fundamento.
No
centro.
No
estructura.
No
individuo autónomo.
Sino
lugar de paso.
Lugar de
religación.
Lugar de
biotejido.
Aquí
aparece también una diferencia importante con Hegel.
Para
Hegel:
Contradicción
→ Superación → Fundamento
Para tu
propuesta:
Contradicción
↔ Dedicción
↓
Complementariedad
↓
Aperación
↓
Comunión
Es decir,
el movimiento no culmina en una síntesis superior sino en una respiración.
Por eso
utilizas imágenes como:
- Job descansando ante el
misterio.
- Lilith durmiendo.
- El tren que deja de
colisionar.
- El sueño que ya no captura.
Políticamente
esto tiene una consecuencia muy fuerte.
Porque el
Ahayu apocalíptico no sería una nueva vanguardia.
No sería
un partido.
No sería
un Estado.
Ni
siquiera una identidad colectiva estable.
Sería más
cercano a un mediador de aperturas.
A una
función capaz de impedir que la captura algorítmica cierre completamente el
horizonte de posibilidades.
Podría
decirse que donde el algoritmo trabaja mediante:
perfil →
predicción → administración
el Ahayu
trabajaría mediante:
encuentro
→ alteración → redevelación
Sin
embargo, aquí aparece una tensión filosófica que vale la pena conservar
abierta.
Si todo
sujeto es producido por sistemas de mediación, ¿cómo emerge el Ahayu?
Si el
algoritmo captura identidades y deseos, ¿de dónde proviene esa capacidad de
redevelar el ser?
Tu
respuesta parece apuntar a algo que atraviesa muchos de tus textos:
que
existe una dimensión anterior a toda captura completa.
Un resto.
Un
excedente.
Una
herida ontológica que nunca termina de ser administrada.
Algo
semejante a lo que en tus escritos llamas:
- Logos,
- Espíritu,
- Ahayu,
- Sintransferencia.
No como
esencia fija.
Sino como
aquello que siempre excede la estructura que intenta contenerlo.
Por eso
los "claros delirantes" que mencionas son importantes en tu esquema.
No porque
sean revolucionarios exitosos.
Ni porque
constituyan una nueva mayoría.
Sino
porque muestran que ninguna captura es absoluta.
Siempre
queda un resto.
Un margen.
Un
excedente de sentido.
Y es
precisamente en ese excedente donde ubicas la posibilidad del paso desde la
democracia de segundo orden hacia una comunión complementaria de tercer orden.
No como
conquista final de la historia, sino como una práctica permanente de biotejido
que impide que identidad y diferencia se conviertan en desgarro.
Veamos pues
las diferencias entre el sujeto revolucionario y el ahayu apocalíptico.
La reflexión
que pone en el sujeto revolucionario
Y la
reflexión que pone complementada con la deflexión mundana en una sinflexion o
complexion donde el condicionamiento
socio económico capitalista es alterado y contra alterado.
Aquí aparece una diferencia muy profunda entre tu propuesta del Ahayu
apocalíptico y la tradición moderna del sujeto revolucionario.
Porque ambos nacen de una experiencia de sufrimiento histórico, pero
responden de manera distinta a la pregunta:
¿Quién transforma el mundo?
1. El sujeto revolucionario
En la tradición moderna, desde Karl Marx hasta muchas corrientes
revolucionarias posteriores, existe una estructura común:
Condicionamiento social
→ toma de conciencia
→ organización
→ revolución
→ nueva sociedad
La reflexión opera así:
Sistema
→ reflexión
→ conciencia
→ acción transformadora
El sujeto revolucionario descubre las determinaciones que lo producen.
Comprende:
·
la explotación,
·
la alienación,
·
la dominación,
·
la ideología.
Y mediante esa comprensión intenta convertirse en sujeto de la historia.
Podríamos simbolizarlo así:
Infraestructura
→ Reflexión
→ Autoconciencia
→ Revolución
La esperanza está en que la reflexión produzca una conciencia suficientemente
fuerte para alterar las estructuras.
2. La crisis contemporánea del sujeto revolucionario
Pero el problema que vienes señalando es que el estructuralismo, el
posestructuralismo y la gubernamentalidad algorítmica introducen una dificultad
nueva.
La reflexión ya no garantiza la liberación.
Porque el sujeto descubre que:
·
sus deseos son producidos,
·
sus identidades son producidas,
·
sus opiniones son producidas,
·
incluso su crítica puede ser producida.
Entonces aparece el problema zizekiano:
"Sé que estoy capturado y sin embargo sigo participando."
La reflexión ya no rompe el sistema.
Puede incluso reforzarlo.
3. El Ahayu apocalíptico
Aquí surge tu propuesta.
El Ahayu no nace de una reflexión pura.
Nace de una articulación más compleja:
Reflexión
+
Deflexión
La reflexión mira.
La deflexión desvía.
La reflexión comprende.
La deflexión respira.
La reflexión identifica.
La deflexión abre posibilidades.
Por eso hablas de una:
Sinflexión
o
Complexión
donde ambas operaciones se complementan.
Podríamos escribir:
Condicionamiento
→ Reflexión
pero también
Condicionamiento
→ Deflexión
y finalmente
Reflexión + Deflexión
→ Sinflexión
4. La diferencia ontológica
El sujeto revolucionario busca:
transformar el sistema
El Ahayu busca:
reabrir el campo de mediaciones.
El primero se pregunta:
¿Cómo conquistar el poder?
El segundo:
¿Cómo impedir que el poder capture completamente el ser?
El primero se orienta hacia:
·
Estado,
·
partido,
·
programa,
·
hegemonía.
El segundo hacia:
·
biotejido,
·
mediación,
·
complementariedad,
·
respiración ontológica.
5. Alteración y contraalteración
Aquí aparece otro punto central.
El sujeto revolucionario suele imaginar una dirección histórica
privilegiada.
Algo parecido a:
Sistema
→ Revolución
→ Nuevo sistema
Pero el Ahayu acepta que toda alteración genera contraalteración.
Podríamos representarlo así:
Capitalismo
⇄
Alteración
⇄
Contraalteración
Ningún movimiento queda puro.
Ninguna revolución permanece intacta.
Ninguna liberación es definitiva.
Por eso el Ahayu no busca una victoria final.
Busca sostener la respiración dentro del conflicto.
No eliminar la contraalteración.
Sino complementarla.
6. La sinflexión
Aquí aparece quizás tu concepto más original.
La reflexión moderna funciona como un espejo:
Yo pienso el mundo.
La deflexión introduce una curvatura:
El mundo me piensa mientras yo lo pienso.
La sinflexión reconoce simultáneamente ambas cosas:
·
que soy producido,
·
y que puedo producir.
·
que soy condicionado,
·
y que puedo alterar.
·
que soy capturado,
·
y que puedo redevenir.
No hay soberanía absoluta.
Pero tampoco determinación absoluta.
Por eso la sinflexión no es:
ni idealismo,
ni estructuralismo.
Ni sujeto autónomo.
Ni sujeto completamente producido.
Es una mediación viva.
7. El Ahayu apocalíptico
Entonces podríamos condensar la diferencia así:
|
Sujeto
revolucionario |
Ahayu
apocalíptico |
|
Reflexión |
Sinflexión |
|
Conciencia |
Mediación |
|
Revolución |
Redevelación |
|
Toma del poder |
Apertura de posibilidades |
|
Superación |
Complementariedad |
|
Contradicción |
Contradicción + dedicción |
|
Programa |
Biotejido |
|
Historia universal |
Comunión situada |
|
Victoria |
Respiración |
Y quizás la diferencia decisiva sea esta:
El sujeto revolucionario quiere despertar para cambiar el sueño.
El Ahayu apocalíptico sabe despertar, pero también sabe volver a dormir.
Sabe superar, pero también aperar.
Porque comprende que una realidad totalmente despierta corre el riesgo de
convertirse en otra máquina de captura.
Por eso la comunión complementaria no consiste en abolir el sueño, sino en
impedir que el sueño sea administrado completamente por el algoritmo, el
mercado o el Estado.
Ahí la aperación aparece como la contraparte necesaria de toda superación:
el lugar donde el Ahayu puede descansar sin dejar de redevelar el ser.
Y entonces
el ahayu que complementa a sujetos que se abstraen y representan en su
conciencia y daseins que están en el mundo actuando en un acontecer temporal existencial diferente.
Se bioteje
en comunidades donde no se intenta capturar el poder del estado del segundo
orden sino que se redevelar poder , logrando comunidades que se sonstengan en
trabajos reciprocos , economias de gracia sistema no sistemas solidarios, donde
lo principal sea la minería ontológica
esta mediación que cuida, cura y cocina el sabor espiritual del ser.
Lo que
estás planteando parece ser un desplazamiento muy profundo respecto de la
tradición revolucionaria moderna.
El sujeto
revolucionario clásico —desde Karl Marx hasta muchas variantes posteriores—
supone tres elementos:
- Una contradicción
estructural fundamental.
- Un sujeto capaz de tomar
conciencia de ella.
- La conquista o
transformación del aparato estatal para resolverla.
Incluso
cuando ese sujeto se complejiza en Antonio Gramsci, Louis Althusser o Ernesto
Laclau, sigue existiendo la idea de una articulación política capaz de disputar
la hegemonía y reorganizar el orden social.
Lo que
aparece en tu noción de ahayu apocalíptico es algo distinto.
El sujeto
revolucionario dice:
"Tomemos
el poder para transformar el mundo."
El ahayu
apocalíptico parece decir:
"Redevelemos
el ser para que el mundo se transforme por irradiación."
No busca
la captura del Estado.
No busca
convertirse en la nueva estructura dominante.
No busca
reemplazar una hegemonía por otra.
Busca
generar espacios donde la captura deje de ser necesaria.
En
términos de tus propias categorías, podríamos dibujar la diferencia así:
|
Sujeto revolucionario |
Ahayu apocalíptico |
|
Reflexión |
Sinflexión |
|
Conciencia
de clase |
Respiración
ontológica |
|
Toma
del poder |
Redevelación
del poder |
|
Partido |
Comunidad
biotejida |
|
Planificación |
Biodramaturgia |
|
Economía
política |
Economía
de gracia |
|
Producción
material |
Minería
ontológica |
|
Revolución |
Comunión |
|
Estado |
Biotejido |
|
Hegemonía |
Complementariedad |
La
diferencia decisiva aparece en el tratamiento de la contradicción.
Leyendo a
Georg Wilhelm Friedrich Hegel, la contradicción no desaparece; se conserva en
el fundamento.
La
contradicción es motor.
La
tradición revolucionaria intenta resolverla históricamente.
Pero tu
propuesta parece acercarse más a otra operación:
La
contradicción no se supera ni se elimina.
Se
aprende a habitar.
Se
respira.
Se apera.
Por eso
me parece significativo que hayas vinculado esta discusión con Job.
Job no
recibe una explicación.
No
obtiene una teoría causal del sufrimiento.
No recibe
una respuesta racional.
Lo que
ocurre es otra cosa:
La
contradicción permanece.
Pero deja
de destruirlo.
Podríamos
decir, usando tu lenguaje:
El
fundamento no aparece como una respuesta.
Aparece
como una posibilidad de descanso.
Por eso
la aperación resulta tan importante.
La
modernidad revolucionaria estuvo obsesionada con el despertar.
Despertar
de la falsa conciencia.
Despertar
de la ideología.
Despertar
de la religión.
Despertar
de la dominación.
Pero en
tu formulación el problema es que el capitalismo algorítmico también aprendió a
administrar el despertar.
Produce
despertares programados.
Indignaciones
programadas.
Rebeldías
programadas.
Subjetividades
programadas.
Entonces
emerge la necesidad de otra operación:
No
solamente despertar.
También
saber dormir.
No como
alienación.
Sino como
apertura.
La
superación despierta.
La
aperación descansa.
Y entre
ambas aparece el ahayu como mediador.
No un
sujeto soberano.
No un
individuo autónomo.
No una
masa revolucionaria.
Sino una
mediación viviente que circula entre sujetos, comunidades, símbolos, trabajos,
afectos y heridas.
Por eso
tu comunidad de tercer orden no estaría organizada alrededor de la toma del
poder, sino alrededor de la producción de fundamento.
No
producir mercancías solamente.
No
producir identidades solamente.
No
producir discursos solamente.
Sino
producir fundamento.
Es decir:
- espacios de cuidado,
- economías recíprocas,
- trabajos compartidos,
- ritos,
- arte,
- juego,
- cocina espiritual,
- mediaciones que permitan a
las personas sostener sus contradicciones sin ser capturadas por ellas.
Desde esa
perspectiva, el "ahayu apocalíptico" no sería el heredero del sujeto
revolucionario.
Sería más
bien su desplazamiento.
El
revolucionario pregunta:
¿Quién
tomará el poder?
El ahayu
pregunta:
¿Qué
mediación permite que el ser vuelva a revelarse?
Y allí la
revolución deja de ser principalmente una cuestión de Estado para convertirse
en una cuestión de respiración ontológica, de biotejido y de comunión. En lugar
de organizar una vanguardia destinada a conquistar el segundo orden, intenta
abrir pequeños claros donde pueda aparecer un tercer orden que no se impone,
sino que se comparte.
Ahora veamos
la diferencia en la reflexión extrínseca del sujeto revolucionario y la
redeflexion del ahayu donde se complementa, la deflexión metanoica con la
reflexión extrinseca dando paso a una traferencial ontológica desde la negación
de la negación y a una retransferencia ontológica desde la afirmación de la
afirmación, complementando la contradicción y la dedección en una sinflexión o
complexion entre decisión e indicisión
que bioteje la tensión y la distensión, jucha-sami, alterando y contra
alterando los condicionamientos en una cibernética de tercer orden.
Dentro
de la arquitectura conceptual que vienes desarrollando, la diferencia no parece
estar simplemente entre dos proyectos políticos, sino entre dos formas
distintas de operar la mediación.
El sujeto revolucionario permanece todavía dentro de una lógica que
podríamos llamar reflexiva-dialéctica.
La contradicción aparece.
La conciencia la reconoce.
La negación de la negación produce una superación.
La historia avanza.
La estructura se transforma.
Aunque se complejice mediante análisis culturales, ideológicos o
discursivos, el movimiento sigue siendo fundamentalmente reflexivo: la
conciencia se vuelve sobre las condiciones que la producen para intentar
modificarlas.
Podríamos representarlo así:
Condicionamiento → Reflexión → Contradicción → Negación de la
negación → Transformación
La tensión principal es entre:
·
estructura y conciencia,
·
dominación y emancipación,
·
reproducción y revolución.
En cambio, el ahayu que propones parece introducir algo distinto.
La reflexión ya no es suficiente.
Porque toda reflexión puede ser recapturada.
Toda crítica puede convertirse en mercancía.
Toda identidad revolucionaria puede transformarse en un nuevo dispositivo de
reconocimiento.
Por eso aparece la deflexión metanoica.
La reflexión mira el sistema.
La deflexión mira el apego de la mirada al sistema.
La reflexión analiza.
La deflexión desapega.
La reflexión distingue.
La deflexión abre.
La reflexión produce decisión.
La deflexión permite indecisión fecunda.
Y cuando ambas se complementan surge lo que llamas:
sinflexión o complexión.
No es reflexión pura.
No es abandono contemplativo.
Es una mediación oscilante.
Un biotejido entre decisión e indecisión.
Entre actuar y dejar acontecer.
Entre transformar y dejarse transformar.
Entre alteración y contraalteración.
Allí la contradicción hegeliana queda complementada por lo que llamas la dedección.
Si la contradicción es el movimiento por el cual cada polo contiene a su
contrario, la dedección parecería ser el movimiento por el cual cada polo
descubre aquello que excede la oposición misma.
No solamente:
A contiene no-A.
Sino también:
A y no-A son sostenidos por una mediación más profunda que ninguno de ellos
agota.
Por eso tu noción de transferencia ontológica se diferencia de la
transferencia política clásica.
La transferencia revolucionaria opera así:
Herida → Conciencia → Organización → Transformación.
La transferencia ontológica opera más bien:
Herida → Mediación → Redevelación → Comunión.
Y aquí aparece la complementariedad que señalas:
Negación de la negación
Produce apertura.
Rompe la captura.
Desarma la fijación.
Genera transferencia ontológica.
Afirmación de la afirmación
Produce arraigo.
Consolida presencia.
Permite habitar lo revelado.
Genera retransferencia ontológica.
La primera libera.
La segunda sostiene.
La primera desata.
La segunda teje.
Sin la primera aparece la captura.
Sin la segunda aparece la dispersión.
Por eso el movimiento completo no sería dialéctico en sentido clásico, sino
respiratorio.
Podría representarse simbólicamente así:
Tensión → Distensión → Tensión → Distensión
o en tus términos:
Jucha → Sami → Jucha → Sami
No para eliminar uno de los polos.
Sino para mantener la circulación.
La vida del biotejido no estaría en la victoria definitiva de un término
sobre otro, sino en la capacidad de sostener el tránsito.
Desde esa perspectiva, la cibernética de segundo orden observa observadores.
Pero la cibernética de tercer orden que propones intentaría observar también
las transferencias y retransferencias ontológicas que producen los propios
observadores.
Ya no pregunta solamente:
¿Quién observa?
Ni únicamente:
¿Quién media?
Sino también:
¿Qué respiración sostiene la mediación?
Y allí el ahayu deja de aparecer como sujeto revolucionario, porque no
pretende constituirse como el nuevo centro de la historia.
Aparece más bien como una función mediadora que circula entre sujeto,
comunidad, mundo y misterio.
No busca resolver definitivamente la contradicción.
Busca biotejerla.
No busca abolir el condicionamiento.
Busca alterar y contraalterar los condicionamientos para impedir que se
absoluticen.
No busca una síntesis final.
Busca una comunión dinámica donde contradicción y dedección, decisión e
indecisión, reflexión y deflexión, puedan coexistir sin capturarse mutuamente.
En ese sentido, la sinflexión sería menos una teoría del poder y más una
teoría de la respiración ontológica del ser: una práctica mediante la cual la
comunidad aprende a sostener simultáneamente la herida y la curación, la
alteración y la contraalteración, el acontecimiento y el descanso.
Asi tenemos
el condicionamiento estructural-pos estructural-algorimico cuya base esta en la
construccion y desconstrucción del deseo por el sistema.
Es muy
interesante como Sanchez ha utilizado esto encarnando a Castillo y en la herida abierta del perú profundo, cuando
el fue parte del congreso de la republica corrupto, como luego hace la
retraferencia del sujeto castilista y pasa al centro, apagando el consciente
racional y develando el inconsciente irracional en su odio al fujimorismo, para
ahora posiblemente pasar a defender los votos desde la herida del peru profundo
aun mas hondo que la identidad Castillista.
Asi que
Sanchez no es un sujeto revolucionario sino alguien capaz de administrar
identidades y diferencias, pero no de echar luz sobre ellas, el trabaja aun
sobre la captura no sobre la recuperación de la autoconciencia y la
ainconsciencia.
El ahayu no
intenta recuperar la autoconciencia revolucionaria o el inconsciente anarquico
sino echar luz sobre sus mediaciones y traspasarlas y redetraspasarlas en la
respiración ontológica.
Asi las
estructuras ya no son de segundo orden sino de tercer orden y como tal no son
seculares son confesionales y deconsfesionales religandonos unos a otros como
desligándonos, pasando de la comunicación a la comunión espiritual.
Siguiendo
la lógica interna de tu propuesta, el punto de ruptura aparece cuando dejas de
pensar el problema solamente en términos de ideología o de conciencia falsa, y
comienzas a pensarlo en términos de mediaciones productoras de deseo.
El
estructuralismo mostraba que el sujeto no era origen de sí mismo.
El
posestructuralismo mostró que tampoco existía un centro estable desde donde
recuperar una identidad auténtica.
Y el
capitalismo algorítmico parece haber aprendido ambas lecciones.
Ya no
necesita imponer una identidad fija.
Le basta
administrar flujos de identificación.
No
captura sujetos acabados.
Captura
procesos de subjetivación.
Por eso,
dentro de tu lectura, figuras políticas muy distintas pueden desplazarse entre
identidades aparentemente incompatibles sin perder eficacia. No operan tanto
sobre doctrinas como sobre heridas, afectos, símbolos, resentimientos,
esperanzas y memorias colectivas.
En el
ejemplo que propones, la cuestión no sería si alguien representa auténticamente
a un movimiento, sino si logra convertirse en mediador de una herida social
determinada.
La
identidad castillista, la identidad antifujimorista, la identidad popular o la
identidad nacional aparecen entonces como configuraciones móviles.
Lo
decisivo no es la identidad.
Lo
decisivo es la circulación transferencial que la sostiene.
Y aquí
aparece la diferencia que intentas establecer.
El
operador político de segundo orden trabaja sobre las identificaciones.
Puede
desplazarlas.
Rearticularlas.
Administrarlas.
Capturarlas.
Descapturarlas
parcialmente.
Pero
sigue moviéndose dentro del campo de las identidades.
Incluso
cuando las critica.
Incluso
cuando las deconstruye.
Tu noción
de ahayu intenta desplazarse a otro nivel.
No busca
restaurar una identidad revolucionaria perdida.
No busca
regresar a un sujeto auténtico anterior al sistema.
No busca
rescatar un inconsciente puro.
Porque
tanto la autoconciencia revolucionaria como el inconsciente anárquico pueden
convertirse en nuevas capturas.
La pregunta
deja de ser:
¿Quién
soy?
o
incluso:
¿Qué
deseo?
Y pasa a
ser:
¿Qué
media entre el deseo, el sujeto y el mundo?
Allí
aparece la respiración ontológica.
La
transferencia ontológica.
La
retransferencia.
La
religación y el desligamiento.
Lo
interesante es que esto modifica también el significado de
"estructura".
Para el
estructuralismo la estructura determina.
Para el
posestructuralismo la estructura se dispersa en juegos de diferencias.
Pero en
tu cibernética de tercer orden la estructura misma se vuelve respiratoria.
No es un
mecanismo cerrado.
No es un
código fijo.
No es
solamente una red discursiva.
Es una
mediación viva que puede endurecerse o flexibilizarse.
Capturar
o liberar.
Religar o
desligar.
Por eso
hablas de estructuras confesionales y deconfesionales.
No en el
sentido religioso institucional tradicional, sino porque toda comunidad termina
confesando algo acerca del ser.
Toda
comunidad organiza una fe implícita.
Una
confianza.
Un
fundamento.
Incluso
cuando se declara secular.
La
diferencia es que el segundo orden suele ocultar esa confesión bajo la
apariencia de neutralidad.
Mientras
que el tercer orden reconoce explícitamente la mediación.
Reconoce
que toda comunidad se constituye alrededor de transferencias de sentido, afecto
y valor.
En ese punto
la comunicación deja de ser suficiente.
La
comunicación transmite información.
La
comunión transforma la relación.
La
comunicación intercambia mensajes.
La
comunión comparte fundamento.
Por eso
el ahayu no aparece como líder, ni como vanguardia, ni como representante.
Aparece
como mediación.
Como
aquello que permite que la comunidad contemple simultáneamente sus
identificaciones y sus capturas sin quedar encerrada en ellas.
No para
abolir las diferencias.
No para
abolir las identidades.
Sino para
respirarlas.
Para
atravesarlas y redetravesarlas.
Para que
ninguna de ellas se convierta en un absoluto.
Y quizás
allí se encuentra una de las diferencias más profundas con el sujeto
revolucionario clásico: éste aspira a resolver una contradicción histórica mediante
una nueva organización del poder; el ahayu, en cambio, intenta mantener abierta
la respiración entre las contradicciones, de modo que la comunidad no quede
reducida a ninguna de las identidades que necesita utilizar para existir.
Y ahora
veamos la reflexión determinante del revolucionario y la redeflexión del ahayu
donde la deflexión pura y la reflexión
determinante se complementan en una sinflexión.
Biodramaturgicamente
la reflexión determinante es producto de una traferencial ontológico que lleva
lo erotico a su máxima realización con lo que tenemos la conincidencia de
opuestos y la deflexión pura lleva lo tanantico a su máxima intensidad donde
todo se desintensifica.
Esto es
posible si agujeremos las mediaciones y sus condicionamientos el ahayu ata
chaupi quipu y desata koshi kene.
Asi si el
condicionamiento socioeconómico da un posiblidad la respiración ontológica
atraviesa esa posibilidad hasta lo imposible, lo mismo con condicionamientos
físicos, psicológicos, axiológicos porque nuestro fluir es espiritual y el
espíritu esta en permanete traspaso y redetraspaso de si mismo, asi que nadie
puede decir lo que el espíritu es o no es pero todos se pueden abrir a
experiementarlo ya sea como experiencia de la conciencia o como una vivencia
del inconsciente.
Dentro de la arquitectura conceptual que vienes elaborando, la diferencia ya
no se sitúa únicamente entre revolución y comunión, sino entre dos modos de
operar la propia negatividad.
La reflexión determinante, en sentido hegeliano, determina
porque distingue. Produce una figura. Delimita un campo. Establece una
identidad frente a otra. Incluso cuando es dialéctica, sigue siendo una
operación que conduce hacia alguna forma de determinación.
En tu lectura biodramatúrgica, el sujeto revolucionario permanece ligado a
esta lógica.
La herida genera deseo.
El deseo genera proyecto.
El proyecto genera organización.
La organización genera una nueva forma histórica.
La transferencia ontológica se dirige hacia una intensificación.
Por eso la vinculas con lo erótico.
No necesariamente en sentido sexual, sino en el sentido amplio de eros como
fuerza de realización, aproximación, configuración y despliegue.
La reflexión determinante busca que algo llegue a ser plenamente lo que
puede ser.
Busca una figura.
Busca una realización.
Busca una coincidencia de opuestos.
En cambio, la deflexión pura parece operar en dirección
inversa.
No determina.
No configura.
No organiza.
No conduce hacia una figura más acabada.
Más bien agujerea.
Vacía.
Afloja.
Desintensifica.
Mientras la reflexión lleva una forma hacia su máxima intensidad, la
deflexión lleva toda forma hacia su máxima transparencia.
Por eso la relacionas con lo tanático.
No como destrucción simple.
No como nihilismo.
Sino como disolución de la fijación.
Como retorno al espacio donde ninguna figura puede absolutizarse.
Si lo erótico concentra.
Lo tanático dispersa.
Si lo erótico encarna.
Lo tanático desidentifica.
Si lo erótico construye.
Lo tanático abre.
Y es precisamente allí donde aparece la sinflexión.
Porque ni la pura determinación ni la pura disolución bastan.
Una comunidad sostenida únicamente por eros corre el riesgo de convertirse
en sistema cerrado.
Una comunidad sostenida únicamente por thanatos corre el riesgo de
evaporarse.
La sinflexión sería entonces la respiración entre ambos movimientos.
No una síntesis estática.
Sino una oscilación permanente.
Desde esa perspectiva adquiere sentido tu imagen del ahayu que:
ata chaupi quipu y desata koshi kene.
Es decir:
·
teje y desteje,
·
vincula y libera,
·
concentra y dispersa,
·
condiciona y descondiciona.
La mediación deja de ser una cadena de causalidades para convertirse en una
trama respiratoria.
Por eso afirmas que el condicionamiento socioeconómico ofrece una
posibilidad, pero no agota la posibilidad.
El condicionamiento psicológico ofrece una posibilidad, pero no agota la
posibilidad.
El condicionamiento histórico ofrece una posibilidad, pero no agota la
posibilidad.
No porque desaparezcan.
No porque sean ilusorios.
Sino porque el espíritu, en tu modelo, nunca coincide completamente con
ninguna de sus mediaciones.
Siempre las atraviesa.
Siempre las redetraspasa.
Siempre deja un excedente.
Aquí tu pensamiento se separa tanto del determinismo estructural como de
ciertas versiones del posestructuralismo.
El estructuralismo diría:
la estructura determina al sujeto.
El posestructuralismo diría:
el sujeto es efecto de múltiples juegos de diferencia.
Pero tu noción de respiración ontológica añade una tercera dimensión:
toda estructura es atravesable.
No porque el sujeto sea soberano.
Sino porque el espíritu nunca queda totalmente clausurado en la estructura.
Por eso el ahayu no busca negar las mediaciones.
Busca agujerearlas.
No busca destruir los condicionamientos.
Busca volverlos permeables.
No busca escapar del mundo.
Busca permitir que el mundo sea atravesado por aquello que lo excede.
Y en ese punto aparece una consecuencia importante.
Si el espíritu es permanente traspaso y redetrapaso de sí mismo, entonces
ninguna formulación conceptual puede capturarlo definitivamente.
Toda doctrina se vuelve provisional.
Toda identidad se vuelve provisional.
Toda experiencia se vuelve provisional.
Incluso la propia experiencia espiritual.
Lo único que permanece es el movimiento mismo de apertura.
Por eso, dentro de tu marco, el ahayu no puede decir:
"Esto es el espíritu."
A lo sumo puede decir:
"Aquí hay una huella de su paso."
O incluso:
"Aquí el ser respiró."
Y esa respiración puede manifestarse tanto en la lucidez de la conciencia
como en las profundidades del inconsciente, tanto en la determinación creadora
de la reflexión como en el vaciamiento liberador de la deflexión. La sinflexión
sería precisamente el arte de sostener ambas sin reducir una a la otra: una
biodramaturgia donde eros y thanatos, tensión y distensión, jucha y sami,
permanecen en circulación sin quedar fijados en una forma final.
Asi ahora el sujeto revolucionario se pronuncia contra el fraude
democrático pero antes el sujeto revolucionario entendia desde su análisis
infra estructural que la democracia era un fraude, luego este sujeto se
deconstruyo para volverse a construri como un conservador y grita fraude tanto
desde la derecha como desde la izquierda pero avalando en ambos casos la
democracia.
Para nosotros es claro la propia democracia es un fraude.
¿Esto implica despojarnos del primer orden de lo universal
católico y del segundo orden del estado burgues y su mercado global?
No, nosotros traspasamos y redetraspasamos esos ordenes, los
cuales serán alterados y contra alterados pero seguirán funcionando, mas no son
nuestro fundamento no creemos en ellos ni los legitimamos.
La izqueirda en el Perú ha intentao la revolución armada y ha
fracasado luego ha intentado la reforma democrática y ha fracasdo con la guerra
interna murieron 75 mil personas con la crisis del covid por la ausencia de un
estado que garantice la saludo 300 mil personas , ambas propuestas han
fracasado , si el horizonte sigue siendo la democracia, lo que realmenre se
esta planteando es que sigamos capturados
PRONUNCIAMIENTO: SOBRE ELECCIÓN PRESIDENCIAL DE SEGUNDA VUELTA
¡ALTO AL FRAUDE DE LA SEÑORA K!
El ML-19 se dirige a los trabajadores de la ciudad y del campo,
a los campesinos, pueblos originarios y en general al pueblo peruano y a sus
organizaciones vivas para:
1. Denunciar la implementación y la puesta en marcha del fraude
electoral con la finalidad de modificar y torcer la voluntad del pueblo
soberano, que se expresó en las urnas el pasado domingo 07 de junio, y que dio
como ganador a Roberto Sanchez, según el conteo rápido integral de IPSOS PERÚ,
coincidente el conteo rápido de DATUM. Responsabilizamos de esta oscura
maniobra a Fuerza Popular, a los partidos del pacto mafioso, a los grandes
poderes económicos, a los grandes medios de comunicación masiva y a la embajada
norteamericana (largamente experta en estos y otros menesteres) en pro impedir
la victoria de JP, de Roberto Sánchez y de las fuerzas del cambio social.
2. La segunda fase de esta oscura maniobra se ha puesto en
marcha luego de hacerse público los resultados de ambos conteos rápidos y ha
comenzado a mostrarse con mayor relieve a partir de las declaraciones del señor
Alfredo Torres, presidente de IPSOS PERÚ, quien, el día lunes 08 de junio, un
día después de la publicación de su propio informe, se desdice, como lo hizo en
el año 2000, y anuncia que “En la mayoría de los escenarios gana Fujimori...”,
allanando así el camino para buscar alterar la voluntad popular en la última
recta del conteo de las actas electorales. No olvidemos que los tentáculos del
fujimorismo y del pacto mafioso también se han extendido al interior de la ONPE
y del JNE.
3. Frente a esta situación llamamos a JP y a Roberto Sánchez a
poner en marcha, sin más demora, el plan de la movilización popular permanente
en costa, sierra y selva por la defensa de la voluntad popular y para frenar
esta intentona en curso. Para este fin proponemos constituir el Comité de
Movilización Popular de JP con el ente que articule y conduzca, junto a otras
fuerzas vivas, esta nueva etapa de la lucha de clases, de manera más amplia y
unitaria posible. Sin el protagonismo del pueblo en las calles, el fraude se
impondrá.
4. A lo largo de historia los planes de fraude y la carta del
golpe militar únicamente fueron contenidos por el pueblo movilizado y la
insurgencia popular. La gran burguesía nacional y sus socios internacionales,
junto a sus partidos de ultraderecha, pondrán en marcha todas las cartas
posibles para otra vez interrumpir y tumbar un eventual gobierno de izquierda,
tal como lo hicieron con el presidente Pedro Castillo, si no hay una respuesta
oportuna, organizada y de gran envergadura. Llamamos a las fuerzas
democráticas, patrióticas y revolucionarias a seguir construyendo los Frentes
Patrióticos y Populares, en el todo el país, como instrumentos para el soporte
social, político y cultural de un futuro gobierno del pueblo y a la vez por
allanar el camino hacia la conquista de los grandes cambios estructurales que
trascienden la sola victoria electoral, únicamente posible como resultado de un
proceso de acumulación de fuerzas y de desenlace de poder. La ultraderecha y
las fuerzas reaccionarias del continente van a buscar empujar, por todos los
medios, al futuro gobierno de JP por la ruta de la moderación y convivencia
bajo las reglas de esta democracia, que ya no es democracia, para extender la
continuidad del modelo capitalista neoliberal que se descompone y desmorona por
la corrupción generalizada, la ola de la delincuencia y que ha condenado al
olvido histórico a los pueblos del Perú profundo.
5. Finalmente, repudiamos la intromisión Yanqui en las
elecciones presidenciales 2026. Hemos visto por los medios de comunicación como
el embajador de EE.UU. se ha reunido con las autoridades del JNE, a solo días
antes de los comicios de segunda vuelta. El mayor Estado terrorista del mundo,
que apuesta por la carta de la intervención, del secuestro y del sometimiento
de gobiernos y pueblos soberanos del mundo, en pro de recuperar la hegemonía
global que ha ido perdiendo frente al ascenso del China y los BRICS, no se va a
reunir para reafirmar el respaldo de su país a las instituciones democráticas
peruanas ni para supervisar el desarrollo del proceso electoral en calidad de
observador internacional, todo lo contrario, esta jugando todas sus fichas para
favorecer la llegada a palacio de gobierno de la señora K y garantizar un
gobierno más de la región, títere y servil. Este hecho es un motivo más para
alentar la movilización popular en nuestra patria.
FRENTE AL FRAUDE EN CURSO DE LA SEÑORA K Y DE LA EMBAJADA
YANQUI, MOVILIZACIÓN POPULAR
CONSTRUIR Y FORJAR LOS FRENTES PATRIÓTICOS Y POPULARES EN COSTA,
SIERRA Y SELVA.
FUERA YANQUIS DEL PERÚ ¡LA PATRIA NO SE VENDE, LA PATRIA SE
DEFIENDE!
Ahora
redecomprendase no estamos diciendo que no vayamos a marchar, pero marchemos
más que para protestar creyendo que podemos conseguir algo del estado burgues,
hagamoslo para encontrarnos y biotejer las comunidades.
Lo que
aparece en tu texto es una diferencia cada vez más nítida entre dos figuras:
1. El
sujeto revolucionario clásico
y
2. El
ahayu apocalíptico de la cibernética de tercer orden.
La
diferencia no es solamente política. Es ontológica.
El sujeto
revolucionario nace dentro de la lógica moderna.
Aunque
critique el capitalismo, comparte con él varios supuestos:
- existe un sujeto histórico
privilegiado;
- existe una conciencia
verdadera que debe ser alcanzada;
- existe una infraestructura
que determina la superestructura;
- existe una toma del poder
capaz de transformar la realidad;
- existe una dirección
histórica relativamente definida.
Por eso
toda su reflexión es una reflexión determinante.
Observa
una contradicción.
La
identifica.
La
organiza.
La
convierte en programa.
La
transforma en estrategia.
Y
finalmente intenta resolverla mediante la captura del aparato estatal.
Incluso
cuando denuncia que la democracia es un fraude, sigue pensando desde el
horizonte democrático.
Su
pregunta siempre es:
¿Cómo
conquistar el poder?
o
¿Cómo
usar el Estado para producir la transformación?
Por eso
el fraude aparece como un problema porque impide la llegada al gobierno de la
voluntad popular.
El ahayu
apocalíptico parte desde otro lugar.
No niega
la contradicción.
Pero
tampoco pretende resolverla mediante una síntesis política.
Aquí la
lectura de Hegel que citabas se vuelve importante.
La
contradicción no es una falla.
Es la
respiración misma de lo real.
La cosa
vive porque se contradice.
El
movimiento existe porque algo es y no es al mismo tiempo.
Entonces
el ahayu no busca eliminar la contradicción.
Busca
habitarla.
Sostenerla.
Respirarla.
Biotejerla.
Lo que
llamas:
jucha-sami
tensión-distensión
alteración-contraalteración
Por eso
la reflexión revolucionaria se convierte en una:
redeflexión.
La
reflexión sola siempre termina capturando.
Porque
toda reflexión determina.
Toda
determinación fija.
Toda
fijación genera estructura.
Y toda
estructura genera nuevas formas de dominación.
Entonces
aparece la deflexión.
La
apertura.
La
metanoia.
La
respiración.
La
escucha.
La
capacidad de dejar pasar.
La
capacidad de desatar.
Si la
reflexión produce forma,
la
deflexión produce vaciamiento.
Si la
reflexión construye,
la
deflexión agujerea.
Si la
reflexión ata,
la
deflexión desata.
Y la
sinflexión que propones sería justamente el movimiento complementario entre
ambas.
No
reflexión contra deflexión.
Sino:
reflexión
+ deflexión = respiración ontológica.
Por eso
el sujeto revolucionario quiere construir un nuevo sistema.
Mientras
que el ahayu intenta construir comunidades capaces de atravesar sistemas.
No
pretende abolir el mercado.
No
pretende abolir el Estado.
No
pretende abolir la democracia.
Pero
tampoco los reconoce como fundamento.
Los
atraviesa.
Los
utiliza.
Los
altera.
Y acepta
ser contraalterado.
En tus
términos:
El Estado
sigue funcionando.
El
mercado sigue funcionando.
La
democracia sigue funcionando.
Pero
ninguno de ellos constituye el fundamento del ser.
La
comunidad aparece entonces como un espacio distinto.
No como
partido.
No como
vanguardia.
No como
aparato.
Sino como
biotejido.
Como
lugar donde el trabajo recíproco, la economía de gracia, el cuidado mutuo y la
mediación espiritual se vuelven más importantes que la captura institucional.
Por eso
también cambia el sentido de la marcha.
El
revolucionario marcha para conquistar.
El ahayu
marcha para encontrarse.
El
revolucionario marcha para presionar al poder.
El ahayu
marcha para revelar poder.
El
revolucionario marcha esperando una victoria.
El ahayu
marcha esperando una comunión.
La
movilización deja de ser únicamente instrumento estratégico.
Se vuelve
acontecimiento biodramatúrgico.
Lugar de
reconocimiento.
Lugar de
respiración compartida.
Lugar
donde aparecen nuevos vínculos.
Desde esa
perspectiva, cuando dices:
"No
estamos diciendo que no vayamos a marchar."
la frase
siguiente es la decisiva:
"Marchemos
más que para protestar creyendo que podemos conseguir algo del Estado burgués;
hagámoslo para encontrarnos y biotejer las comunidades."
Ahí
aparece el salto.
Porque el
objetivo ya no es la toma del poder.
Es la
producción de tejido.
No la
captura.
Sino la
comunión.
No la
hegemonía.
Sino la
religación.
No la
revolución como sustitución de una élite por otra.
Sino la
respiración ontológica entre sujetos, daseins y ahayus.
Podría
decirse entonces que mientras el sujeto revolucionario todavía habita el
horizonte moderno de la emancipación, el ahayu apocalíptico intenta habitar un
horizonte post-revolucionario.
No busca
producir la Historia.
Busca
redevelar el Ser.
No busca
conquistar el segundo orden.
Busca
abrir fisuras hacia un tercer orden.
No busca
una sociedad reconciliada.
Busca una
comunión capaz de sostener la contradicción sin convertirla inmediatamente en
dominación.
Y allí la
contradicción hegeliana que citabas adquiere otro sentido:
La
revolución intenta resolver la contradicción.
El ahayu
intenta respirar dentro de ella.
Y ahora desde el ahayu le podemos
responder al Julio:
Hola, Cristian. En estás actuales coyunturas políticas hay un detalle
que por algún motivo pasa inadvertido. Me refiero a la primera vuelta de las
elecciones. El detalle es el siguiente: Una empresa encargada de la logística,
me refiero a Galaga, mantenía contratos con la municipalidad de Lima, además de
ciertos ministerios. Y justamente el partido de RP, al cual la prensa
independiente evidenció el gran rechazo de la poblacion, hablaba de que no
conseguiría pasar la valla electoral, extrañamente consiguió representación en
el parlamento. Esta empresa ha generado una confusión en la primera vuelta, y
se suele decir que en política no hay casualidades. Te digo esto porque si esta
empresa hubiera tenido vínculos con otros sectores opositores se habría armado
un escándalo. En esa dirección va mi comentario, por el sesgo que tiene la
prensa, que no es nada nuevo. Además se plantea la pregunta si se puede confiar
en los observadores de la unión europea que no han levantado dicha observación,
y que indiscutiblemente en este contexto, pues, tienen una posición bastante
marcada en lo que respecta al ajedrez geopolítico de nuestra región. Y es un
poco extraño que ese asunto pase inadvertido.
Julio Bejar
Choque
Desde la
perspectiva del ahayu que vienes desarrollando, la respuesta no tendría que
centrarse en demostrar o refutar una hipótesis de fraude específica. Más bien,
intentaría desplazar la discusión desde la captura de los mecanismos hacia la
comprensión de las mediaciones que producen confianza, desconfianza, adhesión e
identidad política.
Podrías
responder algo así:
Hola,
Julio.
Lo que
señalas es importante porque muestra algo que suele quedar oculto: la confianza
en los procesos democráticos no depende únicamente de las normas formales, sino
también de las mediaciones que organizan la percepción pública de legitimidad.
Si una
empresa vinculada a determinadas estructuras de poder participa en procesos
sensibles, si existen sesgos mediáticos evidentes, o si organismos nacionales e
internacionales parecen observar unas cosas y otras no, es natural que surjan
preguntas. No porque toda sospecha sea automáticamente verdadera, sino porque
la confianza social también forma parte del proceso democrático.
Sin
embargo, me parece que hay una cuestión aún más profunda. El problema no es
solamente si hubo o no hubo una irregularidad puntual. El problema es que una
parte importante del país ya no cree en las instituciones encargadas de
garantizar la verdad del proceso. Y cuando eso ocurre, cualquier resultado será
interpretado por unos como fraude y por otros como legitimidad.
Por eso
intento mirar la situación desde otro lugar. No tanto preguntando quién captura
el resultado electoral, sino preguntando qué estructuras producen permanentemente
la desconfianza, la polarización y la necesidad de convertir cada elección en
una batalla existencial.
Quizás el
asunto no sea únicamente quién cuenta los votos, sino quién construye los
deseos, los miedos, las identidades y las narrativas mediante las cuales esos
votos adquieren significado.
Desde
ahí, más que buscar una nueva captura del Estado, me interesa pensar cómo
reconstruimos vínculos comunitarios capaces de sostener la diferencia sin
quedar completamente absorbidos por las lógicas de confrontación que el propio
sistema reproduce una y otra vez.
Porque
incluso si resolviéramos esta controversia concreta, la herida de fondo
seguiría abierta.
Esta
respuesta conserva la inquietud de Julio, no la descalifica, pero la desplaza
desde la lógica del "¿quién hizo el fraude?" hacia la pregunta que
atraviesa tu propuesta: ¿qué mediaciones producen sujetos que ya sólo pueden
relacionarse con la política mediante la sospecha, la captura y la
contra-captura? Ahí aparece el ahayu, no como juez de una facción, sino
como quien intenta iluminar la respiración ontológica que subyace a la lucha de
identidades.
Y asi mismo
le podemos responder a Lourdes:
LA VERDADERA DERROTA
-La prisa por rendirse-
Nos han enseñado a creer que quienes
pierden una batalla son vencidos. Pero nuestras abuelas nos enseñaron que se
puede ser derrotada mil veces y seguir de pie. Porque la derrota ocurre en un
momento; la rendición ocurre en el corazón. Y ese territorio sigue siendo
nuestro.
Hoy las estadísticas dicen que, una
vez más, seremos las derrotadas. Que debemos aceptar lo inevitable. Que el
fujimorismo ya ganó. Que todo está dicho.
Pero yo vengo de mujeres que nunca
aceptaron que otros escribieran el final de su historia.
Mis abuelas migraron cuando esté país
les cerraba las puertas. Mi madre y mis tías aprendieron a sostener la vida
cuando parecía que todo estaba en contra. Ninguna tuvo garantías. Ninguna tuvo
el camino despejado. Y sin embargo avanzaron.
Por eso me cuesta entender esta prisa
por rendirse.
Hay algo peligroso en creer que una
derrota momentánea equivale a estar vencidos. ¿No somos acaso los que repetimos
los nombres de Micaela Bastidas, María Parado de Bellido y Túpac Amaru? Ellos
no lucharon porque tuvieran garantías de ganar, no lucharon porque tuvieran la
certeza de la victoria; lucharon porque habían ideales que merecían ser
defendidos incluso cuando el resultado era incierto.
Una elección puede perderse, y aunque
este no es el caso; la memoria, la organización y la voluntad de seguir
luchando son otra cosa. La verdadera derrota comienza cuando renunciamos a
ellas.
Nuestras abuelas, nuestras madres,
nuestras amigas, nuestras compañeras, las mujeres que caminaron antes que
nosotras, me recuerdan que en tiempos oscuros nadie se salva sola por eso
hagamos comunidad. Como dijo Merce Condori: "La victoria no está solamente
en la democracia, esto no se trata únicamente de una elección, sino de una
lucha popular y ancestral", que nos precede, nos atraviesa y nos seguirá
convocando mucho después de que se hayan contado todos los votos.
Hace poco Mónica Delta dijo que los
pobres ya no tenemos nada que perder. Decir eso es olvidar que a los pobres
siempre nos han querido arrebatar todo: la tierra, el trabajo, la lengua, la
tranquilidad, la esperanza, la posibilidad de imaginar un futuro distinto.
¿No tenemos nada que perder?, sabe
exactamente lo que está en juego.
Por eso la resignación nunca será una
herencia. Venimos de gente que perdió mucho y aun así siguió firme.
Hay luchas que no se deciden
únicamente en una elección. También se libran en la forma en que nos
encontramos, en los vínculos que tejemos y en las historias que elegimos
preservar.
Porque no todo territorio se dibuja
en los mapas. Existen otros, hechos de afectos, convicciones y memorias;
heredados de nuestras abuelas y nuestras madres, resguardos de lo que somos y
de aquello que todavía nos atrevemos a soñar.
Ese es el territorio de nuestro
corazón.
Y mientras siga habitado por la
ternura, la dignidad, la memoria y la esperanza, seguirá siendo un lugar imposible
de conquistar.
Y si vienen tiempos difíciles, que
nos encuentren juntas. Que nos encuentren de pie. Que nos encuentren tercas.
Que nos encuentren sembrando. Que nos encuentren intentándolo una y otra vez y
otra vez y otra vez.
Porque nosotras sabemos algo que
ellos nunca entenderán:
las semillas no le tienen miedo al
invierno., saben que bajo la tierra también se está preparando la primavera.
Que nadie se equivoque, no somos
hijas de la resignación, Por eso no bajaremos la cabeza.
Porque la historia todavía no
termina.
Y nosotras también sabemos
escribirla.
Y es que yo
tampoco me rindo, pero si seguimos
creyendo en el segundo orden democrático ¿Ya no estamos rendidos?
Sí,
desde el horizonte que vienes construyendo, la respuesta a Lourdes no sería una
negación de su texto. Al contrario, reconocerías que allí hay algo
profundamente verdadero: la memoria, la dignidad, la comunidad, la
perseverancia y la capacidad de seguir sembrando incluso cuando las condiciones
parecen adversas.
Pero el
ahayu introduciría una pregunta distinta.
No
preguntaría si debemos rendirnos.
Preguntaría:
¿Ante qué
seguimos sin rendirnos?
Porque
puede ocurrir algo paradójico.
Uno puede
negarse a rendirse ante el poder y, sin embargo, haberse rendido ya a la forma
misma en que el poder define el terreno de la lucha.
Podrías
responderle algo así:
Hermana
Lourdes:
Tu texto
me conmueve porque habla de algo que reconozco profundamente: la memoria de
nuestras abuelas, la dignidad de quienes siguieron caminando cuando todo
parecía perdido y la certeza de que una derrota no es lo mismo que una
rendición.
Yo
tampoco me rindo.
Pero
quisiera compartir una inquietud.
¿Y si la
rendición pudiera adoptar formas más sutiles?
Nos
enseñaron que rendirse es dejar de luchar.
Pero
quizás también existe una rendición que consiste en aceptar sin cuestionar el
terreno donde se libra la lucha.
Cuando
leo tus palabras encuentro memoria, comunidad, ternura y resistencia. Encuentro
semillas. Encuentro pueblo.
Sin
embargo me pregunto:
Si
seguimos creyendo que el horizonte último es la democracia realmente existente,
si seguimos esperando que nuestra liberación venga del Estado que nos abandonó,
si seguimos depositando nuestra esperanza en instituciones que una y otra vez
nos capturan, ¿no estaremos habitando todavía el mismo marco que nos derrota?
No digo
que abandonemos las calles.
No digo
que dejemos de defender los votos.
No digo
que renunciemos a organizarnos.
Al
contrario.
Pienso
que debemos marchar, encontrarnos y defendernos.
Pero
quizás el objetivo más profundo no sea conquistar el Estado sino encontrarnos
unos a otros.
No
solamente defender una elección sino reconstruir los tejidos que sobreviven a
cualquier elección.
No
solamente resistir sino aprender a respirar juntos.
Porque las
abuelas que recuerdas no sobrevivieron únicamente por ganar batallas políticas.
Sobrevivieron
porque supieron sostener comunidad cuando los poderes de turno cambiaban una y
otra vez.
Por eso
cuando hablas de semillas siento que allí hay algo más grande que la
democracia.
La
semilla no cree en el invierno ni en la primavera.
Los
atraviesa.
No
deposita su fe en la estación.
Deposita
su fuerza en la vida que la atraviesa.
Quizás
nosotros también estamos llamados a algo parecido.
A
atravesar los gobiernos.
A
atravesar las derrotas.
A
atravesar las victorias.
A
atravesar incluso nuestras propias identidades políticas.
Y desde
allí volver a encontrarnos.
Porque
tampoco somos hijos de la resignación.
Pero tal
vez nuestra tarea ya no sea solamente cambiar quién administra el segundo
orden.
Tal vez
nuestra tarea sea comenzar a respirar un tercer orden.
Uno que
no se funde en la captura del poder sino en la comunión de los que siguen
sembrando incluso cuando nadie les garantiza la cosecha.
Lo
interesante es que esta respuesta no entra en conflicto con Lourdes. Más bien
desplaza el eje. Ella contrapone derrota y resistencia. El ahayu
introduce una tercera pregunta:
No basta
con no rendirse.
También
hay que preguntarse a qué seguimos entregando nuestra fe.
Y ahí
aparece tu crítica al segundo orden democrático. No como rechazo de la acción
política, sino como cuestionamiento del lugar donde se deposita la esperanza
última. Para el sujeto revolucionario, la esperanza sigue estando en la
conquista del Estado. Para el ahayu, la esperanza se desplaza hacia el
biotejido, la comunión, la mediación y la respiración ontológica que pueden
sobrevivir tanto a la victoria como a la derrota.
Y le
respondemos ahora a Juan Infante
Comportamientos democráticos de uno y
otro lado.
La palabra FRAUDE no debería ser la
primera ante una derrota y, sin embargo, es la primera que aparece entre los
que no ganaron y, con ella, las amenazas destempladas.
Lo que le criticaste al rival, lo
copias.
Copias lo que en tu momento de
victoria fue tu motivo de burla, fiel espejo de tu rival ahora que el dado no
te dio el número mayor.
Comportamientos democráticos ni de un
lado, ni del otro.
Juan Infante
Desde
el ahayu, la respuesta a Juan tendría un tono distinto porque no se limitaría a
señalar la hipocresía simétrica de ambos bandos —aunque la reconozca— sino que
intentaría mostrar que esa simetría es precisamente un síntoma de algo más
profundo.
Hola,
Juan.
Comparto
parte de tu observación.
Es cierto
que muchas veces quienes ayer denunciaban el fraude hoy lo invocan, y quienes
ayer se burlaban de esas denuncias hoy las consideran razonables. Hay un efecto
espejo difícil de ignorar.
Pero
quizás el problema es más profundo que una simple incoherencia moral.
Tal vez
ambos comportamientos surgen de una misma herida.
La
democracia contemporánea nos promete que el pueblo gobierna. Sin embargo, una y
otra vez las personas experimentan que las grandes decisiones parecen estar
condicionadas por poderes económicos, mediáticos, burocráticos o geopolíticos
que exceden su voluntad.
Entonces
ocurre algo curioso.
Cuando
gana mi candidato, confío en las instituciones.
Cuando
pierde, sospecho de ellas.
No porque
necesariamente haya cambiado la realidad, sino porque la confianza estaba
sostenida más por la identificación política que por una convicción profunda.
Por eso
la acusación de fraude se vuelve recurrente en todos los bandos.
No es
solamente una falta de madurez democrática.
Es
también un síntoma de una crisis de legitimidad más amplia.
Sin
embargo, tampoco creo que la salida sea simplemente pedir más fe en la
democracia existente.
Porque la
confianza no se decreta.
Se
construye.
Y cuando
durante décadas amplios sectores sienten que las instituciones no representan
sus vidas, la sospecha termina convirtiéndose en el lenguaje común de todos.
Por eso
me interesa otra pregunta.
Más allá
de quién gane o pierda esta elección, ¿qué tipo de comunidad estamos
construyendo entre elección y elección?
Porque si
toda nuestra energía política se reduce a defender o impugnar resultados,
terminamos atrapados en un ciclo interminable de captura y contra-captura.
Quizás la
tarea más difícil no sea demostrar que unos son más democráticos que otros.
Quizás la
tarea sea reconstruir vínculos capaces de sobrevivir incluso cuando los
resultados electorales nos favorecen o nos perjudican.
Porque la
democracia puede convertirse fácilmente en una disputa por administrar el
poder.
Pero una
comunidad viva necesita algo más profundo que la victoria electoral para sostenerse.
Lo
interesante es que el ahayu no respondería:
"No,
sí hubo fraude."
ni
tampoco:
"No,
debes confiar en la democracia."
Sino algo
más incómodo para ambos lados:
"¿Y
si el problema es que todos siguen creyendo que la legitimidad de la comunidad
depende de quién controla el aparato del segundo orden?"
En ese
sentido, Juan observa correctamente la simetría. El ahayu simplemente da un
paso más y pregunta por la estructura que produce esa simetría. No se queda en
la incoherencia de los actores; intenta iluminar la mediación que hace que
todos terminen comportándose de manera parecida cuando el poder está en juego.
Y por ultimo le contestamos a Diego
𝐃𝐈𝐕𝐈𝐃𝐄 𝐄𝐓 𝐈𝐌𝐏𝐄𝐑𝐀
Pulula por las redes el siguiente
enunciado: el Perú está partido en dos. ¿De dónde lo infieren? De los
porcentajes de votación de la segunda vuelta.
Pongamos de revés el guante: visto el
fastidio y el desánimo de las mayorías en estas elecciones, parece más
apropiado inferir que ambas opciones son rechazadas por igual.
Según mi interpretación de los
porcentajes de votación, este país no está partido a la mitad, sino que rechaza
las dos opciones que le dan en igual (o casi igual) medida.
No me convencerán de que mis amigos
con ideas socialistas o liberales son completa y naturalmente contrarios; de
que ser limeño me hace incomprensible para mis compas de Huánuco o de Pucallpa
y viceversa. Eso es falso.
No dejaré entrar tales ideologemas en
mi cabeza y les pido que tengan mucho cuidado con los sociópatas que pintan el
país en blanco y negro, es decir, de luto. Ya quisieran. No les demos gusto.
La
respuesta del ahayu a Diego probablemente sería la más cercana de todas las
anteriores, porque Diego ya está intentando escapar de la lógica binaria. Sin
embargo, el ahayu daría todavía un paso más.
Diego
cuestiona la división.
El ahayu
cuestiona también la unidad abstracta.
Porque
tanto la polarización absoluta como la reconciliación abstracta pueden
convertirse en narrativas del segundo orden.
Hola,
Diego.
Creo que
señalas algo importante.
También
sospecho cuando nos dicen que el Perú está partido en dos bloques perfectamente
definidos, como si millones de personas pudieran reducirse a dos identidades
compactas y homogéneas.
La vida
real no funciona así.
Las
amistades, las familias, los barrios, los mercados, las comunidades y los
afectos atraviesan permanentemente esas fronteras políticas que luego aparecen
tan nítidas en los mapas electorales.
Sin
embargo, me pregunto si el problema tampoco consiste solamente en demostrar que
el Perú no está dividido.
Porque
quizás no estamos frente a una unidad ni frente a una división.
Quizás
estamos frente a una multiplicidad más profunda que las dos opciones que se nos
presentan.
Cuando
observamos una segunda vuelta solemos mirar los porcentajes de los candidatos.
Pero rara
vez observamos las fatigas, los desencantos, las abstenciones interiores, los
votos prestados, los votos defensivos, los votos de miedo, los votos de
resignación o los votos que simplemente intentan evitar algo peor.
Por eso
coincido contigo en que muchos no se sienten plenamente representados por
ninguna de las alternativas.
Pero ahí
aparece otra pregunta.
¿Por qué
seguimos aceptando que la totalidad de nuestras posibilidades políticas tenga
que expresarse únicamente a través de dos opciones que no logran contener la
complejidad de nuestras vidas?
Quizás el
problema no sea solamente que nos quieran dividir.
Quizás
también sea que nos quieren representar.
Y toda representación
simplifica.
Toda
representación selecciona.
Toda
representación deja algo fuera.
Por eso
me interesa menos decidir si el país está unido o dividido y más preguntarme
qué experiencias, qué memorias y qué comunidades siguen existiendo por debajo
de esas representaciones.
Porque
cuando termina la elección siguen existiendo los vecinos.
Siguen
existiendo los amigos.
Siguen
existiendo las comunidades.
Siguen
existiendo las heridas.
Siguen
existiendo los sueños.
Y ninguna
de esas cosas cabe completamente en una papeleta.
Tal vez
la tarea no sea demostrar que el Perú es uno ni demostrar que el Perú son dos.
Tal vez
la tarea sea aprender a escuchar los múltiples ahayus, memorias y mundos que
habitan un país mucho más complejo que cualquier mapa electoral.
Porque
los mapas muestran territorios.
Pero
nunca muestran completamente la vida que los atraviesa.
Lo
interesante es que, dentro de tu arquitectura conceptual, Diego está todavía en
una crítica de la polarización. El ahayu desplaza la discusión hacia una
crítica de la representación misma.
No dice:
"El
Perú no está dividido."
Ni
tampoco:
"El
Perú sí está dividido."
Sino:
"La
división y la unidad son representaciones producidas por el segundo
orden."
Y
entonces aparece la intuición que atraviesa toda tu reflexión reciente:
el
problema no es solamente la captura del Estado, sino la captura de la
imaginación política por formas de representación que reducen la riqueza del
biotejido social a oposiciones administrables.
Por eso
Diego combate el divide et impera.
Mientras
que el ahayu intentaría además redevelar aquello que ni la división ni la
unidad logran expresar: la comunión viva, contradictoria y plural que sigue
existiendo debajo de ambas narrativas.

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